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  • AZURMENDI: primera experiencia en un 3 estrellas Michelin

    AZURMENDI: primera experiencia en un 3 estrellas Michelin

    Esta vez tocó algo muy especial: Azurmendi, el restaurante de tres estrellas Michelin de Eneko Atxa.

    Y puedo decirlo de primera mano: las tres estrellas me parecieron muy, muy merecidas.

    Fue una de esas experiencias que permanecen en la memoria mucho tiempo después de haber terminado.

    No solamente por la comida, sino por todo lo que rodea a cada plato. Es un auténtico paseo gastronómico en el que los cinco sentidos están continuamente estimulados.

    Eso sí, hay que tener en cuenta que estamos hablando de una experiencia gastronómica de alta cocina y, evidentemente, no es un restaurante para todos los bolsillos.

    Pero si alguna vez os apetece daros un homenaje muy especial, creo que merece la pena conocerlo.

    En nuestro caso, además, tenía un significado especial: lo reservé como cena para celebrar el cumpleaños de mi marido.

    ¿Dónde está Azurmendi?

    Azurmendi se encuentra en Larrabetzu, Bizkaia, en el barrio de Legina, a pocos kilómetros de Bilbao y cerca del aeropuerto.

    El restaurante está integrado en una ladera rodeada de naturaleza y viñedos. Para llegar hay que tener en cuenta que el último tramo de carretera es bastante empinado. Cuando hice nuestra reserva incluso me facilitaron las coordenadas GPS para llegar sin problemas.

    Nosotros fuimos con nuestro propio coche, aunque muchos de los comensales optan por acudir en taxi, algo que puede resultar bastante cómodo si se quiere acompañar la cena con un buen maridaje.

    Actualmente el propio restaurante indica como acceso la salida 25 del Corredor del Txorierri, en dirección al aeropuerto de Bilbao.

    Un edificio pensado para integrarse con la naturaleza

    Antes incluso de empezar a comer, Azurmendi ya resulta llamativo.

    El restaurante ocupa un espectacular edificio bioclimático en el que se combinan madera, piedra y grandes superficies acristaladas. La arquitectura busca precisamente difuminar la frontera entre el interior y el entorno natural.

    Y aquí la sostenibilidad no es simplemente una palabra bonita utilizada como reclamo.

    El edificio fue concebido desde el principio teniendo en cuenta criterios de eficiencia y aprovechamiento de recursos. Por ejemplo, se reutiliza el agua de lluvia para la huerta, los invernaderos y los inodoros; se aprovecha la luz solar para reducir el consumo de iluminación artificial y se generan energías renovables para cubrir parte de las necesidades del restaurante.

    Además, parte de las verduras y especias utilizadas en la cocina proceden de sus propios cultivos y se han plantado cientos de árboles para contribuir a reducir la huella de CO₂.

    De hecho, Azurmendi fue reconocido por The World’s 50 Best Restaurants como el restaurante más sostenible del mundo en 2018, después de haber obtenido anteriormente una puntuación muy elevada en esta categoría.

    Y todo esto se entiende mucho mejor cuando recorres el restaurante.

    El comienzo del paseo gastronómico

    Cuando llegamos, una persona nos recibió y nos acompañó a una sala que, por momentos, parecía más un jardín que la entrada de un restaurante convencional.

    Y ahí comenzó nuestro particular “paseo gastronómico”.

    Cuando nosotros estuvimos, la experiencia estaba dividida en diferentes espacios y etapas, cada una con una personalidad propia. Los conceptos y platos del menú han ido cambiando con los años —algo lógico en un restaurante de este nivel—, pero la filosofía de convertir la comida en una experiencia sigue formando parte de la identidad de Azurmendi.

    1. El picnic de bienvenida

    La primera sorpresa fue el llamado Picnic de Bienvenida.

    Nos presentaron una cesta con diferentes pequeños bocados de sabores muy intensos, acompañados de txakoli.

    Era solamente el comienzo y ya te dabas cuenta de que aquello no iba a ser simplemente sentarse a una mesa, pedir y comer.

    Aquí empezaba el viaje.

    2. La cocina

    Después llegó uno de los momentos que más recuerdo.

    Un “Kaixo” nos recibió al entrar en la cocina.

    Y de repente te encontrabas delante de un grupo de aproximadamente treinta cocineros, jóvenes, sonrientes y completamente concentrados en su trabajo.

    Me impresionó especialmente el orden.

    Recuerdo los fogones impecables, cada cosa perfectamente colocada en su sitio y, al fondo, Eneko Atxa.

    Los platos se elaboraban y se terminaban delante de nosotros, pudiendo observar parte del proceso antes de degustarlos.

    Y había algo que me llamó mucho la atención: la sensación de que todo estaba perfectamente controlado, pero sin que aquello pareciera una cadena de montaje.

    En la cocina de Azurmendi la técnica está muy presente, pero también existe una enorme atención al producto y a la tradición vasca. Esa combinación entre raíces y vanguardia es precisamente una de las señas de identidad de la cocina de Eneko Atxa.

    3. El invernadero

    La siguiente parada fue el invernadero.

    En nuestro caso, el recorrido se convirtió en un pequeño viaje por las cuatro estaciones del año, con diferentes aperitivos elaborados a partir de frutas, verduras y especias que nos iban sorprendiendo tanto por sus sabores como por su presentación.

    Y aquí entendí mucho mejor la relación entre el restaurante y su entorno.

    No era simplemente decoración.

    La huerta y los invernaderos forman parte del propio proyecto gastronómico y sostenible de Azurmendi, que produce allí parte de las hortalizas y especias que después llegan a la cocina.

    4. El restaurante

    Finalmente llegamos al comedor.

    Una sala amplia, elegante y luminosa, con grandes ventanales hacia el exterior.

    En aquel momento teníamos dos menús para elegir y nosotros decidimos probar uno diferente cada uno. Actualmente la propuesta gastronómica ha evolucionado y los menús pueden cambiar, algo que conviene tener presente si vais a visitarlo: la propia web avisa de que pueden producirse modificaciones de última hora.

    Y aquí empezó la parte más larga del viaje.

    Porque cuando hablamos de alta cocina solemos pensar en platos pequeños y precios elevados, pero a veces se nos olvida una cosa: pequeño no significa poco.

    En nuestra experiencia llegamos a probar alrededor de treinta elaboraciones.

    Sí, habéis leído bien: ¡unas treinta!

    Por eso podéis pasar perfectamente tres horas comiendo.

    Las cantidades individuales son pequeñas, pero cada bocado está pensado para concentrar muchísimo sabor.

    Y precisamente por eso creo que es importante dejarse aconsejar.

    El personal de sala nos explicaba qué era cada elaboración y, en algunos casos, cuál era la mejor manera o el momento adecuado para comerla.

    Mi consejo es que sigáis sus indicaciones.

    Ellos saben perfectamente qué quieren transmitir con cada plato.

    Sabores muy intensos

    La cocina de Azurmendi no es precisamente una cocina de sabores tímidos.

    Hay elaboraciones muy intensas y combinaciones que pueden resultar completamente nuevas para alguien que no esté acostumbrado a este tipo de gastronomía.

    En mi caso hubo un plato que no me gustó especialmente: uno de los que llevaba erizo de mar.

    Pero eso también forma parte de la experiencia.

    No todo tiene que gustarte.

    De hecho, creo que una de las cosas bonitas de probar una cocina tan diferente es precisamente descubrir sabores que nunca habías imaginado y comprobar cuáles funcionan contigo y cuáles no.

    Y llegaron los postres…

    Los postres fueron otra historia.

    Tanto los de cuchara como los pequeños bombones y dulces que llegaron después me parecieron deliciosos y, comparados con algunos de los platos anteriores, bastante más suaves.

    Me sorprendieron especialmente las combinaciones de gominolas, chocolates, especias y otros ingredientes poco habituales.

    Recuerdo incluso alguna elaboración relacionada con el vino tinto.

    Y después llegó la infusión.

    Yo no soy demasiado de café, así que escogí una infusión y me encantó.

    Tanto, que estuve a punto de pedirles la receta.

    Todavía me acuerdo de ella.

    Un servicio impecable… quizá demasiado para mí

    Tengo que reconocer una cosa: el servicio fue excepcional.

    El personal de sala estaba pendiente absolutamente de todo.

    Recuerdo que cuando quise ir al baño, una persona me acompañó prácticamente hasta la propia puerta. Cuando regresé, otra persona me abrió la puerta para volver al comedor.

    También recuerdo que había un pequeño puf donde podías dejar el bolso.

    Y siempre me servían a mí primero.

    En aquel momento todo aquello me resultaba un poco extraño.

    No estoy acostumbrada a que me cuiden tanto.

    Pero precisamente ese nivel de atención es parte de la experiencia de un restaurante de esta categoría.

    No se trata simplemente de servir comida: se intenta cuidar al comensal durante todo el recorrido.

    La visita de Eneko Atxa

    Durante la cena tuvimos además la oportunidad de que Eneko Atxa se acercara a nuestra mesa.

    Mi impresión personal fue la de una persona muy trabajadora, humilde y cercana.

    Se interesó por saber qué nos había parecido la comida y agradeció que hubiéramos elegido su restaurante para celebrar una ocasión tan especial.

    Y ese pequeño gesto hizo que la experiencia resultara todavía más personal.

    Porque detrás de todo aquel despliegue de técnica, organización y sofisticación seguía estando la persona que había creado aquella experiencia.

    Tres horas que pasan volando

    Con tantos platos, podríais pensar que una cena de tres horas se hace eterna.

    Todo lo contrario.

    Entre los diferentes espacios, las explicaciones, los platos, las conversaciones y las pequeñas sorpresas, el tiempo pasa volando.

    La música ambiental era muy suave y nosotros tuvimos además la suerte de ocupar una mesa junto al gran ventanal.

    Desde allí podíamos ver el exterior iluminado por las luces de las pocas casas que rodean la zona y por los coches que circulaban por la carretera.

    Un ambiente tranquilo, casi mágico.

    Y después de varias horas, llegó el momento de terminar nuestro paseo gastronómico.

    El centro de sostenibilidad

    Pero la experiencia todavía no había acabado.

    Una vez finalizada la cena pudimos visitar la parte superior del edificio, donde se encuentran espacios relacionados con la huerta, los invernaderos y el proyecto de sostenibilidad.

    La visita se podía hacer de manera libre y gratuita en nuestra experiencia.

    Allí pudimos entender mucho mejor cómo funciona todo el proyecto y por qué la sostenibilidad ocupa un lugar tan importante en Azurmendi.

    El restaurante utiliza el agua de lluvia, aprovecha la luz solar, genera parte de su energía mediante fuentes renovables y cultiva parte de los productos que utiliza en su cocina.

    Las explicaciones estaban disponibles en castellano, euskera e inglés.

    Y para mí fue un broche perfecto, porque después de haber visto el resultado en el plato, podíamos conocer también una parte del trabajo que hay detrás.

    Un poco de historia de Azurmendi

    Azurmendi abrió sus puertas en 2005 y la primera estrella Michelin llegó en 2007.

    En 2010 consiguió la segunda y, en 2012, llegó la tercera estrella Michelin, coincidiendo además con la inauguración del actual edificio bioclimático.

    Desde entonces, el restaurante ha mantenido las tres estrellas y ha recibido numerosos reconocimientos relacionados tanto con su gastronomía como con su compromiso medioambiental. En 2022, por ejemplo, celebró diez años consecutivos conservando las tres estrellas Michelin.

    Por tanto, cuando hablamos de Azurmendi no estamos hablando solamente de un restaurante de alta cocina, sino de un proyecto gastronómico que lleva años intentando unir territorio, tradición, innovación y sostenibilidad.

    Y creo que después de haber estado allí se entiende mucho mejor.

    ENEKO, otra propuesta de Eneko Atxa

    Y si el precio de Azurmendi se os escapa un poco del presupuesto —algo completamente comprensible—, hay otra opción justo en el mismo entorno.

    Bajando la cuesta se encuentra ENEKO Larrabetzu, también de Eneko Atxa.

    Es una propuesta diferente y más informal, basada en la cocina vasca tradicional y en el concepto Sutan, que significa “a fuego” en euskera.

    Aquí la cocina se realiza delante del comensal y la propuesta busca recuperar sabores, productos y tradiciones de la cocina vasca desde una perspectiva contemporánea.

    Además, ENEKO cuenta actualmente con una estrella Michelin.

    Los dos espacios están conectados por unas escaleras y un viñedo, por lo que resulta muy fácil combinar la visita si os interesa conocer las diferentes propuestas de Eneko Atxa.

    Y debajo está la bodega Gorka Izagirre

    Justo en este conjunto gastronómico se encuentra también la Bodega Gorka Izagirre, especializada en txakoli de Bizkaia.

    La bodega nació en 2005 con el objetivo de contribuir a la recuperación, evolución y difusión del txakoli de Bizkaia y trabaja con variedades autóctonas como Hondarrabi Zuri, Hondarrabi Zerratia y Hondarrabi Beltza.

    Actualmente ofrecen visitas y experiencias de enoturismo.

    Una de ellas es la Experiencia Hamaiketako, que incluye una visita y una cata de cuatro vinos acompañada de queso Idiazábal, jamón y una gilda. Actualmente tiene un precio de 30 € por persona y se realiza a las 11:00 h, de lunes a domingo, previa reserva.

    Así que, si os gusta el mundo del vino y especialmente el txakoli, puede ser otro complemento interesante para una escapada gastronómica por esta zona.

    Mi opinión

    ¿Volvería?

    Sí.

    ¿Me gustó todo?

    No. Y creo que es importante decirlo.

    Hubo sabores que no fueron para mí, como el plato de erizo de mar que recuerdo especialmente. Pero una experiencia gastronómica de este nivel no consiste únicamente en que absolutamente todo te guste.

    Consiste en descubrir.

    En sorprenderte.

    En probar ingredientes y combinaciones que probablemente nunca pedirías en un restaurante convencional.

    Y, sobre todo, en vivir algo diferente.

    Para mí, Azurmendi fue mucho más que una cena de cumpleaños.

    Fue una experiencia que empezó desde el momento en que recibimos las indicaciones para llegar y terminó varias horas después, cuando salimos del restaurante después de recorrer sus diferentes espacios.

    Tres estrellas Michelin que, en mi opinión, están más que merecidas.

    Y aunque no sea un lugar para visitar todos los fines de semana —ni mucho menos para todos los bolsillos—, sí me parece uno de esos sitios que merece la pena guardar en la lista de experiencias especiales.

    Porque hay restaurantes a los que vas a comer.

    Y hay otros que, cuando sales por la puerta, te das cuenta de que has ido a vivir una experiencia.

    Azurmendi pertenece a los segundos.

    Información práctica

    Azurmendi*
    Barrio Legina s/n
    48195 Larrabetzu, Bizkaia

    Actualmente abre de martes a sábado al mediodía, y viernes y sábado también para la cena. El restaurante recomienda reservar previamente. Los horarios y menús pueden variar, por lo que es conveniente comprobar la información antes de acudir.

    Web oficial de Azurmendi

    ENEKO Larrabetzu
    Barrio Legina s/n
    48195 Larrabetzu, Bizkaia

    Web oficial de ENEKO Larrabetzu

    Bodega Gorka Izagirre

    Web oficial de Bodega Gorka Izagirre

    Si queréis realizar la visita a la bodega, actualmente es necesario reservar y la propia bodega confirma la reserva previamente.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘