CIUDADANA DEL MUNDO

Caminante no hay camino se hace camino al andar

Categoría: LUGAR CON ENCANTO

  • PISTO TRADICIONAL CASERO

    PISTO TRADICIONAL CASERO

    🍲

    Hay recetas que no necesitan grandes ingredientes ni técnicas complicadas para convertirse en un clásico de casa. Este pisto es una de ellas.

    Verduras, tomate, aceite y poco más. Una receta humilde, sencilla y profundamente ligada a la cocina doméstica, de esas que se preparaban aprovechando las hortalizas de temporada y que podían cambiar de una casa a otra según lo que hubiera disponible en la huerta o en la despensa.

    En mi caso, además, tiene un pequeño toque diferente: lleva calabaza, patata y se termina mezclando el tomate con huevo batido, consiguiendo un pisto jugoso y muy casero.

    🌿 Un plato con mucha historia

    Su origen se relaciona con la tradición culinaria andalusí y, con el paso de los siglos, fue evolucionando según las hortalizas disponibles en cada territorio.

    El pisto manchego se convirtió en una de sus expresiones más conocidas y es hoy uno de los platos representativos de Castilla-La Mancha.

    La versión más sencilla del pisto manchego tradicional se basa fundamentalmente en pimiento verde y tomate, aunque actualmente es habitual encontrar también cebolla, calabacín, pimiento rojo y ajo.

    Esto explica algo que seguramente nos resulta familiar: cuando hablamos de pisto, muchas veces encontramos recetas diferentes dependiendo de quién nos la haya enseñado.

    Porque el pisto no nació para seguir una receta escrita al milímetro. Nació de la cocina cotidiana, de la huerta y del aprovechamiento.

    El pisto y sus variantes por España

    Aunque el pisto manchego sea probablemente la versión más conocida, la idea de cocinar lentamente diferentes verduras con aceite está presente en muchas cocinas regionales españolas.

    Castilla-La Mancha: el pisto manchego

    Es la versión más reconocida y una auténtica seña de identidad de la gastronomía castellano-manchega.

    Su base tradicional gira alrededor del tomate y el pimiento verde, aunque se han incorporado otras verduras como cebolla, calabacín, pimiento rojo y ajo.

    Se cocina lentamente hasta conseguir una textura melosa y concentrada. Puede servirse solo, como guarnición o acompañado de huevo.

    Precisamente el huevo es uno de sus acompañamientos más tradicionales, aunque normalmente se presenta como huevo frito.

    Murcia: el pisto murciano

    En Murcia encontramos otra versión muy ligada a la huerta. Allí las verduras tienen un protagonismo especial y pueden aparecer ingredientes como tomate, pimiento, cebolla, calabacín y berenjena.

    Es una buena muestra de cómo una misma idea culinaria cambia cuando viaja de una huerta a otra.

    Andalucía: la fritada y otras preparaciones de verduras

    En Andalucía encontramos distintas preparaciones tradicionales basadas en verduras sofritas o fritadas, con ingredientes que pueden variar según la zona y la temporada.

    No todas reciben el nombre de pisto ni son exactamente la misma receta, pero comparten esa filosofía de cocinar lentamente las verduras en aceite hasta concentrar sus sabores.

    Otras cocinas regionales

    Y aquí está lo bonito: si ampliamos la mirada, descubrimos que las verduras cocinadas lentamente aparecen con nombres y combinaciones diferentes por prácticamente toda España.

    Cada territorio utiliza aquello que tiene más cerca: tomates, pimientos, cebollas, berenjenas, calabacines, patatas…

    Por eso resulta difícil hablar de un único pisto «auténtico» cuando salimos de una receta regional concreta.

    🥒 ¿Y por qué cada casa tiene su propio pisto?

    Porque probablemente esa sea la verdadera esencia de esta receta.

    Hay quien añade berenjena, quien prescinde del calabacín, quien utiliza pimiento rojo y verde, quien incorpora más tomate y quien lo deja prácticamente seco.

    También encontramos diferencias en la forma de cocinar las verduras: algunas recetas las sofríen por separado para respetar los tiempos de cocción y después las juntan; otras, especialmente las recetas familiares más sencillas, ponen prácticamente todo en la misma cazuela.

    Y luego están los pequeños secretos familiares.

    Una pizca de algo, una verdura que nunca falta, una manera determinada de cortar los ingredientes o ese «lo haces hasta que esté» que aparece en tantas recetas heredadas.

    Son precisamente esas pequeñas diferencias las que convierten una receta tradicional en nuestra receta.

    🥄 Mi versión: pisto con calabaza, patata y huevo

    Esta receta se aleja un poquito del pisto manchego más clásico, y precisamente por eso quería conservarla.

    Aquí aparecen calabacín, calabaza, pimiento verde, cebolla, patata y ajo. La mezcla se cocina con un poco de agua, aceite y caldo de verduras.

    Después llega el toque que la hace diferente: se mezclan los huevos batidos con el tomate y se incorpora todo al guiso.

    El huevo se cuaja ligeramente mientras se integra con el tomate y las verduras, dejando una preparación más ligada y jugosa.

    No pretende ser «el pisto tradicional» en sentido estricto.

    Es simplemente una manera de hacer pisto, una receta familiar más dentro de ese enorme recetario popular que ha ido creciendo en nuestras cocinas durante generaciones.

    👩‍🍳 Ingredientes

    Para 4 personas:

    • 1 calabacín
    • Un trozo de calabaza
    • 1 pimiento verde
    • ½ cebolla
    • 2 patatas
    • 1 diente de ajo
    • 1 pastilla de caldo de verduras
    • 1 bote pequeño de tomate
    • 2 huevos
    • Aceite de oliva virgen extra
    • Agua, aproximadamente dos dedos en el fondo de la cazuela

    🍳 Preparación

    1. Cocinamos las verduras

    Ponemos en una cazuela unos dos dedos de agua y llevamos a ebullición.

    Cuando esté hirviendo, incorporamos el calabacín, la calabaza, el pimiento verde, la cebolla, las patatas y el ajo, todo previamente troceado.

    Añadimos la pastilla de caldo de verduras desmenuzada y un buen chorro de aceite de oliva.

    Dejamos cocinar a fuego medio hasta que las verduras estén tiernas.

    2. Preparamos el tomate y el huevo

    Mientras se cocinan las verduras, batimos los dos huevos en un bol.

    Añadimos el tomate y mezclamos bien hasta conseguir una preparación homogénea.

    3. El toque final

    Cuando las verduras estén tiernas, incorporamos la mezcla de tomate y huevo a la cazuela.

    Removemos con cuidado y dejamos cocinar unos minutos a fuego suave, hasta que el huevo cuaje ligeramente y todos los ingredientes queden bien integrados.

    El resultado debe quedar jugoso y meloso, no seco.

    🍞 A la mesa

    Servimos caliente.

    ❤️ Una receta sencilla que cuenta una historia

    El pisto es uno de esos platos que demuestran que la cocina tradicional no tiene por qué ser complicada.

    Nació de ingredientes humildes, de las verduras disponibles y de la necesidad de alimentar a la familia con lo que ofrecía la tierra. Con el tiempo se convirtió en un plato representativo de diferentes regiones y cada cocina fue haciendo su propia interpretación.

    Porque cuando una receta pasa de generación en generación, no siempre permanece exactamente igual. Se adapta a la época, a la despensa, a la zona y, sobre todo, a la persona que la prepara.

    Esta receta de pisto con calabaza, patata, tomate y huevo es una de esas pequeñas piezas de nuestro recetario familiar.

    Una receta sencilla, de las de toda la vida.

    De las que quizá no salen en los grandes restaurantes, pero que tienen algo mucho más difícil de conseguir:

    sabor a casa.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Santa Águeda

    Santa Águeda

    ¿Qué tradición cultural de tu país te encanta?

    El día 5 de febrero se celebra Santa Águeda en España.

    En el País Vasco tenemos la tradición de cantar a la santa la víspera. Se canta en euskera acompañando la canción con un gran bastón de madera («makila»).

    No es cuestión de sexo ni de edad, a cualquiera puedes ver cantándola. Tenemos la tradición desde pequeños, nos enseñan en la escuela.

    Os dejo un vídeo para que os hagáis una idea:

    https://youtu.be/kgL5xhrHnPk?si=PDnYaI0ADv5lIeof

    Mi cumpleaños se celebra el 5 de Febrero, así que tengo la suerte de que cantan en mi cumpleaños y la víspera también 😀

    Dicen que está tradición se vincula ancestralmente con «despertar a la Tierra» tras el solsticio de invierno para favorecer las cosechas y el nuevo ciclo de la naturaleza.

    Hay una tradición de hacer una romería el 5 de Febrero andando desde diversos puntos de Bilbao y alrededores hasta la ermita de Santa, ubicada en el monte Kastrexana. A veces también se repite los domingos anteriores y posteriores.

    Dado que se considera algo alegre, a la entrada de la ermita, suele haber puestos de comida: talo con chorizo, palos de rosquillas de San Blas…

    En diarios locales suelen publicar anualmente información de cómo apuntarse a esas romerías a pie e información de las celebraciones.

    Dentro de la ermita hay una costumbre popular de inclinarse o dar tres vueltas bajo la reliquia de la santa para pedir protección contra el dolor de cabeza y las migrañas. Ya sabéis, costumbres ancestrales de padres a hijos..🤔

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • LAGUNA NEGRA DE URBIÓN

    LAGUNA NEGRA DE URBIÓN

    Estábamos de escapada por Soria capital y alrededores y decidimos acercarnos a uno de los lugares más conocidos de la provincia: la Laguna Negra de Urbión.

    Era Semana Santa y nos encontramos con un tiempo lluvioso y bastante fresco. Pero la verdad es que no nos importó demasiado. Con buen calzado, un chubasquero y ganas de caminar, ¡para adelante!

    Además, la lluvia le daba al paisaje un aspecto todavía más especial.

    Este paisaje está estrechamente relacionado con Antonio Machado y su obra La Tierra de Alvargonzález, ambientada en tierras sorianas.

    Aunque normalmente está prohibido bañarse en la laguna, el primer domingo de agosto se celebra la tradicional Travesía a Nado de la Laguna Negra.

    Es una prueba deportiva con varias décadas de historia que reúne cada año a nadadores y espectadores.

    El bosque estaba húmedo, las nubes cubrían las montañas y la laguna tenía ese aire misterioso que parece hecho a propósito para las historias y leyendas que la rodean.

    La Laguna Negra se encuentra en el término municipal de Vinuesa, a unos 50 kilómetros de Soria capital, dentro del Parque Natural de la Laguna Negra y los Circos Glaciares de Urbión.

    Es una laguna de origen glaciar situada a unos 1.773 metros de altitud, rodeada de bosques, montañas y paredes rocosas.

    Y sí, su nombre le viene que ni pintado. Sus aguas oscuras y el entorno que la rodea hacen que tenga un aspecto realmente misterioso.

    ¿Cómo llegar a la Laguna Negra?

    Llegar hasta la Laguna Negra es relativamente sencillo, aunque hay algunas cosas que conviene saber antes de ir.

    Llegar en coche

    Una vez en Vinuesa, encontraremos indicaciones hacia la Laguna Negra. El recorrido continúa por una carretera que se adentra en el bosque, siguiendo aproximadamente el curso del río Revinuesa.

    Un consejo importante: cuidado con el GPS. Puede equivocarse con el acceso y llevarnos por caminos que no son los adecuados.

    También hay que prestar atención a la señalización, ya que la carretera de subida y los accesos pueden estar regulados dependiendo de la época del año y de la afluencia de visitantes.

    Acceso regulado

    En determinados periodos, especialmente durante verano, Semana Santa, fines de semana y festivos, el acceso de vehículos puede estar restringido para proteger el entorno natural.

    Cuando esto ocurre, hay que dejar el coche en el aparcamiento del Paso de la Serrá y continuar unos dos kilómetros hasta la laguna.

    Tenemos dos opciones:

    A pie: aproximadamente 30-40 minutos de caminata, con unos 100 metros de desnivel. Es una opción muy bonita porque permite disfrutar tranquilamente del bosque.

    En autobús: cuando el servicio está operativo, existe un autobús que realiza el trayecto y deja a los visitantes aproximadamente a 300 metros de la laguna. El último tramo se hace caminando.

    Los horarios y precios pueden cambiar según la temporada, así que es recomendable comprobarlos antes de ir.

    ¿Cuánto cuesta aparcar?

    En nuestra visita, el aparcamiento nos costó alrededor de 4 € e incluía también la entrada al cercano Museo del Bosque de Vinuesa.

    En invierno el aparcamiento puede ser gratuito, pero aquí hay que tener en cuenta otro factor: la nieve.

    Si ha nevado, las condiciones pueden complicarse bastante y puede ser necesario utilizar cadenas o llevar equipamiento adecuado.

    La Laguna Negra

    Después del trayecto, por fin llegamos a la laguna.

    Se encuentra en medio de un enorme bosque de montaña y rodeada por paredes rocosas que le dan ese aspecto tan característico.

    La zona de acceso está acondicionada y podemos recorrer parte de la orilla por pasarelas de madera, por lo que no hace falta realizar una gran caminata para disfrutar del lugar.

    El baño está prohibido, ya que estamos en un espacio natural protegido y es importante conservar tanto sus aguas como el ecosistema que la rodea.

    Eso sí, aunque el paseo sea sencillo, no olvidéis que estamos a bastante altitud. Si ha llovido, como nos ocurrió a nosotros, el terreno puede estar embarrado y resbaladizo.

    Buen calzado. De verdad.

    ¿Es una visita pet friendly?

    Todavía no había llegado a nuestra vida, mis perros, pero muchos de los que nos rodeaban si iban acompañados de ellos. Algún día volveremos con ellos.

    Los perros pueden acompañarnos en las zonas donde esté permitido, pero debemos llevarlos controlados y respetar las normas del espacio natural protegido.

    En determinados senderos o épocas puede ser obligatorio llevarlos atados, por lo que conviene comprobar la normativa antes de comenzar la ruta.

    Y aquí viene uno de mis consejos importantes: no subestiméis el terreno por ir con vuestro perro.

    Aunque el acceso hasta la laguna sea relativamente sencillo, estamos en montaña. Puede haber barro, piedras, desniveles, nieve o hielo dependiendo de la época.

    También recomiendo llevar agua para el perro, alguna chuche o comida y una toalla, especialmente si vamos después de un día de lluvia.

    Y, por supuesto, recoger siempre sus necesidades.

    Rutas de senderismo: ¿cuál elegir?

    Ruta corta: Laguna Negra y alrededores

    Si simplemente queremos conocer la laguna, disfrutar del paisaje y dar un paseo tranquilo, podemos quedarnos en la zona acondicionada y recorrer los alrededores.

    Es la opción que elegiría si vamos con niños pequeños, perros que no estén acostumbrados a caminar mucho o simplemente queremos hacer una visita relajada.

    Miradores y cascada

    Para quienes quieran caminar un poco más, podemos continuar hacia los miradores superiores y acercarnos también a la cascada situada en las proximidades.

    Es una alternativa intermedia: disfrutamos de la montaña sin meternos todavía en una ruta demasiado exigente.

    Pico de Urbión

    Para los más montañeros está la posibilidad de continuar hacia el Pico de Urbión, con sus 2.228 metros de altitud.

    El terreno es rocoso y puede resultar resbaladizo, por lo que no es una ruta que recomendaría para niños pequeños o personas sin experiencia en montaña.

    En invierno, si encontramos nieve o hielo, la dificultad aumenta considerablemente y puede ser necesario utilizar crampones y otro material específico.

    ¿Cuál es la mejor época para visitar la Laguna Negra?

    Primavera

    Fue la época en la que nosotros la visitamos, concretamente en Semana Santa.

    Podemos encontrarnos con lluvia, frío e incluso nieve en las zonas más altas. Hay que ir preparados, pero el paisaje puede estar espectacular.

    El bosque húmedo, las nubes y las cascadas con bastante agua crean una imagen preciosa.

    Verano

    Es probablemente la época más cómoda para caminar y realizar rutas largas, ya que las temperaturas suelen ser más agradables que en pleno invierno.

    Pero también es cuando encontraremos más visitantes y cuando las restricciones de acceso pueden ser más habituales.

    Si queréis disfrutarla con tranquilidad, yo intentaría evitar las horas centrales y los días de mayor afluencia.

    Otoño

    Para mí, una de las épocas más interesantes para visitar la zona.

    Los bosques adquieren unos colores preciosos y el paisaje cambia completamente. Además, es una época fantástica para quienes disfrutan de los bosques y de la fotografía.

    Eso sí, vuelve a ser importante llevar buen calzado porque podemos encontrarnos con bastante humedad y hojas mojadas.

    Invierno

    La Laguna Negra cubierta de nieve tiene que ser espectacular, pero también es la época que requiere mayor precaución.

    La carretera y los senderos pueden presentar hielo y nieve y puede ser necesario utilizar cadenas, crampones u otro material específico.

    No recomendaría hacer rutas de montaña invernales sin experiencia y sin consultar previamente el estado del recorrido.

    Cerca de la laguna encontramos también un refugio de montaña, sencillo, limpio y bastante acogedor.

    Puede venir muy bien para hacer una pequeña parada, especialmente si el tiempo no acompaña demasiado.

    Y en nuestro caso, con aquel día lluvioso de Semana Santa, agradecimos especialmente tener un lugar donde resguardarnos un rato.

    ¿Qué comer en la zona?

    Después de una mañana caminando por la montaña, llega una de las partes que más me gustan de cualquier escapada: comer bien.

    En la zona podemos encontrar platos tradicionales como la caldereta de cordero, las migas, los torreznos de Soria, las sopas de ajo y diferentes preparaciones de carne.

    También son muy conocidos los productos derivados del cerdo y, por supuesto, las setas, especialmente en la comarca de Pinares..

    Mi recomendación es aprovechar la visita para acercarse a Vinuesa y probar la cocina tradicional de la zona.

    Recuerdo que fuimos a comer a la localidad de Covaleda, concretamente comimos en el Mesón Don Pancho. Comimos chuletillas de cordero, sopa castellana… estaba todo riquísimo.

    Nosotros tuvimos la suerte —o la mala suerte, según se mire— de conocerla en un día lluvioso.

    El bosque húmedo, las nubes, el frío y el color oscuro del agua hacían que pareciera que habíamos entrado en uno de esos paisajes de cuento que te encuentras cuando menos te lo esperas.

    Y si vais con vuestros perros, disfrutad del paseo con ellos, pero siempre teniendo en cuenta las normas del espacio protegido y las condiciones del terreno.

    Porque al final, estos lugares son para disfrutarlos, sí, pero también para cuidarlos.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Potes: Tu Base Perfecta para Explorar Liébana

    Potes: Tu Base Perfecta para Explorar Liébana

    Si vais a visitar los Picos de Europa, hay un lugar que no puede faltar en la ruta: Potes. Es uno de los pueblos con más encanto de Cantabria y una base perfecta para recorrer la comarca de Liébana.

    Está rodeado de montañas y se encuentra donde se unen los ríos Deva y Quiviesa, en el punto donde confluyen los cuatro valles lebaniegos.

    Gracias a su ubicación siempre hay mucho ambiente, especialmente los fines de semana y en verano.

    Aunque sus orígenes se remontan al siglo IX, gran parte del encanto de Potes está en su casco histórico. Sus calles empedradas, las casas blasonadas y las antiguas torres le dan ese aire medieval que invita a pasear sin prisas.

    No es casualidad que se conozca como la villa de los puentes y las torres. Entre las más conocidas están la Torre del Infantado, que hoy acoge exposiciones, y la Torre del Orejón de la Lama, ambas del siglo XV.

    Nosotros lo recorrimos acompañados de nuestros 🐶🐶 y disfrutamos muchísimo paseando junto al río. Había un montón de patos 🦆 y ellos no sabían hacia dónde mirar. Creo que fue uno de sus momentos favoritos del viaje. 😜

    Una de las cosas que más me gustó de Potes fue el ambiente que tiene a cualquier hora del día.

    Sus calles siempre están llenas de vida, con tiendas, bares y terrazas donde apetece hacer una parada. Al anochecer también merece la pena dar un paseo, porque la iluminación resalta todavía más el encanto de su casco histórico.

    Si tenéis la suerte de visitarlo durante alguna de sus fiestas, encontraréis el pueblo aún más animado.

    A lo largo del año se celebran varias festividades y ferias ganaderas, siendo una de las más importantes la de Los Santos, el 2 de noviembre, considerada una de las ferias de ganado más concurridas de Cantabria.

    Sea cual sea la época en la que vayáis, Potes siempre tiene ese ambiente acogedor que invita a quedarse un rato más antes de continuar la ruta por Liébana o los Picos de Europa.

    Si hay un plato que no podéis marcharos sin probar es el cocido lebaniego, uno de los grandes protagonistas de la gastronomía cántabra.

    Se prepara con garbanzos pequeños de la zona, patata, berza y el tradicional compango (chorizo, morcilla, tocino y otras carnes). En muchos restaurantes también sirven antes una taza de caldo con fideos, algo que se agradece especialmente en los días más frescos.

    Otro dulce típico que os recomiendo probar es el Canónigo de Liébana.

    Tiene una textura muy suave, a medio camino entre unas natillas y un pudding, y fue uno de los postres que más me sorprendió durante el viaje.

    En Potes hay muchísimos sitios donde comer bien, desde restaurantes de cocina tradicional hasta hamburgueserías y cafeterías más informales. Nosotros probamos varios y os dejo los que más nos gustaron.

    Dónde comimos

    Durante nuestra estancia en Valmeo, muy cerca de Potes, una de las cenas la hicimos en El Cenador del Capitán, en pleno centro de la localidad de Potes.

    Si viajáis con vuestro 🐶, es una opción muy recomendable, ya que permiten comer en el interior del restaurante, algo que siempre se agradece cuando viajas con mascotas.

    El comedor es pequeño, por lo que os aconsejo reservar con antelación.

    Para acceder hay que subir varios tramos de escaleras de madera, un detalle a tener en cuenta si viajáis con carrito o tenéis problemas de movilidad.

    La decoración es muy curiosa, llena de pequeños detalles que hacen que el restaurante tenga mucha personalidad.

    Además, desde la terraza hay unas vistas muy bonitas del pueblo.

    Nosotros pedimos una ensalada de la casa, lomo de venado con foie y costilla tudanca.

    Todo estaba muy rico, pero si tengo que quedarme con algo, sería el Canónigo de Liébana, un postre tradicional que fue el broche perfecto para la cena.

    No es el restaurante más económico de Potes, pero si buscáis cocina tradicional, un ambiente agradable y un lugar donde poder cenar con vuestro perro, merece la pena.

    Otro sitio que puedo recomendar es La Scala Café & Restobar. Es una opción muy práctica si buscáis algo diferente al menú tradicional de la zona.

    Tienen pokes, hamburguesas, ensaladas, crepes salados, batidos, gofres y otros postres. Además, la relación calidad-precio nos pareció muy buena y el servicio fue rápido.

    Si os apetecen unas buenas hamburguesas, no dejéis pasar Anybun.

    La carne nos sorprendió para bien y las hamburguesas estaban realmente jugosas.

    Si tuviera que recomendar alguna, me quedaría con la Cheeseburger o la Mississippi, aunque si sois de buen comer también la preparan en versión doble o triple.

    El local, además, admite perros en el interior, por lo que es otra alternativa estupenda para quienes viajamos con nuestros 🐶.

    Al final, una de las cosas que más me gusta de Potes es que, independientemente del presupuesto o de lo que os apetezca comer, siempre acabas encontrando un sitio donde merece la pena sentarse a disfrutar de la gastronomía lebaniega.

    Un lugar al que siempre apetece volver

    Potes es de esos pueblos que se disfrutan sin necesidad de llevar un plan.

    Basta con perderse por sus calles, cruzar sus puentes, sentarse en una terraza o pasear junto al río para entender por qué es uno de los destinos más visitados de Cantabria.

    Para nosotros fue uno de los lugares que más disfrutamos durante el viaje.

    Además de servir como punto de partida para conocer los Picos de Europa, tiene el tamaño perfecto para recorrerlo con calma, buena gastronomía y un ambiente muy agradable.

    Si además viajáis con vuestro 🐶, encontraréis varios establecimientos pet friendly que harán la estancia mucho más cómoda.

    Sin duda, es uno de esos sitios a los que no me importaría volver una y otra vez.

    Un punto de partida para descubrir Liébana

    Aunque Potes merece una visita por sí solo, para mí su mayor atractivo es que sirve como base para descubrir algunos de los rincones más bonitos de Liébana.

    Desde aquí podéis acercaros al monasterio de Santo Toribio, subir al teleférico de Fuente Dé o recorrer algunos de los pueblos con más encanto de la comarca.

    Nosotros elegimos alojarnos muy cerca, en Valmeo, y fue todo un acierto. En apenas unos minutos estábamos en el centro de Potes, pero disfrutando de la tranquilidad de un pequeño pueblo rodeado de naturaleza.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • ALUBIAS ROJAS CON SACRAMENTOS

    ALUBIAS ROJAS CON SACRAMENTOS

    Un clásico de Bizkaia y el nexo a la competición de putxeras de Balmaseda.

    Si hay un plato que sabe a Euskadi, a invierno, a cocina de siempre y a esos guisos que reconfortan desde la primera cucharada, son las alubias rojas con sacramentos.

    En Bizkaia son todo un clásico. Un plato contundente, de los que se comen sin prisas y que forman parte de nuestra tradición gastronómica.

    Y aunque hoy podemos prepararlas tranquilamente en casa, detrás de este plato hay una historia muy curiosa relacionada con el ferrocarril y, especialmente en este caso, con Balmaseda.

    Porque hablar de alubias y Balmaseda es hablar también de la famosa putxera, la olla ferroviaria que nació de una necesidad y terminó convirtiéndose en todo un símbolo gastronómico de Enkarterri.

    Balmaseda, el ferrocarril y el nacimiento de la putxera

    Balmaseda, fundada en 1199, es la primera villa de Bizkaia y durante siglos ha tenido una gran importancia como lugar de paso y comercio.

    Pero a finales del siglo XIX la llegada del ferrocarril supuso un antes y un después para la villa. En 1894 comenzó a funcionar el Ferrocarril de La Robla, conocido popularmente como el Hullero, que comunicaba las cuencas mineras de León con Bilbao y permitía transportar el carbón necesario para abastecer a la industria siderúrgica vizcaína.

    Balmaseda llegó a convertirse en uno de los puntos fundamentales de esta línea y allí se instalaron los talleres generales del ferrocarril. Esto hizo que numerosos trabajadores ferroviarios pasaran a formar parte de la vida cotidiana de la villa.

    Los viajes eran largos y, especialmente durante los meses de invierno, los trabajadores del tren tenían que enfrentarse a muchas horas de trayecto y al frío. Necesitaban una manera de preparar una comida caliente mientras trabajaban.

    La solución fue tan sencilla como ingeniosa.

    Aprovechando el calor de las brasas del carbón, diseñaron unos recipientes metálicos que permitían cocinar lentamente durante el trayecto. En ellos preparaban principalmente alubias rojas acompañadas de chorizo, morcilla, panceta o tocino.

    Así nació la conocida como olla ferroviaria o putxera.

    Lo que comenzó como una solución práctica para poder comer caliente durante las largas jornadas de trabajo terminó convirtiéndose en una de las tradiciones gastronómicas más características de Balmaseda y Enkarterri.

    Y es que pocas cosas hay más bonitas en la gastronomía que una receta que nace de la necesidad y acaba convirtiéndose en tradición.

    La Putxera de Balmaseda: una tradición que sigue viva

    Como sabéis, durante unos años, estuve viviendo en Balmaseda y os puedo asegurar que cualquier motivo social tiene vinculado el pintxo y por supuesto la putxera.

    Si hay un día marcado en rojo en el calendario gastronómico de Balmaseda es el 23 de octubre, festividad de San Severino, patrón de la villa.

    Ese día la Plaza de San Severino se llena de putxeras y de personas dispuestas a demostrar quién prepara las mejores alubias al estilo ferroviario.

    Putxeras de concurso, putxeras en restaurantes, putxeras entre grupo de amigos en lonjas, asociaciones gastronómicas, carpas para visitantes de la villa … todo Balma huele a alubias y a…:-)

    El origen del concurso se remonta al 23 de octubre de 1971, cuando un grupo de balmasedanos decidió organizar el primer Concurso de Putxeras.

    Desde entonces, el certamen se ha convertido en una auténtica fiesta gastronómica y en una de las citas más importantes de la villa.

    Cada año, los participantes preparan sus putxeras siguiendo sus propias recetas y secretos familiares.

    Porque, como ocurre con casi todos los grandes platos tradicionales, cada cocinero tiene su pequeño truco: unas cantidades diferentes, un ingrediente especial, más o menos tiempo de cocción…

    Pero no todas las putxeras son fieles a la receta oficial, por lo que algunas se presentan como hobby sabiendo que no van a ser seleccionadas.

    Y después llega el momento de la verdad: el jurado prueba las diferentes elaboraciones para decidir quién se lleva la ansiada Putxera de Oro.

    La tradición continúa pasando de generación en generación y eso es, probablemente, lo más bonito de todo. La putxera no es simplemente una forma de cocinar unas alubias; es parte de la historia de Balmaseda y de la memoria de sus ferroviarios.

    Actualmente la competición de putxeras no solo es de Balma, también la puedes degustar en otras localidades del País Vasco e incluso fuera, pero las que yo he vivido y puedo recomendar, son las de Balma.

    ¿Y qué son exactamente los sacramentos?

    Cuando hablamos de alubias con sacramentos, nos referimos a los productos cárnicos que acompañan a las alubias y que aportan al guiso ese sabor profundo y característico.

    La combinación más habitual incluye morcilla, chorizo y panceta o tocino, aunque las recetas pueden variar de una casa a otra.

    Las alubias se sirven normalmente con el caldo bien ligado y los sacramentos aparte o incorporados al propio plato, dependiendo de la costumbre de cada familia.

    Es una comida de cuchara de las de toda la vida. De esas que apetecen especialmente cuando hace frío y que, después de comerlas, hacen que uno piense que una buena siesta tampoco sería mala idea.

    Mi receta de alubias rojas con sacramentos, como la he comido en la casa familiar desde siempre

    Esta es una forma sencilla de preparar unas alubias rojas melosas, sabrosas.

    Ingredientes

    • Alubias rojas, puestas a remojo desde el día anterior.
    • 1 morcilla.
    • Agua fría.
    • 1 pimiento verde troceado.
    • 1 zanahoria partida.
    • 1 diente de ajo.
    • ½ puerro partido.
    • 1 casco de cebolla.
    • 1 trozo de panceta, partido en dos.
    • 1 chorizo, cortado en trozos pequeños.
    • Sal al gusto.

    Cómo preparar las alubias

    1. Comenzamos la cocción

    Ponemos las alubias, previamente remojadas, en la olla rápida y añadimos abundante agua fría.

    Incorporamos el pimiento verde, la zanahoria, el ajo, el puerro, la cebolla, la panceta y el chorizo.

    De momento dejamos fuera la morcilla y la sal.

    2. Primera cocción

    Cerramos la olla rápida y cocinamos a fuego medio durante aproximadamente 1 hora.

    3. Dejamos reposar

    Una vez terminada la cocción, dejamos que la olla se enfríe antes de abrirla.

    Al destaparla, dejamos reposar las alubias durante unos 10 minutos. Este pequeño descanso ayudará a que el caldo vaya tomando cuerpo y quede más meloso.

    4. Preparamos la morcilla

    Lavamos la morcilla y la pinchamos varias veces con un tenedor. De esta manera evitamos, en la medida de lo posible, que se rompa durante la cocción.

    5. Añadimos la morcilla y la sal

    Incorporamos la morcilla a las alubias y añadimos sal al gusto.

    Aquí conviene tener cuidado con la cantidad, ya que tanto el chorizo como la panceta y la morcilla aportan ya bastante sabor al guiso.

    6. Cocción final

    Cocinamos todo junto a fuego suave, con la olla medio tapada, durante 10-15 minutos.

    Y ya las tenemos.

    Un buen plato de alubias rojas con sacramentos, de esos que piden pan al lado y que saben todavía mejor si se dejan reposar un poquito antes de servir.

    Algunas personas prefieren en vez de pan, cebolla al natural e incluso piperrak (pimientos verdes tipo guindilla).

    Un plato con historia

    Lo que más me gusta de este tipo de recetas es que detrás de ellas siempre hay algo más que ingredientes.

    En este caso, tenemos la historia de unos ferroviarios que necesitaban solucionar algo tan sencillo como poder comer caliente durante sus largas jornadas de trabajo. Su ingenio dio lugar a una manera de cocinar que, con el paso de los años, se convirtió en una tradición profundamente ligada a Balmaseda.

    Hoy la putxera forma parte de la identidad gastronómica de la villa y el Concurso de Putxeras de San Severino mantiene viva aquella historia.

    Así que la próxima vez que tengáis delante un buen plato de alubias rojas con sus sacramentos, acordaos de que no estáis simplemente comiendo un guiso.

    Estáis disfrutando de un pequeño pedazo de la historia de Bizkaia.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • BILBAO Y ALREDEDORES

    BILBAO Y ALREDEDORES

    Bilbao es una de esas ciudades que, cuanto más conoces, más cosas descubres.

    Popularmente se la conoce como el Botxo o incluso Botxito, haciendo referencia a ese “agujero” donde se encuentra la ciudad, rodeada de montañas.

    Es la capital de Bizkaia, una de las tres provincias que forman Euskadi, y aunque la capital administrativa del País Vasco es Vitoria-Gasteiz, Bilbao es probablemente la ciudad vasca con mayor proyección internacional, junto con Donostia-San Sebastián.

    La villa de Bilbao nació oficialmente en 1300 y durante muchísimo tiempo su economía estuvo ligada a la industria, al comercio y, sobre todo, a la actividad de la ría.

    Hoy Bilbao ha cambiado muchísimo.

    La antigua ciudad industrial se ha transformado en una ciudad moderna, cultural y turística, pero sin perder del todo ese carácter tan bilbaíno que, en mi opinión, es precisamente uno de sus mayores encantos.

    Y aunque mucha gente llega a Bilbao para hacerse la foto delante del famoso Museo Guggenheim, os aseguro que Bilbao es muchísimo más.

    Los bilbaínos lo llamamos cariñosamente “Guggy”.

    Y tenemos una broma muy nuestra:

    el Guggenheim es la caseta del perro.

    Porque delante del museo está Puppy, el enorme perro floral creado por Jeff Koons.

    Y claro… si tenemos un perro de semejante tamaño, la caseta también tiene que estar a la altura. 😉

    Los bilbaínos tenemos fama de hacer las cosas “a lo grande”.

    Y algo de razón hay.


    Bilbao, una ciudad para vivirla

    Bilbao no es solamente una ciudad para visitar monumentos.

    Es una ciudad para pasearla, comerla y vivirla.

    Una de las cosas que más me gustan es precisamente recorrer sus calles sin demasiada prisa.

    Podemos empezar por el Guggenheim, caminar junto a la ría, cruzar el Zubizuri y continuar hacia el centro.

    También podemos acercarnos al Casco Viejo, perderse por sus calles y terminar haciendo algo tan bilbaíno como…

    potear.


    Potear, txikitear y comer pintxos

    Si hay una palabra que tenéis que aprender antes de visitar Bilbao es potear.

    O txikitear.

    Consiste básicamente en ir de bar en bar tomando algo, normalmente un pequeño vaso de vino conocido como txikito, acompañado de un pintxo.

    Y aquí hago una aclaración:

    un pintxo no es exactamente una tapa.

    Aunque desde fuera puedan parecer conceptos similares, en Euskadi el pintxo tiene una enorme tradición gastronómica y muchos establecimientos han convertido estas pequeñas preparaciones en auténticas obras de arte.

    Uno de los clásicos que yo asocio inmediatamente con Bilbao es la tortilla de patata con cebolla, que en algunos sitios puede llevar también pimiento verde.

    Y después están los txikiteros.

    Tradicionalmente se utilizaba este término para referirse a los grupos de bilbaínos que iban de bar en bar con su cuadrilla, aunque evidentemente hoy cualquiera puede disfrutar de esta tradición.


    La fiesta de los Txikiteros

    El 11 de octubre se celebra en el Casco Viejo de Bilbao la tradicional fiesta de los Txikiteros.

    Uno de los puntos centrales se encuentra en el entorno de las calles Pelota, Perro y Andra Maria, frente al edificio de La Bolsa.

    La celebración está vinculada a la devoción por la Amatxu de Begoña, la Virgen de Begoña, patrona de Bizkaia.

    Uno de los momentos más emotivos es la interpretación de la Salve de los Txikiteros, cantada en euskera.

    Es una de esas tradiciones que explican que Bilbao no sea únicamente arquitectura y museos.

    También es costumbre.

    Es calle.

    Es cuadrilla.

    Es gastronomía.

    Y, por supuesto, es un txikito en la mano.


    Los domingos: rabas

    Otra tradición gastronómica muy bilbaína es salir los domingos a comer rabas, es decir, calamares rebozados.

    Hay costumbres que no necesitan demasiada explicación.

    Esta es una de ellas.

    Un paseo, unas rabas, algo para beber y a seguir disfrutando del día.


    El lado más dulce de Bilbao

    Y después de tanto pintxo necesitamos algo dulce.

    Bilbao tiene una repostería tradicional muy característica.

    Entre mis favoritos están:

    El bollo de mantequilla, parecido a un bollo suizo relleno de crema de mantequilla.

    El pastel de arroz, que tiene un nombre un poco engañoso porque actualmente no lleva arroz. Se prepara con una base de hojaldre y un relleno elaborado principalmente con leche, harina, huevos y mantequilla.

    La Carolina, uno de los dulces más reconocibles de Bilbao: una base de pastel de arroz coronada con merengue.

    El ruso, un pastel de origen decimonónico elaborado con merengue y crema, normalmente presentado en capas y terminado con azúcar glas.

    Y después tenemos la famosa baldosa de Bilbao, cuya forma reproduce las características baldosas de las aceras de la ciudad.

    También encontramos los bilbaínitos, pequeños bombones que se han convertido en otro dulce típico.

    Y últimamente se ha hecho muy popular el llamado “metrito de Bilbao”, una forma divertida de llevarse un pedacito dulce de la ciudad.


    Arquitectura: Bilbao es mucho más que el Guggenheim

    Si os gusta la arquitectura, como a mí, Bilbao es una auténtica maravilla.

    Evidentemente hay que visitar el Guggenheim, diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry.

    Pero no os quedéis únicamente con él.

    Tenemos el Zubizuri, el conocido como puente de Calatrava.

    La Basílica de Begoña, donde se encuentra la Amatxu.

    El Teatro Arriaga.

    El Mercado de la Ribera.

    La iglesia de San Antón, de origen medieval y situada junto al mercado.

    Y, por supuesto, San Mamés, la Catedral del fútbol para los aficionados del Athletic Club.

    Athletic Club

    Y si os fijáis en las entradas del metro encontraréis unas estructuras acristaladas muy características.

    Son los famosos fosteritos, diseñados por el arquitecto Norman Foster.


    Bilbao también se disfruta bajo la lluvia

    Aquí os voy a dar un consejo bastante sencillo:

    llevad paraguas.

    Da igual la época del año.

    En Bilbao puede llover.

    Y cuando llueve suavemente durante bastante tiempo tenemos incluso una palabra para ello:

    sirimiri.

    Es esa lluvia fina que parece que no moja…

    hasta que llevas un rato caminando. 😅

    Y si entráis en un bar y pedís agua de Bilbao, no os traerán agua.

    Os traerán cava.

    Otra pequeña muestra del humor bilbaíno.


    Open House Bilbao: una ciudad para mirar hacia arriba

    Si os gusta la arquitectura, existe además una iniciativa que merece la pena conocer:

    Open House Bilbao.

    Durante su celebración se abren al público determinados edificios y espacios que normalmente no siempre son accesibles, con visitas y actividades relacionadas con la arquitectura de Bilbao y su entorno.

    Es una oportunidad estupenda para descubrir otra cara de la ciudad.

    Open House Bilbao


    El Gran Bilbao: salir del centro

    Uno de los errores que cometemos los turistas —y digo turistas aunque sea nuestra propia tierra porque todos lo hacemos— es pensar que Bilbao termina cuando dejamos atrás el Guggenheim y el Casco Viejo.

    Pero existe algo mucho más amplio:

    el Gran Bilbao.

    La ría del Nervión-Ibaizabal vertebra buena parte de este territorio y alrededor de ella encontramos localidades con historias y paisajes muy diferentes.

    Podemos hablar, de manera general, de Bilbao, la Margen Izquierda y la Margen Derecha.

    Y aquí empieza lo interesante.


    La Margen Izquierda: la memoria industrial

    La Margen Izquierda estuvo profundamente ligada a la industria, la minería, la siderurgia y la actividad portuaria.

    Aquí encontramos localidades como Barakaldo, Portugalete y Santurtzi, entre otras.

    Una de las visitas imprescindibles es el Puente Bizkaia, conocido popularmente como Puente Colgante, que une Portugalete y Getxo.

    Es Patrimonio Mundial de la UNESCO y constituye uno de los grandes símbolos de la industrialización de la ría.

    También merece la pena acercarse a Santurtzi para disfrutar de sus famosas sardinas asadas.

    Porque si hablamos de comida, Bizkaia tampoco se queda corta.


    La Margen Derecha: mar y acantilados

    Al otro lado de la ría encontramos un paisaje bastante diferente.

    Getxo, Sopela, Plentzia y Gorliz ofrecen playas, acantilados, paseos marítimos y un paisaje mucho más abierto hacia el Cantábrico.

    Aquí cambia completamente la imagen que tenemos de Bilbao.

    Y precisamente por eso me encanta.


    Gorliz: un lugar muy especial para mí

    Gorliz pertenece a la comarca de Uribe y es uno de esos pueblos que combinan la tranquilidad del Cantábrico con ese verde tan característico del paisaje vasco.

    Está a unos 25 kilómetros de Bilbao.

    Pero para mí y mi familia es mucho más que un bonito pueblo costero.

    Gorliz forma parte de nuestra historia personal.

    Cuando era niña, ir a Gorliz con mis padres era un plan clásico.

    Coche cargado.

    Comida casera.

    Mesa de picnic bajo los pinos.

    Y después…

    tarde de playa.

    Con los años la tradición ha cambiado un poquito.

    Ahora muchas veces cogemos el metro hasta Plentzia y desde allí caminamos hasta Gorliz por el precioso paseo junto al mar.

    A veces también nos dedicamos simplemente a callejear, disfrutando de ese olor a mar que tiene el pueblo.


    El Pinar de Gorliz

    Una de las zonas que recuerdo especialmente es el Pinar de Gorliz, cerca de Urezarantza.

    Es un área recreativa perfecta para descansar a la sombra.

    Actualmente ya no cuenta con las antiguas parrillas, que fueron retiradas, pero conserva su encanto y dispone de zona infantil.

    Es un lugar estupendo para hacer una pausa.


    La playa de Gorliz

    La playa tiene aproximadamente 842 metros de longitud y se encuentra dentro de una bahía con forma de concha.

    Esta configuración ayuda a protegerla del oleaje más fuerte y hace que sea una playa muy familiar.

    También es un buen lugar para quienes están empezando a practicar surf.

    Y si vais caminando desde Plentzia, el paseo hasta Gorliz es una de esas excursiones sencillas que me parecen perfectas para pasar el día.


    Subir al Faro de Gorliz

    Otro paseo clásico es acercarse al Faro de Gorliz, situado sobre el cabo Bilbao.

    El faro actual fue construido en 1990 y destaca por su ubicación elevada sobre los acantilados.

    El nombre también tiene su pequeña historia: el topónimo “Cabo Villano” ya estaba utilizado por otro faro gallego, por lo que se adoptó el nombre de Cabo Bilbao.

    En 2007, Correos dedicó un sello a este faro.

    Pero más allá de la curiosidad, lo mejor es el paseo.

    Las vistas hacia el Cantábrico son preciosas.


    Los vestigios de la defensa costera

    Gorliz también conserva restos de la antigua línea de defensa costera construida después de la Guerra Civil.

    Podemos encontrar búnkeres, galerías y otras estructuras defensivas.

    Es una parte de la historia menos conocida del municipio y que recuerda que estos paisajes aparentemente tranquilos también han sido escenario de acontecimientos mucho más duros.


    Las dunas petrificadas de Astondo

    Junto al Hospital de Gorliz, en Astondo, encontramos otro elemento de enorme interés:

    las dunas petrificadas.

    Son formaciones geológicas de miles de años de antigüedad y constituyen uno de los elementos naturales más singulares de la zona.

    Además de su interés geológico, tienen importancia hidrogeológica porque están relacionadas con el acuífero que abastece al entorno del hospital.


    El Sanatorio Marino de Gorliz

    Y hablando del hospital, aquí encontramos otro capítulo fascinante de la historia local.

    El Sanatorio Marino de Gorliz fue fundado en 1919 para tratar principalmente a niños afectados por tuberculosis ósea.

    Su ubicación no fue casual.

    El clima benigno, la orientación y las condiciones ambientales de Gorliz se consideraban beneficiosas para este tipo de tratamientos.

    El edificio fue además pionero por su utilización del hormigón armado.

    Actualmente forma parte de Osakidetza y continúa siendo uno de los edificios más emblemáticos de Gorliz.


    Andramari: una parte de mi historia familiar

    Y aquí tengo que hacer una parada especialmente personal.

    En el barrio de Andramari tengo familia.

    Durante muchos años, las celebraciones familiares pasaban por la Ermita de Andra Mari de Aguirre y de las Nieves.

    Es una construcción religiosa de origen muy antiguo, vinculada tradicionalmente al siglo XI.

    Pero hay una curiosidad que me encanta.

    Antes de existir el faro actual, la ermita llegó a desempeñar una función de orientación para los barcos mediante hogueras.

    Una especie de “faro” mucho más rudimentario.

    En agosto se celebran las fiestas de Andramari y uno de los clásicos es el concurso de paellas.

    Y aquí ya entramos en terreno peligroso…

    porque en Euskadi una comida familiar puede acabar convirtiéndose fácilmente en competición gastronómica.


    Gorliz también es familia y amigos

    Tengo familiares y amigas vinculadas a Gorliz.

    Algunas siguen yendo todos los años al camping.

    Otras tienen allí su segunda residencia.

    Y precisamente por eso, para mí Gorliz no es una visita turística más.

    Es un lugar asociado a recuerdos.

    A veranos.

    A familia.

    A comidas.

    A playa.

    A caminar.

    Y a esa sensación tan difícil de explicar que producen los lugares que forman parte de nuestra vida.


    Camping de Gorliz

    Para quienes prefieran alojarse en la zona, el camping es otra posibilidad.

    Dispone de parcelas para tiendas y caravanas y también de bungalows.

    Su ubicación cercana a la playa permite combinar fácilmente alojamiento, mar y naturaleza.

    En temporada alta es recomendable reservar con antelación, ya que la disponibilidad puede ser limitada.


    Comer por Plentzia y Gorliz

    Si vais en plan sencillo y mochilero, hay algunos sitios que pueden resultar prácticos.

    Pollería Txori Ona, en Iturgitxi Kalea, es una opción para comprar pollo asado y comida preparada, además de bebidas y bocadillos.

    Yo recuerdo especialmente el vegetal y el de pollo.

    También está la Cervecería Kilimanjaro, un sitio muy conocido para hacer una parada después de caminar.

    En Plentzia encontramos también Restaurante Puerto Plentzia, junto al puerto, donde podemos tomar algo y disfrutar de pintxos.

    Y si sois aficionados a la cerveza artesana, podéis acercaros a Titoblas Brewing Co., en el polígono Sagastikoetxe.

    Como siempre, comprobaría horarios y disponibilidad antes de desplazarme, especialmente fuera de temporada.


    Información turística de Gorliz

    Oficina de Turismo de Gorliz

    Eloisa Artaza Kalea, 1
    48630 Elexalde, Bizkaia
    Teléfono: 946 774 348
    Correo: info@visitgorliz.eus

    Turismo de Gorliz


    La Arboleda: la otra cara de Bizkaia

    Y ahora nos vamos en dirección completamente distinta.

    Hoy os escribo acerca de uno de los lugares más icónicos de las Encartaciones:

    La Arboleda, conocida en euskera como Zugaztieta.

    Cuando llegas puedes pensar que estás ante un pequeño pueblo de montaña rodeado de naturaleza.

    Pero la realidad es mucho más interesante.

    La Arboleda fue un pueblo minero.

    Durante décadas se extrajo aquí mineral de hierro, y la actividad minera transformó por completo el paisaje y la vida de sus habitantes.

    Las antiguas explotaciones son precisamente las que dieron lugar a los lagos que vemos actualmente.

    Hoy la zona es un espacio de ocio y naturaleza, pero conserva la memoria de aquel pasado minero.


    Los lagos mineros

    Cuando las explotaciones quedaron abandonadas, las antiguas cavidades comenzaron a llenarse de agua.

    Así aparecieron los diferentes pozos y lagos que actualmente encontramos en la zona.

    Algunos de los más conocidos son:

    Pozo Ostión

    Pozo Blondis

    Pozo Parkotxa

    Pozo Granada

    Pozo Balastera

    Además encontramos otros pozos y pequeñas balsas.

    El paisaje es realmente curioso.

    Donde antes había minería hoy encontramos agua, árboles, senderos y zonas recreativas.

    Eso sí:

    no son lagos para bañarse.

    Turismo Euskadi indica que estos antiguos embalses son aptos para determinadas actividades como la pesca, pero no recomienda el baño.

    Así que mejor contemplarlos y respetar siempre las señales.


    El Funicular de Larreineta

    Una de las formas más bonitas de llegar es utilizando el Funicular de Larreineta.

    Fue inaugurado en 1926 para comunicar el poblado minero con el valle.

    Originalmente no transportaba solamente personas: también estaba preparado para transportar carga e incluso vehículos.

    El trayecto actual dura aproximadamente diez minutos.

    Y aquí tenemos una pequeña efeméride: en 2026 se celebra el centenario del Funicular de Larreineta. El Gobierno Vasco y Correos han organizado actos conmemorativos y se ha emitido un sello dedicado a estos cien años de historia.

    Me parece una excusa estupenda para visitarlo.

    Información del Funicular de Larreineta – Euskotren


    Pasear por La Arboleda

    La Arboleda cuenta con zonas recreativas, senderos y diferentes posibilidades para caminar.

    También podemos acercarnos al Centro de Interpretación Ambiental Peñas Negras, donde se explica la historia minera y la transformación del paisaje.

    Desde allí parten itinerarios señalizados para descubrir el entorno.

    Y hay una cosa que para mí es casi obligatoria:

    comer alubias.

    Porque las famosas alubias de La Arboleda forman parte de la identidad gastronómica de la zona.

    La explicación tiene todo el sentido.

    Los trabajadores de las minas necesitaban comidas contundentes, económicas y que aportasen mucha energía.

    Las alubias eran perfectas.

    Con el tiempo, aquella comida de trabajadores se convirtió en uno de los platos más representativos de La Arboleda.

    Así que si subís…

    unas alubias.

    No digo más.


    Nosotros en La Arboleda

    Nosotros solemos subir temprano, especialmente cuando vamos con los perros.

    Nos gusta caminar tranquilamente y disfrutar del silencio.

    A veces nos encontramos vacas, caballos o perros que acompañan al ganado.

    Es importante recordar que estamos en un entorno rural y mantener a nuestros perros controlados y respetar siempre a los animales.

    Lo bonito es observar.

    No molestar.


    Restaurantes que recomiendo en Bilbao y alrededores

    Y llegamos a una de mis partes favoritas.

    Porque después de caminar, visitar museos, subir montes y recorrer pueblos…

    hay que comer.

    Estos restaurantes no aparecen aquí porque sean simplemente lugares conocidos.

    Los incluyo porque yo he comido en ellos y puedo hablar desde mi propia experiencia.

    Y eso, cuando recomiendo un restaurante, para mí es importante.


    Restaurante Maider

    Cuando mi empresa estuvo situada en el barrio de Abando, yo tenía que quedarme muchas veces a comer en Bilbao.

    Uno de los restaurantes a los que acudía habitualmente era Restaurante Maider.

    Está en una ubicación muy cómoda, frente a los juzgados, en la calle Colón de Larreátegui.

    Es un restaurante tradicional, pero con algún toque moderno.

    Lo que más destacaría es su buena relación calidad-precio.

    Las raciones son normales, ni pequeñas ni exageradas, y el menú del día que yo conocí tenía varios primeros para elegir, carne o pescado como segundo y diferentes postres caseros.

    Pero para mí hay que destacar especialmente la parrilla.

    También tiene una barra de pintxos muy interesante.

    Es uno de esos lugares clásicos, de toda la vida, con ambiente familiar y personal cercano.

    Restaurante Maider
    Colón de Larreátegui, 5
    48001 Bilbao

    Teléfono: 944 24 89 91

    Como no dispone de web oficial, recomiendo comprobar por teléfono los horarios y el menú antes de ir.


    Gure Kabi

    Celebrábamos el cumpleaños de mi madre y, como ella es muy de comida tradicional, elegimos Gure Kabi.

    Habíamos reservado, aunque tuvimos la suerte de poder entrar un poco antes.

    El restaurante estaba lleno y no tardó en empezar a formarse gente esperando.

    Eso ya dice bastante.

    La comida es tradicional, las raciones son generosas y los postres son caseros.

    Y aquí tengo una recomendación muy clara:

    la tarta de queso.

    Deliciosa.

    Nosotros fuimos al menú del día, que en aquella época costaba 14 € por persona.

    Incluía primero, segundo, postre, agua o vino y pan.

    El precio, evidentemente, puede haber cambiado.

    También vi que habían recibido reconocimiento por sus croquetas, así que esa es una de esas cosas que tengo pendientes para una próxima visita.

    El servicio fue rápido y amable.

    Está un poco escondido, pero es muy popular.

    Reservad.

    Gure Kabi – web oficial


    La Despensa del Etxanobe

    Este restaurante tiene un significado diferente para nosotros.

    Celebrábamos el cumpleaños de mi marido y nos apetecía probar algo más gastronómico.

    Elegimos La Despensa del Etxanobe, perteneciente al universo gastronómico del chef Fernando Canales.

    Muy cerca se encuentra también Atelier Etxanobe, con un concepto más elegante.

    La Despensa del Etxanobe

    Atelier Etxanobe

    Nosotros elegimos el menú gastronómico.

    Probamos diferentes platos como:

    • Arroz cremoso de pulpo y hongos.
    • Flor de alcachofa a la brasa con romesco.
    • Ensalada de bogavante y crema de coliflor.
    • Chuleta de atún.
    • Pichón con su tosta.

    Y de postre:

    • Bizcocho de almendra y zanahoria con crema de lima-limón.
    • Crema de naranja elaborada con nitrógeno líquido.

    Y aquí ocurrió uno de esos momentos que se quedan en la memoria.

    Fernando Canales elaboró el postre delante de nosotros.

    Tenía muchísima curiosidad por probar algo preparado con nitrógeno líquido y me hizo especial ilusión.

    El resultado tenía forma de pequeña croqueta ovalada y se introducía directamente en la boca.

    Primero notas una textura dura y después, por el calor de la boca, cambia rápidamente.

    Es un postre que dura muy poco…

    pero precisamente por eso resulta tan curioso.

    El restaurante es íntimo, con poca luz y un ambiente bastante tranquilo.

    El servicio fue profesional, aunque a nosotros nos pareció algo más frío que en otros restaurantes de este estilo.

    Y algo importante:

    si reserváis, llegad a tiempo.

    En nuestra experiencia eran muy estrictos con los retrasos.


    Las Lías

    Para mi cumpleaños decidí ir a comer con mi familia a Las Lías.

    Éramos siete personas.

    El propietario, Mikel García, cuenta con una larga trayectoria vinculada al grupo Zortziko, y eso se nota en la manera de tratar al cliente.

    El local tiene bar y comedor.

    El comedor es pequeño, pero está muy cuidado.

    Lo que más destacaría es el producto.

    Pedimos para compartir:

    • Ensalada de tomate.
    • Pulpo.
    • Zamburiñas.
    • Berberechos.
    • Croquetas caseras variadas.

    Después llegaron los platos principales.

    Chuletón, servido en una bandeja con patatas.

    Solomillo, acompañado de una piedra para poder mantener la carne caliente.

    Y pescado según mercado.

    Nosotros elegimos lubinas salvajes que estaban fuera de carta.

    Aquí os dejo un consejo que aprendí en esa comida:

    preguntad siempre el precio de los productos fuera de carta.

    La lubina costaba 55 € por unidad.

    No es una crítica al restaurante.

    Simplemente es una buena costumbre que yo recomiendo adoptar siempre.

    También tuvimos una pequeña experiencia con el agua filtrada servida en botella de la casa, que tenía un coste adicional.

    El servicio fue muy atento y el producto nos gustó mucho.

    Las Lías – web oficial


    La Parada de Bilbao

    Este es otro restaurante al que he ido muchas veces.

    Con amigos.

    Con compañeros de trabajo.

    Con familia.

    Y por eso tenía que aparecer en esta lista.

    La Parada de Bilbao está en plena Gran Vía, junto a la estación de Abando.

    La Parada de Bilbao – web oficial

    Tiene menú del día, menús especiales, opciones para grupos y carta.

    El comedor es amplio y está decorado con fotografías antiguas de Bilbao.

    El personal siempre me ha parecido especialmente agradable y atento.

    Las raciones son grandes, están bien presentadas y son sabrosas.

    Para mí destaca por su buena relación calidad-precio.

    Tiene además una cafetería propia con una barra de pintxos estupenda.

    Se puede acceder desde Gran Vía o desde la cafetería, donde hay un ascensor de cristal que sube hasta el comedor.

    Es una opción muy práctica si estáis por el centro y queréis comer sin complicaros demasiado.


    Aspaldiko, en Loiu

    Si buscáis un lugar especial para una ocasión única, Aspaldiko es una apuesta que yo tendría muy en cuenta.

    Nosotros lo elegimos para una visita muy especial de unos amigos que venían desde Nueva Zelanda y Australia.

    Queríamos enseñarles algo de nuestra gastronomía, pero también algo que tuviera ese carácter vasco que no iban a encontrar en cualquier sitio.

    Y acertamos.

    Aspaldiko está ubicado en un caserío histórico del siglo XV, declarado Bien Cultural en categoría de Monumento. El edificio conserva elementos originales como piedra y madera y el restaurante funciona allí desde 1988.

    Aspaldiko – web oficial

    La noche que fuimos, además, se estaba celebrando una boda.

    Así que el lugar tenía un ambiente muy especial.


    Nuestra experiencia en Aspaldiko

    Reservamos para cenar y pedimos a la carta.

    La experiencia comenzó en el jardín del caserío, donde pudimos ver incluso pavos reales paseando por la finca.

    Para nuestros amigos, aquello ya fue una experiencia.

    Para compartir pedimos:

    • Almejas a la plancha.
    • Ensalada de txangurro desmigado.
    • Arroz meloso de berberechos.
    • Kokotxa de merluza con pil-pil y aire de tinta de chipirón.

    Después probamos diferentes platos principales, entre ellos bacalao a la vizcaína y al pil-pil, incluso la opción de probar ambos estilos, además de carne.

    Y llegamos a los postres.

    Cuajaditos de queso.

    Goxua.

    Helados artesanos.

    El goxua es uno de esos postres que recomiendo probar si nunca lo habéis hecho.

    La carta actual sigue incluyendo goxua, aunque los platos y precios pueden cambiar con el tiempo.


    Un trato excelente

    Como habíamos reservado en el primer turno, el personal tuvo el detalle de enseñarnos diferentes zonas del restaurante.

    Mis amigos no hablaban español y mi marido hizo de improvisado traductor al inglés.

    Fue un detalle que agradecimos muchísimo.

    El servicio fue ágil y amable y las raciones nos parecieron generosas.

    Mis amigos no paraban de untar pan en las salsas.

    Y creo que esa es una de las mejores críticas que puede recibir un restaurante.

    Aspaldiko continúa actualmente orientado tanto a comidas como a celebraciones y eventos, y dispone de jardines y diferentes salones.


    Txakoli Simón: chuleta, parrilla y vistas

    Y ahora nos vamos a Artxanda.

    Si os gusta la carne, probablemente habréis oído hablar de Txakoli Simón.

    Está considerado por el propio establecimiento como uno de los grandes referentes de la txuleta en Bilbao y su chef, Óscar García, fue reconocido como Maestro Parrillero Campeón en 2019 y 2021.

    Txakoli Simón – web oficial

    El restaurante se encuentra en el Camino de San Roque Bidea, en Artxanda.

    Tiene aparcamiento propio.

    Y una vez allí hay algo que os recomiendo hacer aunque no tengáis hambre:

    subid a la terraza y mirad las vistas.

    Son preciosas.


    Diferentes espacios para comer

    Cuando estuvimos allí llegué a contar aproximadamente seis zonas diferentes para comer.

    Había espacios exteriores, terrazas, merenderos y comedor.

    La zona de campa tiene un concepto más informal y actualmente el propio restaurante explica que funciona con un sistema de autoservicio, sin necesidad de reservar para ese espacio.

    Eso me parece especialmente interesante si vais en familia o con perros.

    En cambio, los espacios interiores tienen un servicio más tradicional.

    Información y reservas de Txakoli Simón


    Nuestra comida

    Nosotros pedimos:

    • Ensalada de ventresca.
    • Morcillas artesanales de puerro sobre pimientos rojos asados.
    • Chuleta de aproximadamente un kilo.
    • Patatas.
    • Tarta de queso.
    • Goxua.

    Tengo que hacer una mención especial a la morcilla.

    Mi familia materna es del Valle de Carranza y estoy acostumbrada a la morcilla de verduras.

    Es mi favorita.

    Así que cuando vi estas morcillas de puerro, tenía que probarlas.

    Y estaban deliciosas.

    Pero, evidentemente, la gran protagonista fue la chuleta.

    Nos trajeron además una pequeña parrilla portátil de carbón para poder mantener la carne caliente y terminarla al gusto.

    Comimos muy bien.

    Las raciones eran generosas y el precio nos pareció razonable para el tipo de producto y el lugar.


    ¿Reservar?

    Sí.

    Especialmente si queréis comer en el comedor.

    Txakoli Simón se ha vuelto muy popular y las redes sociales han contribuido a que mucha más gente conozca el lugar.

    La campa exterior tiene actualmente un funcionamiento diferente y no requiere reserva previa, pero para el restaurante tradicional yo no me arriesgaría.

    Reservaría.

    Teléfono: 944 45 74 99

    Dirección:

    Camino de San Roque Bidea, 89
    48015 Bilbao


    Santo Tomás: una tradición que anuncia la Navidad

    El 21 de diciembre Bilbao celebra la feria de Santo Tomás, una de las citas más tradicionales del calendario.

    El centro de la celebración se encuentra en torno al Arenal y El Arenal.

    Los baserritarras llegan a la ciudad con productos de temporada y la ciudad se llena de puestos.

    Es uno de esos días en los que Bilbao huele especialmente bien.

    Se toma txakoli.

    Se comen pintxos.

    Y, sobre todo, se come talo.

    El más tradicional es el talo con chorizo.

    Y aquí confieso algo:

    es uno de mis platos favoritos.

    El talo se elabora con harina de maíz, agua y sal.

    Se amasa, se deja reposar y se forman pequeñas bolas que posteriormente se estiran hasta conseguir una especie de torta fina que se cocina sobre una plancha.

    Sencillo.

    Tradicional.

    Y buenísimo.


    Aste Nagusia: Bilbao se transforma

    Si hay una fiesta que representa el carácter bilbaíno, esa es la Aste Nagusia.

    La Semana Grande de Bilbao dura nueve días y tiene como gran protagonista a Marijaia.

    El comienzo de las fiestas está marcado por el pregón y el lanzamiento del txupin desde el entorno del Teatro Arriaga.

    Marijaia aparece entonces para presidir las fiestas.

    En 2026, Aste Nagusia se celebrará del 22 al 30 de agosto.

    Durante esos días Bilbao se llena de conciertos, teatro, actividades infantiles, concursos gastronómicos, fuegos artificiales y las famosas txosnas.

    El Casco Viejo y ambas márgenes de la ría se convierten en auténticos puntos de encuentro.

    Bilbao Turismo – Aste Nagusia

    Si nunca habéis estado durante Aste Nagusia, os aviso:

    Bilbao durante esos días no es el mismo Bilbao.

    Y eso hay que vivirlo alguna vez.


    Bilbao y alrededores: mi forma de verlo

    Si tuviera que resumir Bilbao y sus alrededores en unas pocas palabras, diría:

    industria, mar, montaña, gastronomía, arquitectura y tradición.

    Pero también diría algo más.

    Personas.

    Porque para mí muchos de estos lugares están ligados a recuerdos personales.

    Gorliz está unido a mi infancia, a mis padres, a mi familia y a aquellos días de coche, comida casera y playa.

    Andramari forma parte de mi historia familiar.

    La Arboleda es uno de esos sitios donde disfrutamos de pasear con nuestros perros.

    Y algunos de los restaurantes que os he contado forman parte de cumpleaños, comidas familiares, encuentros con amigos o incluso de mi vida laboral.

    Por eso no quería hacer una guía fría de “qué ver en Bilbao”.

    Quería contaros mi Bilbao.

    El Bilbao que se recorre andando.

    El que se moja con sirimiri.

    El que se disfruta con un pintxo en la mano.

    El que huele a mar en Gorliz.

    El que conserva las huellas de las minas en La Arboleda.

    El que mira hacia arriba desde Artxanda.

    Y el que termina alrededor de una mesa.

    Porque al final, cuando viajamos, muchas veces no recordamos solamente el monumento que vimos.

    Recordamos con quién estábamos, qué comimos, cuánto nos reímos y cómo nos hizo sentir aquel lugar.

    Y eso es Bilbao para mí.

    Un lugar que merece mucho más que una visita rápida para hacerse una foto delante del Guggenheim.

    Bilbao hay que vivirlo.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • LA GRACIOSA Playa de las Conchas y Más

    LA GRACIOSA Playa de las Conchas y Más

    Durante nuestro viaje por Lanzarote decidimos reservar un día para conocer La Graciosa, una pequeña isla situada al norte y considerada por muchos la octava isla de Canarias.

    Aunque apenas tiene 29 kilómetros cuadrados, es uno de esos lugares que sorprenden desde el primer momento.

    Playas casi vírgenes, aguas de un intenso color turquesa y un paisaje volcánico donde apenas hay construcciones hacen que la sensación de tranquilidad sea absoluta.

    Aquí no encontraréis carreteras asfaltadas, semáforos ni grandes hoteles; solo pistas de tierra, naturaleza y un ritmo de vida completamente diferente.

    La Graciosa forma parte del Archipiélago Chinijo, un espacio natural protegido formado por varias islas e islotes de origen volcánico.

    Es la única habitada y también la única que puede visitarse libremente, mientras que el acceso al resto está muy restringido para proteger este entorno tan especial.

    La única forma de llegar es en ferry desde Órzola, en el extremo norte de Lanzarote.

    El trayecto apenas dura unos 25 minutos, por lo que es una excursión perfecta para hacer en un día.

    Nosotros llevábamos los billetes reservados con antelación y viajamos con Líneas Marítimas Romero, aunque también existe otra compañía que realiza el mismo recorrido.

    Una ventaja es que, si vais en coche, las navieras disponen de aparcamientos habilitados cerca del puerto, así que podéis dejar allí el vehículo de alquiler y olvidaros de él hasta la vuelta.

    Durante la travesía decidimos permanecer en la cubierta exterior tanto a la ida como al regreso.

    Era enero y, aunque la mayoría de los pasajeros iban preparados con ropa de montaña, polares e incluso chubasqueros, nosotros disfrutamos del viaje en manga corta.

    Tuvimos un día completamente despejado y, lejos de pasar frío, el sol nos acompañó durante toda la excursión. Todavía recuerdo la cara de sorpresa de algunos viajeros cuando nos veían tan tranquilos mientras ellos iban completamente abrigados.

    Nuestro plan era recorrer la isla durante el día, así que nada más llegar a Caleta de Sebo contratamos una excursión en 4×4.

    Había varias opciones para elegir, pero nosotros buscábamos una ruta que nos permitiera conocer los principales rincones de La Graciosa sin preocuparnos por los desplazamientos.

    Sea cual sea la opción que elijáis, os recomiendo llevar agua, algo de comida, protección solar y calzado cómodo. Las pistas son de tierra, en algunos tramos hay bastante arena y apenas encontraréis sombra durante el recorrido.

    Caleta de Sebo y las primeras impresiones

    El ferry llega a Caleta de Sebo, el principal núcleo de población de La Graciosa.

    Es un pueblo pequeño, de casas blancas, calles de arena y un ambiente muy tranquilo. Desde el primer momento da la sensación de que aquí la vida transcurre a otro ritmo.

    Aunque algunas personas deciden alojarse varios días, nosotros preferimos hacer una excursión de un día completo.

    Nada más desembarcar contratamos un recorrido en 4×4, una opción muy cómoda si queréis conocer los principales rincones de la isla en poco tiempo.

    También existe la posibilidad de recorrerla caminando, en bicicleta o utilizando los taxis todoterreno que conectan las playas más conocidas.

    Nuestra primera parada fue Playa de la Francesa, una extensa playa de arena blanca y aguas cristalinas situada a poca distancia de Caleta de Sebo.

    Está bastante resguardada del oleaje, por lo que suele ser una de las mejores zonas para darse un baño y disfrutar del mar con tranquilidad.

    Muy cerca se encuentra Playa de la Cocina, situada a los pies de la llamativa Montaña Amarilla.

    El contraste entre el color dorado de la montaña volcánica y las aguas turquesas crea uno de los paisajes más bonitos de toda la isla. Además, al estar protegida del viento, suele ser otro lugar muy agradable para relajarse.

    Continuamos la ruta pasando por Baja del Ganado, una playa mucho más salvaje donde la arena blanca convive con grandes rocas volcánicas negras.

    Desde aquí también se obtienen unas bonitas vistas de la isla de Montaña Clara, uno de los islotes que forman el Archipiélago Chinijo.

    Lo que más me sorprendió de La Graciosa fue precisamente esa sensación de naturaleza casi intacta.

    No hay grandes construcciones ni carreteras asfaltadas, solo pistas de tierra, playas interminables y el sonido constante del mar. Es un lugar perfecto para quienes buscan desconectar y disfrutar del paisaje sin prisas.

    Playa de las Conchas y Los Arcos

    Nuestra siguiente parada fue, probablemente, el lugar más conocido de toda la isla: Playa de las Conchas.

    Nada más llegar entiendes por qué es una de las imágenes más representativas de La Graciosa.

    La arena dorada, el intenso azul del océano y las vistas hacia los islotes cercanos forman un paisaje realmente impresionante.

    Eso sí, aunque resulte muy tentador darse un baño, conviene tener mucha precaución. En esta playa las corrientes suelen ser fuertes durante todo el año y el mar puede cambiar rápidamente.

    Nosotros preferimos disfrutar del paisaje, dar un paseo por la orilla y hacer unas cuantas fotografías.

    Si vais a visitarla, mi consejo es llevar agua, protección solar y, si podéis elegir, ir a primera hora de la mañana.

    Hay menos gente, el sol todavía no aprieta tanto y se disfruta mucho más del entorno.

    Muy cerca de allí se encuentran Los Arcos, una curiosa formación de roca volcánica esculpida durante siglos por la fuerza del viento y del mar.

    El acceso no está demasiado bien señalizado, así que conviene estar atentos al pequeño sendero que conduce hasta ellos.

    Ver cómo las olas rompen contra estas enormes paredes de basalto es otro de esos momentos que hacen especial la visita.

    La naturaleza ha ido moldeando la roca poco a poco hasta crear unas formas realmente sorprendentes.

    Continuamos después hacia Playa del Ámbar, también conocida como Playa de Lambra. Es una playa mucho más salvaje, donde la arena blanca se mezcla con grandes rocas volcánicas y pequeñas dunas cubiertas de conchas.

    El paisaje transmite una sensación de aislamiento difícil de encontrar en otros lugares.

    De regreso a Caleta de Sebo todavía nos acercamos a Playa de la Laja, una playa mucho más tranquila y protegida.

    Mientras paseábamos por la orilla vimos a varios pescadores arreglando sus redes junto a sus pequeñas embarcaciones, una imagen muy cotidiana que refleja perfectamente el carácter marinero de la isla.

    Antes de regresar a Lanzarote aprovechamos para comer en el Bar Restaurante Pensión Enriqueta, un restaurante familiar que nos habían recomendado antes del viaje.

    Fue todo un acierto. La comida era casera, abundante y con una excelente relación calidad-precio. Probamos varios platos típicos y el trato fue tan cercano que resultó el broche perfecto para terminar la excursión.

    La Graciosa nos regaló uno de esos días que se recuerdan durante mucho tiempo. Sus playas, sus paisajes volcánicos y la tranquilidad que se respira en toda la isla hacen que la excursión merezca completamente la pena.

    Si estáis viajando por Lanzarote, os animo a reservar un día para conocerla. Para nosotros fue el complemento perfecto del viaje y un lugar al que volveríamos sin pensarlo.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • MENORCA en invierno: guía y ruta por libre para descubrir la isla con calma

    MENORCA en invierno: guía y ruta por libre para descubrir la isla con calma

    Menorca era una de esas islas que teníamos pendientes desde hacía tiempo y decidimos conocerla en enero, lejos del bullicio del verano. Viajar fuera de temporada tiene sus ventajas: pudimos recorrer calas, pueblos y monumentos con total tranquilidad, sin aglomeraciones y disfrutando de cada rincón a nuestro ritmo.

    Eso sí, también hay que tener en cuenta la otra cara de la moneda. Menorca vive en gran parte del turismo, por lo que en invierno es habitual encontrar muchos hoteles, restaurantes y establecimientos cerrados.

    Incluso algunas zonas turísticas parecen auténticos pueblos fantasma. Aun así, para nosotros compensó con creces poder descubrir la isla con tanta calma.

    Como ya es habitual en nuestros viajes, recorrimos la isla por libre alquilando un coche.

    Nos alojamos en Mahón, una ubicación perfecta para movernos cómodamente por toda Menorca y visitar sus principales atractivos.

    Os doy un poco de información introductoria, desde 1993, Menorca está declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO gracias al excelente estado de conservación de su patrimonio natural.

    Además, recientemente ha sido reconocida también como la mayor Reserva Marina de la Biosfera del Mediterráneo, un reflejo de la riqueza de sus ecosistemas.

    Uno de los grandes protagonistas de la isla es el Camí de Cavalls, un sendero histórico de 185 kilómetros que rodea toda Menorca. Antiguamente servía para vigilar y defender la costa, mientras que hoy permite acceder a muchas de sus calas, atravesando acantilados, barrancos, bosques, humedales y algunos de los paisajes más bonitos de la isla. Está dividido en veinte etapas y forma parte de la red europea de senderos de Gran Recorrido (GR-223).

    En esta entrada os voy a enseñar los lugares que visitamos durante nuestro viaje, aquellos que más nos gustaron y que, sin duda, volveríamos a recorrer.


    Mahón (Maó)

    Elegimos Mahón como base durante nuestra estancia y fue todo un acierto. Su ubicación permite llegar fácilmente a cualquier punto de la isla y, además, cuenta con uno de los puertos naturales más grandes del mundo, con unos cinco kilómetros de longitud.

    Nos alojamos en el hotel Catalonia Mirador des Port, situado sobre el puerto, una zona muy tranquila y con unas vistas magníficas.

    Mahón puede recorrerse perfectamente en un día.

    Mi consejo es sencillo: callejear. Sus plazas, calles y rincones tienen mucho encanto y merece la pena descubrirlos sin un itinerario demasiado marcado.

    En cuanto a la gastronomía, os recomiendo Can Xavi, un restaurante de cocina familiar muy popular donde es mejor reservar con antelación.

    Si viajáis fuera de temporada, también merece la pena echar un vistazo a los restaurantes del puerto. Nosotros comimos en Muelle Asador, un local pequeño y acogedor que nos gustó mucho.

    Aunque Mahón nos encantó, si tengo que elegir una de las dos grandes ciudades de Menorca, reconozco que Ciudadela me pareció aún más bonita. Pero, como siempre digo… para gustos, colores.


    Binibèquer Vell

    Binibèquer Vell es uno de los lugares más fotografiados de Menorca. Aunque muchos piensan que se trata de un antiguo pueblo de pescadores, en realidad fue construido en 1972 imitando la arquitectura tradicional mediterránea.

    Nosotros lo visitamos en enero y la sensación fue curiosa.

    Sus calles completamente blancas, estrechas y silenciosas, junto con todos los comercios cerrados, daban la impresión de estar paseando por un pueblo completamente deshabitado.

    Para llegar, lo más sencillo es dirigirse hasta Sant Lluís y seguir las indicaciones hacia Binibèquer Vell.

    Importante: desde el 1 de mayo de 2023 las visitas al poblado están reguladas y únicamente puede accederse entre las 10:00 y las 22:00 horas, una medida pensada para favorecer la convivencia con los vecinos.


    Castillo de San Felipe

    Situado en la entrada sur del puerto de Mahón, el Castillo de San Felipe fue construido a mediados del siglo XVI para proteger uno de los puertos naturales más importantes del Mediterráneo.

    Aunque gran parte de la fortaleza desapareció con el paso del tiempo, todavía pueden visitarse sus impresionantes galerías subterráneas y conocer mejor la importancia estratégica que tuvo Menorca durante siglos.


    Fortaleza de La Mola (Fortaleza de Isabel II)

    Muy cerca del Castillo de San Felipe se encuentra otra de las visitas imprescindibles de Menorca: la Fortaleza de La Mola, también conocida como Fortaleza de Isabel II.

    Fue construida entre 1848 y 1875 por orden de la reina Isabel II para proteger el puerto de Mahón frente a posibles invasiones, especialmente británicas, tras la demolición del antiguo Castillo de San Felipe.

    Es una visita que recomiendo especialmente si os gusta la historia militar. Sus murallas, túneles y baterías permiten hacerse una buena idea de la importancia defensiva que tuvo la isla durante siglos.

    Alaior

    Nuestra siguiente parada fue Alaior, considerada la tercera localidad más importante de Menorca, después de Mahón y Ciudadela. Fundada en 1304, se encuentra a los pies del Monte Toro, por lo que gran parte del casco urbano está en pendiente.

    Es un pueblo tranquilo, perfecto para pasear sin prisas y descubrir la Menorca más auténtica.

    Aunque no suele aparecer entre los lugares imprescindibles de la isla, merece la pena dedicarle un rato si os gusta recorrer los pueblos con calma.


    Cala Galdana

    Cala Galdana es una de las playas más conocidas y fotografiadas de Menorca. Su forma de concha, sus aguas normalmente de color turquesa y el entorno que la rodea la convierten en uno de los grandes iconos de la isla.

    Nosotros no tuvimos demasiada suerte.

    Había llovido y hecho temporal el día anterior, así que, en lugar del característico color azul turquesa, nos encontramos el agua completamente marrón. Son esas cosas que tiene viajar y que no siempre aparecen en las fotografías.

    Está rodeada de hoteles y es una de las zonas preferidas por el turismo familiar. Se encuentra a unos 23 kilómetros de Ciudadela y a 36 de Mahón, por lo que se llega fácilmente desde cualquiera de las dos ciudades.

    La playa se forma en la desembocadura de los torrentes Algendar y Algendaret, creando una pequeña zona húmeda que hoy se utiliza como embarcadero.


    Poblado talayótico de Torre d’en Galmés

    Si os interesa la arqueología, este fue uno de los lugares que más disfrutamos.

    Torre d’en Galmés es el mayor poblado talayótico de Menorca y uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de Baleares.

    Sus más de 66.000 metros cuadrados permiten hacerse una idea de cómo vivían los antiguos habitantes de la isla hace miles de años.

    El asentamiento estuvo ocupado desde el periodo naviforme (1700-1400 a. C.) hasta la época romana tardía, e incluso se han encontrado restos de época islámica. Pasear entre sus construcciones de piedra resulta realmente impresionante.

    Los talayots, que dan nombre a esta cultura, son construcciones prehistóricas de piedra con aspecto de torre y constituyen uno de los símbolos del patrimonio histórico de Menorca.


    Poblado talayótico de Talatí de Dalt

    Muy cerca de Mahón se encuentra otro de los grandes yacimientos arqueológicos de la isla: Talatí de Dalt. Aunque es de menor tamaño que Torre d’en Galmés, conserva una de las taulas más conocidas de Menorca.

    El poblado está datado entre los años 650 y 123 a. C. y es de propiedad privada.

    La visita permite recorrer los restos de viviendas, salas hipóstilas y otras construcciones que ayudan a comprender cómo era la vida en la Menorca prehistórica.

    Aunque no seáis grandes aficionados a la arqueología, creo que merece la pena incluirlo en la ruta, especialmente si vais a visitar otros poblados talayóticos.


    Necrópolis de Cala Morell

    Uno de los lugares que más me sorprendió fue la Necrópolis de Cala Morell.

    Se encuentra junto a un pequeño puerto natural de la costa norte de Ciudadela y alberga uno de los cementerios prehistóricos más espectaculares de Menorca.

    Está formado por catorce cuevas excavadas artificialmente en la roca que imitaban las viviendas de la época postalayótica.

    Nosotros la visitamos por libre y fue una experiencia muy recomendable.

    Poder recorrer este lugar con tranquilidad hace que sea mucho más fácil imaginar cómo vivían —y cómo enterraban a sus difuntos— los antiguos habitantes de la isla.

    Además, cuenta con aparcamiento y el acceso resulta muy cómodo.


    Talayot de Torelló

    Terminamos esta parte de la ruta visitando el Talayot de Torelló, uno de los talayots más grandes de Menorca.

    Su origen se sitúa entre los años 1000 y 700 a. C. y aún hoy conserva gran parte de su estructura. Se encuentra junto a la carretera entre Mahón y San Clemente, dispone de aparcamiento y pertenece a una finca privada.

    Es una parada rápida, pero muy interesante para completar el recorrido por la Menorca talayótica y comprender la importancia que tuvo esta cultura en la historia de la isla.

    Ciudadela

    Si Mahón nos gustó, Ciudadela terminó conquistándonos.

    Para mí, tiene un encanto especial. Sus calles de piedra, sus plazas y su ambiente hacen que sea una ciudad para recorrer sin prisas.

    Tuvimos la suerte de visitarla con muy buen tiempo, así que pudimos disfrutar de un agradable paseo por su pequeño puerto pesquero, rodeado de restaurantes.

    Como viajamos en enero, la mayoría estaban cerrados, algo habitual fuera de la temporada turística.

    Ciudadela fue la antigua capital de Menorca y conserva un importante patrimonio histórico. Si tenéis ocasión, os recomiendo perderos por su casco antiguo y descubrir sus rincones sin mirar demasiado el reloj.

    Sus fiestas patronales, dedicadas a Sant Joan, se celebran durante la semana de San Juan y son unas de las más conocidas de Baleares.

    Su origen se remonta al siglo XIV y en ellas participan distintos estamentos tradicionales de la sociedad menorquina: la nobleza, el clero, los campesinos y los artesanos, todos representados por los conocidos caixers.

    Si algún día volvemos en verano, me gustaría coincidir con estas fiestas, que dicen que son todo un espectáculo.


    Naveta des Tudons

    Uno de los monumentos más conocidos de Menorca es la Naveta des Tudons, una construcción funeraria del siglo IX a. C. considerada una de las mejor conservadas de Europa.

    Su forma recuerda a una embarcación invertida, de ahí el nombre de «naveta». Aunque actualmente no está permitido entrar ni subir a ella para garantizar su conservación, merece la pena acercarse y contemplarla de cerca.

    Como nosotros viajamos en enero, no había control de acceso y pudimos visitarla tranquilamente, disfrutando del lugar sin apenas gente.

    Es una visita rápida, pero imprescindible para conocer el importante legado prehistórico que conserva Menorca.


    Monte Toro

    Con sus 358 metros de altura, el Monte Toro es el punto más elevado de Menorca y uno de los mejores miradores de toda la isla.

    Nosotros subimos en coche desde Es Mercadal, un trayecto de apenas cinco minutos. Eso sí, preparaos porque arriba suele hacer bastante viento.

    En la cima se encuentra el Santuario de la Virgen del Toro, construido sobre una antigua iglesia gótica. La entrada es gratuita y actualmente está gestionado por una comunidad de monjas franciscanas.

    Si el día está despejado, desde allí se puede contemplar prácticamente toda Menorca e incluso llegar a divisar Mallorca en el horizonte.

    Es uno de esos lugares donde merece la pena detenerse unos minutos para disfrutar de las vistas antes de continuar la ruta.


    Es Mercadal

    Después de bajar del Monte Toro llegamos a Es Mercadal, un pueblo tranquilo cuyo origen se remonta al siglo XIII.

    Nosotros aprovechamos para pasear por sus calles y visitar el mercado. Es una localidad agradable para hacer una pausa durante el recorrido por la isla.

    Uno de los lugares que más me llamó la atención fue El Aljibe, una enorme infraestructura construida para recoger y almacenar agua de lluvia.

    Fue mandado construir por el gobernador británico Richard Kane con el fin de abastecer tanto a sus tropas como a la población local. Tiene capacidad para almacenar 273.000 litros de agua, una cifra que impresiona cuando lo ves en persona.

    En Es Mercadal también se celebra uno de los mercados semanales más tradicionales de Menorca, todos los jueves durante todo el año.

    En verano tiene lugar por la tarde y la noche, mientras que el resto del año se celebra por la mañana.

    Sus fiestas patronales están dedicadas a San Martín y tienen como protagonistas a los caballos y los famosos jaleos, una tradición medieval en la que jinetes y caballos recorren las calles engalanados al ritmo de la música.

    Faro de Cavallería

    El Faro de Cavallería se encuentra en el punto más septentrional de Menorca y fue uno de los lugares que más nos impresionó por el paisaje que lo rodea.

    Los acantilados, de más de quince metros de altura, ofrecen unas vistas espectaculares del Mediterráneo. Llegar hasta él requiere recorrer una estrecha carretera de montaña, por lo que lo más cómodo es hacerlo en coche.

    Aunque la mayoría de los visitantes se acercan durante el día, también es un lugar muy popular para contemplar la puesta de sol. Nosotros lo visitamos con tranquilidad y disfrutamos muchísimo del entorno.

    Muy cerca del faro vimos algo que, por desgracia, cada vez es más habitual: montones de piedras apiladas formando pequeñas «esculturas».

    En Menorca nos dijeron que era una tradición y que, si hacías una, volverías algún día a la isla.

    Sinceramente, no me lo creo. Creo que es una costumbre que se ha extendido entre los turistas y que termina alterando el paisaje natural.

    Personalmente, prefiero llevarme el recuerdo en fotografías y dejar el entorno tal y como lo encontré.


    Fornells

    Fornells fue una de las localidades que más visitamos durante el viaje. Al ir en enero encontramos muy pocos restaurantes abiertos y acabamos comiendo allí en varias ocasiones.

    Si os gusta el pescado, os recomiendo el restaurante Es Port, situado junto al puerto. Nosotros comimos muy bien y repetimos varios días.

    El pueblo tiene una bahía preciosa de aguas tranquilas y es perfecto para pasear sin prisas.

    Además, podéis acercaros a la pequeña Ermita de Lourdes, excavada en la roca, visitar la Torre de Fornells, convertida en museo, o conocer los restos del Castillo de San Antonio, que protegía la entrada a la bahía.

    Es uno de esos lugares donde apetece sentarse un rato frente al mar y disfrutar del ambiente.


    Cala Pregonda

    Cala Pregonda es una de las playas más singulares de Menorca. Situada en la costa norte, está rodeada por un entorno protegido y conserva un aspecto prácticamente virgen.

    La cala está formada por tres pequeñas playas y destaca por el color rojizo de su arena, muy diferente al de otras playas de la isla.

    Si buscáis tranquilidad y naturaleza, creo que merece mucho la pena acercarse hasta aquí.


    Cabo de Favàritx

    Otro de los lugares imprescindibles de Menorca es el Cabo de Favàritx.

    Su paisaje es completamente distinto al resto de la isla. Los tonos grises de la pizarra, el viento constante y los acantilados crean un entorno casi lunar que sorprende desde el primer momento.

    Llegar es muy sencillo desde Mahón siguiendo la carretera en dirección a Fornells y tomando el desvío señalizado hacia el faro. Si venís desde Ciudadela también hay varias opciones, aunque algunas recorren carreteras secundarias.

    Junto al faro se encuentra una pequeña laguna temporal llamada Cós des Síndic, protegida para evitar que los vehículos circulen sobre ella cuando permanece seca. Muy cerca también están las calas Presili y Tortuga, además de uno de los tramos del Camí de Cavalls.

    Existe una curiosa leyenda que dice que caminar sobre los charcos que se forman durante las noches de luna llena trae energía, fuerza y fertilidad.

    Yo, sinceramente, prefiero disfrutar del paisaje durante el día. Bastante impresionante es ya el lugar como para necesitar una leyenda más. 😄


    Arenal de Sa Mesquida

    Visitamos Sa Mesquida al atardecer y fue un broche perfecto para terminar el día.

    Esta playa, con forma de concha, está situada en un entorno muy apreciado por los aficionados al submarinismo gracias a la riqueza de sus fondos marinos.

    Nosotros simplemente nos sentamos un rato a contemplar el paisaje mientras caía el sol. Fue uno de esos momentos sencillos que hacen especial cualquier viaje.


    Arenal d’es Castell

    Nuestra última parada fue Arenal d’es Castell, una playa semiurbana muy popular entre las familias.

    A diferencia de otras calas más salvajes de Menorca, aquí encontraréis todos los servicios necesarios y un acceso muy cómodo. Sus aguas tranquilas y su amplia bahía la convierten en una buena opción para pasar unas horas de playa si viajáis con niños o simplemente buscáis un lugar donde relajaros sin complicaciones.

    Conclusión

    Menorca nos conquistó por su naturaleza, su historia y la tranquilidad con la que pudimos recorrerla en invierno. Es cierto que viajar en temporada baja implica encontrar algunos establecimientos cerrados, pero también permite disfrutar de la isla de una forma muy diferente, sin prisas y con una calma que en verano sería difícil encontrar.

    Si tuviera que quedarme con algunos lugares de este viaje, elegiría Ciudadela, el Faro de Cavallería, Monte Toro y el paisaje del Cabo de Favàritx. Pero, en realidad, creo que lo mejor de Menorca es recorrerla sin un plan demasiado rígido y dejarse sorprender por cada rincón.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • LANZAROTE Sin Agobios

    LANZAROTE Sin Agobios

    Lanzarote la visitamos en enero de 2020, justo unos meses antes de que el mundo cambiara por completo con la llegada del Covid-19.

    Al igual que nos ocurrió en Menorca, viajar en esta época nos permitió disfrutar de la isla con mucha más tranquilidad. Es cierto que algunos negocios tienen horarios más reducidos, pero a cambio puedes recorrer sus paisajes sin las aglomeraciones del verano.

    Volamos desde Bilbao y, nada más llegar, recogimos un coche de alquiler.

    Para movernos por Canarias solemos confiar en CICAR, una empresa con la que siempre hemos tenido buenas experiencias por su relación calidad-precio.

    Eso sí, ya sabíamos que tocaría esperar un poco en el aeropuerto para recoger el vehículo. No fue ninguna sorpresa; en las islas el ritmo suele ser más pausado, así que lo mejor es tomárselo con calma y empezar las vacaciones sin prisas.

    Si hay algo que me gusta hacer antes de viajar es preparar el recorrido.

    No para ir corriendo de un sitio a otro, sino justo para lo contrario: aprovechar el tiempo sin agobios. No me gusta visitar lugares solo para tacharlos de una lista, ni pasar el día entero haciendo fotos sin disfrutar del momento.

    Prefiero combinar las visitas con un buen paseo, una comida tranquila y algún rato simplemente contemplando el paisaje. Al fin y al cabo, para mí viajar consiste precisamente en eso: disfrutar.

    En esta guía os voy a enseñar los lugares que más nos gustaron durante nuestro recorrido por Lanzarote.

    No pretende ser una lista de todo lo que hay que ver en la isla, sino una selección de aquellos rincones que más nos sorprendieron y que, sin dudarlo, volvería a visitar.

    Parque Nacional de Timanfaya

    Hablar de Lanzarote es hablar de Timanfaya. Es, probablemente, el lugar más conocido de la isla y una visita imprescindible.

    Aunque las fotografías ayudan a hacerse una idea, no es hasta que estás allí cuando comprendes de verdad cómo las erupciones volcánicas transformaron por completo este paisaje.

    La Ruta de los Volcanes se realiza en uno de los autobuses del propio parque.

    Se deja el coche en el aparcamiento y desde allí comienza una visita guiada en la que se recorren algunos de los rincones más espectaculares del parque. Al finalizar, el autobús regresa al punto de partida, donde también realizan varias demostraciones para mostrar el calor que todavía conserva el subsuelo.

    Nosotros preferimos reservar la visita directamente con el parque.

    Es uno de los lugares más populares de Lanzarote y, especialmente en temporada alta, merece la pena llevar la reserva hecha con antelación.

    Un pequeño consejo que os puede venir bien: si podéis elegir asiento en el autobús, intentad sentaros en el lado derecho. Durante buena parte del recorrido las vistas desde ese lado son especialmente bonitas.

    Además de esta ruta, también hicimos la Ruta Tremesana, una visita guiada en grupos reducidos que permite recorrer a pie una zona restringida del parque.

    El punto de encuentro es el Centro de Interpretación, desde donde los propios guías trasladan a los visitantes hasta el inicio del recorrido.

    Si os gusta caminar, otra opción muy recomendable es subir a la Caldera Blanca, una ruta que puede hacerse por libre y que ofrece unas vistas impresionantes del paisaje volcánico.

    En cuanto al horario, mi consejo es llegar a primera hora de la mañana o dejar la visita para última hora de la tarde. Son los momentos en los que suele haber menos gente y se disfruta mucho más del entorno.

    Y no, nosotros no hicimos el paseo en dromedario.

    Personalmente prefiero no participar en este tipo de actividades porque me da bastante pena el uso que se hace de estos animales.

    La Geria

    Muy cerca de Timanfaya se encuentra La Geria, uno de los paisajes más singulares de Lanzarote. Aquí la lava dejó un terreno aparentemente imposible para el cultivo, pero los agricultores supieron convertirlo en una de las zonas vinícolas más características de Canarias.

    Las vides crecen protegidas por pequeños muros de piedra volcánica y el lapilli ayuda a conservar la humedad, permitiendo que las plantas prosperen en un entorno donde, a simple vista, parece que no pudiera crecer nada.

    Merece la pena recorrer la zona sin prisas y detenerse en alguno de sus miradores para apreciar este paisaje tan diferente.

    Charco de los Clicos

    Otro de los lugares que más nos llamó la atención fue el Charco de los Clicos, también conocido como el Lago Verde. Se encuentra dentro del cráter abierto al mar de El Golfo y debe su característico color a las algas que viven en sus aguas.

    Es uno de esos rincones donde el contraste de colores sorprende: la arena negra, las rocas volcánicas, el intenso verde de la laguna y el azul del Atlántico forman un paisaje realmente espectacular.

    Después de la visita nos acercamos al pequeño pueblo pesquero de El Golfo para comer en Casa Rafa Restaurante de Mar, una elección que resultó ser todo un acierto.

    La carta es muy variada, el servicio fue rápido y amable, y la relación calidad-precio nos pareció muy buena.

    Nos llamó la atención que, al servir la ensalada, nos trajeran una selección de aceites, vinagres y sales para aliñarla al gusto. Entre todos ellos, el vinagre de cebolla y el de mango nos sorprendieron especialmente.

    Como siempre que viajamos, intentamos probar productos típicos de la zona.

    En esta ocasión pedimos unas lapas y un bocanegra a la plancha, un pescado fresco de la isla que nos limpiaron en la propia mesa. Fue una comida que disfrutamos mucho y que recordamos con cariño.

    Los Hervideros

    A pocos minutos en coche se encuentran Los Hervideros, uno de esos lugares donde la fuerza del océano impresiona de verdad.

    Las antiguas coladas de lava han dado lugar a un entramado de cuevas, grietas y bufaderos por los que el mar entra con enorme fuerza cuando hay oleaje.

    Actualmente existen varios miradores y pasarelas desde los que se puede contemplar este espectáculo con seguridad.

    Si podéis elegir, intentad visitarlo cuando el mar esté algo revuelto; las olas golpeando contra la roca hacen honor al nombre del lugar.

    Eso sí, conviene extremar siempre la precaución y respetar las zonas habilitadas para la visita.

    Salinas de Janubio

    La siguiente parada fueron las Salinas de Janubio, las más grandes de Canarias y uno de los paisajes más representativos de la isla.

    Además de recorrerlas, merece la pena entrar en su pequeña tienda. Yo aproveché para comprar sal de mojo rojo y de mojo verde, y la verdad es que fue todo un acierto. Todavía hoy me acuerdo de lo buenas que estaban.

    Calas de Papagayo

    Si hay un lugar donde el color del mar nos dejó completamente impresionados, fue en las Calas de Papagayo.

    Están situadas dentro del Monumento Natural de Los Ajaches, un espacio protegido que conserva algunas de las playas más bonitas de Lanzarote.

    Aunque la más famosa es la playa de Papagayo, a nosotros también nos gustó mucho Playa Mujeres. Es bastante más amplia, suele estar menos concurrida y, si el mar está tranquilo, es fácil ver peces nadando muy cerca de la orilla.

    Para acceder en coche hay que pagar una pequeña tasa y recorrer una pista de tierra. No es especialmente complicada, pero conviene conducir despacio.

    Al tratarse de un entorno prácticamente virgen, apenas hay servicios.

    Mi consejo es llevar agua, algo de comida y protección solar, porque los pocos establecimientos que hay suelen ser más caros y, además, no existen baños públicos.

    Si vais directamente a la playa de Papagayo, tened en cuenta que el acceso se realiza mediante varios tramos de escaleras, por lo que puede resultar incómodo para personas con movilidad reducida.

    Otra opción interesante es dejar el coche por la zona del Hotel Sandos Papagayo y recorrer el sendero que pasa por Playa Mujeres y otras pequeñas calas antes de llegar a Papagayo.

    Es un paseo muy agradable de unos veinte minutos, con bonitas vistas durante todo el recorrido.

    Los Ajaches constituyen el macizo volcánico más antiguo de Lanzarote, con materiales que se formaron hace millones de años.

    Además de su interés geológico, en esta zona se encuentran los restos del primer asentamiento de los conquistadores franco-normandos que llegaron a la isla a comienzos del siglo XV.

    Pero, sinceramente, más allá de la historia, lo que realmente hace especial este rincón es el paisaje.

    El contraste entre las montañas volcánicas y ese mar de un intenso color turquesa convierte la zona en uno de esos lugares que cuesta olvidar.

    Arrecife

    Aunque mucha gente utiliza Arrecife únicamente como punto de llegada o de salida de la isla, merece la pena dedicarle unas horas.

    Es una ciudad tranquila, perfecta para pasear sin prisas y descubrir un lado diferente de Lanzarote.

    Uno de sus rincones más conocidos es el Charco de San Ginés, una pequeña laguna de agua salada rodeada de casas blancas, terrazas y pequeñas embarcaciones de pescadores. Es uno de esos lugares donde apetece sentarse un rato y simplemente ver pasar la vida.

    Muy cerca también se encuentra el Castillo de San Gabriel, una fortaleza del siglo XVI construida para proteger la ciudad de los ataques piratas. Se accede por el Puente de las Bolas, uno de los símbolos más fotografiados de Arrecife.

    Si os gusta pasear, el centro histórico es bastante agradable y encontraréis pequeñas tiendas, cafeterías y un ambiente mucho más relajado que en otras zonas turísticas de la isla.

    Nosotros aprovechamos la visita para comer en Don Albahaca, un pequeño restaurante especializado en cocina romana que nos sorprendió muy gratamente.

    Probamos dos de sus especialidades: el supplì, una especie de croqueta de arroz típica de Roma, y la pinsa, una masa similar a la pizza tradicional, pero mucho más ligera y digestiva.

    Además, algunas de sus variedades llevan el nombre de localidades de Lanzarote, un detalle curioso que nos hizo gracia.

    El local no es muy grande, aunque también dispone de terraza, y nos pareció una opción con una excelente relación calidad-precio.

    Teguise

    Durante el viaje también visitamos Teguise, la antigua capital de Lanzarote.

    Es uno de esos pueblos que invitan a pasear sin rumbo, recorriendo sus calles empedradas, descubriendo pequeñas plazas y asomándose a sus tiendas de artesanía.

    Las casas blancas, las puertas y ventanas de madera pintadas de verde o azul y el ambiente tranquilo hacen que conserve mucho encanto.

    Si tenéis la oportunidad de visitarlo un domingo, además encontraréis uno de los mercadillos más conocidos de Canarias, aunque nosotros preferimos recorrerlo con más calma, sin tanta gente.

    Es un buen lugar para hacer una parada, tomar algo en una terraza y disfrutar del ritmo pausado del pueblo.

    Lagomar

    Para terminar el día visitamos Lagomar, un lugar completamente distinto a todo lo que habíamos visto hasta ese momento.

    Construido aprovechando una antigua cantera volcánica, este espacio mezcla arquitectura y naturaleza de una forma realmente sorprendente.

    Cuevas, túneles, terrazas y jardines se suceden entre las paredes de roca creando un conjunto muy original.

    Además de su belleza, Lagomar es conocido por la curiosa historia que lo relaciona con el actor Omar Sharif, quien, según cuentan, llegó a comprar la casa y la perdió poco después en una partida de cartas.

    Sea cierta o no toda la historia, lo que sí puedo decir es que merece la pena acercarse a conocer este rincón tan diferente.

    Es una de esas visitas que ponen un broche distinto al recorrido por la isla y demuestran, una vez más, cómo Lanzarote ha sabido integrar la arquitectura con el paisaje volcánico sin romper su esencia.

    Playa de Famara

    Muy cerca de Teguise se encuentra Playa de Famara, uno de los paisajes que más me impresionó de Lanzarote.

    No es la típica playa de aguas tranquilas para pasar el día bañándose.

    Aquí el protagonista es el océano, el viento y los enormes acantilados del Risco de Famara, que parecen caer directamente sobre la arena.

    Es un lugar muy popular entre los aficionados al surf y al kitesurf, y aunque no practiquéis ninguno de estos deportes, merece la pena acercarse solo por contemplar el paisaje.

    Nosotros fuimos en enero y prácticamente teníamos la playa para nosotros solos.

    Poder caminar durante un buen rato por la orilla, escuchando únicamente el sonido del mar, fue uno de esos momentos sencillos que hacen que un viaje se recuerde durante mucho tiempo.

    Si os gusta la fotografía, intentad visitarla cuando la marea esté baja. La arena mojada refleja el cielo y los acantilados creando unas imágenes realmente bonitas.

    Tahíche

    Fundación César Manrique

    Hay un nombre que aparece constantemente cuando recorres Lanzarote: César Manrique. Artista, arquitecto y gran defensor del paisaje de la isla, dejó una huella que sigue presente en muchos de sus rincones.

    Por eso creo que visitar la Fundación César Manrique ayuda a comprender mucho mejor Lanzarote.

    La casa está construida sobre una antigua colada de lava y aprovecha varias burbujas volcánicas naturales para crear algunas de sus estancias.

    Es sorprendente ver cómo la arquitectura y la naturaleza se integran de una forma tan armoniosa.

    Más que una vivienda, parece una obra de arte en la que cada espacio está pensado hasta el último detalle.

    A mí fue uno de los lugares que más me gustó de todo el viaje.

    No solo por la casa en sí, sino porque ayuda a entender la filosofía de César Manrique y el enorme esfuerzo que hizo para conservar la identidad de Lanzarote frente al desarrollo turístico.

    Después de recorrer la fundación, nosotros nos acercamos a comer a Los Aljibes de Tahíche, situado muy cerca.

    Es un restaurante que combina cocina argentina y canaria, con raciones realmente abundantes, así que si vais en pareja o en grupo, merece la pena compartir algunos platos.

    Nosotros pedimos una ensalada de la casa y una parrillada de carne, y todo estaba muy bueno.

    Otro detalle curioso es que elaboran su propia cerveza artesana y el pan que sirven también es casero.

    El restaurante ocupa un edificio diseñado por el propio César Manrique en 1976 y conserva una bodega muy singular que puede visitarse.

    Además de comer bien, resulta interesante conocer este pequeño rincón de su legado arquitectónico.

    Jardín de Cactus

    Puede parecer extraño recomendar un jardín dedicado exclusivamente a los cactus, pero os aseguro que merece la pena.

    El Jardín de Cactus fue otra de las grandes obras de César Manrique y está construido sobre una antigua cantera de extracción de ceniza volcánica.

    En su interior se reúnen miles de ejemplares de cactus procedentes de diferentes partes del mundo. Incluso si no sois especialmente aficionados a la jardinería, resulta un lugar muy agradable para pasear.

    La combinación entre la piedra volcánica, el verde de las plantas y el molino tradicional que preside el recinto crea un conjunto muy bonito.

    Es una visita tranquila, diferente y perfecta para recorrer sin prisas.

    Jameos del Agua

    Si tuviera que elegir uno de los lugares más sorprendentes de Lanzarote, seguramente sería Jameos del Agua.

    Este espacio nació en el interior de un túnel volcánico formado por la erupción del Volcán de la Corona y, una vez más, fue César Manrique quien supo transformarlo en un lugar único sin alterar su esencia.

    Nada más entrar, llama la atención el lago interior, donde habita una especie de pequeños cangrejos albinos exclusivos de este lugar.

    Son diminutos y cuesta verlos al principio, pero merece la pena detenerse un momento para buscarlos.

    El recorrido continúa entre jardines, pasarelas y rincones donde la lava y la vegetación parecen convivir de forma completamente natural.

    Es uno de esos sitios donde no importa tanto ir deprisa como disfrutar del ambiente.

    Cueva de los Verdes

    Muy cerca de allí se encuentra la Cueva de los Verdes, otro tramo del mismo túnel volcánico.

    La visita solo puede hacerse con guía y resulta muy entretenida porque, además de explicar cómo se formó la cueva, permite recorrer galerías, pasillos y grandes salas creadas por la lava hace miles de años.

    No quiero contar demasiado porque parte del encanto está en descubrirla por uno mismo, pero sí os aconsejo prestar atención hasta el final de la visita.

    Hay una sorpresa que forma parte de la historia de este lugar y que merece la pena descubrir allí, sin spoilers.

    Después de recorrer tanto los Jameos del Agua como la Cueva de los Verdes, acabé entendiendo por qué César Manrique defendía tanto el paisaje de Lanzarote.

    Consiguió demostrar que era posible poner en valor estos espacios sin convertirlos en algo artificial, respetando siempre la naturaleza que los había creado.

    Punta Mujeres

    Uno de los pueblos que más me gustó del norte de Lanzarote fue Punta Mujeres.

    Es un pequeño pueblo pesquero que conserva la tranquilidad de siempre y donde parece que el tiempo pasa un poco más despacio.

    Lo más característico son sus piscinas naturales, formadas entre la roca volcánica y adaptadas para el baño.

    Cuando el mar está tranquilo, el agua permanece completamente cristalina y son una alternativa perfecta a las playas tradicionales.

    Me pareció un lugar ideal para dar un paseo, disfrutar del ambiente y contemplar el océano sin prisas.

    Caletón Blanco

    Muy cerca se encuentra Caletón Blanco, uno de esos rincones que llaman la atención desde el primer momento.

    Aquí el contraste es absoluto: la arena blanca destaca sobre la roca volcánica negra, mientras el agua adopta unos tonos turquesa increíbles.

    Cuando baja la marea se forman pequeñas piscinas naturales que convierten la zona en un lugar perfecto para relajarse.

    Si viajáis con niños, creo que es una de las playas más agradables de la isla, ya que estas piscinas naturales suelen estar bastante protegidas del oleaje.

    Volcán de la Corona

    Muy cerca de allí se encuentra el Volcán de la Corona, responsable de la formación de los túneles volcánicos que hoy ocupan la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua.

    Si os gusta el senderismo, existe una ruta que permite subir hasta el cráter y disfrutar de unas magníficas vistas del norte de Lanzarote y del archipiélago Chinijo.

    Nosotros preferimos contemplarlo desde distintos puntos del recorrido, pero es una excursión muy recomendable para quienes quieran descubrir una faceta más tranquila de la isla.

    Conclusión

    Lanzarote es una isla diferente. Su paisaje volcánico, el contraste entre la roca negra y el intenso azul del océano, los pueblos blancos y la huella que dejó César Manrique hacen que tenga una personalidad única.

    Durante nuestro viaje descubrimos lugares espectaculares, playas casi vírgenes, pequeños pueblos con mucho encanto y una gastronomía que nos sorprendió muy gratamente. Pero, sobre todo, disfrutamos de esa sensación de tranquilidad que transmite la isla cuando la recorres sin prisas.

    Seguro que nos dejamos algún rincón por descubrir, porque Lanzarote tiene mucho que ofrecer. Aun así, todos los lugares que aparecen en esta guía forman parte de nuestro viaje y son los que, por una razón u otra, más recordamos y recomendaríamos.

    Si estáis pensando en viajar a la isla, espero que nuestra experiencia os sirva para organizar vuestra ruta o, simplemente, para despertaros las ganas de conocer este rincón de Canarias.

    Y si disponéis de un día más, no dejéis pasar la oportunidad de visitar La Graciosa. Para nosotros fue el complemento perfecto a este viaje y merece una escapada por sí sola.

    Gracias por acompañarme una vez más. Espero que hayáis disfrutado de este recorrido tanto como nosotros disfrutamos viviéndolo. 😊

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • GRAN CANARIA-mi primera vez en las Islas y tú?

    GRAN CANARIA-mi primera vez en las Islas y tú?

    Era nuestra primera visita a las Islas Canarias y, desde el principio, nos recomendaron alquilar un coche para recorrer Gran Canaria con total libertad. Viajamos en septiembre, una época fantástica para disfrutar de la isla con buen tiempo y sin las aglomeraciones de otras fechas.

    Nada más llegar al aeropuerto encontramos numerosas empresas de alquiler de vehículos. Sin embargo, la compañía más popular de Canarias es CICAR. En nuestro caso habíamos realizado la reserva por Internet, aunque aun así tuvimos que esperar un rato en el mostrador para ser atendidos.

    Nos alojamos en el sur de la isla, cerca de Maspalomas, una de las zonas más cálidas de Gran Canaria. Gracias al coche pudimos recorrer la isla de punta a punta y descubrir lugares muy diferentes entre sí.

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