Durante nuestro viaje por Lanzarote decidimos reservar un día para conocer La Graciosa, una pequeña isla situada al norte y considerada por muchos la octava isla de Canarias.
Aunque apenas tiene 29 kilómetros cuadrados, es uno de esos lugares que sorprenden desde el primer momento.
Playas casi vírgenes, aguas de un intenso color turquesa y un paisaje volcánico donde apenas hay construcciones hacen que la sensación de tranquilidad sea absoluta.
Aquí no encontraréis carreteras asfaltadas, semáforos ni grandes hoteles; solo pistas de tierra, naturaleza y un ritmo de vida completamente diferente.
La Graciosa forma parte del Archipiélago Chinijo, un espacio natural protegido formado por varias islas e islotes de origen volcánico.
Es la única habitada y también la única que puede visitarse libremente, mientras que el acceso al resto está muy restringido para proteger este entorno tan especial.
La única forma de llegar es en ferry desde Órzola, en el extremo norte de Lanzarote.
El trayecto apenas dura unos 25 minutos, por lo que es una excursión perfecta para hacer en un día.
Nosotros llevábamos los billetes reservados con antelación y viajamos con Líneas Marítimas Romero, aunque también existe otra compañía que realiza el mismo recorrido.
Una ventaja es que, si vais en coche, las navieras disponen de aparcamientos habilitados cerca del puerto, así que podéis dejar allí el vehículo de alquiler y olvidaros de él hasta la vuelta.
Durante la travesía decidimos permanecer en la cubierta exterior tanto a la ida como al regreso.
Era enero y, aunque la mayoría de los pasajeros iban preparados con ropa de montaña, polares e incluso chubasqueros, nosotros disfrutamos del viaje en manga corta.
Tuvimos un día completamente despejado y, lejos de pasar frío, el sol nos acompañó durante toda la excursión. Todavía recuerdo la cara de sorpresa de algunos viajeros cuando nos veían tan tranquilos mientras ellos iban completamente abrigados.
Nuestro plan era recorrer la isla durante el día, así que nada más llegar a Caleta de Sebo contratamos una excursión en 4×4.
Había varias opciones para elegir, pero nosotros buscábamos una ruta que nos permitiera conocer los principales rincones de La Graciosa sin preocuparnos por los desplazamientos.
Sea cual sea la opción que elijáis, os recomiendo llevar agua, algo de comida, protección solar y calzado cómodo. Las pistas son de tierra, en algunos tramos hay bastante arena y apenas encontraréis sombra durante el recorrido.
Caleta de Sebo y las primeras impresiones
El ferry llega a Caleta de Sebo, el principal núcleo de población de La Graciosa.
Es un pueblo pequeño, de casas blancas, calles de arena y un ambiente muy tranquilo. Desde el primer momento da la sensación de que aquí la vida transcurre a otro ritmo.
Aunque algunas personas deciden alojarse varios días, nosotros preferimos hacer una excursión de un día completo.
Nada más desembarcar contratamos un recorrido en 4×4, una opción muy cómoda si queréis conocer los principales rincones de la isla en poco tiempo.
También existe la posibilidad de recorrerla caminando, en bicicleta o utilizando los taxis todoterreno que conectan las playas más conocidas.
Nuestra primera parada fue Playa de la Francesa, una extensa playa de arena blanca y aguas cristalinas situada a poca distancia de Caleta de Sebo.
Está bastante resguardada del oleaje, por lo que suele ser una de las mejores zonas para darse un baño y disfrutar del mar con tranquilidad.
Muy cerca se encuentra Playa de la Cocina, situada a los pies de la llamativa Montaña Amarilla.
El contraste entre el color dorado de la montaña volcánica y las aguas turquesas crea uno de los paisajes más bonitos de toda la isla. Además, al estar protegida del viento, suele ser otro lugar muy agradable para relajarse.
Continuamos la ruta pasando por Baja del Ganado, una playa mucho más salvaje donde la arena blanca convive con grandes rocas volcánicas negras.
Desde aquí también se obtienen unas bonitas vistas de la isla de Montaña Clara, uno de los islotes que forman el Archipiélago Chinijo.
Lo que más me sorprendió de La Graciosa fue precisamente esa sensación de naturaleza casi intacta.
No hay grandes construcciones ni carreteras asfaltadas, solo pistas de tierra, playas interminables y el sonido constante del mar. Es un lugar perfecto para quienes buscan desconectar y disfrutar del paisaje sin prisas.
Playa de las Conchas y Los Arcos
Nuestra siguiente parada fue, probablemente, el lugar más conocido de toda la isla: Playa de las Conchas.
Nada más llegar entiendes por qué es una de las imágenes más representativas de La Graciosa.
La arena dorada, el intenso azul del océano y las vistas hacia los islotes cercanos forman un paisaje realmente impresionante.
Eso sí, aunque resulte muy tentador darse un baño, conviene tener mucha precaución. En esta playa las corrientes suelen ser fuertes durante todo el año y el mar puede cambiar rápidamente.
Nosotros preferimos disfrutar del paisaje, dar un paseo por la orilla y hacer unas cuantas fotografías.
Si vais a visitarla, mi consejo es llevar agua, protección solar y, si podéis elegir, ir a primera hora de la mañana.
Hay menos gente, el sol todavía no aprieta tanto y se disfruta mucho más del entorno.
Muy cerca de allí se encuentran Los Arcos, una curiosa formación de roca volcánica esculpida durante siglos por la fuerza del viento y del mar.
El acceso no está demasiado bien señalizado, así que conviene estar atentos al pequeño sendero que conduce hasta ellos.
Ver cómo las olas rompen contra estas enormes paredes de basalto es otro de esos momentos que hacen especial la visita.
La naturaleza ha ido moldeando la roca poco a poco hasta crear unas formas realmente sorprendentes.
Continuamos después hacia Playa del Ámbar, también conocida como Playa de Lambra. Es una playa mucho más salvaje, donde la arena blanca se mezcla con grandes rocas volcánicas y pequeñas dunas cubiertas de conchas.
El paisaje transmite una sensación de aislamiento difícil de encontrar en otros lugares.
De regreso a Caleta de Sebo todavía nos acercamos a Playa de la Laja, una playa mucho más tranquila y protegida.
Mientras paseábamos por la orilla vimos a varios pescadores arreglando sus redes junto a sus pequeñas embarcaciones, una imagen muy cotidiana que refleja perfectamente el carácter marinero de la isla.
Antes de regresar a Lanzarote aprovechamos para comer en el Bar Restaurante Pensión Enriqueta, un restaurante familiar que nos habían recomendado antes del viaje.
Fue todo un acierto. La comida era casera, abundante y con una excelente relación calidad-precio. Probamos varios platos típicos y el trato fue tan cercano que resultó el broche perfecto para terminar la excursión.
La Graciosa nos regaló uno de esos días que se recuerdan durante mucho tiempo. Sus playas, sus paisajes volcánicos y la tranquilidad que se respira en toda la isla hacen que la excursión merezca completamente la pena.
Si estáis viajando por Lanzarote, os animo a reservar un día para conocerla. Para nosotros fue el complemento perfecto del viaje y un lugar al que volveríamos sin pensarlo.
Gracias por leerme.
Espero que os haya gustado 😘😘











