Autor: Leire

  • Guía del Parque de Armentia en Vitoria-Gasteiz

    Guía del Parque de Armentia en Vitoria-Gasteiz

    El Parque de Armentia es un espacio natural del Anillo Verde de Vitoria-Gasteiz, accesible a pie o en bicicleta desde el centro urbano. Sus más de cien hectáreas de bosque albergan senderos e itinerarios que permiten disfrutar de la naturaleza en cualquier época del año.

    El entorno alberga la Basílica de San Prudencio, un destacado templo románico del siglo XII. Además de su patrimonio histórico, el parque acoge la tradicional romería patronal de abril y dispone de zonas señalizadas para el paseo con perros.

    Otra opción que os puedo recomendar si estáis en Vitoria-Gasteiz es acercaros hasta el Parque de Armentia, uno de los espacios naturales que forman parte del Anillo Verde de la ciudad.

    Es una buena alternativa para quienes quieran combinar un paseo por Vitoria con un rato de naturaleza, ya que se puede llegar caminando o en bicicleta desde el centro de la ciudad.

    Cómo llegar al Parque de Armentia

    Una de las opciones más bonitas es comenzar el recorrido en el Parque de la Florida y continuar por el Paseo de la Senda.

    Este paseo histórico atraviesa una zona arbolada y permite contemplar algunas de las antiguas mansiones y palacios de Vitoria-Gasteiz. El recorrido continúa hasta llegar a la Basílica de San Prudencio, en Armentia.

    La ruta hasta la basílica tiene unos 4,5 kilómetros y una duración aproximada de una hora. El Ayuntamiento la incluye entre sus rutas recomendadas y señala que se realiza por camino afirmado.

    Una vez llegamos al Parque de Armentia podemos continuar por los diferentes senderos que recorren el bosque y elegir entre distintos itinerarios.

    El bosque tiene una superficie arbolada de unas 104 hectáreas, con el quejigo como especie predominante, además de hayas, encinas, arces, avellanos, fresnos y otras especies. También es un espacio con bastante variedad de fauna.

    La Basílica de San Prudencio

    Uno de los grandes atractivos de esta visita es la Basílica de San Prudencio, un templo románico del siglo XII y uno de los ejemplos más importantes del románico vasco.

    La actual basílica se levantó sobre los restos de un templo anterior y sufrió una importante reforma en el siglo XVIII, aunque todavía conserva elementos medievales de gran interés.

    En su exterior destacan algunos restos de la antigua portada y, en el interior, los capiteles decorados con motivos vegetales, animales y escenas de luchas entre caballeros y centauros. También merece la pena fijarse en los canecillos de la iglesia.

    Armentia tuvo además una gran importancia histórica. Durante la Alta Edad Media fue uno de los principales centros religiosos de Álava y su templo llegó a ser considerado la primera catedral del País Vasco. También fue un lugar importante en las antiguas comunicaciones, por donde pasaban caminos vinculados tanto al Camino de Santiago como a las antiguas rutas romanas.

    ¿Se puede ir con perros?

    Sí, es un lugar estupendo para disfrutar de la naturaleza con nuestro perro, pero hay que tener en cuenta la normativa.

    En el Anillo Verde de Vitoria-Gasteiz los perros deben ir atados para evitar molestias a la fauna y proteger el entorno, excepto en las zonas que están específicamente señalizadas para su libre esparcimiento.

    El propio Parque de Armentia dispone de una zona habilitada para perros, por lo que es importante respetar las zonas señalizadas y llevarlo con correa durante el resto del recorrido. Además, durante las fiestas y determinados eventos tampoco pueden permanecer sueltos en las zonas verdes autorizadas.

    Mejor época para visitar Armentia

    Se puede visitar durante todo el año, pero personalmente creo que primavera y otoño son especialmente bonitas.

    En primavera encontraremos el bosque más verde y podremos disfrutar de temperaturas agradables para caminar. El otoño, por su parte, tiene el atractivo añadido de los colores que adquiere el bosque con el cambio de las hojas.

    El verano también puede ser una buena opción para dar un paseo, especialmente evitando las horas centrales del día. En invierno el paisaje tiene otro encanto y, al tratarse de un recorrido cercano a Vitoria-Gasteiz, puede ser una alternativa sencilla para salir a caminar cuando el tiempo acompaña.

    Fiestas de San Prudencio

    Si tenéis la oportunidad de visitar Armentia a finales de abril, coincidiréis con una de las celebraciones más importantes de Álava: las fiestas de San Prudencio, patrón del territorio.

    La víspera, el 27 de abril, se celebra la tradicional Retreta de San Prudencio en Vitoria-Gasteiz, que marca el comienzo de las fiestas.

    El día grande es el 28 de abril, cuando se celebra la tradicional romería hasta la Basílica de San Prudencio. Las campas de Armentia se llenan de ambiente festivo, con actividades, música, actos tradicionales y propuestas gastronómicas.

    Y si hablamos de gastronomía, en estas fechas hay dos productos especialmente tradicionales: los perretxikos y los caracoles, platos muy ligados a la celebración de San Prudencio en Álava.

    Es una época muy especial para conocer Armentia, aunque también hay que tener en cuenta que encontraremos bastante más gente que durante el resto del año.

    Una escapada fácil desde Vitoria-Gasteiz

    El Parque de Armentia me parece una opción muy interesante para completar una visita a Vitoria-Gasteiz. No hace falta alejarse de la ciudad para encontrar un entorno natural donde caminar, hacer una ruta en bicicleta o simplemente disfrutar de un paseo tranquilo.

    Además, podemos combinar naturaleza, historia y patrimonio en una misma excursión, desde el Parque de la Florida y el Paseo de la Senda hasta la Basílica de San Prudencio y el bosque de Armentia.

    Si queréis descubrir más rutas por la provincia, podéis consultar también la web de Rutas Verdes de Álava, donde encontraréis diferentes itinerarios para recorrer el territorio.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • MIRADOR DE VALCABADO, flotando sobre el vacío

    MIRADOR DE VALCABADO, flotando sobre el vacío

    El Mirador de Valcabado, ubicado en la plataforma caliza de La Lora en Palencia, ofrece vistas panorámicas del valle de Valderredible y sus bosques. Situado a más de 1.200 metros de altitud, forma parte del Geoparque Mundial UNESCO Las Loras y del espacio natural de Covalagua.

    Se puede acceder fácilmente en coche desde Revilla de Pomar o mediante rutas senderistas. La primavera y el otoño son las mejores estaciones para ir. Dada su altura y exposición al viento, se aconseja precaución, siendo recomendable combinar la visita con la cercana Cueva de los Franceses.

    Uno de los lugares que más me impresionó de esta zona fue el Mirador de Valcabado, situado en el borde del páramo de La Lora de Valdivia, a unos 1.224 metros de altitud. Es un auténtico balcón natural sobre el valle de Valderredible y uno de esos lugares en los que el paisaje parece no tener fin.

    La plataforma del mirador se asoma directamente al vacío y, al caminar sobre ella, se produce una sensación muy curiosa, casi como si estuvieras flotando sobre el paisaje. Y aquí tengo que reconocer algo: para mí la experiencia fue bastante más intensa de lo que esperaba.

    El día que fui hacía muchísimo viento y, además, tengo vértigo. La combinación de altura, viento y esa plataforma suspendida sobre el precipicio hizo que lo pasara realmente mal. Me costó acercarme y permanecer allí, aunque finalmente conseguí disfrutar de las vistas y, por supuesto, hacer alguna foto para recordar el momento. Si tienes vértigo como yo, mi consejo es que vayas con calma y no te fuerces a acercarte al borde: el paisaje se disfruta igualmente desde las zonas más alejadas.

    El paisaje de La Lora

    Desde aquí se contempla un paisaje espectacular. En las laderas del páramo se extiende un auténtico mar verde, formado principalmente por hayedos y robledales, con pinares en algunas zonas. El contraste entre estos bosques y la superficie más abierta y elevada del páramo resulta especialmente llamativo.

    Al levantar la mirada hacia el horizonte aparece el enorme valle de Valderredible. En días despejados se pueden distinguir numerosos pueblos repartidos entre Palencia, Burgos y Cantabria, y también algunas de las cumbres de la Montaña Palentina y de la Cordillera Cantábrica. Las vistas son especialmente amplias porque el mirador se encuentra precisamente en el borde de la gran plataforma caliza de La Lora.

    El lugar forma parte del entorno del Geoparque Mundial UNESCO Las Loras y del espacio natural de Covalagua, una zona donde el paisaje está muy marcado por la roca caliza y los procesos kársticos.

    Cómo llegar al Mirador de Valcabado

    Si quieres llegar en coche, la referencia más sencilla es Revilla de Pomar, en la provincia de Palencia.

    Desde Aguilar de Campoo hay que tomar la N-627 en dirección Burgos. Después de aproximadamente 8 kilómetros se toma el desvío hacia Pomar de Valdivia, siguiendo las indicaciones hacia la Cueva de los Franceses. Una vez atravesado Pomar de Valdivia, se continúa hacia Revilla de Pomar y, desde allí, se sigue la carretera local PP-6222 hacia la zona de la Cueva de los Franceses y el Mirador de Valcabado.

    La carretera termina prácticamente en esta zona, por lo que es una opción bastante cómoda si no quieres hacer una ruta larga a pie. El mirador dispone de zona de aparcamiento en las inmediaciones.

    Otra posibilidad es llegar caminando desde Revelillas, en el valle de Valderredible. Desde esta localidad existen rutas señalizadas que ascienden hacia el páramo de La Lora, pasando por zonas de robledal y hayedo hasta alcanzar la parte alta y continuar hacia el Mirador de Valcabado.

    Si tienes tiempo, merece mucho la pena combinar la visita con la Cueva de los Franceses, que se encuentra muy cerca del mirador, y con alguno de los senderos del entorno, como los que llevan hacia el Pozo de los Lobos o atraviesan el hayedo.

    ¿Se puede ir con perro?

    En principio, sí es un entorno muy apropiado para visitar con perro, especialmente si se plantea como paseo o ruta por el entorno natural. De hecho, existen recorridos de senderismo por La Lora en los que se realiza la ruta con perros.

    Eso sí, yo tendría especial precaución en la zona del mirador. El terreno está expuesto y hay un cortado importante, por lo que llevaría al perro controlado y preferiblemente con correa, sobre todo si hace viento, hay niebla o el animal tiende a acercarse a los bordes.

    Si vas a hacer alguna de las rutas que atraviesan el hayedo o el páramo, conviene además llevar agua y tener en cuenta que no siempre tendrás cobertura o servicios cerca.

    ¿Cuál es la mejor época para ir?

    Para disfrutar realmente del Mirador de Valcabado, yo elegiría primavera y otoño. En primavera el paisaje recupera el verde y los bosques están especialmente bonitos, mientras que en otoño los hayedos y robledales aportan una variedad de colores espectacular.

    El verano también es una buena época para caminar, pero puede resultar menos atractivo si buscas el máximo esplendor de los bosques. Además, en algunos puntos del entorno de Covalagua el agua depende mucho de las lluvias y del deshielo.

    El invierno puede ofrecer días de una visibilidad extraordinaria, pero hay que tener más cuidado con el frío, la nieve, el hielo y el estado de las carreteras y caminos.

    Y hay algo que aprendí por experiencia: no solo hay que mirar la previsión de lluvia. El viento también es muy importante en este mirador. Al encontrarse en un borde elevado y completamente expuesto, un día con mucho viento puede cambiar por completo la experiencia. Si tienes vértigo, como yo, elegiría un día tranquilo y despejado.

    Mi recomendación

    Si vas a acercarte hasta aquí, yo reservaría al menos medio día para recorrer el entorno. Puedes combinar Revilla de Pomar, Covalagua, la Cueva de los Franceses y el Mirador de Valcabado, y si te apetece caminar, añadir alguna de las rutas por el páramo y los hayedos.

    Para mí, Valcabado se queda como uno de esos lugares que impresionan por su paisaje, pero también como un pequeño reto personal. No disfruté demasiado del momento de asomarme al vacío por culpa del vértigo y del viento, pero precisamente por eso recuerdo esta visita con especial intensidad.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • FARO DE FINISTERRE

    FARO DE FINISTERRE

    Fisterra, situado en la Costa da Morte, representa el final simbólico de la peregrinación del Camino de Santiago. Históricamente relacionado con el fin del mundo conocido, el lugar reúne tradiciones y rituales de renovación junto al océano Atlántico, además de albergar importantes imágenes religiosas.

    El faro de Fisterra, construido en 1853, señala el kilómetro cero de la prolongación del Camino hacia Muxía. Su conjunto arquitectónico abarca la torre, la sirena de niebla y el semáforo. Hoy constituye un destacado punto de interés cultural y un emblemático mirador atlántico.

    Fisterra, uno de los lugares donde termina el Camino de Santiago de Compostela

    Para muchos peregrinos, llegar a Santiago de Compostela y entrar en la plaza del Obradoiro supone cumplir el gran objetivo del Camino. Pero existe un paso más allá, un lugar que durante siglos ha estado ligado al final simbólico de la peregrinación: Fisterra, el antiguo Finis Terrae, el fin de la tierra conocida.

    Y es que llegar hasta aquí tiene un significado especial. Después de haber recorrido cientos de kilómetros, alcanzar el océano Atlántico y contemplar cómo el camino termina frente al mar convierte este lugar en algo más que una simple visita turística.

    La tradición jacobea de Fisterra está vinculada especialmente a la iglesia de Santa María das Areas, situada en el camino hacia el faro. En su interior se encuentra una de las imágenes religiosas más conocidas de la localidad: el Santo Cristo de Fisterra, el Cristo da Barba Dourada.

    Se trata de una talla gótica rodeada de leyendas; una de ellas cuenta que llegó hasta la costa después de haber sido arrojada al mar desde un barco durante una tormenta.

    Según la tradición, después de visitar al Cristo, los peregrinos continuaban hasta el mar para completar su viaje. El baño en el océano, cambiar las ropas utilizadas durante el Camino, recoger una concha de vieira o contemplar la puesta de sol formaban parte de ese simbolismo de despedida.

    También se habla de la antigua costumbre de quemar las ropas del peregrino, como una manera de dejar atrás la vida anterior y regresar a casa como una persona renovada.

    La idea de este ritual era precisamente esa: después de llegar hasta el extremo del mundo conocido, dejar atrás el cansancio y todo aquello que se había vivido durante el camino para regresar a casa como una persona nueva.

    El Finis Terrae

    Fisterra se encuentra en plena Costa da Morte, una costa marcada por el Atlántico, los fuertes vientos, los acantilados y una larga historia de naufragios.

    Su nombre procede del latín Finis Terrae, «fin de la tierra», aunque la idea de que aquí terminaba el mundo conocido pertenece a las antiguas creencias y a la tradición que se fue construyendo alrededor de este extremo de Galicia.

    El lugar también está relacionado con antiguas leyendas sobre cultos solares. La tradición sitúa en la zona un antiguo altar dedicado al sol, conocido como Ara Solis, aunque la identificación histórica exacta de este lugar no está demostrada.

    Hoy, aunque sabemos perfectamente qué hay al otro lado del Atlántico, la sensación de estar ante el «fin del mundo» continúa siendo muy especial.

    El Faro de Finisterre

    El Faro de Fisterra se construyó en 1853 y forma parte de uno de los conjuntos de arquitectura farera más emblemáticos de Galicia. La torre, de planta octogonal y construida en cantería, mide 17 metros de altura, mientras que su luz se encuentra a unos 143 metros sobre el nivel del mar.

    Aunque actualmente Cabo Touriñán es el punto más occidental de la España peninsular, el cabo de Fisterra continúa siendo uno de los lugares más simbólicos de la Costa da Morte y, para los peregrinos, el final tradicional del Camino de Santiago hacia el Atlántico.

    Además, el entorno del faro está considerado el kilómetro 0 del Camino de Fisterra-Muxía, ese recorrido que prolonga la peregrinación más allá de Santiago.

    Para llegar hasta el faro podemos hacerlo andando desde Fisterra, ya que se encuentra a unos tres kilómetros del núcleo urbano, o acercarnos en coche.

    La carretera de subida ya merece la pena por sí misma. Va bordeando el mar y, a medida que ascendemos, aparecen diferentes miradores desde los que podemos contemplar el Atlántico, las pequeñas calas y el impresionante paisaje de la Costa da Morte.

    Cuando llegamos arriba encontramos una pequeña zona de aparcamiento. No tiene demasiada pérdida, ya que el faro es perfectamente visible y suele haber bastante movimiento de visitantes.

    La Torre, la Sirena y el Semáforo

    El conjunto del faro está formado por varios edificios con funciones diferentes.

    La Torre es la parte que alberga el faro propiamente dicho. Su luz tenía la misión de orientar a los barcos en una costa especialmente peligrosa.

    Junto a ella encontramos la Sirena, instalada en 1888 para ayudar a los navegantes durante los días de niebla, cuando la luz del faro podía resultar difícil de distinguir. Su sonido le ha dado uno de los nombres más curiosos de este lugar: «A Vaca de Fisterra», la Vaca de Fisterra.

    El tercer elemento es el Semáforo, construido en 1879 para transmitir señales a la marina. Actualmente ha sido rehabilitado como alojamiento rural.

    Desde este punto las vistas son magníficas. En los días despejados podemos contemplar la ría de Corcubión, el Monte Pindo, las islas Lobeira e incluso parte de la costa de Carnota. Frente a nosotros también aparece el islote de O Centolo, conocido por los numerosos peligros que históricamente representó para la navegación.

    Los símbolos del peregrino

    El entorno del faro está lleno de pequeños símbolos relacionados con el Camino.

    Uno de los más conocidos es la bota del peregrino, una escultura que recuerda a todos aquellos que han llegado caminando hasta este extremo de Galicia.

    También encontramos un cruceiro, otro de los elementos tradicionales de la cultura gallega, y diferentes recuerdos vinculados a los peregrinos que han llegado hasta aquí.

    Durante mucho tiempo, algunos peregrinos realizaban en esta zona su particular ritual de despedida del Camino: cambiaban o quemaban sus ropas y se acercaban al mar para completar simbólicamente su peregrinación. Actualmente, como decía antes, la quema de ropa o cualquier otro tipo de fuego no es una práctica que debamos realizar.

    Lo que sí podemos hacer es disfrutar del lugar, contemplar el océano y, sobre todo, entender el significado que este rincón ha tenido para miles de personas a lo largo del tiempo.

    Un lugar para cualquier época del año

    Creo que Fisterra es de esos lugares que merece la pena visitar en cualquier época del año.

    En verano encontramos más visitantes y podemos aprovechar para recorrer también las playas y calas de los alrededores. Primavera y otoño tienen un encanto especial, con menos gente y una luz preciosa sobre el Atlántico. Y en invierno, cuando el viento y el mar muestran toda la fuerza de la Costa da Morte, el paisaje puede resultar todavía más impresionante.

    Pero si hay algo que no deberíamos perdernos, siempre que el tiempo acompañe, es la puesta de sol.

    Ver cómo el sol desaparece lentamente detrás del Atlántico desde este lugar ayuda a comprender por qué durante siglos este cabo estuvo rodeado de leyendas y por qué tantos peregrinos decidieron continuar su camino desde Santiago hasta aquí.

    Fisterra no es simplemente el lugar donde acaba una ruta.

    Es un lugar de despedidas, de leyendas, de mar y de historia.

    Yo no he hecho el camino pero me han hablado mucho de su magia y las veces que he visitado este lugar me impregno de su entorno.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • PANTXINETA, pequeño dulce placer

    PANTXINETA, pequeño dulce placer

    La pantxineta es un postre tradicional de San Sebastián creado a principios del siglo XX en la pastelería Casa Otaegui. Su elaboración surgió bajo la influencia de la repostería francesa, adaptada a la gastronomía vasca, y actualmente se ha popularizado más allá de su origen.

    La receta clásica consiste en dos capas de hojaldre rellenas de crema pastelera y cubiertas con almendra picada. A diferencia de versiones que añaden manzana, la preparación tradicional mantiene solo el equilibrio de sus tres ingredientes principales y suele servirse templada.

    Hay postres que me gustan y luego están la pantxineta, el pastel vasco y el bollo de mantequilla. Estos tres juegan en otra liga para mí.

    De hecho, la pantxineta tiene un significado especial: ¡fue incluso uno de los postres que elegimos para nuestra boda! Así que ya os podéis imaginar que no podía faltar en este blog.

    Sencilla en apariencia, pero de esas cosas que cuando empiezas a comer dices «solo un poquito más»… y cuando te quieres dar cuenta, el plato está vacío.

    Y si además está ligeramente templada, mejor todavía.

    Un postre con nombre y apellido donostiarra

    Aunque actualmente la pantxineta se puede encontrar fuera del País Vasco y ya es bastante conocida en otras zonas de España, su origen es donostiarra.

    La creación se atribuye a Casa Otaegui, histórica pastelería de San Sebastián fundada en 1886.

    Las fuentes coinciden en situar el nacimiento de la pantxineta a comienzos del siglo XX, aunque no todas concretan exactamente el mismo año: algunas hablan de 1915 y otras sitúan su historia documentada en las décadas posteriores. Casa Otaegui

    Casa Otaegui continúa vinculando la creación a Emiliana Malcorra, viuda de Otaegui, y mantiene la receta original como uno de los secretos de la familia. La pastelería lleva cuatro generaciones elaborando dulces y la pantxineta sigue siendo una de sus señas de identidad.

    El establecimiento comenzó su andadura en 1886 y estuvo muy relacionado con la vida gastronómica de la Donostia de aquella época. La pastelería llegó incluso a ser proveedora de la Casa Real, en un momento en el que San Sebastián era uno de los destinos veraniegos preferidos de la realeza y la aristocracia.

    ¿De dónde salió la idea?

    La repostería donostiarra recibió una importante influencia francesa, algo bastante lógico teniendo en cuenta la cercanía geográfica y las relaciones que existían entre ambos territorios.

    Durante y después de la Primera Guerra Mundial llegaron a San Sebastián cocineros y profesionales de la restauración procedentes de otros países, entre ellos Francia, que terminaron trabajando en restaurantes y pastelerías de la ciudad.

    Esa influencia se nota especialmente en el uso de la almendra y las preparaciones de la repostería francesa, pero la combinación que conocemos hoy es propiamente donostiarra: dos capas de hojaldre, una crema pastelera suave en el interior y almendra picada y tostada por encima.

    Últimamente me he encontrado en algunos sitios con preparaciones denominadas pantxineta que se parecen más a un hojaldre de manzana o que incorporan manzana como protagonista.

    Puede estar bueno —eso no lo discuto—, pero para mí eso ya es otra cosa.

    Una pantxineta clásica es otra historia: el protagonista es el equilibrio entre el hojaldre, la crema pastelera y la almendra. La manzana no pinta nada en la receta tradicional.

    La receta que os dejo está basada es la que se prepara en mi familia.

    Ingredientes

    • 2 láminas de hojaldre
    • 600 ml de leche
    • 150 g de azúcar
    • 4 huevos y 1 yema
    • 3 cucharadas de maicena
    • 1 cucharada de nata líquida
    • 1 rama de canela
    • Corteza de limón
    • Almendra cruda picada

    También se puede añadir harina de almendra y un poco de licor de naranja a la crema. Pero es algo opcional.

    Preparación

    Empezamos preparando la crema pastelera.

    Reservamos un poco de la leche para disolver la maicena y removemos bien hasta que no queden grumos.

    En un cazo ponemos los huevos y el azúcar y batimos. Añadimos la leche, la mezcla de leche y maicena, la rama de canela y un trozo de corteza de limón.

    Cocinamos a fuego medio-bajo, removiendo continuamente hasta que la crema espese.

    Retiramos la canela y el limón y dejamos enfriar la crema. Para evitar que se forme una película en la superficie, podemos cubrirla con film transparente en contacto con la crema.

    Mientras tanto, preparamos el hojaldre.

    Colocamos una de las láminas sobre papel de horno y recortamos una tira de aproximadamente 1,5 cm de uno de los bordes. Pinchamos ligeramente la parte central con un tenedor.

    Mezclamos la yema con la nata y pintamos el borde del hojaldre. Colocamos encima la tira que hemos reservado y presionamos suavemente para que quede bien adherida.

    Rellenamos el centro con la crema pastelera, sin llegar hasta los bordes.

    Colocamos la segunda lámina de hojaldre encima y cerramos bien todo el contorno para que la crema no se escape.

    Pintamos la superficie con huevo y terminamos con una buena cantidad de almendra picada.

    Horneamos hasta que el hojaldre esté bien dorado y crujiente.

    Y aquí viene mi consejo: si podéis esperar, dejadla reposar un poquito, pero no demasiado. La pantxineta está especialmente buena templada.

    Mi pequeña debilidad donostiarra

    Puede que ahora la pantxineta haya traspasado las fronteras de Donostia y sea posible encontrarla en muchos lugares de España.

    Es un postre que no pretende ser complicado ni necesita una presentación espectacular. Es hojaldre, crema y almendra. Nada más.

    Y nada menos.

    Y si además tengo que elegir entre una pantxineta, un buen pastel vasco o un bollo de mantequilla… mejor no me hagáis elegir. Los tres tienen reservado un lugar especial en mi particular mapa gastronómico del País Vasco.

    Y sí, que la pantxineta estuviera también en nuestra boda seguramente deja bastante claro cuál es mi postura sobre este asunto.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • CASTILLO DE VIMIANZO, artesanía VIVA

    CASTILLO DE VIMIANZO, artesanía VIVA

    El Castillo de Vimianzo es una fortaleza medieval de acceso gratuito ubicada en Galicia. El recinto permite recorrer sus estancias históricas, subidas a las almenas y el campanario, ofreciendo información sobre el origen de la construcción y su relevancia en los antiguos conflictos feudales de la comarca.

    En la planta baja, el monumento alberga talleres en vivo de artesanía tradicional, donde se exhiben oficios como el encaje de bolillos, el telar, la cestería y la cerámica. Sus exteriores cuentan con jardines, un hórreo decorado y diversos elementos del patrimonio cultural local.

    Visita al Castillo de Vimianzo

    Nuestra visita al Castillo de Vimianzo fue una visita familiar y, la verdad, nos encontramos con un castillo mucho más interesante de lo que esperábamos. Se encuentra a las afueras del núcleo de Vimianzo, prácticamente en la entrada de la localidad. El acceso está señalizado y es muy fácil de encontrarlo.

    Llegamos en coche y dejamos el vehículo cerca, en la carretera. En nuestro caso no tuvimos ningún problema para aparcar y no se trata de una zona de estacionamiento de pago ni limitada por horas.

    Camino de piedra que conduce a la entrada de un castillo medieval con una torre del homenaje y almenas bajo un cielo azul.
    Entrada castillo

    El acceso al castillo es gratuito y puedes recorrer buena parte del recinto a tu aire, tanto por el exterior como por el interior.

    Un poco de historia del Castillo de Vimianzo

    El origen del castillo se sitúa entre finales del siglo XII y comienzos del XIII. Según la información histórica del Concello de Vimianzo, todo apunta a que la fortaleza original fue construida por los Mariño, después de que el rey Alfonso IX concediera a esta familia las parroquias de Vimianzo y Cambeda en 1220.

    La fortaleza que vemos actualmente no es exactamente aquella primera construcción.

    A lo largo de los siglos sufrió diferentes reformas, reconstrucciones y cambios de propietarios.

    La fortaleza fue además escenario de importantes conflictos entre la nobleza y la Iglesia compostelana.

    Precisamente para recordar aquellos acontecimientos se celebra cada año el conocido Asalto ao Castelo, una fiesta que convierte la fortaleza y sus alrededores en escenario de una recreación histórica. Los propios vecinos se suelen vestir con ropa medieval para recrear esas luchas medievales.

    En 1973 pasó a ser propiedad de la Diputación de A Coruña, que posteriormente lo restauró y acondicionó para su visita.

    El castillo y Vimianzo, una historia muy unida

    Desde el Castillo de Vimianzo se ejerció el gobierno de una extensa jurisdicción vinculada a los Moscoso de Altamira. Esta jurisdicción llegó a abarcar 37 parroquias y unos 357 km², incluyendo territorios de los actuales municipios de Vimianzo, Zas, Camariñas, Laxe, Cabana y parte de Muxía.

    Por eso el castillo forma parte de la propia historia del pueblo y de la comarca de Terra de Soneira.

    Me gusta especialmente que actualmente haya cambiado su función.

    Artesanía en directo dentro del castillo

    En la parte baja del castillo encontramos diferentes espacios donde se trabaja la artesanía en directo. No es simplemente una exposición de objetos terminados: puedes ver a las artesanas trabajando allí mismo.

    Una de las zonas que más nos llamó la atención fue la dedicada a las palilleiras.

    Allí trabaja la Asociación de Palilleiras As Nemanquiñas de Vimianzo, que mantiene viva la tradición del encaje de bolillos. La asociación lleva años vinculada a la recuperación y difusión de este oficio tradicional.

    Artesana trabajando en un telar de madera dentro del castillo, con bufandas y tejidos artesanales expuestos de fondo
    Telar

    Resulta curioso ver cómo trabajan con los pequeños palillos y los hilos para crear esos encajes tan delicados. Además, algunas de las piezas realizadas se pueden comprar, por lo que la visita también sirve para apoyar directamente este tipo de artesanía.

    También encontramos una zona con telares, donde recuerdo que había dos grandes telares en los que se trabajaba de manera artesanal.

    En otro espacio vimos trabajos con vidrio, incluso pequeñas piezas de joyería realizadas con muchísimo detalle. Nos comentaron que algunas de estas piezas pueden enviarse posteriormente a casa, algo muy práctico si encuentras alguna que te gusta pero no quieres cargar con ella durante el viaje.

    También había espacios dedicados a la cestería y al barro, de manera que el recorrido por la parte baja del castillo se convierte casi en un pequeño paseo por diferentes oficios tradicionales.

    La artesanía es, de hecho, una parte importante de la vida actual del castillo. El Concello organiza diferentes actividades y talleres a lo largo del año, con disciplinas como el encaje, el lino, la cestería, la cerámica, el vidrio o la artesanía en paja.

    En general, puedes hacer fotografías sin problema, aunque en algunas zonas concretas indican que no está permitido hacerlo, por lo que simplemente hay que respetar las indicaciones.

    Subir a las almenas

    Otra de las posibilidades que ofrece la visita es subir a las almenas, desde donde puedes contemplar el paisaje que rodea Vimianzo y tener una perspectiva diferente del pueblo.

    También se puede acceder al campanario. Recuerdo que allí había un gran mapa antiguo de la Costa da Morte, además de una máquina recreativa cuyo motivo no llegamos a saber.

    Al bajar las escaleras del campanario encontramos una exposición relacionada con el origen y la historia del castillo, que ayuda a comprender mejor todo lo que hemos ido viendo durante la visita.

    Eso sí, hay que tener en cuenta el acceso a las zonas superiores. Para llegar a las almenas hay que utilizar unas escaleras de piedra bastante altas o hacerlo por el campanario, donde las escaleras son de madera, estrechas y con bastante espacio entre los peldaños.

    Patio interior de un castillo medieval  con rampas de acceso, escaleras de piedra  y torre del Homenaje almenada.
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    Por eso, personalmente, no considero que la subida sea adecuada para personas con problemas de movilidad. La parte baja del castillo y el exterior son mucho más sencillos de recorrer, pero acceder a las zonas superiores requiere cierta facilidad para subir y bajar escaleras.

    El hórreo y los detalles del exterior

    En los alrededores del castillo encontramos árboles, un pequeño jardín, flores y diferentes elementos tradicionales.

    Uno de ellos fue un hórreo decorado con motivos que recuerdan a la tradición celta, algo que nos llamó la atención especialmente por encontrarnos en una zona de Galicia con una importante presencia de patrimonio de época castreña y prehistórica.

    También encontramos un cruceiro en el exterior, además de las zonas ajardinadas. Todo estaba muy limpio y cuidado durante nuestra visita.

    Nuestra visita en verano

    Nosotros fuimos en un día de verano, aunque tuvimos un tiempo bastante nuboso. No llegó a llover y tampoco hacía demasiado calor, así que nos pareció un día estupendo para recorrer tranquilamente el castillo.

    Además, tuvimos una pequeña sorpresa durante nuestra visita: nos encontramos con un equipo de televisión grabando en el patio del castillo. Fue una de esas situaciones curiosas que hacen que una visita quede todavía más en el recuerdo.

    En la entrada hay una pequeña tienda y también baños de acceso gratuito, con una pequeña rampa.

    Un castillo que sigue teniendo vida

    El Castillo de Vimianzo nos gustó precisamente porque no se siente como un monumento vacío.

    Aquí hay historia, pero también personas trabajando, artesanía, tradiciones y actividades. Es curioso pensar que unas paredes que durante siglos estuvieron relacionadas con señores feudales, conflictos y luchas por el poder sean hoy el escenario donde las palilleiras mantienen vivo un oficio tradicional y otros artesanos continúan trabajando con lino, barro, vidrio, cestería y otros materiales.

    Y creo que esa es una de las cosas que más nos gustaron de nuestra visita: el castillo sigue formando parte de la vida de Vimianzo.

    Nosotros disfrutamos mucho de la visita y, si estáis recorriendo esta parte de Galicia, creo que merece la pena hacer una parada y entrar a conocerlo.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • PLAYA DE CALDEBARCOS

    PLAYA DE CALDEBARCOS

    La playa de Caldebarcos, ubicada en el municipio de Carnota, destaca por su entorno natural preservado y su tradición marinera. Este espacio de la Costa da Morte alberga un valioso ecosistema de dunas y marismas que sirve de refugio a diversas especies de aves protegidas.

    Integrada en el arenal más extenso de Galicia, dispone de servicios básicos y zonas recreativas. El acceso con mascotas está regulado durante el verano, y se aconseja consultar el horario de mareas para transitar con seguridad por la desembocadura del río Vadebois.

    Playa de Caldebarcos

    La playa de Caldebarcos es una de esas playas que todavía conservan un aire bastante salvaje y natural. Se encuentra en el municipio de Carnota, en plena Costa da Morte, y forma parte del enorme sistema arenoso que se extiende por este tramo de costa.

    Es una playa tranquila, de arena blanca y fina, rodeada de dunas y con unas preciosas vistas hacia el Monte Pindo. Además, su entorno natural hace que la visita sea mucho más que un simple día de playa.

    En 2008 fue reconocida internacionalmente por la revista alemana Traum Strände como una de las cien mejores playas del mundo.

    Un poco de historia

    Caldebarcos está estrechamente ligado a la tradición marinera de Carnota. La parroquia de San Mamede, a la que pertenece este lugar, conserva numerosas construcciones relacionadas con la actividad pesquera y marítima.

    En el litoral de Caldebarcos todavía se pueden encontrar numerosas casetas de pescadores, utilizadas tradicionalmente para guardar aparejos y otros utensilios relacionados con el trabajo en el mar. El Concello de Carnota señala que se contabilizan más de treinta casetas bordeando este tramo de costa, algunas de ellas restauradas para poner en valor este patrimonio marinero.

    También existieron aquí fábricas de salazón del siglo XIX, construidas por empresarios catalanes para salar y conservar el pescado. La industria de la salazón tuvo una gran importancia en diferentes puntos de la costa de Carnota.

    Muy cerca de la desembocadura se conservan además los restos de la llamada Casa do Sal, un antiguo almacén relacionado con las mercancías que llegaban por mar. El propio nombre nos recuerda la importancia que tuvo la sal en la conservación y comercialización del pescado.

    A Boca do Río y el río Vadebois

    El nombre de esta zona está muy relacionado con la desembocadura del río Vadebois, conocida como A Boca do Río.

    Aquí el río se encuentra con el Atlántico y, dependiendo de la marea, el agua del mar entra en las marismas y lagunas y vuelve a salir cuando baja la marea. Este movimiento de agua genera fuertes corrientes, por lo que hay que tener especial precaución y no confiarse aunque el agua parezca tranquila.

    Desde esta zona tenemos además unas vistas magníficas del Monte Pindo y de todo el gran arco de arena de Carnota.

    Un espacio natural de gran valor

    Uno de los mayores atractivos de Caldebarcos es precisamente su entorno.

    Desde Punta dos Remedios hasta Punta de Caldebarcos encontramos diferentes ecosistemas: el arenal, las dunas, la zona intermareal y las marismas de Caldebarcos.

    Las dunas y marismas forman un espacio de gran riqueza ecológica, con lagunas y zonas húmedas donde encuentran alimento y refugio numerosas aves, especialmente aves migratorias y limícolas. En este entorno también se encuentra uno de los pocos lugares de Galicia donde nidifica el chorlitejo patinegro.

    Por eso, aunque nos apetezca caminar por todas partes, es importante respetar las zonas señalizadas y no atravesar las dunas fuera de los pasos habilitados.

    Una playa enorme

    El gran arenal de Carnota tiene aproximadamente 7 kilómetros de longitud y está considerado el más largo de Galicia. A lo largo de este gran arco arenoso recibe diferentes nombres según la zona, entre ellos Caldebarcos, San Mamede, Carnota, O Cancelo o Mar de Lira.

    La playa tiene forma de media luna y, cuando baja la marea, su extensión resulta realmente impresionante.

    En la zona encontramos servicios como duchas y lavapiés y, durante el verano, algunos establecimientos donde comprar bebidas y helados. También hay merenderos, parque infantil y zonas de aparcamiento.

    ¿Se puede ir con perros?

    Sí, pero hay que tener muy en cuenta la normativa municipal.

    En todo el municipio de Carnota, desde el 1 de junio hasta el 30 de septiembre, el acceso de animales domésticos a las playas está permitido únicamente entre las 22:00 y las 11:00 horas del día siguiente, siempre que se cumplan las condiciones reglamentarias.

    Por tanto, si vais con vuestro perro en verano, podéis disfrutar de la playa con él a primera hora de la mañana o por la noche, pero no durante las horas centrales del día.

    Fuera de ese periodo —del 1 de octubre al 31 de mayo— no se aplica esa restricción horaria estival, aunque debemos seguir cumpliendo las normas generales de convivencia, llevar al perro bajo control y recoger siempre sus necesidades.

    En una zona tan sensible ambientalmente como esta, además, merece la pena ser especialmente cuidadosos con los perros y evitar que entren en las zonas de dunas, marismas o espacios donde pueda haber aves.

    ¿Cuál es la mejor época para visitarla?

    Para disfrutar de la playa, finales de primavera y principios de otoño me parecen una época especialmente interesante: suele haber menos gente que en pleno verano y podemos disfrutar con más tranquilidad del paisaje.

    Si nuestra intención es bañarnos y aprovechar los servicios de temporada, el verano es lógicamente la época más apropiada, pero hay que tener presente que también encontraremos más visitantes y que, si vamos con perro, tendremos que respetar el horario establecido.

    Para caminar y conocer el entorno, elegiría un día de buen tiempo y, sobre todo, consultaría previamente las mareas.

    Un detalle muy importante: las mareas

    Aquí las mareas no son un detalle menor.

    Si queremos caminar por la zona de A Boca do Río o recorrer el entorno, debemos consultar el horario de las mareas antes de empezar. El propio Concello de Carnota advierte de que con marea alta resulta difícil transitar por algunos tramos, especialmente para cruzar A Boca do Río.

    Además, como ya he comentado, las corrientes en la desembocadura pueden ser fuertes debido al movimiento de una gran cantidad de agua. Así que no recomendaría bañarse en esta zona aunque aparentemente parezca tranquila.

    Mi consejo es disfrutar del paisaje, caminar por las zonas habilitadas y dejar la parte del baño para las zonas de playa adecuadas y vigiladas.

    Mi recomendación

    Si vais por esta zona de la Costa da Morte, yo reservaría un rato para acercarme a Caldebarcos y recorrer tranquilamente el entorno.

    La combinación de playa, dunas, marismas, río, tradición marinera y las vistas al Monte Pindo hace que sea un lugar muy especial.

    Y si tenéis tiempo, merece la pena acercarse hasta A Boca do Río con la marea adecuada. El paisaje cambia completamente según sube o baja el mar y es, sin duda, una de las imágenes más bonitas de este tramo de la costa gallega.

    Coordenadas GPS:
    42º 50′ 25.8″ N – 9º 06′ 29.1″ W

    Acceso:
    Saliendo de Carnota en dirección a Corcubión por la carretera C-550, aproximadamente a 15 kilómetros encontraremos un desvío a mano izquierda hacia Caldebarcos. La entrada puede pasar bastante desapercibida, así que conviene ir atentos.

    Y un último consejo: si vais en coche en temporada alta, no apuréis hasta el último momento para buscar aparcamiento y, sobre todo, respetad los espacios naturales. Estamos ante un ecosistema muy valioso y bastante frágil.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • BAJA LA MAREA y…🫪, la torre de una iglesia

    BAJA LA MAREA y…🫪, la torre de una iglesia

    La iglesia de Villanueva de las Rozas fue construida en el año 1890.

    Se encontraba en Villanueva de las Rozas (Las Rozas de Valdearroyo, Campoo, Cantabria). Ahora sólo queda su torre campanario.

    Villanueva  se encuentra a 905 metros de altitud sobre el nivel del mar, y a un kilómetro de la capital municipal, Las Rozas. 

    Cuando baja la marea del agua del Pantano del Ebro, se puede vislumbrar lo que queda de la iglesia, es decir su Torre Campanario.

    FORMA DE ACCESO CON EL COCHE PARTICULAR Y LUEGO ANDANDO:

    Debes llegar hasta el pueblo de Las Rozas de Valdearroyo (CA-730). 

    Si vienes desde Reinosa, tendrás que pasar el pueblo y casi al final hay una señalización que te indica que debes torcer a mano derecha.

    Actualmente se ha habilitado un puente de madera de unos 54 metros. Este puente da acceso al interior de la misma. Se asciende por una escalera de caracol.

    Esta habilitado un amplio aparcamiento desde el que sale el sendero que te lleva hasta la torre.

    El acceso es gratuito y seguro pero no hay servicios adaptados a personas de movilidad reducida.
    También se puede acceder a la arena y pasar por debajo del puente.

    Se puede acceder con perros.

    QUE OCURRIÓ

    El pantano del Ebro se llevó a cabo entre los años 1921 y 1945, inaugurándose en el año 1952. En 1946 quedaron inundados cuatro pueblos (Villanueva de las Rozas, Quintanilla, Medianedo y La Magdalena). Otros tantos fueron inundados parcialmente y reconstruidos en las orillas.

    En Villanueva de las Rozas solo quedó la torre de la iglesia.

    El pantano es como un gran lago que se extiende de este a oeste a lo largo de 22 Kilómetros. Su embalse es la mayor extensión de agua dulce de Cantabria y es el embalse más grande de España.

    Un 70% del mismo está en la zona sur de Cantabria y el 30% restante está en el norte de Burgos.

    El entorno de pantano del Ebro ha originado un ecosistema que se caracteriza por su variedad natural, y fue declarado Reserva Natural y Observatorio de Aves migratorias y Aves acuáticas.

    Link del centro ornitológico:https://turismodecantabria.com/lugar-interes/centro-ornitologicodel-embalse-del-ebro/

    Os recomiendo la ruta en coche desde Reinosa hasta Corconte bordeando todo el embalse y admirando su paisaje. En algunas zonas hay merenderos, playas, zonas para nadar, hacer acampada, montaña, diferentes deportes vinculados a la naturaleza… .

    Una de las localidades que bordean el embalse es Arija. Posee camping, merendero, playa .. .

    De la iglesia de Villanueva de las Rozas a Arija

    Link del camping playa de Arija: https://www.campingplayadearija.com

    Esta localidad esta ubicada en las Merindades (comarca burgalesa donde históricamente se origina Castilla.  Cuando las siete primigenias Merindades de Castilla la Vieja dieron lugar al primitivo condado castellano. Su capital es Villarcayo-Aquí veranea medio País Vasco 😉 sobre todo).

    Arija posee una playa fluvial que aprovecha el caudal del río Ebro, no tiene olas. La arena de su playa tiene 98-99 % de sílice y se suele exportar para materiales de construcción, cristalería… .

    En 1821 se decretó que formaba parte de Burgos y así ha sido hasta el día de hoy. Se divide en dos barrios: el de Arriba, de carácter tradicional; y el de Abajo, llamado Vilga, donde se edificó la fábrica Cristalería Española en 1906, que más tarde se trasladó a Avilés por no tener aquí acceso a la grava.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Riaño bajo la Lluvia: Un Viaje a la Memoria

    Riaño bajo la Lluvia: Un Viaje a la Memoria

    Riaño: un pueblo entre montañas y recuerdos

    Después de nuestra visita al Banco de Burón, continuamos nuestro camino hasta Riaño.

    El día seguía lluvioso y el cielo estaba cubierto, algo que, aunque podía parecer poco apropiado para disfrutar de un paisaje de montaña, terminó dándole a Riaño una atmósfera especial.

    Llegamos hasta la zona del camping y dejamos el coche en el aparcamiento situado justo a la entrada, sin necesidad de entrar en las instalaciones. Es una zona bastante amplia y allí mismo hay un pequeño bar.

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    Desde este punto comenzamos nuestro recorrido a pie. Una pista serpenteante se adentra por la montaña y, según el camino que tomemos, nos lleva hacia algunos de los lugares más conocidos de Riaño.

    Nosotros nos dirigimos hacia el famoso columpio y después hacia el corazón, dos de los rincones que actualmente atraen a muchos visitantes.

    Riaño es mucho más que el bonito escenario que vemos hoy.

    El Riaño que desapareció bajo las aguas

    El actual Riaño no ocupa exactamente el mismo lugar que el antiguo pueblo. La historia reciente de la localidad está marcada por la construcción del embalse.

    El proyecto del embalse llevaba décadas planteándose y finalmente las obras comenzaron en 1965.

    El proceso estuvo acompañado durante años por expropiaciones, conflictos y una fuerte oposición de los habitantes del valle. Finalmente, en 1987, el antiguo Riaño y otros pueblos de la zona fueron demolidos y quedaron bajo las aguas del embalse.

    En total, nueve localidades quedaron afectadas: Riaño, Anciles, Salio, Huelde, Éscaro, La Puerta, Pedrosa del Rey, Burón y Vegacerneja, esta última parcialmente. El cierre del embalse se produjo el 31 de diciembre de 1987.

    El nuevo Riaño fue construido para acoger a buena parte de la población desplazada.

    Y aquí está una de las peculiaridades que más nos ayudan a comprender lo que estamos viendo: algunos de los edificios históricos de aquellos pueblos no desaparecieron bajo el agua, sino que fueron trasladados piedra a piedra al nuevo emplazamiento.

    Por eso, cuando paseamos hoy por Riaño, encontramos elementos que pertenecían a aquellos pueblos desaparecidos.

    Un paseo por la memoria

    Uno de ellos es la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, procedente de La Puerta. Fue trasladada piedra a piedra y su cabecera corresponde a los siglos XIII-XIV.

    También encontramos la iglesia de San Martín de Pedrosa del Rey, trasladada al nuevo Riaño. Es uno de los testimonios que permiten imaginar el patrimonio que existía en aquellos pueblos antes de que el agua transformara para siempre el valle.

    El Ayuntamiento de Riaño conserva además un mapa turístico en el que aparecen varios de los lugares que podemos visitar actualmente: el Museo Etnográfico, la iglesia románica, el Paseo del Recuerdo, el puerto donde salen los barcos turísticos, el banco, el mirador del Alto de Valcayo y el acceso al columpio.

    Precisamente el Paseo del Recuerdo es una visita especialmente interesante para comprender esta historia.

    Es una manera de acercarse a la memoria de aquellos pueblos y de sus habitantes, algo que adquiere todavía más significado cuando sabemos que bajo las aguas del embalse quedaron sus antiguas casas, calles y paisajes.

    También merece una visita el Museo Etnográfico de Riaño, donde se conserva y explica parte de la cultura, las tradiciones y la forma de vida de la montaña.

    Por eso, aunque nuestra visita se centró sobre todo en los paisajes y miradores, creemos que conocer esta parte de la historia cambia la manera de mirar Riaño.

    Los llamados Fiordos Leoneses

    Y entonces llegamos a una de las imágenes más espectaculares de la zona: el embalse de Riaño.

    A los paisajes que rodean sus aguas se les conoce popularmente como Fiordos Leoneses.

    Evidentemente, no son fiordos en sentido geológico ni tienen origen marino como los noruegos. Su aspecto se debe a la combinación de las montañas y los profundos valles que quedaron inundados tras la construcción del embalse.

    El resultado es un paisaje muy peculiar: el agua penetra entre las montañas, creando brazos y ensenadas rodeados de paredes y cumbres calizas. Desde los diferentes miradores se entiende perfectamente por qué este lugar ha recibido ese sobrenombre.

    Y hay una paradoja difícil de ignorar: el mismo embalse que creó este paisaje tan espectacular fue también el que hizo desaparecer los pueblos del antiguo valle.

    Quizá por eso contemplarlo produce sensaciones contradictorias. Es precioso, sí, pero cuando conoces lo que hay bajo esas aguas, el paisaje adquiere otra dimensión.

    El columpio gigante de Riaño

    Uno de nuestros objetivos era llegar hasta el famoso columpio.

    Desde la zona del camping seguimos la pista hasta alcanzar el entorno del mirador de Las Hazas.

    El recorrido no nos resultó especialmente complicado, aunque sí encontramos algunas zonas pedregosas y, al estar lloviendo, el terreno estaba húmedo y resbaladizo.

    Por eso, si el día está como el nuestro, recomiendo llevar buen calzado y, especialmente para quienes tengan menos seguridad caminando por terreno irregular, un bastón de montaña puede venir muy bien.

    El columpio es uno de los grandes atractivos turísticos actuales de Riaño y está considerado el columpio más grande de España.

    Su tamaño y, sobre todo, su ubicación hacen que la experiencia sea bastante peculiar: al sentarse y comenzar a balancearse, parece que uno va a salir directamente hacia el embalse y las montañas.

    Junto al columpio hay también un banco de madera desde el que simplemente podemos sentarnos y disfrutar del paisaje.

    Adjunto un vídeo de mi perfil:

    https://youtu.be/SkOu9M7Bo_k?is=-8k_CQfpe5U-sHll

    Eso sí, si vais en temporada alta, hay que tener paciencia.

    Nosotros encontramos bastante gente y tuvimos que guardar cola para poder subir al columpio.

    Es uno de esos lugares que se han convertido en auténticos protagonistas de las fotografías de Riaño y, lógicamente, muchos visitantes quieren llevarse su recuerdo.

    El corazón con Riaño a nuestros pies

    Continuamos después hacia otro de los rincones más fotografiados: el corazón.

    También encontramos bastante gente y tuvimos que esperar nuestro turno. La razón es sencilla: desde allí se consigue una bonita fotografía con el corazón en primer plano y, detrás, el pueblo de Riaño, el embalse y las montañas.

    Puede parecer un detalle menor, pero para nosotros forma parte de la experiencia. Riaño es un pueblo pequeño, pero durante los meses de verano recibe muchos visitantes y sus lugares más conocidos pueden estar bastante concurridos.

    Riaño bajo la lluvia

    Nosotros lo conocimos en agosto y, sin embargo, el día estaba gris, húmedo y lluvioso.

    Las nubes cubrían parcialmente las montañas y el paisaje era muy diferente al de esas fotografías de cielos azules y aguas completamente despejadas que solemos encontrar cuando buscamos información sobre Riaño.

    Pero tenía su propio encanto.

    La humedad hacía que las montañas parecieran todavía más misteriosas y las nubes envolvían los picos creando una sensación casi irreal. Desde el mirador podíamos contemplar el pequeño pueblo, el embalse, el puente de San Glorio y las montañas que se extienden alrededor.

    Y aunque no disfrutamos de un día perfecto de verano, para nosotros Riaño no perdió ni un poco de su esencia.

    Al contrario.

    Quizá aquel paisaje nublado y silencioso era una forma diferente de descubrirlo.

    ¿Qué más podemos ver en Riaño?

    Podemos recorrer el Paseo del Recuerdo, visitar la zona del puerto y realizar un paseo en barco por el embalse.

    El barco ofrece una perspectiva completamente diferente de los llamados Fiordos Leoneses y permite adentrarse entre las montañas y observar desde el agua un paisaje que desde tierra no podemos apreciar de la misma manera.

    Las rutas duran aproximadamente una hora y permiten descubrir también la fauna y los bosques que rodean el embalse.

    Para quienes disfrutan del senderismo, Riaño también es punto de partida de diferentes rutas de montaña, entre ellas la subida al Pico Gilbo, una de las cumbres más reconocibles de la zona.

    El territorio forma parte del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, un espacio protegido de gran riqueza paisajística y natural.

    Y si simplemente queremos pasear sin hacer una ruta exigente, podemos disfrutar de sus calles, plazas y miradores y acercarnos al embalse.

    Mi impresión

    Riaño me pareció uno de esos lugares que son mucho más que una fotografía bonita.

    Llegamos buscando sus miradores, el columpio y las famosas vistas de los Fiordos Leoneses, pero descubrir la historia que existe detrás del paisaje hace que la visita se vea con otros ojos.

    Hoy vemos un pequeño pueblo rodeado de montañas y agua, pero bajo ese embalse existe la memoria de todo un valle.

    Y quizá esa sea precisamente la

    Nosotros lo vimos bajo la lluvia, con las nubes cubriendo los picos y haciendo cola para subir al columpio y fotografiarnos en el corazón. Y aun así, o quizá precisamente por eso, me llevé la sensación de haber descubierto un lugar especial.

    Un pequeño rincón de León que parece sacado de un cuento, pero cuya belleza esconde una historia que merece ser conocida.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Castro de Baroña, Historia gallega al lado del mar

    Castro de Baroña, Historia gallega al lado del mar

    Castro de Baroña: historia frente al Atlántico

    Durante una de nuestras escapadas por Galicia decidimos acercarnos hasta el Castro de Baroña, y tengo que reconocer que es uno de esos lugares que me sorprendieron no solo por su historia, sino también por el sitio tan espectacular en el que se encuentra.

    El Castro de Baroña es un antiguo asentamiento de la Edad del Hierro, situado en la parroquia de Baroña, perteneciente al municipio de Porto do Son, en A Coruña. Estuvo habitado aproximadamente entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C.

    Y lo primero que llama la atención es precisamente su ubicación: el castro está construido sobre una pequeña península rocosa que se adentra en el Atlántico. Historia y naturaleza juntas en un escenario realmente impresionante.

    Coordenadas GPS:
    42º 41′ 38.9″ N – 9º 01′ 53.9″ W

    Cómo llegar al Castro de Baroña

    Para llegar hasta él hay que dejar el coche en las inmediaciones de la carretera, junto al área donde se encuentra la caseta de información. Allí podemos encontrar folletos y obtener información sobre el castro y otros lugares de interés de la zona.

    Desde allí el resto del recorrido se hace a pie.

    El camino está señalizado con postes de madera y atraviesa una pequeña zona boscosa. Nosotros simplemente fuimos siguiendo las indicaciones y, poco a poco, empezamos a ver aparecer el mar entre los árboles.

    Es un recorrido corto, de aproximadamente 500 metros desde la carretera, y enseguida llegamos a la península donde se encuentra el castro.

    Al lado está la playa de Arealonga, conocida además por ser una playa de tradición nudista.

    ¿Es una ruta fácil?

    Realmente no hablaría de una ruta de senderismo como tal, sino de un paseo corto hasta el yacimiento.

    El acceso no tiene demasiada dificultad y nosotros lo hicimos sin problemas, pero una vez dentro del castro hay que tener algo más de cuidado porque el terreno es irregular, con piedras, desniveles y escaleras.

    Mi recomendación es sencilla: calzado cómodo y caminar sin prisas. No hace falta estar especialmente preparado físicamente para hacer la visita, pero tampoco es un recorrido completamente llano.

    Si vais con vuestro perro, también podéis hacer el camino juntos, siempre llevándolo controlado y prestando especial atención en las zonas próximas al mar y a los desniveles.

    Un pueblo junto al mar

    Una vez que llegamos al castro, la primera impresión fue espectacular.

    No es difícil entender por qué sus habitantes eligieron este lugar para asentarse. El mar está presente prácticamente en todo momento y las vistas son preciosas.

    Según han permitido conocer las excavaciones arqueológicas, sus habitantes tenían una importante relación con el mar y los recursos que les proporcionaba, aunque también desarrollaban otras actividades.

    El asentamiento llegó a contar con alrededor de veinte construcciones, además de su entrada, escaleras, una muralla y un foso defensivo.

    La muralla y el foso tenían una función claramente defensiva y protegían el asentamiento de posibles ataques. Al observar hoy los restos, resulta curioso imaginar cómo debía ser la vida aquí hace más de dos mil años.

    Pero el lugar también tenía un inconveniente importante: no existía una fuente de agua dulce dentro del castro. Tampoco se han encontrado evidencias claras de sistemas de almacenamiento de agua, por lo que sus habitantes dependían de los recursos disponibles en el exterior.

    También trabajaban los metales

    Las excavaciones han permitido descubrir que la vida de sus habitantes no estaba únicamente relacionada con el mar.

    En la zona norte del castro se ha localizado un horno vinculado a actividades metalúrgicas, que permite conocer que aquí también se trabajaban diferentes metales.

    Los restos arqueológicos apuntan al trabajo del bronce y del hierro, además de evidencias relacionadas con otros metales como el oro.

    Esto nos ayuda a hacernos una idea de que aquel asentamiento era mucho más que un pequeño poblado junto al mar. Existían diferentes actividades relacionadas con la supervivencia, la artesanía y el aprovechamiento de los recursos del entorno.

    Nuestra visita

    Nos gustó mucho poder recorrer el castro tranquilamente y descubrir sus diferentes estructuras mientras teníamos el Atlántico justo delante de nosotros.

    Creo que esa es precisamente una de las cosas que hacen especial este lugar. Puedes estar caminando entre restos arqueológicos de hace más de dos mil años y, al mismo tiempo, escuchar el sonido de las olas y contemplar cómo el agua golpea contra las rocas.

    Es de esos sitios en los que apetece parar un momento y simplemente mirar.

    Además, la visita es gratuita y al aire libre, así que podemos recorrer el yacimiento a nuestro ritmo. No es necesario dedicarle una jornada completa, por lo que resulta perfecto para incluirlo dentro de una ruta por la costa de A Coruña.

    ¿Cuál es el mejor momento para visitarlo?

    Nosotros lo disfrutamos mucho, pero si tuviera que recomendar una época para conocerlo elegiría primavera o principios de otoño, cuando podemos encontrar menos visitantes y unas temperaturas más agradables.

    En verano también merece muchísimo la pena, sobre todo si queremos aprovechar para conocer la costa y sus playas, aunque es cuando más afluencia de visitantes recibe.

    Si vais en julio o agosto, yo intentaría ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde. Tendréis más tranquilidad y, además, la luz sobre el Atlántico puede hacer que el paisaje sea todavía más bonito.

    Eso sí, hay algo que yo tendría en cuenta: al estar tan expuesto al mar, el tiempo puede cambiar y el viento puede ser bastante fuerte, así que antes de ir conviene echar un vistazo a la previsión meteorológica.

    Una visita que recomiendo

    El Castro de Baroña fue una de esas visitas que disfrutamos especialmente porque reúne varias de las cosas que más me gustan cuando viajamos: historia, naturaleza, mar y un paisaje espectacular.

    Y aunque el recorrido hasta llegar al castro es corto, la sensación al aparecer ante nosotros las antiguas construcciones con el Atlántico como telón de fondo hace que merezca totalmente la pena.

    Si estáis haciendo una ruta por la costa gallega, yo lo incluiría sin dudarlo.

    Porque hay lugares que visitas para conocer su historia y otros que, además, se quedan en la memoria por cómo te hicieron sentir.

    Para mí, el Castro de Baroña es de los segundos.

    Gracias por leerme.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • ACANTILADOS DE PUNTA GALEA

    ACANTILADOS DE PUNTA GALEA

    El Paseo de La Galea en Getxo es un recorrido costero acondicionado que conecta Algorta con Aizkorri a lo largo de los acantilados. Entre sus puntos de interés destacan el histórico Molino de Aixerrota, las ruinas del Fuerte de La Galea, el faro actual y diversos miradores panorámicos.

    El camino está totalmente pavimentado y es apto para peatones y ciclistas. La zona alberga eventos como el Concurso Internacional de Paellas y pruebas de surf. Cuenta con medidas de seguridad junto a los acantilados, aparcamientos, servicios públicos y normas específicas para el acceso con perros.

    El Paseo de La Galea, en Getxo, es uno de esos lugares en los que podemos combinar un paseo tranquilo junto al mar con naturaleza, historia y unas vistas espectaculares de la costa vasca.

    El recorrido comunica Algorta con Aizkorri, bordeando los acantilados de La Galea y pasando por algunos de los lugares más conocidos de esta zona.

    ¿Cómo llegar al Paseo de La Galea?

    Podemos llegar fácilmente en coche, autobús o metro. Si utilizamos el metro, una de las opciones es bajarnos en Bidezabal, desde donde podemos dirigirnos hacia La Galea.

    Si vais en coche, mi recomendación es aparcar en el parking de Punta Galea, después de pasar el Molino de Aixerrota. De esta manera podemos dejar el coche y comenzar el paseo cómodamente.

    No tiene pérdida. Tanto si utilizamos el GPS como si nos fijamos en las señales de tráfico, encontraremos indicaciones hacia La Galea. Es un paseo muy conocido y frecuentado.

    Además, a la altura del Molino de Aixerrota hay dos baños automáticos de uso gratuito, algo que siempre viene bien cuando vamos a pasar unas horas por la zona.

    Actualmente, el recorrido está acondicionado con pavimento de cemento, por lo que resulta bastante cómodo para caminar. También es habitual encontrarnos con personas corriendo o paseando en bicicleta.

    El Molino de Aixerrota

    El Molino de Aixerrota fue construido en 1726 y se encuentra situado sobre los acantilados de La Galea. Actualmente es uno de los símbolos más reconocibles de Getxo.

    El nombre Aixerrota procede del euskera y significa literalmente “molino de viento”.

    El interior del molino fue restaurado y durante un tiempo se utilizó como espacio para una pequeña galería de arte local. La entrada es gratuita.

    Junto al molino hubo durante años un restaurante que, como tantos otros establecimientos, no pudo superar las dificultades que llegaron con la pandemia de COVID-19. Una pena, porque la ubicación era privilegiada.

    Concurso Internacional de Paellas de Aixerrota

    Si visitáis la zona alrededor del 25 de julio, coincidiendo con las fiestas de Santiago, podéis encontraros con uno de los acontecimientos gastronómicos más conocidos de Getxo: el Concurso Internacional de Paellas de Aixerrota.

    Este concurso comenzó en 1956. En sus primeras ediciones se celebraba en las campas de Aizkorri, pero posteriormente, con la reforma de la zona y la construcción de un aparcamiento, pasó a celebrarse en Aixerrota.

    Lo que comenzó como un concurso de participación local fue adquiriendo cada vez mayor popularidad hasta convertirse en un acontecimiento de carácter internacional.

    Si queréis conocer su historia con más detalle, podéis consultar este artículo de GetxoSari: Historia del Concurso de Paellas de Aixerrota.

    Un paseo para disfrutar del mar

    El Paseo de La Galea está acondicionado y es muy frecuentado por personas de todas las edades. Actualmente, todo el recorrido está pavimentado con cemento, por lo que podemos caminar cómodamente.

    No es extraño encontrarnos con gente haciendo deporte, corriendo, paseando o utilizando la bicicleta.

    A lo largo del recorrido tenemos zonas verdes, bancos y papeleras, además de numerosos puntos desde los que contemplar el Cantábrico.

    ¿Se puede ir con perros?

    Sí, aunque hay que tener en cuenta la normativa y las zonas concretas en las que pueden ir sueltos.

    En determinadas zonas, los perros pueden estar sueltos desde las 16:00 hasta las 11:00 horas. Fuera de esos horarios deberán ir sujetos.

    En el caso de los perros considerados potencialmente peligrosos, deben ir siempre atados y cumplir las condiciones establecidas para este tipo de animales.

    Por tanto, si vais con vuestro perro, lo mejor es fijarse en la señalización de cada zona y respetar las restricciones existentes.

    El Fuerte de La Galea

    Continuando el recorrido llegamos a la zona del Fuerte de La Galea, también conocido como Castillo del Príncipe.

    Fue construido en 1742 y actualmente se encuentra en ruinas. Formaba parte del sistema defensivo de la Bahía del Abra, junto con las baterías situadas en la zona de Zierbena.

    Curiosamente, nunca llegó a tener un uso militar continuado y en 1782 fue reconvertido en faro.

    A lo largo de su historia sufrió diferentes ataques y destrucciones, aunque también fue reconstruido en varias ocasiones. En 1947, el Ministerio de Defensa cedió el fuerte al Ayuntamiento de Getxo.

    Actualmente podemos contemplar los restos de sus muros, el foso y las 14 troneras destinadas a los cañones. En su interior llegó a contar con almacenes, polvorines, dependencias para la tropa y otras construcciones propias de una fortificación militar.

    Los bunkers de La Galea

    Por esta zona también podemos encontrar diferentes restos de antiguas construcciones defensivas y bunkers.

    Eso sí, hay que tener en cuenta que muchos de estos restos se encuentran actualmente dentro de los terrenos del campo de golf, por lo que no todos son accesibles desde el paseo.

    Además, la zona ha ido incorporando diferentes medidas de protección para evitar accidentes.

    Seguridad en los acantilados

    Los acantilados de La Galea son uno de los grandes atractivos del paseo, pero precisamente por eso debemos ser prudentes.

    Con el paso del tiempo se han instalado vallas y elementos de protección en diferentes puntos del recorrido, especialmente en las zonas más próximas al borde, para evitar que alguien pueda caer al mar.

    Esto ha cambiado bastante la percepción del paseo respecto a años atrás, cuando había puntos en los que algunas personas se acercaban demasiado al borde para hacerse fotografías.

    Aunque las vallas nos permiten disfrutar del paisaje con mayor seguridad, debemos respetarlas y evitar sobrepasarlas.

    Mirador Oeste de Punta Galea

    Continuamos caminando y llegamos al Mirador Oeste de Punta Galea.

    Desde aquí tenemos unas magníficas vistas del Abra, la entrada marítima al puerto de Bilbao.

    Al otro lado podemos distinguir el monte Serantes, las instalaciones portuarias, la zona de descarga de petroleros y diferentes localidades como Zierbena y Santurtzi.

    Esta zona también es conocida por el surf y, cuando las condiciones del mar lo permiten, aquí se celebra la Punta Galea Challenge, una prueba de surf de olas grandes.

    Para su celebración tienen que darse unas condiciones muy concretas, con oleaje fuerte y consistente y olas que pueden alcanzar varios metros de altura.

    El Faro de Punta Galea

    Seguimos caminando y encontramos el Faro de Punta Galea, gestionado por la Autoridad Portuaria de Bilbao.

    Esta zona ha contado con tres faros diferentes a lo largo de la historia.

    El primero se construyó en 1850, aprovechando las ruinas del antiguo fuerte. El segundo se levantó en 1905 y fue electrificado en 1933.

    El faro actual data de 1950. Su construcción fue necesaria después de detectarse movimientos y desprendimientos en el anterior. Por este motivo, el nuevo edificio se situó unos 180 metros más atrás.

    En 2016 se llegó a sacar a concurso la posibilidad de utilizar el faro como establecimiento de restauración, aunque finalmente el concurso quedó desierto.

    Los miradores de Punta Galea

    Continuamos nuestro paseo y encontramos primero el Mirador del Espigón de Punta Galea.

    Un poco más adelante llegamos al Mirador Norte de Punta Galea, desde donde seguimos disfrutando de las vistas abiertas al Cantábrico y de los acantilados.

    Es una zona perfecta para detenernos un rato, respirar aire marino y disfrutar del paisaje.

    Llegamos a Aizkorri

    Seguimos caminando junto a la costa hasta llegar a Aizkorri.

    Un poco antes, a nuestra derecha, encontramos el parking de las Piscinas de La Galea. En este punto termina propiamente el Paseo de La Galea y comienza el Paseo de Aizkorri.

    Si todavía tenemos ganas de caminar, podemos continuar por este segundo recorrido y alargar nuestra excursión.

    Mi recomendación

    Si vais a hacer este paseo, yo elegiría el parking de Punta Galea, después del Molino de Aixerrota, como punto de partida.

    Es un recorrido para tomárselo con calma, disfrutando de las vistas y haciendo paradas en los diferentes miradores. Además, al estar actualmente todo el paseo acondicionado con cemento, podemos recorrerlo andando, corriendo o incluso en bicicleta.

    Y aunque las vallas han cambiado algunos de los puntos de acceso al borde de los acantilados, creo que es algo positivo: podemos seguir disfrutando de este paisaje espectacular sin necesidad de asumir riesgos innecesarios.

    Si os gusta el mar, la historia y los paseos con buenas vistas, La Galea es un lugar que merece la pena conocer.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘