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    Riaño bajo la Lluvia: Un Viaje a la Memoria

    Riaño: un pueblo entre montañas y recuerdos

    Después de nuestra visita al Banco de Burón, continuamos nuestro camino hasta Riaño.

    El día seguía lluvioso y el cielo estaba cubierto, algo que, aunque podía parecer poco apropiado para disfrutar de un paisaje de montaña, terminó dándole a Riaño una atmósfera especial.

    Llegamos hasta la zona del camping y dejamos el coche en el aparcamiento situado justo a la entrada, sin necesidad de entrar en las instalaciones. Es una zona bastante amplia y allí mismo hay un pequeño bar.

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    Desde este punto comenzamos nuestro recorrido a pie. Una pista serpenteante se adentra por la montaña y, según el camino que tomemos, nos lleva hacia algunos de los lugares más conocidos de Riaño.

    Nosotros nos dirigimos hacia el famoso columpio y después hacia el corazón, dos de los rincones que actualmente atraen a muchos visitantes.

    Riaño es mucho más que el bonito escenario que vemos hoy.

    El Riaño que desapareció bajo las aguas

    El actual Riaño no ocupa exactamente el mismo lugar que el antiguo pueblo. La historia reciente de la localidad está marcada por la construcción del embalse.

    El proyecto del embalse llevaba décadas planteándose y finalmente las obras comenzaron en 1965.

    El proceso estuvo acompañado durante años por expropiaciones, conflictos y una fuerte oposición de los habitantes del valle. Finalmente, en 1987, el antiguo Riaño y otros pueblos de la zona fueron demolidos y quedaron bajo las aguas del embalse.

    En total, nueve localidades quedaron afectadas: Riaño, Anciles, Salio, Huelde, Éscaro, La Puerta, Pedrosa del Rey, Burón y Vegacerneja, esta última parcialmente. El cierre del embalse se produjo el 31 de diciembre de 1987.

    El nuevo Riaño fue construido para acoger a buena parte de la población desplazada.

    Y aquí está una de las peculiaridades que más nos ayudan a comprender lo que estamos viendo: algunos de los edificios históricos de aquellos pueblos no desaparecieron bajo el agua, sino que fueron trasladados piedra a piedra al nuevo emplazamiento.

    Por eso, cuando paseamos hoy por Riaño, encontramos elementos que pertenecían a aquellos pueblos desaparecidos.

    Un paseo por la memoria

    Uno de ellos es la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, procedente de La Puerta. Fue trasladada piedra a piedra y su cabecera corresponde a los siglos XIII-XIV.

    También encontramos la iglesia de San Martín de Pedrosa del Rey, trasladada al nuevo Riaño. Es uno de los testimonios que permiten imaginar el patrimonio que existía en aquellos pueblos antes de que el agua transformara para siempre el valle.

    El Ayuntamiento de Riaño conserva además un mapa turístico en el que aparecen varios de los lugares que podemos visitar actualmente: el Museo Etnográfico, la iglesia románica, el Paseo del Recuerdo, el puerto donde salen los barcos turísticos, el banco, el mirador del Alto de Valcayo y el acceso al columpio.

    Precisamente el Paseo del Recuerdo es una visita especialmente interesante para comprender esta historia.

    Es una manera de acercarse a la memoria de aquellos pueblos y de sus habitantes, algo que adquiere todavía más significado cuando sabemos que bajo las aguas del embalse quedaron sus antiguas casas, calles y paisajes.

    También merece una visita el Museo Etnográfico de Riaño, donde se conserva y explica parte de la cultura, las tradiciones y la forma de vida de la montaña.

    Por eso, aunque nuestra visita se centró sobre todo en los paisajes y miradores, creemos que conocer esta parte de la historia cambia la manera de mirar Riaño.

    Los llamados Fiordos Leoneses

    Y entonces llegamos a una de las imágenes más espectaculares de la zona: el embalse de Riaño.

    A los paisajes que rodean sus aguas se les conoce popularmente como Fiordos Leoneses.

    Evidentemente, no son fiordos en sentido geológico ni tienen origen marino como los noruegos. Su aspecto se debe a la combinación de las montañas y los profundos valles que quedaron inundados tras la construcción del embalse.

    El resultado es un paisaje muy peculiar: el agua penetra entre las montañas, creando brazos y ensenadas rodeados de paredes y cumbres calizas. Desde los diferentes miradores se entiende perfectamente por qué este lugar ha recibido ese sobrenombre.

    Y hay una paradoja difícil de ignorar: el mismo embalse que creó este paisaje tan espectacular fue también el que hizo desaparecer los pueblos del antiguo valle.

    Quizá por eso contemplarlo produce sensaciones contradictorias. Es precioso, sí, pero cuando conoces lo que hay bajo esas aguas, el paisaje adquiere otra dimensión.

    El columpio gigante de Riaño

    Uno de nuestros objetivos era llegar hasta el famoso columpio.

    Desde la zona del camping seguimos la pista hasta alcanzar el entorno del mirador de Las Hazas.

    El recorrido no nos resultó especialmente complicado, aunque sí encontramos algunas zonas pedregosas y, al estar lloviendo, el terreno estaba húmedo y resbaladizo.

    Por eso, si el día está como el nuestro, recomiendo llevar buen calzado y, especialmente para quienes tengan menos seguridad caminando por terreno irregular, un bastón de montaña puede venir muy bien.

    El columpio es uno de los grandes atractivos turísticos actuales de Riaño y está considerado el columpio más grande de España.

    Su tamaño y, sobre todo, su ubicación hacen que la experiencia sea bastante peculiar: al sentarse y comenzar a balancearse, parece que uno va a salir directamente hacia el embalse y las montañas.

    Junto al columpio hay también un banco de madera desde el que simplemente podemos sentarnos y disfrutar del paisaje.

    Adjunto un vídeo de mi perfil:

    https://youtu.be/SkOu9M7Bo_k?is=-8k_CQfpe5U-sHll

    Eso sí, si vais en temporada alta, hay que tener paciencia.

    Nosotros encontramos bastante gente y tuvimos que guardar cola para poder subir al columpio.

    Es uno de esos lugares que se han convertido en auténticos protagonistas de las fotografías de Riaño y, lógicamente, muchos visitantes quieren llevarse su recuerdo.

    El corazón con Riaño a nuestros pies

    Continuamos después hacia otro de los rincones más fotografiados: el corazón.

    También encontramos bastante gente y tuvimos que esperar nuestro turno. La razón es sencilla: desde allí se consigue una bonita fotografía con el corazón en primer plano y, detrás, el pueblo de Riaño, el embalse y las montañas.

    Puede parecer un detalle menor, pero para nosotros forma parte de la experiencia. Riaño es un pueblo pequeño, pero durante los meses de verano recibe muchos visitantes y sus lugares más conocidos pueden estar bastante concurridos.

    Riaño bajo la lluvia

    Nosotros lo conocimos en agosto y, sin embargo, el día estaba gris, húmedo y lluvioso.

    Las nubes cubrían parcialmente las montañas y el paisaje era muy diferente al de esas fotografías de cielos azules y aguas completamente despejadas que solemos encontrar cuando buscamos información sobre Riaño.

    Pero tenía su propio encanto.

    La humedad hacía que las montañas parecieran todavía más misteriosas y las nubes envolvían los picos creando una sensación casi irreal. Desde el mirador podíamos contemplar el pequeño pueblo, el embalse, el puente de San Glorio y las montañas que se extienden alrededor.

    Y aunque no disfrutamos de un día perfecto de verano, para nosotros Riaño no perdió ni un poco de su esencia.

    Al contrario.

    Quizá aquel paisaje nublado y silencioso era una forma diferente de descubrirlo.

    ¿Qué más podemos ver en Riaño?

    Podemos recorrer el Paseo del Recuerdo, visitar la zona del puerto y realizar un paseo en barco por el embalse.

    El barco ofrece una perspectiva completamente diferente de los llamados Fiordos Leoneses y permite adentrarse entre las montañas y observar desde el agua un paisaje que desde tierra no podemos apreciar de la misma manera.

    Las rutas duran aproximadamente una hora y permiten descubrir también la fauna y los bosques que rodean el embalse.

    Para quienes disfrutan del senderismo, Riaño también es punto de partida de diferentes rutas de montaña, entre ellas la subida al Pico Gilbo, una de las cumbres más reconocibles de la zona.

    El territorio forma parte del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, un espacio protegido de gran riqueza paisajística y natural.

    Y si simplemente queremos pasear sin hacer una ruta exigente, podemos disfrutar de sus calles, plazas y miradores y acercarnos al embalse.

    Mi impresión

    Riaño me pareció uno de esos lugares que son mucho más que una fotografía bonita.

    Llegamos buscando sus miradores, el columpio y las famosas vistas de los Fiordos Leoneses, pero descubrir la historia que existe detrás del paisaje hace que la visita se vea con otros ojos.

    Hoy vemos un pequeño pueblo rodeado de montañas y agua, pero bajo ese embalse existe la memoria de todo un valle.

    Y quizá esa sea precisamente la

    Nosotros lo vimos bajo la lluvia, con las nubes cubriendo los picos y haciendo cola para subir al columpio y fotografiarnos en el corazón. Y aun así, o quizá precisamente por eso, me llevé la sensación de haber descubierto un lugar especial.

    Un pequeño rincón de León que parece sacado de un cuento, pero cuya belleza esconde una historia que merece ser conocida.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘