Los pintxos representan una tradición gastronómica emblemática de Donostia, caracterizada por la costumbre de recorrer distintos bares para degustar pequeñas elaboraciones locales. Esta práctica combina la variedad culinaria, desde recetas tradicionales hasta cocina en miniatura, con el ambiente social de la ciudad.
Zonas como la Parte Vieja y el barrio de Gros albergan establecimientos emblemáticos con especialidades únicas, como las anchoas, la tarta de queso o la clásica gilda. Realizar rutas por estos locales permite explorar diferentes sabores mientras se recorren distintos puntos de la ciudad.
Donostia, o Donosti, como solemos decir quienes somos del País Vasco, tiene una enorme fama gastronómica y es conocida internacionalmente por su cocina.
Y si hay algo que forma parte de la identidad gastronómica de la ciudad son los pintxos.
Salir de pintxos es toda una tradición: recorrer diferentes bares, pedir pequeñas elaboraciones y disfrutar de propuestas muy distintas en cada establecimiento. No se trata simplemente de comer, sino también de pasear, descubrir rincones y disfrutar del ambiente de la ciudad.
¿Qué es un pintxo?
A veces se compara el pintxo con una tapa o con un montadito, pero tiene su propia identidad dentro de la gastronomía vasca.
Puede tratarse de una elaboración sencilla sobre una rebanada de pan o de una pequeña creación gastronómica mucho más elaborada. En Donostia encontramos desde propuestas tradicionales hasta auténtica cocina en miniatura.
Además, una de las cosas que más me gusta de esta forma de comer es que no tienes que quedarte en un único sitio. Puedes probar un pintxo, continuar caminando y entrar después en otro bar para descubrir otra especialidad.
Algunos bares de pintxos que he probado en Donostia
La siguiente relación recoge algunos de los lugares que yo he visitado. No son los únicos ni pretendo hacer un ranking de los mejores. Donostia tiene muchísimos establecimientos donde disfrutar de pintxos y cada persona tendrá sus propios favoritos.
Baztan Bar Restaurante
Se encuentra en pleno casco viejo, en Portu Kalea, 8.
Actualmente continúa abierto y su propia web lo presenta como un bar de pintxos y restaurante situado en el corazón de la Parte Vieja. Cuenta con una amplia barra de pintxos y también con carta de platos y raciones.
Es un local pequeño, pero ya desde la barra llama la atención la variedad de elaboraciones.
De los que probé, destacaría el pintxo de bacalao al ajoarriero, el gazpacho casero con virutas de jamón ibérico y el cochifrito.
Bar Txepetxa
Este es uno de los clásicos de la Parte Vieja donostiarra y lleva vinculado a la ciudad desde 1925.
Aquí hay una pequeña actualización respecto a la información que tenía originalmente: actualmente su web oficial sitúa el establecimiento en Pescadería Kalea, 5, por lo que conviene sustituir la antigua dirección de Arrandegi Kalea que aparecía en mi información anterior. El establecimiento continúa abierto y especializado en sus conocidos pintxos de anchoa.
Sus ingredientes estrella son las anchoas y los boquerones, con diferentes elaboraciones.
Yo probé el pintxo de erizo. Me pareció un sabor un poco fuerte, pero también interesante, especialmente si os gustan los sabores marineros.
Restaurante Bergara
Nos vamos hasta el barrio de Gros, cerca del Kursaal, concretamente a General Artetxe, 8.
El Bar Bergara continúa abierto y mantiene su conocida oferta de pintxos de autor, tanto fríos como calientes. Su ubicación y dirección actuales siguen coincidiendo con las que tenía en mi información anterior.
De los que probé, recomiendo especialmente el gratinado de pisto con hongos, salsa mousselina de ajo y virutas de ibérico, el chupito de txangurro y el pintxo donostiarra, elaborado con bonito, guindilla y una pequeña antxoa.
Bodega Donostiarra Gros
En el barrio de Gros, concretamente en Peña y Goñi, 13, encontramos la Bodega Donostiarra.
Y también podemos confirmar que continúa abierta. Su página oficial mantiene actualmente esta dirección y ofrece incluso servicio de pedidos para recoger y a domicilio.
Aquí destacaría especialmente sus pintxos con piperrak.
Entre ellos está el conocido Indurain, que se ha convertido en una de esas elaboraciones que llaman la atención cuando haces una ruta de pintxos por Gros.
Gandarias
En plena Parte Vieja, en 31 de Agosto, 23, se encuentra Gandarias.
Continúa abierto y mantiene una amplia barra de pintxos, además de una carta centrada en carnes, pescados e ibéricos. La información turística oficial de Euskadi también confirma actualmente el establecimiento y su dirección.
De los que yo probé, destacaría el pintxo de solomillo, las croquetas de hongos y las almejas a la marinera.
Ganbara
En San Jerónimo, 21, también en la Parte Vieja, encontramos Ganbara.
Otro clásico de Donostia que continúa abierto. Su propia web confirma actualmente la dirección y señala que las reservas se realizan para el comedor, mientras que en la barra no se reserva.
Es especialmente conocido por sus pintxos y por el protagonismo de los hongos y las setas de temporada. La Guía Michelin también lo recoge actualmente como un establecimiento tradicional de referencia en la Parte Vieja.
De mi visita destacaría la tartaleta de txangurro, el hojaldre de txistorra y el revuelto de hongos.
La Viña
En la calle 31 de Agosto, 3, encontramos otro de los locales más conocidos de Donostia.
Y aquí también podemos confirmar que continúa abierto. Su web oficial mantiene actualmente la dirección y el horario de martes a domingo, con descanso semanal los lunes.
La Viña abrió sus puertas en 1959 y actualmente es conocida internacionalmente, sobre todo, por su famosa tarta de queso.
Yo destacaría precisamente la tarta de queso crema.
La receta fue creada por Santiago Rivera en La Viña en 1990 y con el paso de los años se convirtió en uno de los grandes iconos gastronómicos de Donostia. La propia casa continúa elaborándola actualmente en su obrador y vendiéndola en el establecimiento.
Casa Vallés
Terminamos esta pequeña selección en Casa Vallés, en Reyes Católicos, 10.
También continúa abierto. Su página oficial confirma actualmente tanto la dirección como los horarios y, además, mantiene como uno de sus grandes protagonistas a la gilda.
Casa Vallés abrió en 1942 y la propia historia del establecimiento atribuye a este bar la creación de la gilda.
Según explican, en aquella época se vendían por separado las aceitunas, las anchoas y las guindillas, hasta que decidieron unirlas con un palillo. Así nació uno de los pintxos más reconocibles de Donostia.
Una ruta de pintxos por Donostia
Como podéis comprobar, hay muchísimas posibilidades para disfrutar de los pintxos en Donostia.
Y precisamente esa es una de las cosas que más me gusta: no tienes que elegir un único restaurante.
Puedes comenzar en la Parte Vieja, probar un pintxo y continuar caminando hasta otro establecimiento. Otro día puedes cambiar de zona y acercarte a Gros, donde también encontramos lugares con una larga tradición gastronómica.
Esta lista recoge únicamente mis experiencias personales y algunos de los establecimientos que he probado. No pretende ser una clasificación ni una lista definitiva, porque sería imposible reunir en un solo artículo todo lo que ofrece Donostia.
Así que si visitáis la ciudad, reservad un poco de tiempo para hacer vuestra propia ruta. Entrad, probad, descubrid nuevos sabores y, sobre todo, disfrutad del ambiente.
Porque en Donostia, salir de pintxos también es una manera de conocer la ciudad.
La ruta del río Inglares en Berganzo, Álava, discurre junto a un canal industrial del siglo XIX que abastece a una central hidroeléctrica activa. El trayecto atraviesa zonas de vegetación, pozas y cascadas, aprovechando el desnivel del terreno para combinar entorno natural e historia energética local.
El sendero es apto para perros atados, extremando la precaución cerca del canal y del ganado suelto. Actualmente, el acceso en vehículo está regulado mediante un aparcamiento de aforo limitado, el cual requiere reserva previa de pago a través de la plataforma PVerde.
Un poco de historia: cuando el agua se convirtió en electricidad
Os escribo sobre una ruta que me gusta especialmente: la ruta del río Inglares en Berganzo, Zambrana, Álava.
Este hermoso sendero nos lleva a través de un cañón lleno de vegetación y pozas cristalinas.
El río Inglares desciende desde la zona de Peñacerrada hacia Berganzo salvando unos 200 metros de desnivel en aproximadamente 5 kilómetros.
Este desnivel, que provoca los rápidos y cascadas que encontramos durante la ruta, fue aprovechado a finales del siglo XIX para producir electricidad.
En 1897, la Sociedad Electro-Hidráulica Alavesa construyó la central hidroeléctrica de Berganzo. Para llevar hasta ella el agua del río se construyó un canal de varios kilómetros que todavía podemos contemplar durante la ruta.
Por eso, cuando hacemos el recorrido circular y caminamos junto al canal, no estamos simplemente siguiendo un bonito sendero: estamos recorriendo una antigua infraestructura industrial que continúa vinculada al funcionamiento de la central.
La central ha sido modernizada y automatizada con el paso del tiempo, pero continúa en funcionamiento en la actualidad.
¿Se puede hacer la ruta con perro?
Respuesta rápida: Si. Pero hay que tener en cuenta que en muchos tramos hay ganado suelto.
El recorrido discurre durante buena parte del tiempo junto al río, por lo que encontraremos agua con frecuencia. Aun así, es recomendable llevar agua propia y no confiar únicamente en el río.
Los perros deben ir atados durante el recorrido, según la información turística disponible, y hay que extremar la precaución al acercarnos a las zonas de agua.
Especialmente importante es evitar que el animal entre en el canal de la central hidroeléctrica, ya que no es una zona destinada al baño ni para caminar dentro de ella.
También debemos tener cuidado en los cruces de carretera y en el tramo de subida que encontramos después de la cascada si hacemos la ruta circular.
Si vuestro perro está acostumbrado a caminar, es una ruta que puede disfrutar muchísimo: bosque, agua, sombra y numerosos rincones donde detenerse.
Información práctica actualizada
Actualmente el acceso en vehículo está regulado y es necesario reservar previamente el aparcamiento. Ya no debemos considerar el estacionamiento como gratuito.
La reserva se gestiona mediante PVerde y es necesario introducir correctamente la matrícula del vehículo, ya que la barrera realiza la lectura automática de la matrícula.
El aforo establecido actualmente es de 35 vehículos. La tarifa publicada para un turismo es de 4 € por día. También existen tarifas específicas para motocicletas, caravanas, autocaravanas y autobuses.
Está prohibido pernoctar en el aparcamiento. Como el horario que figura en la normativa municipal y el que muestra actualmente la plataforma de reservas no coincide exactamente, lo más prudente es comprobar el horario disponible en PVerde en el momento de realizar la reserva.
La ruta completa que actualmente se promociona como circular tiene aproximadamente 10 kilómetros, unos 170 metros de desnivel acumulado y una duración estimada de 2 horas y media.
Por tanto, los aproximadamente 8 kilómetros que hicimos nosotros corresponden a nuestra opción de ida y vuelta por el mismo camino, no al recorrido circular completo que se ofrece actualmente.
En el País Vasco, la festividad de Santa Águeda se celebra el 5 de febrero con la tradición de cantar la víspera en euskera, golpeando el suelo con bastones de madera. Esta costumbre popular, transmitida desde la infancia, se vincula ancestralmente con el despertar de la tierra para las cosechas.
La celebración incluye romerías a pie hacia la ermita del monte Kastrexana, acompañadas de puestos gastronómicos tradicionales. En el interior del templo, los asistentes siguen el ritual popular de pedir protección contra los dolores de cabeza y las migrañas ante la reliquia de la santa.
¿Qué tradición cultural de tu país te encanta?
El día 5 de febrero se celebra Santa Águeda en España.
En el País Vasco tenemos la tradición de cantar a la santa la víspera. Se canta en euskera acompañando la canción con un gran bastón de madera («makila»).
No es cuestión de sexo ni de edad, a cualquiera puedes ver cantándola. Tenemos la tradición desde pequeños, nos enseñan en la escuela.
Mi cumpleaños se celebra el 5 de Febrero, así que tengo la suerte de que cantan en mi cumpleaños y la víspera también 😀
Dicen que está tradición se vincula ancestralmente con «despertar a la Tierra» tras el solsticio de invierno para favorecer las cosechas y el nuevo ciclo de la naturaleza.
Hay una tradición de hacer una romería el 5 de Febrero andando desde diversos puntos de Bilbao y alrededores hasta la ermita de Santa, ubicada en el monte Kastrexana. A veces también se repite los domingos anteriores y posteriores.
Dado que se considera algo alegre, a la entrada de la ermita, suele haber puestos de comida: talo con chorizo, palos de rosquillas de San Blas…
En diarios locales suelen publicar anualmente información de cómo apuntarse a esas romerías a pie e información de las celebraciones.
Dentro de la ermita hay una costumbre popular de inclinarse o dar tres vueltas bajo la reliquia de la santa para pedir protección contra el dolor de cabeza y las migrañas. Ya sabéis, costumbres ancestrales de padres a hijos..🤔
Bilbao es la capital de Bizkaia y ha evolucionado desde su pasado industrial hacia un centro cultural y turístico. Destaca por su arquitectura emblemática, como el Museo Guggenheim, y por tradiciones culturales y gastronómicas arraigadas que incluyen el consumo de pintxos, dulces típicos y la celebración de festividades locales.
El territorio del Gran Bilbao abarca zonas costeras, industriales y rurales de gran valor histórico y natural. Destacan localidades costeras como Gorliz y espacios del interior como La Arboleda, reconocida por su patrimonio minero, complementados por una variada oferta gastronómica que abarca desde la cocina tradicional hasta propuestas de autor.
Bilbao es una de esas ciudades que, cuanto más conoces, más cosas descubres.
Popularmente se la conoce como el Botxo o incluso Botxito, haciendo referencia a ese “agujero” donde se encuentra la ciudad, rodeada de montañas.
Es la capital de Bizkaia, una de las tres provincias que forman Euskadi, y aunque la capital administrativa del País Vasco es Vitoria-Gasteiz, Bilbao es probablemente la ciudad vasca con mayor proyección internacional, junto con Donostia-San Sebastián.
La villa de Bilbao nació oficialmente en 1300 y durante muchísimo tiempo su economía estuvo ligada a la industria, al comercio y, sobre todo, a la actividad de la ría.
Hoy Bilbao ha cambiado muchísimo.
La antigua ciudad industrial se ha transformado en una ciudad moderna, cultural y turística, pero sin perder del todo ese carácter tan bilbaíno que, en mi opinión, es precisamente uno de sus mayores encantos.
Y aunque mucha gente llega a Bilbao para hacerse la foto delante del famoso Museo Guggenheim, os aseguro que Bilbao es muchísimo más.
Los bilbaínos lo llamamos cariñosamente “Guggy”.
Y tenemos una broma muy nuestra:
el Guggenheim es la caseta del perro.
Porque delante del museo está Puppy, el enorme perro floral creado por Jeff Koons.
Y claro… si tenemos un perro de semejante tamaño, la caseta también tiene que estar a la altura. 😉
Los bilbaínos tenemos fama de hacer las cosas “a lo grande”.
Y algo de razón hay.
Bilbao, una ciudad para vivirla
Bilbao no es solamente una ciudad para visitar monumentos.
Es una ciudad para pasearla, comerla y vivirla.
Una de las cosas que más me gustan es precisamente recorrer sus calles sin demasiada prisa.
Podemos empezar por el Guggenheim, caminar junto a la ría, cruzar el Zubizuri y continuar hacia el centro.
También podemos acercarnos al Casco Viejo, perderse por sus calles y terminar haciendo algo tan bilbaíno como…
potear.
Potear, txikitear y comer pintxos
Si hay una palabra que tenéis que aprender antes de visitar Bilbao es potear.
O txikitear.
Consiste básicamente en ir de bar en bar tomando algo, normalmente un pequeño vaso de vino conocido como txikito, acompañado de un pintxo.
Y aquí hago una aclaración:
un pintxo no es exactamente una tapa.
Aunque desde fuera puedan parecer conceptos similares, en Euskadi el pintxo tiene una enorme tradición gastronómica y muchos establecimientos han convertido estas pequeñas preparaciones en auténticas obras de arte.
Uno de los clásicos que yo asocio inmediatamente con Bilbao es la tortilla de patata con cebolla, que en algunos sitios puede llevar también pimiento verde.
Y después están los txikiteros.
Tradicionalmente se utilizaba este término para referirse a los grupos de bilbaínos que iban de bar en bar con su cuadrilla, aunque evidentemente hoy cualquiera puede disfrutar de esta tradición.
La fiesta de los Txikiteros
El 11 de octubre se celebra en el Casco Viejo de Bilbao la tradicional fiesta de los Txikiteros.
Uno de los puntos centrales se encuentra en el entorno de las calles Pelota, Perro y Andra Maria, frente al edificio de La Bolsa.
La celebración está vinculada a la devoción por la Amatxu de Begoña, la Virgen de Begoña, patrona de Bizkaia.
Uno de los momentos más emotivos es la interpretación de la Salve de los Txikiteros, cantada en euskera.
Es una de esas tradiciones que explican que Bilbao no sea únicamente arquitectura y museos.
También es costumbre.
Es calle.
Es cuadrilla.
Es gastronomía.
Y, por supuesto, es un txikito en la mano.
Los domingos: rabas
Otra tradición gastronómica muy bilbaína es salir los domingos a comer rabas, es decir, calamares rebozados.
Hay costumbres que no necesitan demasiada explicación.
Esta es una de ellas.
Un paseo, unas rabas, algo para beber y a seguir disfrutando del día.
El lado más dulce de Bilbao
Y después de tanto pintxo necesitamos algo dulce.
Bilbao tiene una repostería tradicional muy característica.
Entre mis favoritos están:
El bollo de mantequilla, parecido a un bollo suizo relleno de crema de mantequilla.
El pastel de arroz, que tiene un nombre un poco engañoso porque actualmente no lleva arroz. Se prepara con una base de hojaldre y un relleno elaborado principalmente con leche, harina, huevos y mantequilla.
La Carolina, uno de los dulces más reconocibles de Bilbao: una base de pastel de arroz coronada con merengue.
El ruso, un pastel de origen decimonónico elaborado con merengue y crema, normalmente presentado en capas y terminado con azúcar glas.
Y después tenemos la famosa baldosa de Bilbao, cuya forma reproduce las características baldosas de las aceras de la ciudad.
También encontramos los bilbaínitos, pequeños bombones que se han convertido en otro dulce típico.
Y últimamente se ha hecho muy popular el llamado “metrito de Bilbao”, una forma divertida de llevarse un pedacito dulce de la ciudad.
Arquitectura: Bilbao es mucho más que el Guggenheim
Si os gusta la arquitectura, como a mí, Bilbao es una auténtica maravilla.
Evidentemente hay que visitar el Guggenheim, diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry.
Pero no os quedéis únicamente con él.
Tenemos el Zubizuri, el conocido como puente de Calatrava.
La Basílica de Begoña, donde se encuentra la Amatxu.
El Teatro Arriaga.
El Mercado de la Ribera.
La iglesia de San Antón, de origen medieval y situada junto al mercado.
Y, por supuesto, San Mamés, la Catedral del fútbol para los aficionados del Athletic Club.
Y si os fijáis en las entradas del metro encontraréis unas estructuras acristaladas muy características.
Son los famosos fosteritos, diseñados por el arquitecto Norman Foster.
Bilbao también se disfruta bajo la lluvia
Aquí os voy a dar un consejo bastante sencillo:
llevad paraguas.
Da igual la época del año.
En Bilbao puede llover.
Y cuando llueve suavemente durante bastante tiempo tenemos incluso una palabra para ello:
sirimiri.
Es esa lluvia fina que parece que no moja…
hasta que llevas un rato caminando. 😅
Y si entráis en un bar y pedís agua de Bilbao, no os traerán agua.
Os traerán cava.
Otra pequeña muestra del humor bilbaíno.
Open House Bilbao: una ciudad para mirar hacia arriba
Si os gusta la arquitectura, existe además una iniciativa que merece la pena conocer:
Open House Bilbao.
Durante su celebración se abren al público determinados edificios y espacios que normalmente no siempre son accesibles, con visitas y actividades relacionadas con la arquitectura de Bilbao y su entorno.
Es una oportunidad estupenda para descubrir otra cara de la ciudad.
Uno de los errores que cometemos los turistas —y digo turistas aunque sea nuestra propia tierra porque todos lo hacemos— es pensar que Bilbao termina cuando dejamos atrás el Guggenheim y el Casco Viejo.
Pero existe algo mucho más amplio:
el Gran Bilbao.
La ría del Nervión-Ibaizabal vertebra buena parte de este territorio y alrededor de ella encontramos localidades con historias y paisajes muy diferentes.
Podemos hablar, de manera general, de Bilbao, la Margen Izquierda y la Margen Derecha.
Y aquí empieza lo interesante.
La Margen Izquierda: la memoria industrial
La Margen Izquierda estuvo profundamente ligada a la industria, la minería, la siderurgia y la actividad portuaria.
Aquí encontramos localidades como Barakaldo, Portugalete y Santurtzi, entre otras.
Una de las visitas imprescindibles es el Puente Bizkaia, conocido popularmente como Puente Colgante, que une Portugalete y Getxo.
Es Patrimonio Mundial de la UNESCO y constituye uno de los grandes símbolos de la industrialización de la ría.
También merece la pena acercarse a Santurtzi para disfrutar de sus famosas sardinas asadas.
Porque si hablamos de comida, Bizkaia tampoco se queda corta.
La Margen Derecha: mar y acantilados
Al otro lado de la ría encontramos un paisaje bastante diferente.
Getxo, Sopela, Plentzia y Gorliz ofrecen playas, acantilados, paseos marítimos y un paisaje mucho más abierto hacia el Cantábrico.
Aquí cambia completamente la imagen que tenemos de Bilbao.
Y precisamente por eso me encanta.
Gorliz: un lugar muy especial para mí
Gorliz pertenece a la comarca de Uribe y es uno de esos pueblos que combinan la tranquilidad del Cantábrico con ese verde tan característico del paisaje vasco.
Está a unos 25 kilómetros de Bilbao.
Pero para mí y mi familia es mucho más que un bonito pueblo costero.
Gorliz forma parte de nuestra historia personal.
Cuando era niña, ir a Gorliz con mis padres era un plan clásico.
Coche cargado.
Comida casera.
Mesa de picnic bajo los pinos.
Y después…
tarde de playa.
Con los años la tradición ha cambiado un poquito.
Ahora muchas veces cogemos el metro hasta Plentzia y desde allí caminamos hasta Gorliz por el precioso paseo junto al mar.
A veces también nos dedicamos simplemente a callejear, disfrutando de ese olor a mar que tiene el pueblo.
El Pinar de Gorliz
Una de las zonas que recuerdo especialmente es el Pinar de Gorliz, cerca de Urezarantza.
Es un área recreativa perfecta para descansar a la sombra.
Actualmente ya no cuenta con las antiguas parrillas, que fueron retiradas, pero conserva su encanto y dispone de zona infantil.
Es un lugar estupendo para hacer una pausa.
La playa de Gorliz
La playa tiene aproximadamente 842 metros de longitud y se encuentra dentro de una bahía con forma de concha.
Esta configuración ayuda a protegerla del oleaje más fuerte y hace que sea una playa muy familiar.
También es un buen lugar para quienes están empezando a practicar surf.
Y si vais caminando desde Plentzia, el paseo hasta Gorliz es una de esas excursiones sencillas que me parecen perfectas para pasar el día.
Subir al Faro de Gorliz
Otro paseo clásico es acercarse al Faro de Gorliz, situado sobre el cabo Bilbao.
El faro actual fue construido en 1990 y destaca por su ubicación elevada sobre los acantilados.
El nombre también tiene su pequeña historia: el topónimo “Cabo Villano” ya estaba utilizado por otro faro gallego, por lo que se adoptó el nombre de Cabo Bilbao.
En 2007, Correos dedicó un sello a este faro.
Pero más allá de la curiosidad, lo mejor es el paseo.
Las vistas hacia el Cantábrico son preciosas.
Los vestigios de la defensa costera
Gorliz también conserva restos de la antigua línea de defensa costera construida después de la Guerra Civil.
Podemos encontrar búnkeres, galerías y otras estructuras defensivas.
Es una parte de la historia menos conocida del municipio y que recuerda que estos paisajes aparentemente tranquilos también han sido escenario de acontecimientos mucho más duros.
Las dunas petrificadas de Astondo
Junto al Hospital de Gorliz, en Astondo, encontramos otro elemento de enorme interés:
las dunas petrificadas.
Son formaciones geológicas de miles de años de antigüedad y constituyen uno de los elementos naturales más singulares de la zona.
Además de su interés geológico, tienen importancia hidrogeológica porque están relacionadas con el acuífero que abastece al entorno del hospital.
El Sanatorio Marino de Gorliz
Y hablando del hospital, aquí encontramos otro capítulo fascinante de la historia local.
El Sanatorio Marino de Gorliz fue fundado en 1919 para tratar principalmente a niños afectados por tuberculosis ósea.
Su ubicación no fue casual.
El clima benigno, la orientación y las condiciones ambientales de Gorliz se consideraban beneficiosas para este tipo de tratamientos.
El edificio fue además pionero por su utilización del hormigón armado.
Actualmente forma parte de Osakidetza y continúa siendo uno de los edificios más emblemáticos de Gorliz.
Andramari: una parte de mi historia familiar
Y aquí tengo que hacer una parada especialmente personal.
En el barrio de Andramari tengo familia.
Durante muchos años, las celebraciones familiares pasaban por la Ermita de Andra Mari de Aguirre y de las Nieves.
Es una construcción religiosa de origen muy antiguo, vinculada tradicionalmente al siglo XI.
Pero hay una curiosidad que me encanta.
Antes de existir el faro actual, la ermita llegó a desempeñar una función de orientación para los barcos mediante hogueras.
Una especie de “faro” mucho más rudimentario.
En agosto se celebran las fiestas de Andramari y uno de los clásicos es el concurso de paellas.
Y aquí ya entramos en terreno peligroso…
porque en Euskadi una comida familiar puede acabar convirtiéndose fácilmente en competición gastronómica.
Gorliz también es familia y amigos
Tengo familiares y amigas vinculadas a Gorliz.
Algunas siguen yendo todos los años al camping.
Otras tienen allí su segunda residencia.
Y precisamente por eso, para mí Gorliz no es una visita turística más.
Es un lugar asociado a recuerdos.
A veranos.
A familia.
A comidas.
A playa.
A caminar.
Y a esa sensación tan difícil de explicar que producen los lugares que forman parte de nuestra vida.
Camping de Gorliz
Para quienes prefieran alojarse en la zona, el camping es otra posibilidad.
Dispone de parcelas para tiendas y caravanas y también de bungalows.
Su ubicación cercana a la playa permite combinar fácilmente alojamiento, mar y naturaleza.
En temporada alta es recomendable reservar con antelación, ya que la disponibilidad puede ser limitada.
Comer por Plentzia y Gorliz
Si vais en plan sencillo y mochilero, hay algunos sitios que pueden resultar prácticos.
Pollería Txori Ona, en Iturgitxi Kalea, es una opción para comprar pollo asado y comida preparada, además de bebidas y bocadillos.
Yo recuerdo especialmente el vegetal y el de pollo.
También está la Cervecería Kilimanjaro, un sitio muy conocido para hacer una parada después de caminar.
En Plentzia encontramos también Restaurante Puerto Plentzia, junto al puerto, donde podemos tomar algo y disfrutar de pintxos.
Y si sois aficionados a la cerveza artesana, podéis acercaros a Titoblas Brewing Co., en el polígono Sagastikoetxe.
Como siempre, comprobaría horarios y disponibilidad antes de desplazarme, especialmente fuera de temporada.
Y ahora nos vamos en dirección completamente distinta.
Hoy os escribo acerca de uno de los lugares más icónicos de las Encartaciones:
La Arboleda, conocida en euskera como Zugaztieta.
Cuando llegas puedes pensar que estás ante un pequeño pueblo de montaña rodeado de naturaleza.
Pero la realidad es mucho más interesante.
La Arboleda fue un pueblo minero.
Durante décadas se extrajo aquí mineral de hierro, y la actividad minera transformó por completo el paisaje y la vida de sus habitantes.
Las antiguas explotaciones son precisamente las que dieron lugar a los lagos que vemos actualmente.
Hoy la zona es un espacio de ocio y naturaleza, pero conserva la memoria de aquel pasado minero.
Los lagos mineros
Cuando las explotaciones quedaron abandonadas, las antiguas cavidades comenzaron a llenarse de agua.
Así aparecieron los diferentes pozos y lagos que actualmente encontramos en la zona.
Algunos de los más conocidos son:
Pozo Ostión
Pozo Blondis
Pozo Parkotxa
Pozo Granada
Pozo Balastera
Además encontramos otros pozos y pequeñas balsas.
El paisaje es realmente curioso.
Donde antes había minería hoy encontramos agua, árboles, senderos y zonas recreativas.
Eso sí:
no son lagos para bañarse.
Turismo Euskadi indica que estos antiguos embalses son aptos para determinadas actividades como la pesca, pero no recomienda el baño.
Así que mejor contemplarlos y respetar siempre las señales.
El Funicular de Larreineta
Una de las formas más bonitas de llegar es utilizando el Funicular de Larreineta.
Fue inaugurado en 1926 para comunicar el poblado minero con el valle.
Originalmente no transportaba solamente personas: también estaba preparado para transportar carga e incluso vehículos.
El trayecto actual dura aproximadamente diez minutos.
Y aquí tenemos una pequeña efeméride: en 2026 se celebra el centenario del Funicular de Larreineta. El Gobierno Vasco y Correos han organizado actos conmemorativos y se ha emitido un sello dedicado a estos cien años de historia.
La Arboleda cuenta con zonas recreativas, senderos y diferentes posibilidades para caminar.
También podemos acercarnos al Centro de Interpretación Ambiental Peñas Negras, donde se explica la historia minera y la transformación del paisaje.
Desde allí parten itinerarios señalizados para descubrir el entorno.
Y hay una cosa que para mí es casi obligatoria:
comer alubias.
Porque las famosas alubias de La Arboleda forman parte de la identidad gastronómica de la zona.
La explicación tiene todo el sentido.
Los trabajadores de las minas necesitaban comidas contundentes, económicas y que aportasen mucha energía.
Las alubias eran perfectas.
Con el tiempo, aquella comida de trabajadores se convirtió en uno de los platos más representativos de La Arboleda.
Así que si subís…
unas alubias.
No digo más.
Nosotros en La Arboleda
Nosotros solemos subir temprano, especialmente cuando vamos con los perros.
Nos gusta caminar tranquilamente y disfrutar del silencio.
A veces nos encontramos vacas, caballos o perros que acompañan al ganado.
Es importante recordar que estamos en un entorno rural y mantener a nuestros perros controlados y respetar siempre a los animales.
Lo bonito es observar.
No molestar.
Restaurantes que recomiendo en Bilbao y alrededores
Y llegamos a una de mis partes favoritas.
Porque después de caminar, visitar museos, subir montes y recorrer pueblos…
hay que comer.
Estos restaurantes no aparecen aquí porque sean simplemente lugares conocidos.
Los incluyo porque yo he comido en ellos y puedo hablar desde mi propia experiencia.
Y eso, cuando recomiendo un restaurante, para mí es importante.
Restaurante Maider
Cuando mi empresa estuvo situada en el barrio de Abando, yo tenía que quedarme muchas veces a comer en Bilbao.
Uno de los restaurantes a los que acudía habitualmente era Restaurante Maider.
Está en una ubicación muy cómoda, frente a los juzgados, en la calle Colón de Larreátegui.
Es un restaurante tradicional, pero con algún toque moderno.
Lo que más destacaría es su buena relación calidad-precio.
Las raciones son normales, ni pequeñas ni exageradas, y el menú del día que yo conocí tenía varios primeros para elegir, carne o pescado como segundo y diferentes postres caseros.
Pero para mí hay que destacar especialmente la parrilla.
También tiene una barra de pintxos muy interesante.
Es uno de esos lugares clásicos, de toda la vida, con ambiente familiar y personal cercano.
Restaurante Maider Colón de Larreátegui, 5 48001 Bilbao
Teléfono: 944 24 89 91
Como no dispone de web oficial, recomiendo comprobar por teléfono los horarios y el menú antes de ir.
Gure Kabi
Celebrábamos el cumpleaños de mi madre y, como ella es muy de comida tradicional, elegimos Gure Kabi.
Habíamos reservado, aunque tuvimos la suerte de poder entrar un poco antes.
El restaurante estaba lleno y no tardó en empezar a formarse gente esperando.
Eso ya dice bastante.
La comida es tradicional, las raciones son generosas y los postres son caseros.
Y aquí tengo una recomendación muy clara:
la tarta de queso.
Deliciosa.
Nosotros fuimos al menú del día, que en aquella época costaba 14 € por persona.
Incluía primero, segundo, postre, agua o vino y pan.
El precio, evidentemente, puede haber cambiado.
También vi que habían recibido reconocimiento por sus croquetas, así que esa es una de esas cosas que tengo pendientes para una próxima visita.
Tiene menú del día, menús especiales, opciones para grupos y carta.
El comedor es amplio y está decorado con fotografías antiguas de Bilbao.
El personal siempre me ha parecido especialmente agradable y atento.
Las raciones son grandes, están bien presentadas y son sabrosas.
Para mí destaca por su buena relación calidad-precio.
Tiene además una cafetería propia con una barra de pintxos estupenda.
Se puede acceder desde Gran Vía o desde la cafetería, donde hay un ascensor de cristal que sube hasta el comedor.
Es una opción muy práctica si estáis por el centro y queréis comer sin complicaros demasiado.
Aspaldiko, en Loiu
Si buscáis un lugar especial para una ocasión única, Aspaldiko es una apuesta que yo tendría muy en cuenta.
Nosotros lo elegimos para una visita muy especial de unos amigos que venían desde Nueva Zelanda y Australia.
Queríamos enseñarles algo de nuestra gastronomía, pero también algo que tuviera ese carácter vasco que no iban a encontrar en cualquier sitio.
Y acertamos.
Aspaldiko está ubicado en un caserío histórico del siglo XV, declarado Bien Cultural en categoría de Monumento. El edificio conserva elementos originales como piedra y madera y el restaurante funciona allí desde 1988.
La noche que fuimos, además, se estaba celebrando una boda.
Así que el lugar tenía un ambiente muy especial.
Nuestra experiencia en Aspaldiko
Reservamos para cenar y pedimos a la carta.
La experiencia comenzó en el jardín del caserío, donde pudimos ver incluso pavos reales paseando por la finca.
Para nuestros amigos, aquello ya fue una experiencia.
Para compartir pedimos:
Almejas a la plancha.
Ensalada de txangurro desmigado.
Arroz meloso de berberechos.
Kokotxa de merluza con pil-pil y aire de tinta de chipirón.
Después probamos diferentes platos principales, entre ellos bacalao a la vizcaína y al pil-pil, incluso la opción de probar ambos estilos, además de carne.
Y llegamos a los postres.
Cuajaditos de queso.
Goxua.
Helados artesanos.
El goxua es uno de esos postres que recomiendo probar si nunca lo habéis hecho.
La carta actual sigue incluyendo goxua, aunque los platos y precios pueden cambiar con el tiempo.
Un trato excelente
Como habíamos reservado en el primer turno, el personal tuvo el detalle de enseñarnos diferentes zonas del restaurante.
Mis amigos no hablaban español y mi marido hizo de improvisado traductor al inglés.
Fue un detalle que agradecimos muchísimo.
El servicio fue ágil y amable y las raciones nos parecieron generosas.
Mis amigos no paraban de untar pan en las salsas.
Y creo que esa es una de las mejores críticas que puede recibir un restaurante.
Aspaldiko continúa actualmente orientado tanto a comidas como a celebraciones y eventos, y dispone de jardines y diferentes salones.
Txakoli Simón: chuleta, parrilla y vistas
Y ahora nos vamos a Artxanda.
Si os gusta la carne, probablemente habréis oído hablar de Txakoli Simón.
Está considerado por el propio establecimiento como uno de los grandes referentes de la txuleta en Bilbao y su chef, Óscar García, fue reconocido como Maestro Parrillero Campeón en 2019 y 2021.
El restaurante se encuentra en el Camino de San Roque Bidea, en Artxanda.
Tiene aparcamiento propio.
Y una vez allí hay algo que os recomiendo hacer aunque no tengáis hambre:
subid a la terraza y mirad las vistas.
Son preciosas.
Diferentes espacios para comer
Cuando estuvimos allí llegué a contar aproximadamente seis zonas diferentes para comer.
Había espacios exteriores, terrazas, merenderos y comedor.
La zona de campa tiene un concepto más informal y actualmente el propio restaurante explica que funciona con un sistema de autoservicio, sin necesidad de reservar para ese espacio.
Eso me parece especialmente interesante si vais en familia o con perros.
En cambio, los espacios interiores tienen un servicio más tradicional.
Morcillas artesanales de puerro sobre pimientos rojos asados.
Chuleta de aproximadamente un kilo.
Patatas.
Tarta de queso.
Goxua.
Tengo que hacer una mención especial a la morcilla.
Mi familia materna es del Valle de Carranza y estoy acostumbrada a la morcilla de verduras.
Es mi favorita.
Así que cuando vi estas morcillas de puerro, tenía que probarlas.
Y estaban deliciosas.
Pero, evidentemente, la gran protagonista fue la chuleta.
Nos trajeron además una pequeña parrilla portátil de carbón para poder mantener la carne caliente y terminarla al gusto.
Comimos muy bien.
Las raciones eran generosas y el precio nos pareció razonable para el tipo de producto y el lugar.
¿Reservar?
Sí.
Especialmente si queréis comer en el comedor.
Txakoli Simón se ha vuelto muy popular y las redes sociales han contribuido a que mucha más gente conozca el lugar.
La campa exterior tiene actualmente un funcionamiento diferente y no requiere reserva previa, pero para el restaurante tradicional yo no me arriesgaría.
Reservaría.
Teléfono: 944 45 74 99
Dirección:
Camino de San Roque Bidea, 89 48015 Bilbao
Santo Tomás: una tradición que anuncia la Navidad
El 21 de diciembre Bilbao celebra la feria de Santo Tomás, una de las citas más tradicionales del calendario.
El centro de la celebración se encuentra en torno al Arenal y El Arenal.
Los baserritarras llegan a la ciudad con productos de temporada y la ciudad se llena de puestos.
Es uno de esos días en los que Bilbao huele especialmente bien.
Se toma txakoli.
Se comen pintxos.
Y, sobre todo, se come talo.
El más tradicional es el talo con chorizo.
Y aquí confieso algo:
es uno de mis platos favoritos.
El talo se elabora con harina de maíz, agua y sal.
Se amasa, se deja reposar y se forman pequeñas bolas que posteriormente se estiran hasta conseguir una especie de torta fina que se cocina sobre una plancha.
Sencillo.
Tradicional.
Y buenísimo.
Aste Nagusia: Bilbao se transforma
Si hay una fiesta que representa el carácter bilbaíno, esa es la Aste Nagusia.
La Semana Grande de Bilbao dura nueve días y tiene como gran protagonista a Marijaia.
El comienzo de las fiestas está marcado por el pregón y el lanzamiento del txupin desde el entorno del Teatro Arriaga.
Marijaia aparece entonces para presidir las fiestas.
En 2026, Aste Nagusia se celebrará del 22 al 30 de agosto.
Durante esos días Bilbao se llena de conciertos, teatro, actividades infantiles, concursos gastronómicos, fuegos artificiales y las famosas txosnas.
El Casco Viejo y ambas márgenes de la ría se convierten en auténticos puntos de encuentro.