Categoría: GASTRONOMÍA

  • MI RUTA DE PINTXOS POR DONOSTIA

    MI RUTA DE PINTXOS POR DONOSTIA

    Los pintxos representan una tradición gastronómica emblemática de Donostia, caracterizada por la costumbre de recorrer distintos bares para degustar pequeñas elaboraciones locales. Esta práctica combina la variedad culinaria, desde recetas tradicionales hasta cocina en miniatura, con el ambiente social de la ciudad.

    Zonas como la Parte Vieja y el barrio de Gros albergan establecimientos emblemáticos con especialidades únicas, como las anchoas, la tarta de queso o la clásica gilda. Realizar rutas por estos locales permite explorar diferentes sabores mientras se recorren distintos puntos de la ciudad.

    Donostia, o Donosti, como solemos decir quienes somos del País Vasco, tiene una enorme fama gastronómica y es conocida internacionalmente por su cocina.

    Y si hay algo que forma parte de la identidad gastronómica de la ciudad son los pintxos.

    Salir de pintxos es toda una tradición: recorrer diferentes bares, pedir pequeñas elaboraciones y disfrutar de propuestas muy distintas en cada establecimiento. No se trata simplemente de comer, sino también de pasear, descubrir rincones y disfrutar del ambiente de la ciudad.

    ¿Qué es un pintxo?

    A veces se compara el pintxo con una tapa o con un montadito, pero tiene su propia identidad dentro de la gastronomía vasca.

    Puede tratarse de una elaboración sencilla sobre una rebanada de pan o de una pequeña creación gastronómica mucho más elaborada. En Donostia encontramos desde propuestas tradicionales hasta auténtica cocina en miniatura.

    Además, una de las cosas que más me gusta de esta forma de comer es que no tienes que quedarte en un único sitio. Puedes probar un pintxo, continuar caminando y entrar después en otro bar para descubrir otra especialidad.

    Algunos bares de pintxos que he probado en Donostia

    La siguiente relación recoge algunos de los lugares que yo he visitado. No son los únicos ni pretendo hacer un ranking de los mejores. Donostia tiene muchísimos establecimientos donde disfrutar de pintxos y cada persona tendrá sus propios favoritos.

    Baztan Bar Restaurante

    Se encuentra en pleno casco viejo, en Portu Kalea, 8.

    Actualmente continúa abierto y su propia web lo presenta como un bar de pintxos y restaurante situado en el corazón de la Parte Vieja. Cuenta con una amplia barra de pintxos y también con carta de platos y raciones.

    Web oficial de Baztan Bar Restaurante

    Es un local pequeño, pero ya desde la barra llama la atención la variedad de elaboraciones.

    De los que probé, destacaría el pintxo de bacalao al ajoarriero, el gazpacho casero con virutas de jamón ibérico y el cochifrito.

    Bar Txepetxa

    Este es uno de los clásicos de la Parte Vieja donostiarra y lleva vinculado a la ciudad desde 1925.

    Aquí hay una pequeña actualización respecto a la información que tenía originalmente: actualmente su web oficial sitúa el establecimiento en Pescadería Kalea, 5, por lo que conviene sustituir la antigua dirección de Arrandegi Kalea que aparecía en mi información anterior. El establecimiento continúa abierto y especializado en sus conocidos pintxos de anchoa.

    Web oficial de Bar Txepetxa

    Sus ingredientes estrella son las anchoas y los boquerones, con diferentes elaboraciones.

    Yo probé el pintxo de erizo. Me pareció un sabor un poco fuerte, pero también interesante, especialmente si os gustan los sabores marineros.

    Restaurante Bergara

    Nos vamos hasta el barrio de Gros, cerca del Kursaal, concretamente a General Artetxe, 8.

    El Bar Bergara continúa abierto y mantiene su conocida oferta de pintxos de autor, tanto fríos como calientes. Su ubicación y dirección actuales siguen coincidiendo con las que tenía en mi información anterior.

    Web oficial de Bergara

    De los que probé, recomiendo especialmente el gratinado de pisto con hongos, salsa mousselina de ajo y virutas de ibérico, el chupito de txangurro y el pintxo donostiarra, elaborado con bonito, guindilla y una pequeña antxoa.

    Bodega Donostiarra Gros

    En el barrio de Gros, concretamente en Peña y Goñi, 13, encontramos la Bodega Donostiarra.

    Y también podemos confirmar que continúa abierta. Su página oficial mantiene actualmente esta dirección y ofrece incluso servicio de pedidos para recoger y a domicilio.

    Web oficial de Bodega Donostiarra

    Aquí destacaría especialmente sus pintxos con piperrak.

    Entre ellos está el conocido Indurain, que se ha convertido en una de esas elaboraciones que llaman la atención cuando haces una ruta de pintxos por Gros.

    Gandarias

    En plena Parte Vieja, en 31 de Agosto, 23, se encuentra Gandarias.

    Continúa abierto y mantiene una amplia barra de pintxos, además de una carta centrada en carnes, pescados e ibéricos. La información turística oficial de Euskadi también confirma actualmente el establecimiento y su dirección.

    Web oficial de Gandarias

    De los que yo probé, destacaría el pintxo de solomillo, las croquetas de hongos y las almejas a la marinera.

    Ganbara

    En San Jerónimo, 21, también en la Parte Vieja, encontramos Ganbara.

    Otro clásico de Donostia que continúa abierto. Su propia web confirma actualmente la dirección y señala que las reservas se realizan para el comedor, mientras que en la barra no se reserva.

    Web oficial de Ganbara

    Es especialmente conocido por sus pintxos y por el protagonismo de los hongos y las setas de temporada. La Guía Michelin también lo recoge actualmente como un establecimiento tradicional de referencia en la Parte Vieja.

    De mi visita destacaría la tartaleta de txangurro, el hojaldre de txistorra y el revuelto de hongos.

    La Viña

    En la calle 31 de Agosto, 3, encontramos otro de los locales más conocidos de Donostia.

    Y aquí también podemos confirmar que continúa abierto. Su web oficial mantiene actualmente la dirección y el horario de martes a domingo, con descanso semanal los lunes.

    Web oficial de La Viña

    La Viña abrió sus puertas en 1959 y actualmente es conocida internacionalmente, sobre todo, por su famosa tarta de queso.

    Yo destacaría precisamente la tarta de queso crema.

    La receta fue creada por Santiago Rivera en La Viña en 1990 y con el paso de los años se convirtió en uno de los grandes iconos gastronómicos de Donostia. La propia casa continúa elaborándola actualmente en su obrador y vendiéndola en el establecimiento.

    Casa Vallés

    Terminamos esta pequeña selección en Casa Vallés, en Reyes Católicos, 10.

    También continúa abierto. Su página oficial confirma actualmente tanto la dirección como los horarios y, además, mantiene como uno de sus grandes protagonistas a la gilda.

    Web oficial de Casa Vallés

    Casa Vallés abrió en 1942 y la propia historia del establecimiento atribuye a este bar la creación de la gilda.

    Según explican, en aquella época se vendían por separado las aceitunas, las anchoas y las guindillas, hasta que decidieron unirlas con un palillo. Así nació uno de los pintxos más reconocibles de Donostia.

    Una ruta de pintxos por Donostia

    Como podéis comprobar, hay muchísimas posibilidades para disfrutar de los pintxos en Donostia.

    Y precisamente esa es una de las cosas que más me gusta: no tienes que elegir un único restaurante.

    Puedes comenzar en la Parte Vieja, probar un pintxo y continuar caminando hasta otro establecimiento. Otro día puedes cambiar de zona y acercarte a Gros, donde también encontramos lugares con una larga tradición gastronómica.

    Esta lista recoge únicamente mis experiencias personales y algunos de los establecimientos que he probado. No pretende ser una clasificación ni una lista definitiva, porque sería imposible reunir en un solo artículo todo lo que ofrece Donostia.

    Así que si visitáis la ciudad, reservad un poco de tiempo para hacer vuestra propia ruta. Entrad, probad, descubrid nuevos sabores y, sobre todo, disfrutad del ambiente.

    Porque en Donostia, salir de pintxos también es una manera de conocer la ciudad.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Explora Pontedeume: Historia y Gastronomía Gallega

    Explora Pontedeume: Historia y Gastronomía Gallega

    Pontedeume es una villa gallega fundada en 1270, vinculada históricamente a la Casa de Andrade. La localidad destaca por su patrimonio monumental, que incluye el Torreón de los Andrade, el antiguo convento de San Agustín, la iglesia de Santiago y su emblemático puente de piedra sobre el río Eume.

    Ubicada en la ría de Ares, la villa combina tradición marinera e historia jacobea dentro del Camino Inglés. Además de su casco histórico y su oferta gastronómica, la localidad sirve como uno de los principales puntos de acceso al Parque Natural de las Fragas do Eume.

    Después de visitar Betanzos, donde habíamos parado a comer una buena tortilla en el Bar Galicia, continuamos nuestra ruta hasta Pontedeume, una localidad que teníamos ganas de conocer.

    Era lunes de agosto y hacía muchísimo calor. Tanto, que nuestros planes fueron cambiando sobre la marcha. Llegamos en coche y lo dejamos en la zona del puerto, cerca del Torreón de los Andrade. Desde allí comenzamos a recorrer Pontedeume a pie.

    Encontramos un pueblo bastante tranquilo, quizá también porque era lunes y el calor apretaba de lo lindo. Nos gustó especialmente la combinación de mar, río, piedra e historia, y aunque nuestra intención inicial era acercarnos también a las Fragas do Eume, finalmente decidimos dejarlo para otra ocasión.

    Un poco de historia de Pontedeume

    Aunque la zona estuvo habitada desde mucho antes, la villa medieval de Pontedeume fue fundada oficialmente en 1270 por Alfonso X el Sabio, junto a un antiguo puente de madera que probablemente ya existía con anterioridad.

    La nueva villa recibió importantes privilegios, entre ellos mercado, pesca libre y determinadas exenciones fiscales. Durante sus primeros años fue de señorío real, pero en 1371 pasó a estar vinculada a la Casa de Andrade, una de las familias nobles más importantes de Galicia.

    Uno de sus personajes más destacados fue Fernán Pérez de Andrade «O Bo», que tuvo una enorme influencia en Pontedeume. A él se atribuye la construcción del gran puente medieval de piedra, además del castillo de Andrade y otras importantes obras de la comarca.

    Otro miembro destacado de la familia fue Fernando de Andrade, I Conde de Andrade, que en 1538 fundó el convento de San Agustín y también intervino en la iglesia de Santiago.

    La actividad pesquera, artesanal y comercial hizo crecer la villa durante la Edad Moderna, aunque Pontedeume sufrió también epidemias e importantes incendios, entre ellos los de 1533 y 1607.

    Con el paso de los siglos la localidad fue ampliándose fuera de sus antiguas murallas y ganando terreno a la ría. El actual paseo marítimo se inauguró en 1996.

    Hoy Pontedeume sigue siendo una de las localidades históricas más interesantes de la comarca y, además, es uno de los puntos destacados del Camino Inglés a Santiago y una de las puertas de entrada a las Fragas do Eume.

    El puerto de Pontedeume

    Nosotros comenzamos precisamente por aquí.

    El puerto de Pontedeume tiene una relación muy estrecha con la historia de la villa. La actividad portuaria ya estaba presente prácticamente desde la fundación de Pontedeume en 1270 y, desde comienzos del siglo XVII, existe constancia de un muelle.

    Su situación, en el estuario del río Eume y dentro de la ría de Ares, favoreció durante siglos el comercio y la actividad pesquera. También tuvo una importante relación con el Camino Inglés, ya que por mar llegaban peregrinos procedentes de otros lugares, especialmente de Inglaterra, que continuaban después su camino hacia Santiago. Por eso Pontedeume es considerado un auténtico puerto jacobeo.

    El puerto actual combina la actividad tradicional con la náutica recreativa y deportiva. La zona de los pantalanes y las embarcaciones aporta además bastante ambiente al paseo, especialmente en los meses de verano.

    En los alrededores también encontramos elementos relacionados con el pasado comercial de la villa, como las antiguas lonjas del puerto, conocidas como las «tiendas de Rajoy». Fueron construidas en 1763 bajo el patrocinio del arzobispo Rajoy y estaban destinadas inicialmente a almacenar productos como la sardina salada.

    La zona portuaria es, además, un buen punto para comenzar la visita porque desde aquí tenemos muy cerca el Torreón de los Andrade, el casco histórico y el puente.

    Paseando junto al agua: las mujeres del mar

    Después de dejar el coche, paseamos por la zona próxima a la antigua cofradía de pescadores.

    Y allí encontramos una escultura que me llamó especialmente la atención: el homenaje a las mujeres del mar de Pontedeume.

    La escultura fue inaugurada en julio de 2025 junto a la antigua cofradía y nació a iniciativa de una comisión formada por hijas y nietas de las antiguas peixeiras de la localidad.

    Durante décadas, aquellas mujeres acudían a esa misma zona para recoger el pescado y después lo transportaban en los tradicionales paxes para venderlo por las parroquias de Pontedeume y por municipios vecinos.

    El monumento pretende reconocer precisamente el esfuerzo, la dignidad y la contribución de aquellas mujeres a la economía y a la cultura local, así como mantener viva la memoria de unas trabajadoras cuyo papel fue fundamental para muchas familias de la villa.

    A mí me gustó especialmente encontrar este homenaje porque habla de una parte de la historia de Pontedeume que no se encuentra solamente en sus grandes monumentos, sino también en las personas que hicieron posible la vida cotidiana de la localidad.

    Y, por supuesto, no pude resistirme a posar con la estatua.

    El paseo marítimo y el río Eume

    Desde el puerto podemos continuar caminando junto al agua y disfrutar de diferentes perspectivas de la villa.

    El actual paseo marítimo forma parte de la transformación que experimentó Pontedeume durante el siglo XX, cuando se fueron ganando espacios a la ría. Fue inaugurado en 1996 y hoy constituye una de las zonas agradables para pasear por la localidad.

    A nosotros nos gustó especialmente el entorno del puente de piedra sobre el río Eume. El paisaje desde esta zona es precioso y permite entender muy bien la relación que Pontedeume siempre ha tenido con el río y con el mar.

    El puente de piedra de Pontedeume

    El puente es uno de los grandes símbolos de la localidad y, de hecho, es el que dio nombre a Pontedeume.

    Pero el puente que vemos actualmente no es el medieval.

    El actual fue construido entre 1863 y 1870 y posteriormente remodelado. Cuenta con 15 arcos.

    Antes existió aquí un espectacular puente gótico mandado construir por Fernán Pérez de Andrade entre 1374 y 1380. Tenía nada menos que 68 arcos y más de 850 metros de longitud, además de dos torres, una capilla y un hospital para peregrinos.

    Del antiguo puente medieval se conservan las figuras del Oso y el Jabalí, que actualmente podemos ver en los jardines del antiguo convento de San Agustín. Estas figuras estaban originalmente situadas en el propio puente.

    Cuesta imaginar hoy cómo debía ser aquella enorme construcción medieval cuando contemplamos el puente actual, pero conocer su historia hace que el paseo resulte todavía más interesante.

    El Torreón de los Andrade

    Muy cerca de donde aparcamos encontramos uno de los edificios más característicos de Pontedeume: el Torreón de los Andrade.

    Con sus aproximadamente 18 metros de altura, es el último resto conservado del antiguo palacio de los Andrade, que formaba parte del recinto amurallado de la villa.

    Probablemente fue construido a finales del siglo XIV por Fernán Pérez de Andrade «O Bo». Con el paso del tiempo, el antiguo palacio fue desapareciendo y actualmente solo queda este torreón.

    Hoy alberga la Oficina de Turismo y el Centro de Interpretación de los Andrade, por lo que puede ser un buen punto para comenzar la visita y conocer mejor la historia de la villa.

    Los restos de la antigua muralla

    Pontedeume estuvo protegida por una muralla que contaba con nueve torres y cinco puertas: la del Puente, Salga, Porto, Postigo y Carnicería.

    Con la expansión de la villa, gran parte de aquella muralla fue desapareciendo, pero todavía quedan algunos restos que podemos localizar durante el paseo por el casco histórico.

    Es otro de esos detalles que quizá pasan desapercibidos si simplemente recorremos las calles, pero que ayudan a imaginar cómo debía ser Pontedeume durante la Edad Media.

    Plaza Real y casco histórico

    Continuamos nuestra visita subiendo por las calles del casco antiguo.

    Llegamos hasta la Plaza Real, una de las plazas históricas de Pontedeume. Ya existía desde la fundación de la villa en 1270 y fue ampliada posteriormente.

    El casco antiguo conserva ese ambiente de villa gallega tradicional, con calles estrechas, casas de piedra, pequeñas plazas y edificios que nos recuerdan continuamente su pasado medieval.

    Y fue precisamente en esta zona donde hicimos una de las paradas que más agradecimos aquel día.

    Un helado en Bico de Xeado

    Después de caminar con aquel calor, necesitábamos urgentemente algo fresquito.

    Nos habían dicho que Pontedeume era un buen sitio para tomar el postre y terminamos en A Postrería Bico de Xeado, en la Plaza Real, número 4.

    Nos sentamos en la terraza y pedimos una tarrina grande de cuatro euros y medio con limón y chocolate con leche.

    Y cuando la terminamos… debió de parecernos poca cosa, porque pedimos otra tarrina, esta vez pequeña y de dos bolas: mandarina y chocolate con leche.

    Sí, dos helados.

    Pero entraban de maravilla con aquel calor.

    Además, nos parecieron bastante económicos y el trato fue muy agradable. Yo incluso quise llevarme una tarjeta del establecimiento como recuerdo, pero en aquel momento no tenían.

    Bico de Xeado es una heladería artesanal y cafetería-bar, donde además de sus helados ofrece postres y otros productos. Actualmente aparece también dentro de la oferta del Camino Inglés como heladería/cafetería-bar y está situada en la Plaza Real, 4.

    Y había una cosa que me había llamado especialmente la atención antes de ir: había leído que sus helados se elaboraban con leche de sus propias ganaderías.

    Y sí, era cierto.

    Bico de Xeado pertenece a la Cooperativa Agraria Provincial de A Coruña y utiliza leche procedente de sus propias granjas. La marca nació precisamente con la idea de transformar la leche producida en sus explotaciones en un producto artesanal de mayor valor añadido. Actualmente la cooperativa cuenta, entre otras, con las granjas O Cancelo, en Miño, y A Esperanza, en San Sadurniño.

    Me parece una historia muy bonita: parte de la leche producida en las propias explotaciones gallegas y termina convertida en un helado que podemos disfrutar en lugares como Pontedeume.

    Además, en 2026 Bico de Xeado recibió el Premio Aresa, un reconocimiento relacionado con su capacidad para poner en valor el campo gallego y transformar la producción ganadera en un producto con valor añadido.

    En Tripadvisor aparece actualmente el establecimiento de Pontedeume, aunque la ficha tiene muy pocas opiniones, por lo que yo no pondría en el blog que obtuvo un premio de Tripadvisor.

    ¿Cuál es el dulce tradicional de Pontedeume?

    Aunque nosotros aquel día nos decantamos por el helado, Pontedeume tiene una tradición repostera bastante interesante.

    Entre los productos tradicionales de la gastronomía eumesa encontramos la torta de Pontedeume, además de la costrada, los melindres, los almendrados y la proia. El Ayuntamiento incluye precisamente estos productos entre los elementos característicos de la gastronomía local.

    También merece una mención especial el manguito eumés, un dulce tradicional que todavía podemos encontrar en establecimientos y en el mercado municipal.

    Así que si visitáis Pontedeume y queréis probar algo más tradicional que un helado, merece la pena buscar alguno de estos dulces.

    Nosotros, como hacía tanto calor, dejamos la tradición repostera para otra ocasión y nos fuimos directamente al helado.

    Convento de San Agustín

    Después de nuestra parada dulce continuamos callejeando por la zona del antiguo convento de San Agustín, buscando principalmente algo de sombra.

    El convento fue fundado en 1538 por Fernando de Andrade, uno de los miembros más importantes de la familia Andrade.

    Actualmente funciona como Casa de la Cultura y conserva restos de su claustro renacentista y una fachada del siglo XVIII.

    La iglesia del antiguo convento desapareció durante las transformaciones urbanísticas del siglo XIX, pero el conjunto que se conserva sigue siendo uno de los elementos patrimoniales más importantes de Pontedeume.

    En sus jardines también podemos encontrar las figuras del Oso y el Jabalí procedentes del antiguo puente medieval.

    Iglesia de Santiago

    Otro de los edificios importantes del casco histórico es la iglesia parroquial de Santiago.

    Fernando de Andrade intervino en la reconstrucción de su capilla mayor, donde además decidió ser enterrado.

    La iglesia conserva diferentes elementos artísticos y arquitectónicos de distintas épocas y es una visita interesante para completar el recorrido histórico por Pontedeume.

    ¿Dónde aparcar en Pontedeume?

    Nosotros dejamos el coche en la zona del puerto, cerca del Torreón de los Andrade, y nos resultó muy cómodo para comenzar la visita andando.

    Para conocer Pontedeume, personalmente creo que es mejor dejar el coche y olvidarse de él durante unas horas. El casco histórico se disfruta caminando y muchas de sus calles son estrechas y empedradas.

    En la zona del muelle existe aparcamiento y el propio Ayuntamiento señala también aparcamiento en las inmediaciones de la playa de Sopazos.

    En temporada alta puede ser más complicado encontrar sitio, por lo que conviene tener algo de paciencia y no esperar necesariamente a aparcar justo al lado del monumento que queramos visitar.

    Además, el municipio está habilitando nuevos espacios de estacionamiento en diferentes zonas, por lo que esta información puede ir cambiando con el tiempo.

    ¿Qué calzado llevar?

    Para conocer únicamente el casco histórico de Pontedeume no hace falta llevar botas de montaña, pero sí recomiendo calzado cómodo y con buena suela.

    Hay calles empedradas, algunas cuestas y zonas en las que agradeceremos llevar un calzado que sujete bien el pie.

    Si además queremos combinar la visita con las Fragas do Eume, entonces sí recomendaría directamente zapatillas de senderismo o calzado deportivo con buena adherencia.

    Nosotros aquel día agradecimos sobre todo llevar algo cómodo porque, entre el puerto, el paseo junto al río y las calles del casco histórico, acabamos caminando bastante.

    Las Fragas do Eume: una visita que dejamos para otra ocasión

    Nuestro plan inicial era acercarnos también a las Fragas do Eume, pero aquel día hacía demasiado calor.

    Y decidimos no hacerlo.

    Creo que fue una buena decisión porque las Fragas merecen tiempo y ganas de caminar.

    El Parque Natural Fragas do Eume ocupa más de 9.000 hectáreas y se extiende por los municipios de Pontedeume, Cabanas, A Capela, As Pontes de García Rodríguez y Monfero.

    Es uno de los bosques atlánticos de ribera mejor conservados de Europa. El río Eume ha excavado un profundo valle y sus laderas están cubiertas por robles, castaños, abedules, alisos, fresnos, tejos, laureles, acebos y otras especies.

    La humedad del bosque permite además la presencia de numerosos helechos, musgos y líquenes.

    Uno de sus lugares más conocidos es el monasterio de San Xoán de Caaveiro, situado en pleno bosque y con una historia de más de diez siglos.

    Desde Pontedeume existe acceso hacia la zona de Ombre y Caaveiro, aunque las Fragas tienen diferentes accesos y rutas, por lo que conviene planificar previamente cuál queremos hacer.

    Turismo de Galicia señala que la mejor manera de conocer el parque es a pie, así que nuestro calzado cómodo cobra todavía más importancia si decidimos hacer alguna de sus rutas.

    En nuestro caso, con aquel calor de agosto, decidimos dejarlo para otra visita. Prefiero volver otro día con una temperatura más agradable y disfrutar de las Fragas sin prisas.

    ¿Cuál es la mejor época para visitar Pontedeume?

    Pontedeume puede visitarse durante todo el año, pero elegiría primavera y principios de otoño si queremos combinar el pueblo con las Fragas do Eume.

    La primavera puede ser especialmente bonita por el verdor del paisaje y las temperaturas suelen ser más agradables para caminar.

    También septiembre y octubre pueden ser buenas fechas para recorrer la zona con tranquilidad.

    El verano, por supuesto, tiene sus ventajas: más horas de luz, terrazas, ambiente y posibilidad de disfrutar también de las playas. Pero hay que tener en cuenta que algunos días pueden ser muy calurosos.

    Nosotros estuvimos en agosto y aquel día el calor fue precisamente lo que nos hizo cambiar los planes.

    Si vais a visitar las Fragas, yo evitaría las horas centrales de los días de más calor y llevaría agua, protección solar y calzado apropiado.

    Nuestra impresión de Pontedeume

    Nuestra visita a Pontedeume fue una de esas paradas que terminan siendo diferentes de lo que habíamos imaginado.

    Llegamos desde Betanzos después de comer una buena tortilla y nuestra intención era conocer Pontedeume y acercarnos después a las Fragas do Eume.

    Pero el calor decidió por nosotros.

    Comenzamos junto al puerto, paseamos junto al agua, vimos el homenaje a las mujeres del mar y yo, cómo no, posé con la escultura. Después nos metimos por las calles de piedra, subimos hasta la Plaza Real y encontramos el sitio perfecto para hacer una parada: Bico de Xeado.

    Y lo que iba a ser un simple postre terminó convirtiéndose en dos rondas de helado: primero limón y chocolate con leche y después mandarina y chocolate con leche.

    Después seguimos callejeando por la zona del convento de San Agustín, buscando la sombra, y terminamos disfrutando del entorno del puente de piedra y del río Eume.

    Era lunes de agosto y encontramos Pontedeume bastante tranquilo, incluso algo vacío en algunos momentos. Quizá el calor tuvo mucho que ver.

    Nos gustó esa mezcla de piedra, río, mar, historia y ambiente marinero. Y aunque nos quedamos con las ganas de conocer las Fragas, creo que fue mejor dejar esa visita para otro momento.

    Porque viajar también es saber cambiar los planes.

    Aquel día nuestra ruta terminó siendo mucho más sencilla: Betanzos, tortilla, Pontedeume, paseo junto al mar, historia y dos helados.

    Y sinceramente, no estuvo nada mal.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Descubre Madrid: Monumentos, Comida y Cultura Local

    Descubre Madrid: Monumentos, Comida y Cultura Local

    Madrid evolucionó desde la fortificación musulmana de Mayrit hasta convertirse en capital española en 1561. La ciudad destaca por sus barrios emblemáticos, parques urbanos, renombrados museos y monumentos históricos. Para visitarla, se aconseja el uso del transporte público o desplazarse a pie, manteniendo precauciones básicas de seguridad.

    La gastronomía local combina guisos tradicionales como el cocido madrileño con una destacada cultura de tapeo y repostería. Asimismo, el entorno metropolitano y regional de Madrid ofrece excursiones de interés histórico y cultural a municipios cercanos como Alcalá de Henares, Aranjuez, San Lorenzo de El Escorial y Chinchón.

    Madrid es una de esas ciudades a las que puedo volver una y otra vez. La he visitado en numerosas ocasiones y, precisamente por eso, no quería hacer una entrada basada solamente en una lista de monumentos.

    Madrid se disfruta caminando, entrando en una iglesia que no esperabas encontrar, tomando algo en una terraza, perdiéndote por una calle, visitando un museo, mirando sus edificios y, por supuesto, comiendo.

    Así que en este post reúno mis lugares favoritos, algunos de los rincones que más me han llamado la atención, restaurantes donde he comido, excursiones que puedes hacer desde la capital y algunos consejos prácticos que creo que vienen bien antes de viajar.

    Porque Madrid tiene mucho que ver, pero también mucho que vivir.

    Cómo llegar a Madrid

    Madrid es una ciudad muy fácil de alcanzar desde muchos puntos de España. En mi caso, he llegado en diferentes ocasiones en avión, tren, coche y autobús.

    Viajar en autobús desde Bilbao

    Una de las opciones que más he utilizado es el autobús desde Bilbao. El trayecto dura aproximadamente cuatro horas y media y, cuando he elegido la opción Premium de ALSA, el viaje me ha resultado bastante cómodo.

    Una de las cosas que me gusta de este servicio es que cada asiento dispone de su propia pantalla para entretenerte durante el trayecto, además de baño y otros servicios a bordo.

    Para mí es una opción muy práctica cuando no queremos conducir y quiero llegar directamente a Madrid.

    El origen de Madrid: de Mayrit a la capital

    Aunque a veces se habla de posibles asentamientos anteriores, el origen documentado de la ciudad histórica de Madrid se encuentra en época musulmana.

    En el siglo IX, durante el emirato de Muhammad I, se construyó una fortificación conocida como Mayrit. Aquella pequeña población fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en la ciudad que conocemos hoy.

    El gran cambio llegó en 1561, cuando Felipe II trasladó la Corte a Madrid. A partir de ese momento la ciudad comenzó a crecer de manera extraordinaria y terminó convirtiéndose en la capital que conocemos actualmente.

    Así que Madrid no nació como una gran capital: fue creciendo alrededor de aquel antiguo Mayrit hasta convertirse en una de las grandes ciudades europeas.

    Y hay una parte más reciente de su historia que también forma parte de su identidad: La Movida madrileña.

    Durante los primeros años de la democracia, especialmente en la década de los ochenta, Madrid vivió una auténtica explosión cultural. Música, cine, fotografía, moda, arte y una nueva manera de entender la vida hicieron de la ciudad uno de los grandes símbolos de la transformación de España después de la dictadura.

    ¿Cuál es la mejor época para visitar Madrid?

    Madrid se puede visitar durante todo el año, pero si pudiera elegir, me quedaría especialmente con primavera y otoño.

    Abril, mayo, septiembre y octubre suelen ser meses muy agradables para caminar y disfrutar de parques y jardines sin las temperaturas más extremas del verano.

    La primavera tiene además el atractivo de los parques en flor y de acontecimientos como San Isidro y la Feria del Libro. En otoño, Madrid cambia de color y también apetece mucho más sentarse a comer platos tradicionales como el cocido o los callos.

    El verano puede ser muy caluroso, con temperaturas que pueden superar los 35 ºC. Eso no significa que no merezca la pena ir, pero las horas centrales del día pueden resultar duras si quieres recorrer la ciudad andando.

    El invierno es frío, pero Madrid tiene muchos días soleados y además está la Navidad, las luces, los mercadillos y ese momento perfecto para entrar en una chocolatería y tomar un chocolate con churros.

    Si viajas con perro, todavía tendría más en cuenta primavera y otoño, porque el propio Ayuntamiento recomienda estas estaciones para pasear con ellos y evitar el asfalto excesivamente caliente en verano.

    Moverse por Madrid

    Para conocer el centro, mi consejo principal es sencillo: camina todo lo que puedas.

    Muchas de las visitas que aparecen en este artículo están bastante cerca unas de otras y caminar permite descubrir cosas que de otra manera pasarían desapercibidas.

    Para distancias más largas, Madrid dispone de una extensa red de Metro, autobuses EMT y Cercanías.

    No voy a convertir este artículo en una guía de tarifas porque cambian con el tiempo. Lo mejor es consultar las tarifas y condiciones oficiales antes del viaje.

    Info sobre el transporte en Madrid

    Si vienes en coche, también existen aparcamientos disuasorios que permiten dejar el vehículo y continuar en transporte público.

    Viajar a Madrid con perro

    Madrid puede ser una ciudad bastante interesante para viajar con perro, aunque hay que conocer las normas porque no todos los medios de transporte ni todos los monumentos funcionan igual.

    En los espacios públicos, el perro debe ir controlado mediante una correa o cadena resistente y hay que recoger siempre sus deposiciones.

    En determinados parques y jardines existen horarios en los que los perros pueden ir sueltos, siempre respetando las zonas en las que esté permitido. El Retiro y Juan Carlos I, por ejemplo, cuentan con áreas caninas.

    ¿Puede viajar el perro en el Metro de Madrid?

    Sí.

    Se permite un perro por viajero, siempre con correa y bozal, y debe viajar en el último coche del tren.

    De lunes a viernes hay restricciones durante las horas punta: actualmente de 7:30 a 9:30, de 14:00 a 16:00 y de 18:00 a 20:00. Los fines de semana y durante julio y agosto no se aplica esa limitación horaria.

    ¿Puede viajar el perro en los autobuses de la EMT?

    Aquí las condiciones son diferentes.

    Los autobuses urbanos de la EMT no permiten perros, salvo perros guía y pequeños animales domésticos que viajen en un transportín adecuado y no causen molestias.

    ¿Puede viajar el perro en Cercanías?

    Cercanías Renfe permite viajar con perros, aunque existen condiciones concretas dependiendo del servicio y del tipo de animal.

    Por eso, si vas a utilizar el tren con tu perro, conviene comprobar las condiciones de Renfe antes del viaje.

    Renfe – viajar con mascotas

    ¿Y los museos y monumentos?

    Aquí no existe una norma general para toda la ciudad. Cada museo, iglesia o monumento establece sus propias condiciones.

    Por eso, si viajas con perro, conviene planificar las visitas interiores y comprobar previamente si admiten animales.

    Seguridad en Madrid: cuidado con los carteristas

    Madrid es una ciudad segura para el turista, pero eso no significa que podamos olvidarnos de las precauciones básicas.

    Como ocurre en muchas grandes ciudades turísticas, los hurtos oportunistas pueden producirse especialmente en lugares muy concurridos, transportes públicos, estaciones, eventos, terrazas y zonas con mucha concentración de visitantes.

    No me parece correcto hablar de una supuesta “ola de delincuencia” general en España o presentar Madrid como una ciudad peligrosa. El problema concreto que sí interesa al viajero es mucho más sencillo: los carteristas aprovechan los descuidos.

    Por eso, en zonas como Puerta del Sol, Plaza Mayor, Gran Vía, Mercado de San Miguel, El Rastro o en el Metro, yo tendría un poco más de cuidado.

    Algunas precauciones muy sencillas:

    • Llevar el bolso o mochila bien cerrado.
    • Si utilizas mochila en lugares muy llenos, llevarla delante.
    • No guardar el móvil o la cartera en el bolsillo trasero.
    • No dejar el teléfono encima de la mesa de una terraza.
    • No dejar bolsos colgados del respaldo de una silla.
    • Llevar documentación, tarjetas y dinero repartidos, en lugar de tenerlo todo junto.
    • Desconfiar de las distracciones o acercamientos demasiado insistentes.
    • En el transporte público, prestar especial atención cuando hay mucha gente alrededor.

    No se trata de ir con miedo. Se trata simplemente de aplicar el mismo sentido común que utilizaríamos en cualquier otra gran ciudad turística.

    Ante una emergencia, el teléfono es el 112, y Madrid también dispone de servicios de atención al turista.

    Qué ver en Madrid

    Y ahora sí, vamos a lo que realmente importa: recorrer Madrid.

    Hay muchísimo que ver, así que aquí no pretendo hacer una lista de absolutamente todo. He seleccionado los lugares que considero más interesantes y algunos que personalmente me han llamado especialmente la atención.

    Puerta del Sol: un imprescindible

    Si es tu primera vez en Madrid, probablemente terminarás pasando por Sol.

    La Puerta del Sol es uno de los grandes puntos de referencia de la ciudad y aquí encontramos el famoso Kilómetro Cero, desde donde parten las carreteras radiales españolas.

    También está la Casa de Correos, cuyo reloj es protagonista cada Nochevieja cuando millones de personas siguen desde allí o desde sus casas la tradición de las doce uvas.

    Y, por supuesto, está el famoso Oso y el Madroño, uno de los símbolos de Madrid.

    Para mí, Sol es un lugar que hay que ver, aunque no necesariamente sea el sitio donde más tiempo me quedaría. Es bullicioso, turístico y siempre está lleno de gente, pero forma parte de la esencia de Madrid.

    Plaza Mayor

    A poca distancia de Sol encontramos la Plaza Mayor, uno de esos lugares que para mí representan el corazón de Madrid.

    Aquí hay turistas, madrileños, restaurantes, bares, artistas callejeros y muchísimo movimiento.

    La plaza ha sufrido incendios y diferentes reconstrucciones a lo largo de su historia y en el centro encontramos la estatua ecuestre de Felipe III.

    En Navidad también se instala aquí el tradicional mercado navideño.

    Eso sí: precisamente porque es una zona muy concurrida, es uno de los lugares donde conviene estar más atento a las pertenencias.

    Mercado de San Miguel

    El Mercado de San Miguel está muy cerca de la Plaza Mayor y es uno de los mercados gastronómicos más conocidos de Madrid.

    El edificio conserva su estructura histórica de hierro y cristal, pero actualmente tiene un marcado carácter gastronómico y turístico.

    No es el típico mercado de barrio al que iríamos a hacer la compra semanal. Es más bien un lugar para probar diferentes productos y propuestas gastronómicas.

    Es bonito, pero también suele estar muy concurrido.

    Parque de El Retiro

    El Retiro es uno de mis imprescindibles de Madrid.

    Es uno de esos lugares donde puedes pasar de estar en medio de una enorme ciudad a encontrarte rodeada de árboles, jardines, monumentos y agua.

    El parque tiene una superficie aproximada de 118 hectáreas y entre sus lugares más conocidos están el Estanque Grande, el Palacio de Cristal, el monumento a Alfonso XII y diferentes jardines y paseos.

    Además, aquí se celebra la Feria del Libro de Madrid, una cita que transforma el parque durante varias semanas.

    Si vas en primavera, intenta reservar tiempo para pasear sin prisas. Y si vas en otoño, también merece muchísimo la pena.

    Actualmente el horario general del parque es de 06:00 a 22:00 entre octubre y marzo y de 06:00 a 00:00 entre abril y septiembre, aunque puede haber cierres temporales por condiciones meteorológicas.

    Palacio de Cibeles y Mirador Madrid

    El Palacio de Cibeles es uno de los edificios más reconocibles de Madrid.

    Durante años fue conocido como Palacio de Comunicaciones y actualmente es la sede del Ayuntamiento.

    En la misma zona tenemos la famosa fuente de Cibeles, uno de los grandes símbolos deportivos de Madrid, especialmente para los seguidores del Real Madrid.

    Si quieres ver Madrid desde arriba, puedes subir al Mirador Madrid, situado en el propio Palacio de Cibeles.

    El edificio puede visitarse gratuitamente, mientras que el acceso al mirador tiene entrada.

    Gran Vía

    La Gran Vía es probablemente una de las calles que más me gusta recorrer andando.

    Comenzó a construirse en 1910 y las obras se prolongaron durante años hasta completar esta gran avenida que une la zona de Alcalá con Plaza de España.

    Hoy es una de las principales arterias comerciales y de ocio de Madrid.

    Los antiguos cines han ido desapareciendo o transformándose, pero muchos de sus teatros acogen actualmente grandes musicales. Por eso se habla de esta zona como el Broadway madrileño.

    Mi recorrido favorito es sencillo: empezar por Alcalá y caminar hacia Plaza de España, pasando por Callao.

    El Rey León en el Teatro Lope de Vega

    Una de las experiencias que recuerdo especialmente de Madrid fue ir a ver el musical El Rey León.

    El teatro tiene ese aire clásico de los grandes teatros de la Gran Vía y, al menos desde nuestra experiencia, la sala nos resultó bastante pequeña.

    Nosotros dos somos altos y recuerdo que estuvimos un poco justos en los asientos. No fue lo más cómodo del mundo para nuestras piernas, pero eso no impidió que disfrutáramos muchísimo del espectáculo.

    Y el musical, sin duda, muy recomendable.

    La puesta en escena, la música, el vestuario y todo el trabajo que hay detrás hacen que merezca la pena verlo, incluso aunque ya conozcas la historia de El Rey León.

    Así que si os gustan los musicales y vais a Madrid, para mí es uno de esos planes que merece la pena tener en cuenta.

    Y después podéis salir directamente a la Gran Vía y continuar el paseo por Callao, que está prácticamente al lado.

    Plaza de España

    Plaza de España es otro de esos puntos que merece una parada.

    Aquí encontramos el monumento dedicado a Cervantes y sus personajes, además de algunos de los grandes edificios históricos del entorno.

    El Edificio España es uno de los protagonistas del paisaje y actualmente alberga un hotel con una terraza panorámica.

    También destaca la Torre de Madrid, construida en los años cincuenta y durante décadas uno de los edificios más altos de Europa.

    La zona ha cambiado muchísimo con las reformas de los últimos años, pero sigue siendo un punto perfecto para terminar el paseo por Gran Vía.

    Palacio Real de Madrid

    El Palacio Real, también conocido como Palacio de Oriente, es uno de los grandes imprescindibles.

    Aunque la familia real española no reside actualmente aquí, el palacio continúa siendo utilizado para actos oficiales.

    El edificio tiene más de 3.000 habitaciones y conserva importantes colecciones y obras de arte.

    Si quieres visitarlo por dentro, consulta siempre los horarios antes de ir porque pueden producirse cambios y cierres por actos oficiales. Actualmente, los horarios generales son de 10:00 a 18:00 en invierno y de 10:00 a 19:00 en verano, de lunes a sábado; los domingos cierra antes.

    Mi recomendación es reservar con antelación si tienes claro que quieres entrar.

    Palacio Real – entradas oficiales

    Plaza de Oriente

    Justo delante del Palacio Real encontramos la Plaza de Oriente, con sus jardines, esculturas y el Teatro Real.

    Es un lugar especialmente agradable para sentarse un rato y contemplar el conjunto monumental.

    También tienes el Café de Oriente, desde cuya zona exterior puedes disfrutar de unas buenas vistas del Palacio.

    Jardines de Sabatini

    Los Jardines de Sabatini están situados junto a la fachada norte del Palacio Real.

    Se construyeron en el lugar que anteriormente ocupaban las antiguas caballerizas reales y tienen un marcado diseño neoclásico.

    Son pequeños comparados con otros parques madrileños, pero su ubicación hace que merezca la pena acercarse.

    Campo del Moro

    Al otro lado del Palacio encontramos el Campo del Moro.

    Es un jardín histórico de mayor extensión que los Sabatini y un lugar estupendo para escapar un poco del bullicio del centro.

    Su origen está relacionado con diferentes proyectos para acondicionar los terrenos situados junto al Palacio y adquirió su configuración actual especialmente durante el siglo XIX.

    Catedral de la Almudena y su cripta

    La Catedral de Santa María la Real de la Almudena está justo enfrente del Palacio Real.

    Es relativamente reciente si la comparamos con otras grandes catedrales españolas, pero tiene una historia muy interesante.

    A mí personalmente me llama mucho la atención su interior, especialmente los colores y la decoración del techo.

    También merece la pena acercarse a la Cripta de la Almudena, construida a comienzos del siglo XX.

    Es uno de esos lugares que muchas personas pasan por alto y que yo incluiría en una visita por esta zona.

    Puerta de Alcalá

    La Puerta de Alcalá es uno de los grandes símbolos de Madrid.

    Se encuentra en la Plaza de la Independencia y fue construida durante el reinado de Carlos III para sustituir una antigua puerta de entrada a la ciudad.

    La actual puerta fue diseñada por Francesco Sabatini y se inauguró en 1778.

    Está situada junto al Retiro, así que es muy fácil combinar ambas visitas.

    Puerta de Toledo

    La Puerta de Toledo se encuentra al sur del centro histórico y es otra de las antiguas puertas monumentales de Madrid.

    La actual es de época de Fernando VII y tiene un aspecto mucho más sobrio que la Puerta de Alcalá.

    Se encuentra cerca del Puente de Toledo y de la zona de Pirámides y es además una buena referencia si quieres acercarte a El Rastro.

    El Rastro

    El Rastro es uno de los mercados al aire libre más conocidos de Madrid.

    Se celebra principalmente los domingos y festivos en el barrio de La Latina y tiene una tradición de varios siglos.

    Aquí puedes encontrar desde objetos antiguos y curiosidades hasta ropa, decoración y todo tipo de productos.

    Lo mejor es venir sin prisa y dejarse llevar por las calles.

    Y precisamente porque suele haber muchísima gente, también es uno de los lugares donde hay que estar más pendiente de la cartera y el móvil.

    Plaza de Colón

    La Plaza de Colón reúne varios elementos bastante reconocibles: la estatua dedicada a Cristóbal Colón, los Jardines del Descubrimiento y las Torres de Colón.

    Es también una zona que ha acogido diferentes celebraciones y acontecimientos públicos.

    No es necesariamente uno de los lugares donde pasaría horas, pero merece la pena conocerla si estás recorriendo el eje de Recoletos y Castellana.

    Los barrios de Madrid que merece la pena conocer

    Una de las cosas que más me gusta de Madrid es que no todo está en los grandes monumentos.

    Cada barrio tiene una personalidad diferente y algunos incluso permiten entender mucho mejor la historia de la ciudad.

    Madrid de los Austrias

    Es el Madrid más antiguo y está muy relacionado con el Palacio Real, Plaza Mayor y las calles del centro histórico.

    Aquí encontramos buena parte de la imagen que tenemos del Madrid tradicional, con calles estrechas, plazas, iglesias, tabernas y edificios históricos.

    Barrio de Las Letras

    El nombre ya nos da una pista.

    Por estas calles vivieron algunos de los grandes escritores del Siglo de Oro, como Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Tirso de Molina o Góngora.

    Es una zona perfecta para combinar literatura, historia, paseos y gastronomía. Además, está entre Sol y el Paseo del Arte.

    La Latina

    La Latina conserva muchas calles de trazado medieval que originalmente quedaron fuera de las murallas de la ciudad.

    Fue una zona vinculada a comerciantes y actividades populares y hoy continúa teniendo una enorme vida, especialmente alrededor de sus bares, terrazas y mercados.

    Aquí encontramos también El Rastro y lugares tan conocidos como Las Vistillas.

    Lavapiés

    Lavapiés tiene también origen medieval y nació como arrabal extramuros.

    Durante mucho tiempo fue un barrio popular y conserva elementos tan característicos como las corralas.

    Hoy es además uno de los barrios más multiculturales de Madrid, donde conviven tradiciones madrileñas con culturas procedentes de muchos países.

    Malasaña

    Malasaña es uno de los barrios que más asociamos con la vida alternativa y cultural de Madrid.

    Debe su nombre a Manuela Malasaña, relacionada con los levantamientos del 2 de mayo de 1808.

    La Plaza del Dos de Mayo recuerda precisamente el antiguo Parque de Artillería de Monteleón.

    Hoy es una zona llena de tiendas, bares, locales de ocio, moda vintage y propuestas diferentes.

    Chueca

    Chueca es otro de los barrios más conocidos de Madrid y destaca por su ambiente, comercio, gastronomía y vida nocturna.

    Es una zona muy dinámica y abierta, con una personalidad propia que la ha convertido en uno de los barrios más populares de la ciudad.

    Chamberí

    Chamberí tiene un carácter diferente.

    Es un barrio castizo con una importante herencia arquitectónica de los siglos XIX y XX y fue tradicionalmente zona de residencia de buena parte de la aristocracia madrileña.

    Aquí se encuentran, entre otros lugares, el Museo Sorolla y la antigua estación de Chamberí del Metro, cerrada en 1969 y posteriormente recuperada como espacio visitable.

    Barrio de Salamanca

    El Barrio de Salamanca nació con la gran expansión de Madrid durante el reinado de Isabel II y está muy relacionado con el marqués de Salamanca.

    Su trazado en cuadrícula y sus edificios decimonónicos son característicos.

    Actualmente es conocido especialmente por sus tiendas, restaurantes y la llamada Milla de Oro.

    No hace falta recorrer todos estos barrios en una primera visita. Para mí, lo bonito es ir descubriéndolos poco a poco en diferentes viajes.

    Iglesias que me han llamado especialmente la atención

    Madrid tiene muchas iglesias interesantes y algunas de ellas me han sorprendido especialmente.

    Iglesia de San Antonio de los Alemanes

    Esta es una de mis recomendaciones especiales.

    Está en pleno centro y por fuera puede pasar bastante desapercibida, pero cuando entras descubres un interior completamente decorado con pinturas.

    La iglesia se construyó en el siglo XVII y estuvo vinculada originalmente a la comunidad portuguesa y posteriormente a la alemana.

    Actualmente las visitas se realizan con condiciones y horarios concretos, así que conviene consultarlos antes de ir.

    Si no la conoces, yo intentaría incluirla.

    Iglesia de Santa Teresa y San José

    Su exterior tiene un aspecto casi de fortaleza y contrasta bastante con el interior.

    La decoración y especialmente su cúpula de colores hacen que sea una iglesia curiosa para visitar.

    San Jerónimo el Real

    Conocida popularmente como Los Jerónimos, se encuentra junto al Museo del Prado.

    Su historia está vinculada a un antiguo monasterio y a la monarquía española y el edificio actual conserva un marcado carácter histórico.

    Museos de Madrid

    Madrid es también una ciudad de museos y aquí podríamos hacer otro artículo entero.

    Museo del Prado

    El Prado es uno de los grandes museos de pintura del mundo.

    Abrió sus puertas en 1819 y nació inicialmente como Real Museo de Pintura y Escultura.

    Su colección reúne algunas de las obras más importantes de la pintura española y europea.

    Si es tu primera visita, no intentes verlo absolutamente todo. Es mejor seleccionar las obras que más te interesen y disfrutar de ellas.

    Actualmente la entrada general es de 15 euros y existen horarios gratuitos determinados, por lo que conviene comprobar las condiciones antes de ir.

    Museo Reina Sofía y el Guernica

    Si el Prado representa especialmente la pintura clásica, el Reina Sofía nos lleva hacia el arte moderno y contemporáneo.

    Y aquí está una de las obras que más visitantes buscan: el Guernica de Picasso.

    La obra fue pintada en 1937 para el Pabellón de España de la Exposición Internacional de París y está relacionada con el bombardeo de Gernika.

    Si te interesa este episodio histórico, yo recomiendo también la película Gernika, de Koldo Serra. No es una reconstrucción histórica completamente fiel y ofrece una visión cinematográfica de los acontecimientos, pero está rodada en escenarios reales del País Vasco y me parece interesante para acercarse a aquella época.

    Actualmente el Reina Sofía mantiene horarios gratuitos determinados, que conviene consultar antes de organizar la visita.

    Museo Cerralbo

    Este museo fue uno de mis descubrimientos.

    Se encuentra en un antiguo palacio y conserva una enorme colección de objetos, muebles, obras de arte, monedas, armas y piezas reunidas por el marqués de Cerralbo.

    Cuando lo visité pensé que aquello tenía un poco de síndrome de Diógenes… pero, eso sí, con piezas de muchísimo valor.

    La gracia del museo está precisamente en poder entrar en una casa aristocrática y ver cómo se vivía rodeado de todas esas colecciones.

    Para mí es uno de esos museos curiosos que merece la pena conocer.

    Museo Arqueológico Nacional

    Está situado junto a la Biblioteca Nacional y recorre la historia a través de piezas arqueológicas procedentes de diferentes épocas y culturas.

    Es una buena opción si te interesa conocer la historia de la Península desde la Prehistoria y el mundo romano hasta épocas posteriores.

    Madrid desde las alturas

    Madrid también merece ser contemplado desde arriba.

    Faro de Moncloa

    El Faro de Moncloa es uno de mis miradores favoritos.

    La torre se construyó con motivo de Madrid Capital Europea de la Cultura en 1992 y su plataforma permite obtener una panorámica muy amplia de la ciudad y de la sierra.

    Si tienes buen tiempo, las vistas merecen mucho la pena.

    Templo de Debod

    Este es uno de los lugares que más recomiendo visitar al atardecer.

    El Templo de Debod es un auténtico templo egipcio de más de 2.000 años de antigüedad que Egipto regaló a España en agradecimiento por la colaboración española en la campaña internacional para salvar los templos nubios amenazados por la construcción de la presa de Asuán.

    Está situado en una zona elevada, rodeado de jardines y con vistas hacia el oeste.

    Para mí, ver el atardecer desde aquí es casi obligatorio si visitas Madrid.

    La entrada es gratuita, aunque actualmente el acceso al interior está regulado y conviene comprobar horarios y condiciones antes de ir.

    Azotea del Círculo de Bellas Artes

    Otro de mis lugares favoritos para contemplar Madrid desde arriba.

    La azotea del Círculo de Bellas Artes ofrece unas vistas estupendas de Gran Vía y del centro.

    Además, está La Pecera, el restaurante del Círculo, donde también he comido.

    Madrid y sus edificios más modernos

    Madrid no es solamente palacios, iglesias y edificios históricos.

    La ciudad también tiene un skyline muy reconocible.

    Cuatro Torres Business Area

    Las Cuatro Torres forman uno de los perfiles más modernos de Madrid.

    El complejo se levantó sobre los terrenos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid y está formado por cuatro grandes rascacielos: Torre de Cristal, Torre Cepsa, Torre PwC y Torre Emperador Castellana.

    Cuando se construyeron cambiaron completamente la imagen del norte de Madrid.

    Torres KIO: Puerta de Europa

    Las Torres KIO son dos de los edificios más curiosos de Madrid.

    Su característica principal es que están inclinadas hacia el centro.

    Se encuentran en Plaza de Castilla y forman la llamada Puerta de Europa.

    Torrespaña

    Y luego está el famoso Pirulí, nombre popular de Torrespaña.

    Se construyó para las retransmisiones de televisión relacionadas con el Mundial de Fútbol de 1982 y terminó convirtiéndose en uno de esos elementos del paisaje madrileño que todo el mundo reconoce.

    Congreso de los Diputados

    El Congreso de los Diputados se encuentra en la Plaza de las Cortes y ocupa el Palacio de las Cortes.

    El edificio actual comenzó a construirse en el siglo XIX y fue inaugurado en 1850.

    En la fachada destacan los dos leones, fundidos con el hierro de cañones capturados durante la Guerra de África.

    Es uno de esos edificios que muchas veces fotografiamos desde fuera sin saber demasiado de su historia.

    El Congreso permite además realizar visitas gratuitas bajo determinadas condiciones y horarios, que pueden cambiar según la actividad parlamentaria.

    ¿Qué comer en Madrid? La gastronomía tradicional

    Madrid también se conoce a través del estómago.

    Aunque hoy puedes encontrar restaurantes de prácticamente cualquier parte del mundo, la capital tiene una gastronomía propia muy vinculada a los guisos, las tabernas y el tapeo.

    El plato más conocido es el cocido madrileño, normalmente servido en tres vuelcos: sopa, garbanzos con verduras y carnes.

    Después están los callos a la madrileña, uno de los platos más castizos; los caracoles, el rabo de toro, las croquetas, la tortilla de patata y los famosos soldaditos de Pavía, elaborados con bacalao rebozado.

    Y, por supuesto, el bocadillo de calamares.

    Puede resultar curioso que uno de los bocados más asociados a Madrid sea precisamente un bocadillo de pescado, pero terminó convirtiéndose en todo un símbolo gastronómico de la capital.

    La Plaza Mayor y sus alrededores son uno de los lugares más asociados a este clásico.

    Madrid también tiene una cultura enorme de tapeo: patatas bravas, calamares, callos, chopitos, gambas al ajillo, tortilla…

    Aquí comer no consiste necesariamente en sentarse dos horas delante de un menú. A veces consiste simplemente en entrar en una taberna, pedir algo, tomar una caña y continuar caminando.

    Y luego están los dulces.

    Las rosquillas de San Isidro son las más tradicionales y existen diferentes variedades: tontas, listas, francesas y de Santa Clara.

    También están las torrijas, los bartolillos, los buñuelos de viento, los huesos de santo y los eternos churros con chocolate.

    La gastronomía madrileña sigue muy ligada a esa mezcla entre cocina popular, tabernas y tradición.

    Dónde comimos en Madrid

    Y aquí sí quiero hablar de experiencias personales, porque no quiero convertir esta parte en una lista de restaurantes que no he probado.

    Yakitoro

    Una de las veces que estuvimos en Madrid fue para celebrar el cumpleaños de mi marido y habíamos reservado previamente en Yakitoro, en la calle Reina.

    Cuando nosotros fuimos estaba vinculado al proyecto de Alberto Chicote y el restaurante tenía un ambiente muy animado.

    Es un concepto de cocina japonesa con influencia española, basado especialmente en los yakitori y pequeñas raciones para compartir.

    Probamos ensalada César, yakibokata de chipi, ceviche de corvina, berenjena en tempura, boniato asado y gratinado, pollo con guacamole y el famoso pollo frito cañí.

    La berenjena y el pollo frito cañí fueron de esos platos que recuerdo especialmente.

    También tomamos una tarta de queso que no estaba en carta.

    El restaurante era amplio, luminoso y el servicio fue rápido y amable.

    En aquel momento pagamos unos 22 euros por persona. Ese precio pertenece a aquella visita y no debe tomarse como precio actual.

    Actualmente Yakitoro continúa abierto en Madrid, en Reina y Castellana, aunque el proyecto y la carta han evolucionado desde aquella visita.

    La Pecera del Círculo

    Otro sitio que recomiendo porque he comido allí en más de una ocasión es La Pecera del Círculo, dentro del Círculo de Bellas Artes.

    Es un restaurante de ambiente clásico pero con una cocina adaptada a los tiempos actuales.

    Los platos tienen buena presentación y las raciones me parecieron generosas.

    Y lo mejor es que puedes aprovechar la visita para subir después a la Azotea del Círculo y disfrutar de las vistas.

    El precio del menú que yo recuerdo pertenece a mis visitas y ha cambiado con el tiempo, así que no lo utilizaría como referencia actual.

    Bocadillos de Rodilla

    Y aquí tengo que incluir un recuerdo mucho más sencillo, pero que también forma parte de mis visitas a Madrid: Rodilla.

    Recuerdo haber comido sus bocadillos en la zona de Puerta del Sol. Había bastante variedad para elegir y, para lo que costaban en aquella época, me parecían una opción estupenda para comer algo rápido sin gastar demasiado.

    Los recuerdo grandes, variados y sabrosos, así que si estábamos por el centro y queríamos algo sencillo, era una opción que nos venía muy bien.

    Y hay una curiosidad que me parece especialmente apropiada: Rodilla es una marca madrileña. Su historia comenzó en 1939 y está ligada a la zona de Callao.

    Los caramelos de La Violeta

    Otro recuerdo gastronómico que tengo de Madrid son los caramelos de La Violeta.

    Los probé durante una de mis visitas y recuerdo que me llamaron la atención porque tienen un sabor muy particular. No es el típico caramelo que pruebas y olvidas; el sabor a violeta es bastante característico y tiene ese punto tradicional que lo hace especial.

    Me parece uno de esos pequeños recuerdos que merece la pena llevarse de Madrid, sobre todo si nos gusta descubrir productos tradicionales y con historia.

    Un cucurucho de jamón cerca de la Puerta del Sol

    También tengo el recuerdo de haber entrado en una de las tiendas de jamones que hay cerca de la Puerta del Sol y haber probado uno de esos cucuruchos de jamón que preparan especialmente para comer mientras visitas el centro.

    Es una experiencia muy de zona turística: compras tu cucurucho, te lo comes allí mismo y continúas callejeando.

    Puede parecer una cosa muy sencilla, pero forma parte de esos pequeños momentos que recuerdo de mis visitas a Madrid.

    Los municipios y pueblos que rodean Madrid

    Madrid capital no es toda la Comunidad de Madrid.

    Alrededor encontramos una enorme área metropolitana formada por municipios que han crecido mucho durante los siglos XX y XXI, pero también localidades con una historia mucho más antigua y pueblos que conservan un patrimonio extraordinario.

    No tendría sentido enumerarlos todos en un artículo sobre Madrid, pero sí merece la pena conocer algunos.

    Alcalá de Henares

    Alcalá tiene sus raíces en la antigua Complutum romana y posteriormente tuvo también una importante presencia musulmana.

    Su gran importancia histórica está relacionada con la Universidad y con Miguel de Cervantes.

    Su casco histórico, la Universidad, la Casa Natal de Cervantes y el Corral de Comedias hacen de ella una de las excursiones culturales más interesantes desde Madrid.

    Aranjuez

    Aranjuez está íntimamente ligado a la monarquía española y al desarrollo del Real Sitio.

    El Palacio Real y sus jardines son sus grandes protagonistas, especialmente los jardines del Príncipe, de la Isla y del Parterre.

    Es además una excursión muy cómoda desde Madrid y una de las que yo he hecho sin coche.

    En mi visita realizamos una visita guiada de aproximadamente una hora y me pareció una opción muy interesante y bastante económica.

    Actualmente el Palacio Real de Aranjuez abre de martes a domingo, con horario diferente en invierno y verano.

    San Lorenzo de El Escorial

    En la Sierra de Guadarrama encontramos San Lorenzo de El Escorial, inseparable del enorme monasterio mandado construir por Felipe II.

    La construcción comenzó en 1563 y terminó en 1584.

    El conjunto es uno de los grandes símbolos históricos de la Comunidad de Madrid y está declarado Patrimonio Mundial.

    Es una excursión perfecta para combinar historia, arte y paisaje.

    La Granja de San Ildefonso

    Aunque La Granja pertenece actualmente a la provincia de Segovia, es otra excursión que puede hacerse fácilmente desde Madrid y que merece aparecer aquí por su cercanía y relación histórica con la Corona.

    Felipe V adquirió la antigua granja de los monjes jerónimos y convirtió el lugar en uno de sus sitios de descanso.

    El palacio y sus jardines son los grandes protagonistas.

    Manzanares el Real

    Manzanares el Real es una de esas localidades donde naturaleza e historia van de la mano.

    Su gran símbolo es el Castillo de los Mendoza, uno de los castillos medievales mejor conservados de la Comunidad de Madrid.

    Además, está junto a La Pedriza y al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, por lo que permite combinar patrimonio y naturaleza.

    Chinchón

    Chinchón es probablemente uno de los pueblos más reconocibles de la Comunidad.

    Su gran protagonista es la Plaza Mayor, irregular y rodeada de balcones.

    Además de su patrimonio, destaca por su gastronomía y por el famoso anís de Chinchón.

    Es uno de esos lugares que parecen muy alejados de una gran capital aunque realmente están bastante cerca.

    Buitrago del Lozoya

    En el norte encontramos Buitrago del Lozoya, con un carácter completamente diferente al de la capital.

    Su recinto amurallado medieval, el castillo y su relación con el río Lozoya hacen de esta localidad una de las más interesantes de la sierra madrileña.

    Y los grandes municipios del área metropolitana

    Alrededor de Madrid encontramos también grandes municipios como Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Pozuelo de Alarcón, Majadahonda, Las Rozas, Boadilla del Monte, Alcorcón, Leganés, Getafe, Fuenlabrada, Móstoles, Torrejón de Ardoz o Rivas-Vaciamadrid.

    Muchos han experimentado un enorme crecimiento durante las últimas décadas y hoy forman parte del gran espacio metropolitano madrileño.

    No tienen el mismo perfil histórico que Alcalá, Aranjuez o Chinchón, pero ayudan a entender cómo Madrid ha ido creciendo mucho más allá de su centro histórico.

    Excursiones desde Madrid

    Una de las grandes ventajas de Madrid es su situación. Desde la capital puedes hacer numerosas excursiones de un día y conocer lugares con una historia y un ambiente completamente diferentes.

    Algunas de ellas las he hecho yo y otras las incluyo porque me parecen opciones muy interesantes para completar un viaje a Madrid.

    Aranjuez

    Aranjuez está muy ligado a la historia de la monarquía española y al desarrollo del Real Sitio.

    Su gran protagonista es el Palacio Real de Aranjuez, rodeado de jardines como los del Príncipe, la Isla y el Parterre.

    Yo he ido sin coche y me parece una excursión muy cómoda desde Madrid. En aquella ocasión hicimos una visita guiada de aproximadamente una hora y me pareció muy interesante, tanto por la información como por el precio.

    Además, el entorno del río Tajo hace que la visita tenga un punto diferente al de Madrid capital.

    La Granja de San Ildefonso

    Aunque La Granja de San Ildefonso pertenece a la provincia de Segovia, es otra excursión que podemos plantearnos desde Madrid.

    El lugar está muy relacionado con la monarquía española. Felipe V adquirió una antigua granja de los monjes jerónimos y convirtió el lugar en un sitio de descanso para la Corona.

    El Palacio Real de La Granja y, sobre todo, sus enormes jardines y fuentes son sus grandes atractivos.

    Es una opción muy interesante si te gustan los palacios, los jardines y la historia.

    San Lorenzo de El Escorial

    A unos 60 kilómetros de Madrid, en la Sierra de Guadarrama, encontramos San Lorenzo de El Escorial.

    Aquí se encuentra uno de los grandes conjuntos monumentales de España: el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

    Felipe II ordenó su construcción y las obras comenzaron en 1563, terminando en 1584.

    El conjunto impresiona por sus dimensiones y por todo lo que concentra: monasterio, palacio, basílica, panteón real, biblioteca y diferentes colecciones artísticas.

    Es una de esas excursiones que recomiendo especialmente si te interesa la historia de España.

    Además, se puede llegar desde Madrid en transporte público, por lo que no es imprescindible disponer de coche.

    Alcalá de Henares

    Alcalá de Henares es otra de las excursiones culturales más interesantes desde Madrid.

    Su historia se remonta a la antigua Complutum romana y posteriormente también tuvo presencia musulmana.

    Pero si hay algo que ha marcado la identidad de Alcalá es su Universidad y su relación con Miguel de Cervantes, que nació en esta ciudad.

    Pasear por su casco histórico permite descubrir la Universidad, la calle Mayor, el Corral de Comedias y la Casa Natal de Cervantes.

    Su conjunto histórico está declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

    Chinchón

    Chinchón es una de esas localidades que parecen mucho más alejadas de Madrid de lo que realmente están.

    Su imagen más conocida es la Plaza Mayor, una plaza irregular rodeada de balcones de madera que constituye el centro de la localidad.

    Además de su patrimonio, Chinchón destaca por su gastronomía y por el famoso anís de Chinchón.

    Es una excursión que puede hacerse tranquilamente en un día y que permite cambiar completamente el ambiente de la gran ciudad por el de una villa tradicional.

    Manzanares el Real

    Si te apetece combinar historia y naturaleza, Manzanares el Real es una opción estupenda.

    Su gran protagonista es el Castillo de los Mendoza, uno de los castillos medievales mejor conservados de la Comunidad de Madrid.

    Pero además de visitar el castillo, el municipio se encuentra junto a La Pedriza y el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

    Por eso es una excursión especialmente interesante para quienes disfrutan tanto del patrimonio como de los espacios naturales.

    Buitrago del Lozoya

    En el norte de la Comunidad encontramos Buitrago del Lozoya, una localidad con un carácter completamente diferente al de Madrid capital.

    Su principal atractivo es su recinto amurallado medieval, uno de los mejor conservados de la Comunidad de Madrid.

    También encontramos el castillo y el río Lozoya, que forma parte del paisaje del municipio.

    Es una buena opción para descubrir ese Madrid más rural y serrano que muchas veces queda eclipsado por la capital.

    Toledo

    Y, por supuesto, desde Madrid también puedes hacer fácilmente una excursión a Toledo.

    Yo he estado allí en varias ocasiones y tengo bastante que contar, pero precisamente por eso prefiero dedicarle una entrada propia.

    ¿Has vivido alguna experiencia especial en la capital, como nosotros con el musical de El Rey León?

    ¿Y tú, qué lugar de Madrid guardarías como recuerdo de un viaje?, cuéntamelo en comentarios.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • AZURMENDI: primera experiencia en un 3 estrellas Michelin

    AZURMENDI: primera experiencia en un 3 estrellas Michelin

    El restaurante Azurmendi, galardonado con tres estrellas Michelin y liderado por Eneko Atxa en Larrabetzu, ofrece una experiencia gastronómica inmersiva basada en la alta cocina vasca y la sostenibilidad. Su edificio bioclimático integra energías renovables, aprovechamiento de recursos hídricos y cultivos propios que abastecen la propuesta culinaria.

    El recorrido incluye etapas por el espacio, como la cocina y el invernadero, antes de dar paso al menú degustación. El complejo también alberga el restaurante ENEKO, de propuesta tradicional contemporánea, y la bodega Gorka Izagirre, especializada en la elaboración y enoturismo del txakoli.

    Esta vez tocó algo muy especial: Azurmendi, el restaurante de tres estrellas Michelin de Eneko Atxa.

    Y puedo decirlo de primera mano: las tres estrellas me parecieron muy, muy merecidas.

    Fue una de esas experiencias que permanecen en la memoria mucho tiempo después de haber terminado.

    No solamente por la comida, sino por todo lo que rodea a cada plato. Es un auténtico paseo gastronómico en el que los cinco sentidos están continuamente estimulados.

    Eso sí, hay que tener en cuenta que estamos hablando de una experiencia gastronómica de alta cocina y, evidentemente, no es un restaurante para todos los bolsillos.

    Pero si alguna vez os apetece daros un homenaje muy especial, creo que merece la pena conocerlo.

    En nuestro caso, además, tenía un significado especial: lo reservé como cena para celebrar el cumpleaños de mi marido.

    ¿Dónde está Azurmendi?

    Azurmendi se encuentra en Larrabetzu, Bizkaia, en el barrio de Legina, a pocos kilómetros de Bilbao y cerca del aeropuerto.

    El restaurante está integrado en una ladera rodeada de naturaleza y viñedos. Para llegar hay que tener en cuenta que el último tramo de carretera es bastante empinado. Cuando hice nuestra reserva incluso me facilitaron las coordenadas GPS para llegar sin problemas.

    Nosotros fuimos con nuestro propio coche, aunque muchos de los comensales optan por acudir en taxi, algo que puede resultar bastante cómodo si se quiere acompañar la cena con un buen maridaje.

    Actualmente el propio restaurante indica como acceso la salida 25 del Corredor del Txorierri, en dirección al aeropuerto de Bilbao.

    Un edificio pensado para integrarse con la naturaleza

    Antes incluso de empezar a comer, Azurmendi ya resulta llamativo.

    El restaurante ocupa un espectacular edificio bioclimático en el que se combinan madera, piedra y grandes superficies acristaladas. La arquitectura busca precisamente difuminar la frontera entre el interior y el entorno natural.

    Y aquí la sostenibilidad no es simplemente una palabra bonita utilizada como reclamo.

    El edificio fue concebido desde el principio teniendo en cuenta criterios de eficiencia y aprovechamiento de recursos. Por ejemplo, se reutiliza el agua de lluvia para la huerta, los invernaderos y los inodoros; se aprovecha la luz solar para reducir el consumo de iluminación artificial y se generan energías renovables para cubrir parte de las necesidades del restaurante.

    Además, parte de las verduras y especias utilizadas en la cocina proceden de sus propios cultivos y se han plantado cientos de árboles para contribuir a reducir la huella de CO₂.

    De hecho, Azurmendi fue reconocido por The World’s 50 Best Restaurants como el restaurante más sostenible del mundo en 2018, después de haber obtenido anteriormente una puntuación muy elevada en esta categoría.

    Y todo esto se entiende mucho mejor cuando recorres el restaurante.

    El comienzo del paseo gastronómico

    Cuando llegamos, una persona nos recibió y nos acompañó a una sala que, por momentos, parecía más un jardín que la entrada de un restaurante convencional.

    Y ahí comenzó nuestro particular “paseo gastronómico”.

    Cuando nosotros estuvimos, la experiencia estaba dividida en diferentes espacios y etapas, cada una con una personalidad propia. Los conceptos y platos del menú han ido cambiando con los años —algo lógico en un restaurante de este nivel—, pero la filosofía de convertir la comida en una experiencia sigue formando parte de la identidad de Azurmendi.

    1. El picnic de bienvenida

    La primera sorpresa fue el llamado Picnic de Bienvenida.

    Nos presentaron una cesta con diferentes pequeños bocados de sabores muy intensos, acompañados de txakoli.

    Era solamente el comienzo y ya te dabas cuenta de que aquello no iba a ser simplemente sentarse a una mesa, pedir y comer.

    Aquí empezaba el viaje.

    2. La cocina

    Después llegó uno de los momentos que más recuerdo.

    Un “Kaixo” nos recibió al entrar en la cocina.

    Y de repente te encontrabas delante de un grupo de aproximadamente treinta cocineros, jóvenes, sonrientes y completamente concentrados en su trabajo.

    Me impresionó especialmente el orden.

    Recuerdo los fogones impecables, cada cosa perfectamente colocada en su sitio y, al fondo, Eneko Atxa.

    Los platos se elaboraban y se terminaban delante de nosotros, pudiendo observar parte del proceso antes de degustarlos.

    Y había algo que me llamó mucho la atención: la sensación de que todo estaba perfectamente controlado, pero sin que aquello pareciera una cadena de montaje.

    En la cocina de Azurmendi la técnica está muy presente, pero también existe una enorme atención al producto y a la tradición vasca. Esa combinación entre raíces y vanguardia es precisamente una de las señas de identidad de la cocina de Eneko Atxa.

    3. El invernadero

    La siguiente parada fue el invernadero.

    En nuestro caso, el recorrido se convirtió en un pequeño viaje por las cuatro estaciones del año, con diferentes aperitivos elaborados a partir de frutas, verduras y especias que nos iban sorprendiendo tanto por sus sabores como por su presentación.

    Y aquí entendí mucho mejor la relación entre el restaurante y su entorno.

    No era simplemente decoración.

    La huerta y los invernaderos forman parte del propio proyecto gastronómico y sostenible de Azurmendi, que produce allí parte de las hortalizas y especias que después llegan a la cocina.

    4. El restaurante

    Finalmente llegamos al comedor.

    Una sala amplia, elegante y luminosa, con grandes ventanales hacia el exterior.

    En aquel momento teníamos dos menús para elegir y nosotros decidimos probar uno diferente cada uno. Actualmente la propuesta gastronómica ha evolucionado y los menús pueden cambiar, algo que conviene tener presente si vais a visitarlo: la propia web avisa de que pueden producirse modificaciones de última hora.

    Y aquí empezó la parte más larga del viaje.

    Porque cuando hablamos de alta cocina solemos pensar en platos pequeños y precios elevados, pero a veces se nos olvida una cosa: pequeño no significa poco.

    En nuestra experiencia llegamos a probar alrededor de treinta elaboraciones.

    Sí, habéis leído bien: ¡unas treinta!

    Por eso podéis pasar perfectamente tres horas comiendo.

    Las cantidades individuales son pequeñas, pero cada bocado está pensado para concentrar muchísimo sabor.

    Y precisamente por eso creo que es importante dejarse aconsejar.

    El personal de sala nos explicaba qué era cada elaboración y, en algunos casos, cuál era la mejor manera o el momento adecuado para comerla.

    Mi consejo es que sigáis sus indicaciones.

    Ellos saben perfectamente qué quieren transmitir con cada plato.

    Sabores muy intensos

    La cocina de Azurmendi no es precisamente una cocina de sabores tímidos.

    Hay elaboraciones muy intensas y combinaciones que pueden resultar completamente nuevas para alguien que no esté acostumbrado a este tipo de gastronomía.

    En mi caso hubo un plato que no me gustó especialmente: uno de los que llevaba erizo de mar.

    Pero eso también forma parte de la experiencia.

    No todo tiene que gustarte.

    De hecho, creo que una de las cosas bonitas de probar una cocina tan diferente es precisamente descubrir sabores que nunca habías imaginado y comprobar cuáles funcionan contigo y cuáles no.

    Y llegaron los postres…

    Los postres fueron otra historia.

    Tanto los de cuchara como los pequeños bombones y dulces que llegaron después me parecieron deliciosos y, comparados con algunos de los platos anteriores, bastante más suaves.

    Me sorprendieron especialmente las combinaciones de gominolas, chocolates, especias y otros ingredientes poco habituales.

    Recuerdo incluso alguna elaboración relacionada con el vino tinto.

    Y después llegó la infusión.

    Yo no soy demasiado de café, así que escogí una infusión y me encantó.

    Tanto, que estuve a punto de pedirles la receta.

    Todavía me acuerdo de ella.

    Un servicio impecable… quizá demasiado para mí

    Tengo que reconocer una cosa: el servicio fue excepcional.

    El personal de sala estaba pendiente absolutamente de todo.

    Recuerdo que cuando quise ir al baño, una persona me acompañó prácticamente hasta la propia puerta. Cuando regresé, otra persona me abrió la puerta para volver al comedor.

    También recuerdo que había un pequeño puf donde podías dejar el bolso.

    Y siempre me servían a mí primero.

    En aquel momento todo aquello me resultaba un poco extraño.

    No estoy acostumbrada a que me cuiden tanto.

    Pero precisamente ese nivel de atención es parte de la experiencia de un restaurante de esta categoría.

    No se trata simplemente de servir comida: se intenta cuidar al comensal durante todo el recorrido.

    La visita de Eneko Atxa

    Durante la cena tuvimos además la oportunidad de que Eneko Atxa se acercara a nuestra mesa.

    Mi impresión personal fue la de una persona muy trabajadora, humilde y cercana.

    Se interesó por saber qué nos había parecido la comida y agradeció que hubiéramos elegido su restaurante para celebrar una ocasión tan especial.

    Y ese pequeño gesto hizo que la experiencia resultara todavía más personal.

    Porque detrás de todo aquel despliegue de técnica, organización y sofisticación seguía estando la persona que había creado aquella experiencia.

    Tres horas que pasan volando

    Con tantos platos, podríais pensar que una cena de tres horas se hace eterna.

    Todo lo contrario.

    Entre los diferentes espacios, las explicaciones, los platos, las conversaciones y las pequeñas sorpresas, el tiempo pasa volando.

    La música ambiental era muy suave y nosotros tuvimos además la suerte de ocupar una mesa junto al gran ventanal.

    Desde allí podíamos ver el exterior iluminado por las luces de las pocas casas que rodean la zona y por los coches que circulaban por la carretera.

    Un ambiente tranquilo, casi mágico.

    Y después de varias horas, llegó el momento de terminar nuestro paseo gastronómico.

    El centro de sostenibilidad

    Pero la experiencia todavía no había acabado.

    Una vez finalizada la cena pudimos visitar la parte superior del edificio, donde se encuentran espacios relacionados con la huerta, los invernaderos y el proyecto de sostenibilidad.

    La visita se podía hacer de manera libre y gratuita en nuestra experiencia.

    Allí pudimos entender mucho mejor cómo funciona todo el proyecto y por qué la sostenibilidad ocupa un lugar tan importante en Azurmendi.

    El restaurante utiliza el agua de lluvia, aprovecha la luz solar, genera parte de su energía mediante fuentes renovables y cultiva parte de los productos que utiliza en su cocina.

    Las explicaciones estaban disponibles en castellano, euskera e inglés.

    Y para mí fue un broche perfecto, porque después de haber visto el resultado en el plato, podíamos conocer también una parte del trabajo que hay detrás.

    Un poco de historia de Azurmendi

    Azurmendi abrió sus puertas en 2005 y la primera estrella Michelin llegó en 2007.

    En 2010 consiguió la segunda y, en 2012, llegó la tercera estrella Michelin, coincidiendo además con la inauguración del actual edificio bioclimático.

    Desde entonces, el restaurante ha mantenido las tres estrellas y ha recibido numerosos reconocimientos relacionados tanto con su gastronomía como con su compromiso medioambiental. En 2022, por ejemplo, celebró diez años consecutivos conservando las tres estrellas Michelin.

    Por tanto, cuando hablamos de Azurmendi no estamos hablando solamente de un restaurante de alta cocina, sino de un proyecto gastronómico que lleva años intentando unir territorio, tradición, innovación y sostenibilidad.

    Y creo que después de haber estado allí se entiende mucho mejor.

    ENEKO, otra propuesta de Eneko Atxa

    Y si el precio de Azurmendi se os escapa un poco del presupuesto —algo completamente comprensible—, hay otra opción justo en el mismo entorno.

    Bajando la cuesta se encuentra ENEKO Larrabetzu, también de Eneko Atxa.

    Es una propuesta diferente y más informal, basada en la cocina vasca tradicional y en el concepto Sutan, que significa “a fuego” en euskera.

    Aquí la cocina se realiza delante del comensal y la propuesta busca recuperar sabores, productos y tradiciones de la cocina vasca desde una perspectiva contemporánea.

    Además, ENEKO cuenta actualmente con una estrella Michelin.

    Los dos espacios están conectados por unas escaleras y un viñedo, por lo que resulta muy fácil combinar la visita si os interesa conocer las diferentes propuestas de Eneko Atxa.

    Y debajo está la bodega Gorka Izagirre

    Justo en este conjunto gastronómico se encuentra también la Bodega Gorka Izagirre, especializada en txakoli de Bizkaia.

    La bodega nació en 2005 con el objetivo de contribuir a la recuperación, evolución y difusión del txakoli de Bizkaia y trabaja con variedades autóctonas como Hondarrabi Zuri, Hondarrabi Zerratia y Hondarrabi Beltza.

    Actualmente ofrecen visitas y experiencias de enoturismo.

    Una de ellas es la Experiencia Hamaiketako, que incluye una visita y una cata de cuatro vinos acompañada de queso Idiazábal, jamón y una gilda. Actualmente tiene un precio de 30 € por persona y se realiza a las 11:00 h, de lunes a domingo, previa reserva.

    Así que, si os gusta el mundo del vino y especialmente el txakoli, puede ser otro complemento interesante para una escapada gastronómica por esta zona.

    Mi opinión

    ¿Volvería?

    Sí.

    ¿Me gustó todo?

    No. Y creo que es importante decirlo.

    Hubo sabores que no fueron para mí, como el plato de erizo de mar que recuerdo especialmente. Pero una experiencia gastronómica de este nivel no consiste únicamente en que absolutamente todo te guste.

    Consiste en descubrir.

    En sorprenderte.

    En probar ingredientes y combinaciones que probablemente nunca pedirías en un restaurante convencional.

    Y, sobre todo, en vivir algo diferente.

    Para mí, Azurmendi fue mucho más que una cena de cumpleaños.

    Fue una experiencia que empezó desde el momento en que recibimos las indicaciones para llegar y terminó varias horas después, cuando salimos del restaurante después de recorrer sus diferentes espacios.

    Tres estrellas Michelin que, en mi opinión, están más que merecidas.

    Y aunque no sea un lugar para visitar todos los fines de semana —ni mucho menos para todos los bolsillos—, sí me parece uno de esos sitios que merece la pena guardar en la lista de experiencias especiales.

    Porque hay restaurantes a los que vas a comer.

    Y hay otros que, cuando sales por la puerta, te das cuenta de que has ido a vivir una experiencia.

    Azurmendi pertenece a los segundos.

    Información práctica

    Azurmendi*
    Barrio Legina s/n
    48195 Larrabetzu, Bizkaia

    Actualmente abre de martes a sábado al mediodía, y viernes y sábado también para la cena. El restaurante recomienda reservar previamente. Los horarios y menús pueden variar, por lo que es conveniente comprobar la información antes de acudir.

    Web oficial de Azurmendi

    ENEKO Larrabetzu
    Barrio Legina s/n
    48195 Larrabetzu, Bizkaia

    Web oficial de ENEKO Larrabetzu

    Bodega Gorka Izagirre

    Web oficial de Bodega Gorka Izagirre

    Si queréis realizar la visita a la bodega, actualmente es necesario reservar y la propia bodega confirma la reserva previamente.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Pisto Tradicional: Recetas y Variantes de España

    Pisto Tradicional: Recetas y Variantes de España

    El pisto es un plato tradicional español originado en la gastronomía andalusí que evolucionó con los productos de cada territorio. Aunque el pisto manchego es el más conocido, existen diversas variantes regionales que comparten la técnica de guisar hortalizas locales lentamente en aceite de oliva.

    Entre las interpretaciones familiares, destaca una versión elaborada con calabacín, calabaza, patata, cebolla y pimiento. Esta preparación concluye añadiendo tomate mezclado con huevo batido, lo que cuaja ligeramente durante la cocción y aporta una textura melosa y jugosa al plato final.

    🍲

    Hay recetas que no necesitan grandes ingredientes ni técnicas complicadas para convertirse en un clásico de casa. Este pisto es una de ellas.

    Verduras, tomate, aceite y poco más. Una receta humilde, sencilla y profundamente ligada a la cocina doméstica, de esas que se preparaban aprovechando las hortalizas de temporada y que podían cambiar de una casa a otra según lo que hubiera disponible en la huerta o en la despensa.

    En mi caso, además, tiene un pequeño toque diferente: lleva calabaza, patata y se termina mezclando el tomate con huevo batido, consiguiendo un pisto jugoso y muy casero.

    🌿 Un plato con mucha historia

    Su origen se relaciona con la tradición culinaria andalusí y, con el paso de los siglos, fue evolucionando según las hortalizas disponibles en cada territorio.

    El pisto manchego se convirtió en una de sus expresiones más conocidas y es hoy uno de los platos representativos de Castilla-La Mancha.

    La versión más sencilla del pisto manchego tradicional se basa fundamentalmente en pimiento verde y tomate, aunque actualmente es habitual encontrar también cebolla, calabacín, pimiento rojo y ajo.

    Esto explica algo que seguramente nos resulta familiar: cuando hablamos de pisto, muchas veces encontramos recetas diferentes dependiendo de quién nos la haya enseñado.

    Porque el pisto no nació para seguir una receta escrita al milímetro. Nació de la cocina cotidiana, de la huerta y del aprovechamiento.

    El pisto y sus variantes por España

    Aunque el pisto manchego sea probablemente la versión más conocida, la idea de cocinar lentamente diferentes verduras con aceite está presente en muchas cocinas regionales españolas.

    Castilla-La Mancha: el pisto manchego

    Es la versión más reconocida y una auténtica seña de identidad de la gastronomía castellano-manchega.

    Su base tradicional gira alrededor del tomate y el pimiento verde, aunque se han incorporado otras verduras como cebolla, calabacín, pimiento rojo y ajo.

    Se cocina lentamente hasta conseguir una textura melosa y concentrada. Puede servirse solo, como guarnición o acompañado de huevo.

    Precisamente el huevo es uno de sus acompañamientos más tradicionales, aunque normalmente se presenta como huevo frito.

    Murcia: el pisto murciano

    En Murcia encontramos otra versión muy ligada a la huerta. Allí las verduras tienen un protagonismo especial y pueden aparecer ingredientes como tomate, pimiento, cebolla, calabacín y berenjena.

    Es una buena muestra de cómo una misma idea culinaria cambia cuando viaja de una huerta a otra.

    Andalucía: la fritada y otras preparaciones de verduras

    En Andalucía encontramos distintas preparaciones tradicionales basadas en verduras sofritas o fritadas, con ingredientes que pueden variar según la zona y la temporada.

    No todas reciben el nombre de pisto ni son exactamente la misma receta, pero comparten esa filosofía de cocinar lentamente las verduras en aceite hasta concentrar sus sabores.

    Otras cocinas regionales

    Y aquí está lo bonito: si ampliamos la mirada, descubrimos que las verduras cocinadas lentamente aparecen con nombres y combinaciones diferentes por prácticamente toda España.

    Cada territorio utiliza aquello que tiene más cerca: tomates, pimientos, cebollas, berenjenas, calabacines, patatas…

    Por eso resulta difícil hablar de un único pisto «auténtico» cuando salimos de una receta regional concreta.

    🥒 ¿Y por qué cada casa tiene su propio pisto?

    Porque probablemente esa sea la verdadera esencia de esta receta.

    Hay quien añade berenjena, quien prescinde del calabacín, quien utiliza pimiento rojo y verde, quien incorpora más tomate y quien lo deja prácticamente seco.

    También encontramos diferencias en la forma de cocinar las verduras: algunas recetas las sofríen por separado para respetar los tiempos de cocción y después las juntan; otras, especialmente las recetas familiares más sencillas, ponen prácticamente todo en la misma cazuela.

    Y luego están los pequeños secretos familiares.

    Una pizca de algo, una verdura que nunca falta, una manera determinada de cortar los ingredientes o ese «lo haces hasta que esté» que aparece en tantas recetas heredadas.

    Son precisamente esas pequeñas diferencias las que convierten una receta tradicional en nuestra receta.

    🥄 Mi versión: pisto con calabaza, patata y huevo

    Esta receta se aleja un poquito del pisto manchego más clásico, y precisamente por eso quería conservarla.

    Aquí aparecen calabacín, calabaza, pimiento verde, cebolla, patata y ajo. La mezcla se cocina con un poco de agua, aceite y caldo de verduras.

    Después llega el toque que la hace diferente: se mezclan los huevos batidos con el tomate y se incorpora todo al guiso.

    El huevo se cuaja ligeramente mientras se integra con el tomate y las verduras, dejando una preparación más ligada y jugosa.

    No pretende ser «el pisto tradicional» en sentido estricto.

    Es simplemente una manera de hacer pisto, una receta familiar más dentro de ese enorme recetario popular que ha ido creciendo en nuestras cocinas durante generaciones.

    👩‍🍳 Ingredientes

    Para 4 personas:

    • 1 calabacín
    • Un trozo de calabaza
    • 1 pimiento verde
    • ½ cebolla
    • 2 patatas
    • 1 diente de ajo
    • 1 pastilla de caldo de verduras
    • 1 bote pequeño de tomate
    • 2 huevos
    • Aceite de oliva virgen extra
    • Agua, aproximadamente dos dedos en el fondo de la cazuela

    🍳 Preparación

    1. Cocinamos las verduras

    Ponemos en una cazuela unos dos dedos de agua y llevamos a ebullición.

    Cuando esté hirviendo, incorporamos el calabacín, la calabaza, el pimiento verde, la cebolla, las patatas y el ajo, todo previamente troceado.

    Añadimos la pastilla de caldo de verduras desmenuzada y un buen chorro de aceite de oliva.

    Dejamos cocinar a fuego medio hasta que las verduras estén tiernas.

    2. Preparamos el tomate y el huevo

    Mientras se cocinan las verduras, batimos los dos huevos en un bol.

    Añadimos el tomate y mezclamos bien hasta conseguir una preparación homogénea.

    3. El toque final

    Cuando las verduras estén tiernas, incorporamos la mezcla de tomate y huevo a la cazuela.

    Removemos con cuidado y dejamos cocinar unos minutos a fuego suave, hasta que el huevo cuaje ligeramente y todos los ingredientes queden bien integrados.

    El resultado debe quedar jugoso y meloso, no seco.

    🍞 A la mesa

    Servimos caliente.

    ❤️ Una receta sencilla que cuenta una historia

    El pisto es uno de esos platos que demuestran que la cocina tradicional no tiene por qué ser complicada.

    Nació de ingredientes humildes, de las verduras disponibles y de la necesidad de alimentar a la familia con lo que ofrecía la tierra. Con el tiempo se convirtió en un plato representativo de diferentes regiones y cada cocina fue haciendo su propia interpretación.

    Porque cuando una receta pasa de generación en generación, no siempre permanece exactamente igual. Se adapta a la época, a la despensa, a la zona y, sobre todo, a la persona que la prepara.

    Esta receta de pisto con calabaza, patata, tomate y huevo es una de esas pequeñas piezas de nuestro recetario familiar.

    Una receta sencilla, de las de toda la vida.

    De las que quizá no salen en los grandes restaurantes, pero que tienen algo mucho más difícil de conseguir:

    sabor a casa.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Potes: Tu Base Perfecta para Explorar Liébana

    Potes: Tu Base Perfecta para Explorar Liébana

    Si vais a visitar los Picos de Europa, hay un lugar que no puede faltar en la ruta: Potes. Es uno de los pueblos con más encanto de Cantabria y una base perfecta para recorrer la comarca de Liébana.

    Está rodeado de montañas y se encuentra donde se unen los ríos Deva y Quiviesa, en el punto donde confluyen los cuatro valles lebaniegos.

    Gracias a su ubicación siempre hay mucho ambiente, especialmente los fines de semana y en verano.

    Aunque sus orígenes se remontan al siglo IX, gran parte del encanto de Potes está en su casco histórico. Sus calles empedradas, las casas blasonadas y las antiguas torres le dan ese aire medieval que invita a pasear sin prisas.

    No es casualidad que se conozca como la villa de los puentes y las torres. Entre las más conocidas están la Torre del Infantado, que hoy acoge exposiciones, y la Torre del Orejón de la Lama, ambas del siglo XV.

    Nosotros lo recorrimos acompañados de nuestros 🐶🐶 y disfrutamos muchísimo paseando junto al río. Había un montón de patos 🦆 y ellos no sabían hacia dónde mirar. Creo que fue uno de sus momentos favoritos del viaje. 😜

    Una de las cosas que más me gustó de Potes fue el ambiente que tiene a cualquier hora del día.

    Sus calles siempre están llenas de vida, con tiendas, bares y terrazas donde apetece hacer una parada. Al anochecer también merece la pena dar un paseo, porque la iluminación resalta todavía más el encanto de su casco histórico.

    Si tenéis la suerte de visitarlo durante alguna de sus fiestas, encontraréis el pueblo aún más animado.

    A lo largo del año se celebran varias festividades y ferias ganaderas, siendo una de las más importantes la de Los Santos, el 2 de noviembre, considerada una de las ferias de ganado más concurridas de Cantabria.

    Sea cual sea la época en la que vayáis, Potes siempre tiene ese ambiente acogedor que invita a quedarse un rato más antes de continuar la ruta por Liébana o los Picos de Europa.

    Si hay un plato que no podéis marcharos sin probar es el cocido lebaniego, uno de los grandes protagonistas de la gastronomía cántabra.

    Se prepara con garbanzos pequeños de la zona, patata, berza y el tradicional compango (chorizo, morcilla, tocino y otras carnes). En muchos restaurantes también sirven antes una taza de caldo con fideos, algo que se agradece especialmente en los días más frescos.

    Otro dulce típico que os recomiendo probar es el Canónigo de Liébana.

    Tiene una textura muy suave, a medio camino entre unas natillas y un pudding, y fue uno de los postres que más me sorprendió durante el viaje.

    En Potes hay muchísimos sitios donde comer bien, desde restaurantes de cocina tradicional hasta hamburgueserías y cafeterías más informales. Nosotros probamos varios y os dejo los que más nos gustaron.

    Dónde comimos

    Durante nuestra estancia en Valmeo, muy cerca de Potes, una de las cenas la hicimos en El Cenador del Capitán, en pleno centro de la localidad de Potes.

    Si viajáis con vuestro 🐶, es una opción muy recomendable, ya que permiten comer en el interior del restaurante, algo que siempre se agradece cuando viajas con mascotas.

    El comedor es pequeño, por lo que os aconsejo reservar con antelación.

    Para acceder hay que subir varios tramos de escaleras de madera, un detalle a tener en cuenta si viajáis con carrito o tenéis problemas de movilidad.

    La decoración es muy curiosa, llena de pequeños detalles que hacen que el restaurante tenga mucha personalidad.

    Además, desde la terraza hay unas vistas muy bonitas del pueblo.

    Nosotros pedimos una ensalada de la casa, lomo de venado con foie y costilla tudanca.

    Todo estaba muy rico, pero si tengo que quedarme con algo, sería el Canónigo de Liébana, un postre tradicional que fue el broche perfecto para la cena.

    No es el restaurante más económico de Potes, pero si buscáis cocina tradicional, un ambiente agradable y un lugar donde poder cenar con vuestro perro, merece la pena.

    Otro sitio que puedo recomendar es La Scala Café & Restobar. Es una opción muy práctica si buscáis algo diferente al menú tradicional de la zona.

    Tienen pokes, hamburguesas, ensaladas, crepes salados, batidos, gofres y otros postres. Además, la relación calidad-precio nos pareció muy buena y el servicio fue rápido.

    Si os apetecen unas buenas hamburguesas, no dejéis pasar Anybun.

    La carne nos sorprendió para bien y las hamburguesas estaban realmente jugosas.

    Si tuviera que recomendar alguna, me quedaría con la Cheeseburger o la Mississippi, aunque si sois de buen comer también la preparan en versión doble o triple.

    El local, además, admite perros en el interior, por lo que es otra alternativa estupenda para quienes viajamos con nuestros 🐶.

    Al final, una de las cosas que más me gusta de Potes es que, independientemente del presupuesto o de lo que os apetezca comer, siempre acabas encontrando un sitio donde merece la pena sentarse a disfrutar de la gastronomía lebaniega.

    Un lugar al que siempre apetece volver

    Potes es de esos pueblos que se disfrutan sin necesidad de llevar un plan.

    Basta con perderse por sus calles, cruzar sus puentes, sentarse en una terraza o pasear junto al río para entender por qué es uno de los destinos más visitados de Cantabria.

    Para nosotros fue uno de los lugares que más disfrutamos durante el viaje.

    Además de servir como punto de partida para conocer los Picos de Europa, tiene el tamaño perfecto para recorrerlo con calma, buena gastronomía y un ambiente muy agradable.

    Si además viajáis con vuestro 🐶, encontraréis varios establecimientos pet friendly que harán la estancia mucho más cómoda.

    Sin duda, es uno de esos sitios a los que no me importaría volver una y otra vez.

    Un punto de partida para descubrir Liébana

    Aunque Potes merece una visita por sí solo, para mí su mayor atractivo es que sirve como base para descubrir algunos de los rincones más bonitos de Liébana.

    Desde aquí podéis acercaros al monasterio de Santo Toribio, subir al teleférico de Fuente Dé o recorrer algunos de los pueblos con más encanto de la comarca.

    Nosotros elegimos alojarnos muy cerca, en Valmeo, y fue todo un acierto. En apenas unos minutos estábamos en el centro de Potes, pero disfrutando de la tranquilidad de un pequeño pueblo rodeado de naturaleza.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Alubias Rojas con Sacramentos: Tradición Vasco-Histórica

    Alubias Rojas con Sacramentos: Tradición Vasco-Histórica

    Las alubias rojas con sacramentos son un plato tradicional de Bizkaia estrechamente vinculado a Balmaseda. A finales del siglo XIX, los trabajadores del Ferrocarril de La Robla inventaron la olla ferroviaria o putxera para cocinar guisos calientes con el calor del carbón durante sus trayectos.

    Esta costumbre dio origen a una tradición gastronómica que hoy se celebra anualmente en la villa durante el Concurso de Putxeras de San Severino. La elaboración tradicional combina alubias rojas cocinadas lentamente con productos cárnicos como morcilla, chorizo y panceta.

    Un clásico de Bizkaia y el nexo a la competición de putxeras de Balmaseda.

    Si hay un plato que sabe a Euskadi, a invierno, a cocina de siempre y a esos guisos que reconfortan desde la primera cucharada, son las alubias rojas con sacramentos.

    En Bizkaia son todo un clásico. Un plato contundente, de los que se comen sin prisas y que forman parte de nuestra tradición gastronómica.

    Y aunque hoy podemos prepararlas tranquilamente en casa, detrás de este plato hay una historia muy curiosa relacionada con el ferrocarril y, especialmente en este caso, con Balmaseda.

    Porque hablar de alubias y Balmaseda es hablar también de la famosa putxera, la olla ferroviaria que nació de una necesidad y terminó convirtiéndose en todo un símbolo gastronómico de Enkarterri.

    Balmaseda, el ferrocarril y el nacimiento de la putxera

    Balmaseda, fundada en 1199, es la primera villa de Bizkaia y durante siglos ha tenido una gran importancia como lugar de paso y comercio.

    Pero a finales del siglo XIX la llegada del ferrocarril supuso un antes y un después para la villa. En 1894 comenzó a funcionar el Ferrocarril de La Robla, conocido popularmente como el Hullero, que comunicaba las cuencas mineras de León con Bilbao y permitía transportar el carbón necesario para abastecer a la industria siderúrgica vizcaína.

    Balmaseda llegó a convertirse en uno de los puntos fundamentales de esta línea y allí se instalaron los talleres generales del ferrocarril. Esto hizo que numerosos trabajadores ferroviarios pasaran a formar parte de la vida cotidiana de la villa.

    Los viajes eran largos y, especialmente durante los meses de invierno, los trabajadores del tren tenían que enfrentarse a muchas horas de trayecto y al frío. Necesitaban una manera de preparar una comida caliente mientras trabajaban.

    La solución fue tan sencilla como ingeniosa.

    Aprovechando el calor de las brasas del carbón, diseñaron unos recipientes metálicos que permitían cocinar lentamente durante el trayecto. En ellos preparaban principalmente alubias rojas acompañadas de chorizo, morcilla, panceta o tocino.

    Así nació la conocida como olla ferroviaria o putxera.

    Lo que comenzó como una solución práctica para poder comer caliente durante las largas jornadas de trabajo terminó convirtiéndose en una de las tradiciones gastronómicas más características de Balmaseda y Enkarterri.

    Y es que pocas cosas hay más bonitas en la gastronomía que una receta que nace de la necesidad y acaba convirtiéndose en tradición.

    La Putxera de Balmaseda: una tradición que sigue viva

    Como sabéis, durante unos años, estuve viviendo en Balmaseda y os puedo asegurar que cualquier motivo social tiene vinculado el pintxo y por supuesto la putxera.

    Si hay un día marcado en rojo en el calendario gastronómico de Balmaseda es el 23 de octubre, festividad de San Severino, patrón de la villa.

    Ese día la Plaza de San Severino se llena de putxeras y de personas dispuestas a demostrar quién prepara las mejores alubias al estilo ferroviario.

    Putxeras de concurso, putxeras en restaurantes, putxeras entre grupo de amigos en lonjas, asociaciones gastronómicas, carpas para visitantes de la villa … todo Balma huele a alubias y a…:-)

    El origen del concurso se remonta al 23 de octubre de 1971, cuando un grupo de balmasedanos decidió organizar el primer Concurso de Putxeras.

    Desde entonces, el certamen se ha convertido en una auténtica fiesta gastronómica y en una de las citas más importantes de la villa.

    Cada año, los participantes preparan sus putxeras siguiendo sus propias recetas y secretos familiares.

    Porque, como ocurre con casi todos los grandes platos tradicionales, cada cocinero tiene su pequeño truco: unas cantidades diferentes, un ingrediente especial, más o menos tiempo de cocción…

    Pero no todas las putxeras son fieles a la receta oficial, por lo que algunas se presentan como hobby sabiendo que no van a ser seleccionadas.

    Y después llega el momento de la verdad: el jurado prueba las diferentes elaboraciones para decidir quién se lleva la ansiada Putxera de Oro.

    La tradición continúa pasando de generación en generación y eso es, probablemente, lo más bonito de todo. La putxera no es simplemente una forma de cocinar unas alubias; es parte de la historia de Balmaseda y de la memoria de sus ferroviarios.

    Actualmente la competición de putxeras no solo es de Balma, también la puedes degustar en otras localidades del País Vasco e incluso fuera, pero las que yo he vivido y puedo recomendar, son las de Balma.

    ¿Y qué son exactamente los sacramentos?

    Cuando hablamos de alubias con sacramentos, nos referimos a los productos cárnicos que acompañan a las alubias y que aportan al guiso ese sabor profundo y característico.

    La combinación más habitual incluye morcilla, chorizo y panceta o tocino, aunque las recetas pueden variar de una casa a otra.

    Las alubias se sirven normalmente con el caldo bien ligado y los sacramentos aparte o incorporados al propio plato, dependiendo de la costumbre de cada familia.

    Es una comida de cuchara de las de toda la vida. De esas que apetecen especialmente cuando hace frío y que, después de comerlas, hacen que uno piense que una buena siesta tampoco sería mala idea.

    Mi receta de alubias rojas con sacramentos, como la he comido en la casa familiar desde siempre

    Esta es una forma sencilla de preparar unas alubias rojas melosas, sabrosas.

    Ingredientes

    • Alubias rojas, puestas a remojo desde el día anterior.
    • 1 morcilla.
    • Agua fría.
    • 1 pimiento verde troceado.
    • 1 zanahoria partida.
    • 1 diente de ajo.
    • ½ puerro partido.
    • 1 casco de cebolla.
    • 1 trozo de panceta, partido en dos.
    • 1 chorizo, cortado en trozos pequeños.
    • Sal al gusto.

    Cómo preparar las alubias

    1. Comenzamos la cocción

    Ponemos las alubias, previamente remojadas, en la olla rápida y añadimos abundante agua fría.

    Incorporamos el pimiento verde, la zanahoria, el ajo, el puerro, la cebolla, la panceta y el chorizo.

    De momento dejamos fuera la morcilla y la sal.

    2. Primera cocción

    Cerramos la olla rápida y cocinamos a fuego medio durante aproximadamente 1 hora.

    3. Dejamos reposar

    Una vez terminada la cocción, dejamos que la olla se enfríe antes de abrirla.

    Al destaparla, dejamos reposar las alubias durante unos 10 minutos. Este pequeño descanso ayudará a que el caldo vaya tomando cuerpo y quede más meloso.

    4. Preparamos la morcilla

    Lavamos la morcilla y la pinchamos varias veces con un tenedor. De esta manera evitamos, en la medida de lo posible, que se rompa durante la cocción.

    5. Añadimos la morcilla y la sal

    Incorporamos la morcilla a las alubias y añadimos sal al gusto.

    Aquí conviene tener cuidado con la cantidad, ya que tanto el chorizo como la panceta y la morcilla aportan ya bastante sabor al guiso.

    6. Cocción final

    Cocinamos todo junto a fuego suave, con la olla medio tapada, durante 10-15 minutos.

    Y ya las tenemos.

    Un buen plato de alubias rojas con sacramentos, de esos que piden pan al lado y que saben todavía mejor si se dejan reposar un poquito antes de servir.

    Algunas personas prefieren en vez de pan, cebolla al natural e incluso piperrak (pimientos verdes tipo guindilla).

    Un plato con historia

    Lo que más me gusta de este tipo de recetas es que detrás de ellas siempre hay algo más que ingredientes.

    En este caso, tenemos la historia de unos ferroviarios que necesitaban solucionar algo tan sencillo como poder comer caliente durante sus largas jornadas de trabajo. Su ingenio dio lugar a una manera de cocinar que, con el paso de los años, se convirtió en una tradición profundamente ligada a Balmaseda.

    Hoy la putxera forma parte de la identidad gastronómica de la villa y el Concurso de Putxeras de San Severino mantiene viva aquella historia.

    Así que la próxima vez que tengáis delante un buen plato de alubias rojas con sus sacramentos, acordaos de que no estáis simplemente comiendo un guiso.

    Estáis disfrutando de un pequeño pedazo de la historia de Bizkaia.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Descubre Bilbao: Cultura y Gastronomía en Cada Esquina

    Descubre Bilbao: Cultura y Gastronomía en Cada Esquina

    Bilbao es la capital de Bizkaia y ha evolucionado desde su pasado industrial hacia un centro cultural y turístico. Destaca por su arquitectura emblemática, como el Museo Guggenheim, y por tradiciones culturales y gastronómicas arraigadas que incluyen el consumo de pintxos, dulces típicos y la celebración de festividades locales.

    El territorio del Gran Bilbao abarca zonas costeras, industriales y rurales de gran valor histórico y natural. Destacan localidades costeras como Gorliz y espacios del interior como La Arboleda, reconocida por su patrimonio minero, complementados por una variada oferta gastronómica que abarca desde la cocina tradicional hasta propuestas de autor.

    Bilbao es una de esas ciudades que, cuanto más conoces, más cosas descubres.

    Popularmente se la conoce como el Botxo o incluso Botxito, haciendo referencia a ese “agujero” donde se encuentra la ciudad, rodeada de montañas.

    Es la capital de Bizkaia, una de las tres provincias que forman Euskadi, y aunque la capital administrativa del País Vasco es Vitoria-Gasteiz, Bilbao es probablemente la ciudad vasca con mayor proyección internacional, junto con Donostia-San Sebastián.

    La villa de Bilbao nació oficialmente en 1300 y durante muchísimo tiempo su economía estuvo ligada a la industria, al comercio y, sobre todo, a la actividad de la ría.

    Hoy Bilbao ha cambiado muchísimo.

    La antigua ciudad industrial se ha transformado en una ciudad moderna, cultural y turística, pero sin perder del todo ese carácter tan bilbaíno que, en mi opinión, es precisamente uno de sus mayores encantos.

    Y aunque mucha gente llega a Bilbao para hacerse la foto delante del famoso Museo Guggenheim, os aseguro que Bilbao es muchísimo más.

    Los bilbaínos lo llamamos cariñosamente “Guggy”.

    Y tenemos una broma muy nuestra:

    el Guggenheim es la caseta del perro.

    Porque delante del museo está Puppy, el enorme perro floral creado por Jeff Koons.

    Y claro… si tenemos un perro de semejante tamaño, la caseta también tiene que estar a la altura. 😉

    Los bilbaínos tenemos fama de hacer las cosas “a lo grande”.

    Y algo de razón hay.


    Bilbao, una ciudad para vivirla

    Bilbao no es solamente una ciudad para visitar monumentos.

    Es una ciudad para pasearla, comerla y vivirla.

    Una de las cosas que más me gustan es precisamente recorrer sus calles sin demasiada prisa.

    Podemos empezar por el Guggenheim, caminar junto a la ría, cruzar el Zubizuri y continuar hacia el centro.

    También podemos acercarnos al Casco Viejo, perderse por sus calles y terminar haciendo algo tan bilbaíno como…

    potear.


    Potear, txikitear y comer pintxos

    Si hay una palabra que tenéis que aprender antes de visitar Bilbao es potear.

    O txikitear.

    Consiste básicamente en ir de bar en bar tomando algo, normalmente un pequeño vaso de vino conocido como txikito, acompañado de un pintxo.

    Y aquí hago una aclaración:

    un pintxo no es exactamente una tapa.

    Aunque desde fuera puedan parecer conceptos similares, en Euskadi el pintxo tiene una enorme tradición gastronómica y muchos establecimientos han convertido estas pequeñas preparaciones en auténticas obras de arte.

    Uno de los clásicos que yo asocio inmediatamente con Bilbao es la tortilla de patata con cebolla, que en algunos sitios puede llevar también pimiento verde.

    Y después están los txikiteros.

    Tradicionalmente se utilizaba este término para referirse a los grupos de bilbaínos que iban de bar en bar con su cuadrilla, aunque evidentemente hoy cualquiera puede disfrutar de esta tradición.


    La fiesta de los Txikiteros

    El 11 de octubre se celebra en el Casco Viejo de Bilbao la tradicional fiesta de los Txikiteros.

    Uno de los puntos centrales se encuentra en el entorno de las calles Pelota, Perro y Andra Maria, frente al edificio de La Bolsa.

    La celebración está vinculada a la devoción por la Amatxu de Begoña, la Virgen de Begoña, patrona de Bizkaia.

    Uno de los momentos más emotivos es la interpretación de la Salve de los Txikiteros, cantada en euskera.

    Es una de esas tradiciones que explican que Bilbao no sea únicamente arquitectura y museos.

    También es costumbre.

    Es calle.

    Es cuadrilla.

    Es gastronomía.

    Y, por supuesto, es un txikito en la mano.


    Los domingos: rabas

    Otra tradición gastronómica muy bilbaína es salir los domingos a comer rabas, es decir, calamares rebozados.

    Hay costumbres que no necesitan demasiada explicación.

    Esta es una de ellas.

    Un paseo, unas rabas, algo para beber y a seguir disfrutando del día.


    El lado más dulce de Bilbao

    Y después de tanto pintxo necesitamos algo dulce.

    Bilbao tiene una repostería tradicional muy característica.

    Entre mis favoritos están:

    El bollo de mantequilla, parecido a un bollo suizo relleno de crema de mantequilla.

    El pastel de arroz, que tiene un nombre un poco engañoso porque actualmente no lleva arroz. Se prepara con una base de hojaldre y un relleno elaborado principalmente con leche, harina, huevos y mantequilla.

    La Carolina, uno de los dulces más reconocibles de Bilbao: una base de pastel de arroz coronada con merengue.

    El ruso, un pastel de origen decimonónico elaborado con merengue y crema, normalmente presentado en capas y terminado con azúcar glas.

    Y después tenemos la famosa baldosa de Bilbao, cuya forma reproduce las características baldosas de las aceras de la ciudad.

    También encontramos los bilbaínitos, pequeños bombones que se han convertido en otro dulce típico.

    Y últimamente se ha hecho muy popular el llamado “metrito de Bilbao”, una forma divertida de llevarse un pedacito dulce de la ciudad.


    Arquitectura: Bilbao es mucho más que el Guggenheim

    Si os gusta la arquitectura, como a mí, Bilbao es una auténtica maravilla.

    Evidentemente hay que visitar el Guggenheim, diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry.

    Pero no os quedéis únicamente con él.

    Tenemos el Zubizuri, el conocido como puente de Calatrava.

    La Basílica de Begoña, donde se encuentra la Amatxu.

    El Teatro Arriaga.

    El Mercado de la Ribera.

    La iglesia de San Antón, de origen medieval y situada junto al mercado.

    Y, por supuesto, San Mamés, la Catedral del fútbol para los aficionados del Athletic Club.

    Athletic Club

    Y si os fijáis en las entradas del metro encontraréis unas estructuras acristaladas muy características.

    Son los famosos fosteritos, diseñados por el arquitecto Norman Foster.


    Bilbao también se disfruta bajo la lluvia

    Aquí os voy a dar un consejo bastante sencillo:

    llevad paraguas.

    Da igual la época del año.

    En Bilbao puede llover.

    Y cuando llueve suavemente durante bastante tiempo tenemos incluso una palabra para ello:

    sirimiri.

    Es esa lluvia fina que parece que no moja…

    hasta que llevas un rato caminando. 😅

    Y si entráis en un bar y pedís agua de Bilbao, no os traerán agua.

    Os traerán cava.

    Otra pequeña muestra del humor bilbaíno.


    Open House Bilbao: una ciudad para mirar hacia arriba

    Si os gusta la arquitectura, existe además una iniciativa que merece la pena conocer:

    Open House Bilbao.

    Durante su celebración se abren al público determinados edificios y espacios que normalmente no siempre son accesibles, con visitas y actividades relacionadas con la arquitectura de Bilbao y su entorno.

    Es una oportunidad estupenda para descubrir otra cara de la ciudad.

    Open House Bilbao


    El Gran Bilbao: salir del centro

    Uno de los errores que cometemos los turistas —y digo turistas aunque sea nuestra propia tierra porque todos lo hacemos— es pensar que Bilbao termina cuando dejamos atrás el Guggenheim y el Casco Viejo.

    Pero existe algo mucho más amplio:

    el Gran Bilbao.

    La ría del Nervión-Ibaizabal vertebra buena parte de este territorio y alrededor de ella encontramos localidades con historias y paisajes muy diferentes.

    Podemos hablar, de manera general, de Bilbao, la Margen Izquierda y la Margen Derecha.

    Y aquí empieza lo interesante.


    La Margen Izquierda: la memoria industrial

    La Margen Izquierda estuvo profundamente ligada a la industria, la minería, la siderurgia y la actividad portuaria.

    Aquí encontramos localidades como Barakaldo, Portugalete y Santurtzi, entre otras.

    Una de las visitas imprescindibles es el Puente Bizkaia, conocido popularmente como Puente Colgante, que une Portugalete y Getxo.

    Es Patrimonio Mundial de la UNESCO y constituye uno de los grandes símbolos de la industrialización de la ría.

    También merece la pena acercarse a Santurtzi para disfrutar de sus famosas sardinas asadas.

    Porque si hablamos de comida, Bizkaia tampoco se queda corta.


    La Margen Derecha: mar y acantilados

    Al otro lado de la ría encontramos un paisaje bastante diferente.

    Getxo, Sopela, Plentzia y Gorliz ofrecen playas, acantilados, paseos marítimos y un paisaje mucho más abierto hacia el Cantábrico.

    Aquí cambia completamente la imagen que tenemos de Bilbao.

    Y precisamente por eso me encanta.


    Gorliz: un lugar muy especial para mí

    Gorliz pertenece a la comarca de Uribe y es uno de esos pueblos que combinan la tranquilidad del Cantábrico con ese verde tan característico del paisaje vasco.

    Está a unos 25 kilómetros de Bilbao.

    Pero para mí y mi familia es mucho más que un bonito pueblo costero.

    Gorliz forma parte de nuestra historia personal.

    Cuando era niña, ir a Gorliz con mis padres era un plan clásico.

    Coche cargado.

    Comida casera.

    Mesa de picnic bajo los pinos.

    Y después…

    tarde de playa.

    Con los años la tradición ha cambiado un poquito.

    Ahora muchas veces cogemos el metro hasta Plentzia y desde allí caminamos hasta Gorliz por el precioso paseo junto al mar.

    A veces también nos dedicamos simplemente a callejear, disfrutando de ese olor a mar que tiene el pueblo.


    El Pinar de Gorliz

    Una de las zonas que recuerdo especialmente es el Pinar de Gorliz, cerca de Urezarantza.

    Es un área recreativa perfecta para descansar a la sombra.

    Actualmente ya no cuenta con las antiguas parrillas, que fueron retiradas, pero conserva su encanto y dispone de zona infantil.

    Es un lugar estupendo para hacer una pausa.


    La playa de Gorliz

    La playa tiene aproximadamente 842 metros de longitud y se encuentra dentro de una bahía con forma de concha.

    Esta configuración ayuda a protegerla del oleaje más fuerte y hace que sea una playa muy familiar.

    También es un buen lugar para quienes están empezando a practicar surf.

    Y si vais caminando desde Plentzia, el paseo hasta Gorliz es una de esas excursiones sencillas que me parecen perfectas para pasar el día.


    Subir al Faro de Gorliz

    Otro paseo clásico es acercarse al Faro de Gorliz, situado sobre el cabo Bilbao.

    El faro actual fue construido en 1990 y destaca por su ubicación elevada sobre los acantilados.

    El nombre también tiene su pequeña historia: el topónimo “Cabo Villano” ya estaba utilizado por otro faro gallego, por lo que se adoptó el nombre de Cabo Bilbao.

    En 2007, Correos dedicó un sello a este faro.

    Pero más allá de la curiosidad, lo mejor es el paseo.

    Las vistas hacia el Cantábrico son preciosas.


    Los vestigios de la defensa costera

    Gorliz también conserva restos de la antigua línea de defensa costera construida después de la Guerra Civil.

    Podemos encontrar búnkeres, galerías y otras estructuras defensivas.

    Es una parte de la historia menos conocida del municipio y que recuerda que estos paisajes aparentemente tranquilos también han sido escenario de acontecimientos mucho más duros.


    Las dunas petrificadas de Astondo

    Junto al Hospital de Gorliz, en Astondo, encontramos otro elemento de enorme interés:

    las dunas petrificadas.

    Son formaciones geológicas de miles de años de antigüedad y constituyen uno de los elementos naturales más singulares de la zona.

    Además de su interés geológico, tienen importancia hidrogeológica porque están relacionadas con el acuífero que abastece al entorno del hospital.


    El Sanatorio Marino de Gorliz

    Y hablando del hospital, aquí encontramos otro capítulo fascinante de la historia local.

    El Sanatorio Marino de Gorliz fue fundado en 1919 para tratar principalmente a niños afectados por tuberculosis ósea.

    Su ubicación no fue casual.

    El clima benigno, la orientación y las condiciones ambientales de Gorliz se consideraban beneficiosas para este tipo de tratamientos.

    El edificio fue además pionero por su utilización del hormigón armado.

    Actualmente forma parte de Osakidetza y continúa siendo uno de los edificios más emblemáticos de Gorliz.


    Andramari: una parte de mi historia familiar

    Y aquí tengo que hacer una parada especialmente personal.

    En el barrio de Andramari tengo familia.

    Durante muchos años, las celebraciones familiares pasaban por la Ermita de Andra Mari de Aguirre y de las Nieves.

    Es una construcción religiosa de origen muy antiguo, vinculada tradicionalmente al siglo XI.

    Pero hay una curiosidad que me encanta.

    Antes de existir el faro actual, la ermita llegó a desempeñar una función de orientación para los barcos mediante hogueras.

    Una especie de “faro” mucho más rudimentario.

    En agosto se celebran las fiestas de Andramari y uno de los clásicos es el concurso de paellas.

    Y aquí ya entramos en terreno peligroso…

    porque en Euskadi una comida familiar puede acabar convirtiéndose fácilmente en competición gastronómica.


    Gorliz también es familia y amigos

    Tengo familiares y amigas vinculadas a Gorliz.

    Algunas siguen yendo todos los años al camping.

    Otras tienen allí su segunda residencia.

    Y precisamente por eso, para mí Gorliz no es una visita turística más.

    Es un lugar asociado a recuerdos.

    A veranos.

    A familia.

    A comidas.

    A playa.

    A caminar.

    Y a esa sensación tan difícil de explicar que producen los lugares que forman parte de nuestra vida.


    Camping de Gorliz

    Para quienes prefieran alojarse en la zona, el camping es otra posibilidad.

    Dispone de parcelas para tiendas y caravanas y también de bungalows.

    Su ubicación cercana a la playa permite combinar fácilmente alojamiento, mar y naturaleza.

    En temporada alta es recomendable reservar con antelación, ya que la disponibilidad puede ser limitada.


    Comer por Plentzia y Gorliz

    Si vais en plan sencillo y mochilero, hay algunos sitios que pueden resultar prácticos.

    Pollería Txori Ona, en Iturgitxi Kalea, es una opción para comprar pollo asado y comida preparada, además de bebidas y bocadillos.

    Yo recuerdo especialmente el vegetal y el de pollo.

    También está la Cervecería Kilimanjaro, un sitio muy conocido para hacer una parada después de caminar.

    En Plentzia encontramos también Restaurante Puerto Plentzia, junto al puerto, donde podemos tomar algo y disfrutar de pintxos.

    Y si sois aficionados a la cerveza artesana, podéis acercaros a Titoblas Brewing Co., en el polígono Sagastikoetxe.

    Como siempre, comprobaría horarios y disponibilidad antes de desplazarme, especialmente fuera de temporada.


    Información turística de Gorliz

    Oficina de Turismo de Gorliz

    Eloisa Artaza Kalea, 1
    48630 Elexalde, Bizkaia
    Teléfono: 946 774 348
    Correo: info@visitgorliz.eus

    Turismo de Gorliz


    La Arboleda: la otra cara de Bizkaia

    Y ahora nos vamos en dirección completamente distinta.

    Hoy os escribo acerca de uno de los lugares más icónicos de las Encartaciones:

    La Arboleda, conocida en euskera como Zugaztieta.

    Cuando llegas puedes pensar que estás ante un pequeño pueblo de montaña rodeado de naturaleza.

    Pero la realidad es mucho más interesante.

    La Arboleda fue un pueblo minero.

    Durante décadas se extrajo aquí mineral de hierro, y la actividad minera transformó por completo el paisaje y la vida de sus habitantes.

    Las antiguas explotaciones son precisamente las que dieron lugar a los lagos que vemos actualmente.

    Hoy la zona es un espacio de ocio y naturaleza, pero conserva la memoria de aquel pasado minero.


    Los lagos mineros

    Cuando las explotaciones quedaron abandonadas, las antiguas cavidades comenzaron a llenarse de agua.

    Así aparecieron los diferentes pozos y lagos que actualmente encontramos en la zona.

    Algunos de los más conocidos son:

    Pozo Ostión

    Pozo Blondis

    Pozo Parkotxa

    Pozo Granada

    Pozo Balastera

    Además encontramos otros pozos y pequeñas balsas.

    El paisaje es realmente curioso.

    Donde antes había minería hoy encontramos agua, árboles, senderos y zonas recreativas.

    Eso sí:

    no son lagos para bañarse.

    Turismo Euskadi indica que estos antiguos embalses son aptos para determinadas actividades como la pesca, pero no recomienda el baño.

    Así que mejor contemplarlos y respetar siempre las señales.


    El Funicular de Larreineta

    Una de las formas más bonitas de llegar es utilizando el Funicular de Larreineta.

    Fue inaugurado en 1926 para comunicar el poblado minero con el valle.

    Originalmente no transportaba solamente personas: también estaba preparado para transportar carga e incluso vehículos.

    El trayecto actual dura aproximadamente diez minutos.

    Y aquí tenemos una pequeña efeméride: en 2026 se celebra el centenario del Funicular de Larreineta. El Gobierno Vasco y Correos han organizado actos conmemorativos y se ha emitido un sello dedicado a estos cien años de historia.

    Me parece una excusa estupenda para visitarlo.

    Información del Funicular de Larreineta – Euskotren


    Pasear por La Arboleda

    La Arboleda cuenta con zonas recreativas, senderos y diferentes posibilidades para caminar.

    También podemos acercarnos al Centro de Interpretación Ambiental Peñas Negras, donde se explica la historia minera y la transformación del paisaje.

    Desde allí parten itinerarios señalizados para descubrir el entorno.

    Y hay una cosa que para mí es casi obligatoria:

    comer alubias.

    Porque las famosas alubias de La Arboleda forman parte de la identidad gastronómica de la zona.

    La explicación tiene todo el sentido.

    Los trabajadores de las minas necesitaban comidas contundentes, económicas y que aportasen mucha energía.

    Las alubias eran perfectas.

    Con el tiempo, aquella comida de trabajadores se convirtió en uno de los platos más representativos de La Arboleda.

    Así que si subís…

    unas alubias.

    No digo más.


    Nosotros en La Arboleda

    Nosotros solemos subir temprano, especialmente cuando vamos con los perros.

    Nos gusta caminar tranquilamente y disfrutar del silencio.

    A veces nos encontramos vacas, caballos o perros que acompañan al ganado.

    Es importante recordar que estamos en un entorno rural y mantener a nuestros perros controlados y respetar siempre a los animales.

    Lo bonito es observar.

    No molestar.


    Restaurantes que recomiendo en Bilbao y alrededores

    Y llegamos a una de mis partes favoritas.

    Porque después de caminar, visitar museos, subir montes y recorrer pueblos…

    hay que comer.

    Estos restaurantes no aparecen aquí porque sean simplemente lugares conocidos.

    Los incluyo porque yo he comido en ellos y puedo hablar desde mi propia experiencia.

    Y eso, cuando recomiendo un restaurante, para mí es importante.


    Restaurante Maider

    Cuando mi empresa estuvo situada en el barrio de Abando, yo tenía que quedarme muchas veces a comer en Bilbao.

    Uno de los restaurantes a los que acudía habitualmente era Restaurante Maider.

    Está en una ubicación muy cómoda, frente a los juzgados, en la calle Colón de Larreátegui.

    Es un restaurante tradicional, pero con algún toque moderno.

    Lo que más destacaría es su buena relación calidad-precio.

    Las raciones son normales, ni pequeñas ni exageradas, y el menú del día que yo conocí tenía varios primeros para elegir, carne o pescado como segundo y diferentes postres caseros.

    Pero para mí hay que destacar especialmente la parrilla.

    También tiene una barra de pintxos muy interesante.

    Es uno de esos lugares clásicos, de toda la vida, con ambiente familiar y personal cercano.

    Restaurante Maider
    Colón de Larreátegui, 5
    48001 Bilbao

    Teléfono: 944 24 89 91

    Como no dispone de web oficial, recomiendo comprobar por teléfono los horarios y el menú antes de ir.


    Gure Kabi

    Celebrábamos el cumpleaños de mi madre y, como ella es muy de comida tradicional, elegimos Gure Kabi.

    Habíamos reservado, aunque tuvimos la suerte de poder entrar un poco antes.

    El restaurante estaba lleno y no tardó en empezar a formarse gente esperando.

    Eso ya dice bastante.

    La comida es tradicional, las raciones son generosas y los postres son caseros.

    Y aquí tengo una recomendación muy clara:

    la tarta de queso.

    Deliciosa.

    Nosotros fuimos al menú del día, que en aquella época costaba 14 € por persona.

    Incluía primero, segundo, postre, agua o vino y pan.

    El precio, evidentemente, puede haber cambiado.

    También vi que habían recibido reconocimiento por sus croquetas, así que esa es una de esas cosas que tengo pendientes para una próxima visita.

    El servicio fue rápido y amable.

    Está un poco escondido, pero es muy popular.

    Reservad.

    Gure Kabi – web oficial


    La Despensa del Etxanobe

    Este restaurante tiene un significado diferente para nosotros.

    Celebrábamos el cumpleaños de mi marido y nos apetecía probar algo más gastronómico.

    Elegimos La Despensa del Etxanobe, perteneciente al universo gastronómico del chef Fernando Canales.

    Muy cerca se encuentra también Atelier Etxanobe, con un concepto más elegante.

    La Despensa del Etxanobe

    Atelier Etxanobe

    Nosotros elegimos el menú gastronómico.

    Probamos diferentes platos como:

    • Arroz cremoso de pulpo y hongos.
    • Flor de alcachofa a la brasa con romesco.
    • Ensalada de bogavante y crema de coliflor.
    • Chuleta de atún.
    • Pichón con su tosta.

    Y de postre:

    • Bizcocho de almendra y zanahoria con crema de lima-limón.
    • Crema de naranja elaborada con nitrógeno líquido.

    Y aquí ocurrió uno de esos momentos que se quedan en la memoria.

    Fernando Canales elaboró el postre delante de nosotros.

    Tenía muchísima curiosidad por probar algo preparado con nitrógeno líquido y me hizo especial ilusión.

    El resultado tenía forma de pequeña croqueta ovalada y se introducía directamente en la boca.

    Primero notas una textura dura y después, por el calor de la boca, cambia rápidamente.

    Es un postre que dura muy poco…

    pero precisamente por eso resulta tan curioso.

    El restaurante es íntimo, con poca luz y un ambiente bastante tranquilo.

    El servicio fue profesional, aunque a nosotros nos pareció algo más frío que en otros restaurantes de este estilo.

    Y algo importante:

    si reserváis, llegad a tiempo.

    En nuestra experiencia eran muy estrictos con los retrasos.


    Las Lías

    Para mi cumpleaños decidí ir a comer con mi familia a Las Lías.

    Éramos siete personas.

    El propietario, Mikel García, cuenta con una larga trayectoria vinculada al grupo Zortziko, y eso se nota en la manera de tratar al cliente.

    El local tiene bar y comedor.

    El comedor es pequeño, pero está muy cuidado.

    Lo que más destacaría es el producto.

    Pedimos para compartir:

    • Ensalada de tomate.
    • Pulpo.
    • Zamburiñas.
    • Berberechos.
    • Croquetas caseras variadas.

    Después llegaron los platos principales.

    Chuletón, servido en una bandeja con patatas.

    Solomillo, acompañado de una piedra para poder mantener la carne caliente.

    Y pescado según mercado.

    Nosotros elegimos lubinas salvajes que estaban fuera de carta.

    Aquí os dejo un consejo que aprendí en esa comida:

    preguntad siempre el precio de los productos fuera de carta.

    La lubina costaba 55 € por unidad.

    No es una crítica al restaurante.

    Simplemente es una buena costumbre que yo recomiendo adoptar siempre.

    También tuvimos una pequeña experiencia con el agua filtrada servida en botella de la casa, que tenía un coste adicional.

    El servicio fue muy atento y el producto nos gustó mucho.

    Las Lías – web oficial


    La Parada de Bilbao

    Este es otro restaurante al que he ido muchas veces.

    Con amigos.

    Con compañeros de trabajo.

    Con familia.

    Y por eso tenía que aparecer en esta lista.

    La Parada de Bilbao está en plena Gran Vía, junto a la estación de Abando.

    La Parada de Bilbao – web oficial

    Tiene menú del día, menús especiales, opciones para grupos y carta.

    El comedor es amplio y está decorado con fotografías antiguas de Bilbao.

    El personal siempre me ha parecido especialmente agradable y atento.

    Las raciones son grandes, están bien presentadas y son sabrosas.

    Para mí destaca por su buena relación calidad-precio.

    Tiene además una cafetería propia con una barra de pintxos estupenda.

    Se puede acceder desde Gran Vía o desde la cafetería, donde hay un ascensor de cristal que sube hasta el comedor.

    Es una opción muy práctica si estáis por el centro y queréis comer sin complicaros demasiado.


    Aspaldiko, en Loiu

    Si buscáis un lugar especial para una ocasión única, Aspaldiko es una apuesta que yo tendría muy en cuenta.

    Nosotros lo elegimos para una visita muy especial de unos amigos que venían desde Nueva Zelanda y Australia.

    Queríamos enseñarles algo de nuestra gastronomía, pero también algo que tuviera ese carácter vasco que no iban a encontrar en cualquier sitio.

    Y acertamos.

    Aspaldiko está ubicado en un caserío histórico del siglo XV, declarado Bien Cultural en categoría de Monumento. El edificio conserva elementos originales como piedra y madera y el restaurante funciona allí desde 1988.

    Aspaldiko – web oficial

    La noche que fuimos, además, se estaba celebrando una boda.

    Así que el lugar tenía un ambiente muy especial.


    Nuestra experiencia en Aspaldiko

    Reservamos para cenar y pedimos a la carta.

    La experiencia comenzó en el jardín del caserío, donde pudimos ver incluso pavos reales paseando por la finca.

    Para nuestros amigos, aquello ya fue una experiencia.

    Para compartir pedimos:

    • Almejas a la plancha.
    • Ensalada de txangurro desmigado.
    • Arroz meloso de berberechos.
    • Kokotxa de merluza con pil-pil y aire de tinta de chipirón.

    Después probamos diferentes platos principales, entre ellos bacalao a la vizcaína y al pil-pil, incluso la opción de probar ambos estilos, además de carne.

    Y llegamos a los postres.

    Cuajaditos de queso.

    Goxua.

    Helados artesanos.

    El goxua es uno de esos postres que recomiendo probar si nunca lo habéis hecho.

    La carta actual sigue incluyendo goxua, aunque los platos y precios pueden cambiar con el tiempo.


    Un trato excelente

    Como habíamos reservado en el primer turno, el personal tuvo el detalle de enseñarnos diferentes zonas del restaurante.

    Mis amigos no hablaban español y mi marido hizo de improvisado traductor al inglés.

    Fue un detalle que agradecimos muchísimo.

    El servicio fue ágil y amable y las raciones nos parecieron generosas.

    Mis amigos no paraban de untar pan en las salsas.

    Y creo que esa es una de las mejores críticas que puede recibir un restaurante.

    Aspaldiko continúa actualmente orientado tanto a comidas como a celebraciones y eventos, y dispone de jardines y diferentes salones.


    Txakoli Simón: chuleta, parrilla y vistas

    Y ahora nos vamos a Artxanda.

    Si os gusta la carne, probablemente habréis oído hablar de Txakoli Simón.

    Está considerado por el propio establecimiento como uno de los grandes referentes de la txuleta en Bilbao y su chef, Óscar García, fue reconocido como Maestro Parrillero Campeón en 2019 y 2021.

    Txakoli Simón – web oficial

    El restaurante se encuentra en el Camino de San Roque Bidea, en Artxanda.

    Tiene aparcamiento propio.

    Y una vez allí hay algo que os recomiendo hacer aunque no tengáis hambre:

    subid a la terraza y mirad las vistas.

    Son preciosas.


    Diferentes espacios para comer

    Cuando estuvimos allí llegué a contar aproximadamente seis zonas diferentes para comer.

    Había espacios exteriores, terrazas, merenderos y comedor.

    La zona de campa tiene un concepto más informal y actualmente el propio restaurante explica que funciona con un sistema de autoservicio, sin necesidad de reservar para ese espacio.

    Eso me parece especialmente interesante si vais en familia o con perros.

    En cambio, los espacios interiores tienen un servicio más tradicional.

    Información y reservas de Txakoli Simón


    Nuestra comida

    Nosotros pedimos:

    • Ensalada de ventresca.
    • Morcillas artesanales de puerro sobre pimientos rojos asados.
    • Chuleta de aproximadamente un kilo.
    • Patatas.
    • Tarta de queso.
    • Goxua.

    Tengo que hacer una mención especial a la morcilla.

    Mi familia materna es del Valle de Carranza y estoy acostumbrada a la morcilla de verduras.

    Es mi favorita.

    Así que cuando vi estas morcillas de puerro, tenía que probarlas.

    Y estaban deliciosas.

    Pero, evidentemente, la gran protagonista fue la chuleta.

    Nos trajeron además una pequeña parrilla portátil de carbón para poder mantener la carne caliente y terminarla al gusto.

    Comimos muy bien.

    Las raciones eran generosas y el precio nos pareció razonable para el tipo de producto y el lugar.


    ¿Reservar?

    Sí.

    Especialmente si queréis comer en el comedor.

    Txakoli Simón se ha vuelto muy popular y las redes sociales han contribuido a que mucha más gente conozca el lugar.

    La campa exterior tiene actualmente un funcionamiento diferente y no requiere reserva previa, pero para el restaurante tradicional yo no me arriesgaría.

    Reservaría.

    Teléfono: 944 45 74 99

    Dirección:

    Camino de San Roque Bidea, 89
    48015 Bilbao


    Santo Tomás: una tradición que anuncia la Navidad

    El 21 de diciembre Bilbao celebra la feria de Santo Tomás, una de las citas más tradicionales del calendario.

    El centro de la celebración se encuentra en torno al Arenal y El Arenal.

    Los baserritarras llegan a la ciudad con productos de temporada y la ciudad se llena de puestos.

    Es uno de esos días en los que Bilbao huele especialmente bien.

    Se toma txakoli.

    Se comen pintxos.

    Y, sobre todo, se come talo.

    El más tradicional es el talo con chorizo.

    Y aquí confieso algo:

    es uno de mis platos favoritos.

    El talo se elabora con harina de maíz, agua y sal.

    Se amasa, se deja reposar y se forman pequeñas bolas que posteriormente se estiran hasta conseguir una especie de torta fina que se cocina sobre una plancha.

    Sencillo.

    Tradicional.

    Y buenísimo.


    Aste Nagusia: Bilbao se transforma

    Si hay una fiesta que representa el carácter bilbaíno, esa es la Aste Nagusia.

    La Semana Grande de Bilbao dura nueve días y tiene como gran protagonista a Marijaia.

    El comienzo de las fiestas está marcado por el pregón y el lanzamiento del txupin desde el entorno del Teatro Arriaga.

    Marijaia aparece entonces para presidir las fiestas.

    En 2026, Aste Nagusia se celebrará del 22 al 30 de agosto.

    Durante esos días Bilbao se llena de conciertos, teatro, actividades infantiles, concursos gastronómicos, fuegos artificiales y las famosas txosnas.

    El Casco Viejo y ambas márgenes de la ría se convierten en auténticos puntos de encuentro.

    Bilbao Turismo – Aste Nagusia

    Si nunca habéis estado durante Aste Nagusia, os aviso:

    Bilbao durante esos días no es el mismo Bilbao.

    Y eso hay que vivirlo alguna vez.


    Bilbao y alrededores: mi forma de verlo

    Si tuviera que resumir Bilbao y sus alrededores en unas pocas palabras, diría:

    industria, mar, montaña, gastronomía, arquitectura y tradición.

    Pero también diría algo más.

    Personas.

    Porque para mí muchos de estos lugares están ligados a recuerdos personales.

    Gorliz está unido a mi infancia, a mis padres, a mi familia y a aquellos días de coche, comida casera y playa.

    Andramari forma parte de mi historia familiar.

    La Arboleda es uno de esos sitios donde disfrutamos de pasear con nuestros perros.

    Y algunos de los restaurantes que os he contado forman parte de cumpleaños, comidas familiares, encuentros con amigos o incluso de mi vida laboral.

    Por eso no quería hacer una guía fría de “qué ver en Bilbao”.

    Quería contaros mi Bilbao.

    El Bilbao que se recorre andando.

    El que se moja con sirimiri.

    El que se disfruta con un pintxo en la mano.

    El que huele a mar en Gorliz.

    El que conserva las huellas de las minas en La Arboleda.

    El que mira hacia arriba desde Artxanda.

    Y el que termina alrededor de una mesa.

    Porque al final, cuando viajamos, muchas veces no recordamos solamente el monumento que vimos.

    Recordamos con quién estábamos, qué comimos, cuánto nos reímos y cómo nos hizo sentir aquel lugar.

    Y eso es Bilbao para mí.

    Un lugar que merece mucho más que una visita rápida para hacerse una foto delante del Guggenheim.

    Bilbao hay que vivirlo.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Receta Tradicional de Porrusalda del País Vasco

    Receta Tradicional de Porrusalda del País Vasco

    La porrusalda es un caldo tradicional del País Vasco y zonas vecinas elaborado principalmente con puerros, patatas y verduras de huerta. Nació en entornos rurales como un plato humilde y reconfortante, al que frecuentemente se le añade bacalao seco para enriquecer su sabor.

    Su preparación consiste en cocer las hortalizas troceadas y añadir el bacalao en el último hervor. Debido a la disponibilidad del puerro en Europa, existen sopas de características muy similares en la gastronomía tradicional de países como Francia, Gales, Escocia, Alemania e Italia.

    Este plato del que os escribo ahora, es muy sencillo de preparar y también muy característico del País Vasco, genial para la época de invierno, calentito y suave, donde esté un buen plato de cuchara…

    Su nombre procede del euskera: porru significa «puerro» y salda significa «caldo», por lo que literalmente puede traducirse como «caldo de puerros».

    Se trata de una receta nacida en las zonas rurales del País Vasco, Navarra y La Rioja, donde las familias aprovechaban los productos que nunca faltaban en la huerta: puerros, patatas y, según la temporada, zanahorias, calabaza u otras verduras.

    Durante siglos fue un plato muy habitual en épocas de escasez y también durante la Cuaresma. En muchas casas vascas se enriquecía con bacalao, un ingrediente muy ligado a la tradición marinera del País Vasco y especialmente popular en Vizcaya.

    En mi casa además de los puerros y las patatas, añadimos calabaza y utilizamos una cola de bacalao seco en el último hervor para aportar un sabor especial.

    Detalle de preparación para 4 personas:

    Ingredientes

    • 4 puerros grandes
    • 2 patatas medianas
    • 2 zanahorias
    • Un trozo de calabaza (unos 300 g aproximadamente)
    • 2 dientes de ajo
    • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
    • Agua
    • Sal al gusto
    • 1 cola o trozo de bacalao seco para dar sabor

    Preparación

    1. Lava bien todas las verduras.
    2. Corta los puerros en rodajas, las zanahorias en trozos, la calabaza en dados y las patatas chascadas para que suelten mejor el almidón durante la cocción.
    3. Pon una cazuela al fuego con abundante agua y llévala a ebullición.
    4. Añade los puerros, las patatas, la zanahoria, la calabaza, los ajos enteros y el aceite de oliva.
    5. Cocina a fuego fuerte hasta que el caldo vuelva a hervir y las verduras comiencen a ablandarse.
    6. Cuando empiece a tomar color y las verduras estén prácticamente cocidas, baja el fuego y deja que se cocine lentamente hasta que todos los ingredientes estén tiernos.
    7. En el último hervor añade la cola de bacalao seco. De esta forma soltará su sabor en el caldo sin llegar a dominar el plato.
    8. Rectifica de sal si fuera necesario y sirve bien caliente.

    Si os gusta una textura más espesa, podéis aplastar ligeramente algunas patatas antes de servir.

    Al día siguiente suele estar incluso más rica, cuando los sabores se han asentado.

    El puerro era un alimento barato, resistente al frío y muy común en los huertos europeos. Por eso aparecen platos parecidos en lugares muy alejados entre sí. Algunas recetas muy parecidas del mismo plato son:

    • En Francia existe el Potage Parmentier, una sopa tradicional de puerro y patata considerada uno de los antecedentes de la famosa vichyssoise.
    • La Vichyssoise francesa comparte prácticamente los mismos ingredientes (puerro, patata y cebolla), aunque se tritura, lleva nata y suele servirse fría.
    • En Gales se prepara el Cawl Cennin, una sopa o potaje tradicional de puerros que ya aparece documentada a finales del siglo XVIII.
    • En Escocia existe el Scotch Leek Soup y también el famoso Cock-a-Leekie Soup, donde el puerro es uno de los ingredientes principales.
    • En Alemania se encuentran diversas versiones de Lauchsuppe (sopa de puerros), muy populares en la cocina doméstica.
    • En Italia ya se mencionaba en el siglo XVIII una sopa llamada Porrata, elaborada a base de puerros.

    Puntuación: 1 de 5.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • MENORCA en invierno: guía y ruta por libre para descubrir la isla con calma

    MENORCA en invierno: guía y ruta por libre para descubrir la isla con calma

    Menorca era una de esas islas que teníamos pendientes desde hacía tiempo y decidimos conocerla en enero, lejos del bullicio del verano. Viajar fuera de temporada tiene sus ventajas: pudimos recorrer calas, pueblos y monumentos con total tranquilidad, sin aglomeraciones y disfrutando de cada rincón a nuestro ritmo.

    Eso sí, también hay que tener en cuenta la otra cara de la moneda. Menorca vive en gran parte del turismo, por lo que en invierno es habitual encontrar muchos hoteles, restaurantes y establecimientos cerrados.

    Incluso algunas zonas turísticas parecen auténticos pueblos fantasma. Aun así, para nosotros compensó con creces poder descubrir la isla con tanta calma.

    Como ya es habitual en nuestros viajes, recorrimos la isla por libre alquilando un coche.

    Nos alojamos en Mahón, una ubicación perfecta para movernos cómodamente por toda Menorca y visitar sus principales atractivos.

    Os doy un poco de información introductoria, desde 1993, Menorca está declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO gracias al excelente estado de conservación de su patrimonio natural.

    Además, recientemente ha sido reconocida también como la mayor Reserva Marina de la Biosfera del Mediterráneo, un reflejo de la riqueza de sus ecosistemas.

    Uno de los grandes protagonistas de la isla es el Camí de Cavalls, un sendero histórico de 185 kilómetros que rodea toda Menorca. Antiguamente servía para vigilar y defender la costa, mientras que hoy permite acceder a muchas de sus calas, atravesando acantilados, barrancos, bosques, humedales y algunos de los paisajes más bonitos de la isla. Está dividido en veinte etapas y forma parte de la red europea de senderos de Gran Recorrido (GR-223).

    En esta entrada os voy a enseñar los lugares que visitamos durante nuestro viaje, aquellos que más nos gustaron y que, sin duda, volveríamos a recorrer.


    Mahón (Maó)

    Elegimos Mahón como base durante nuestra estancia y fue todo un acierto. Su ubicación permite llegar fácilmente a cualquier punto de la isla y, además, cuenta con uno de los puertos naturales más grandes del mundo, con unos cinco kilómetros de longitud.

    Nos alojamos en el hotel Catalonia Mirador des Port, situado sobre el puerto, una zona muy tranquila y con unas vistas magníficas.

    Mahón puede recorrerse perfectamente en un día.

    Mi consejo es sencillo: callejear. Sus plazas, calles y rincones tienen mucho encanto y merece la pena descubrirlos sin un itinerario demasiado marcado.

    En cuanto a la gastronomía, os recomiendo Can Xavi, un restaurante de cocina familiar muy popular donde es mejor reservar con antelación.

    Si viajáis fuera de temporada, también merece la pena echar un vistazo a los restaurantes del puerto. Nosotros comimos en Muelle Asador, un local pequeño y acogedor que nos gustó mucho.

    Aunque Mahón nos encantó, si tengo que elegir una de las dos grandes ciudades de Menorca, reconozco que Ciudadela me pareció aún más bonita. Pero, como siempre digo… para gustos, colores.


    Binibèquer Vell

    Binibèquer Vell es uno de los lugares más fotografiados de Menorca. Aunque muchos piensan que se trata de un antiguo pueblo de pescadores, en realidad fue construido en 1972 imitando la arquitectura tradicional mediterránea.

    Nosotros lo visitamos en enero y la sensación fue curiosa.

    Sus calles completamente blancas, estrechas y silenciosas, junto con todos los comercios cerrados, daban la impresión de estar paseando por un pueblo completamente deshabitado.

    Para llegar, lo más sencillo es dirigirse hasta Sant Lluís y seguir las indicaciones hacia Binibèquer Vell.

    Importante: desde el 1 de mayo de 2023 las visitas al poblado están reguladas y únicamente puede accederse entre las 10:00 y las 22:00 horas, una medida pensada para favorecer la convivencia con los vecinos.


    Castillo de San Felipe

    Situado en la entrada sur del puerto de Mahón, el Castillo de San Felipe fue construido a mediados del siglo XVI para proteger uno de los puertos naturales más importantes del Mediterráneo.

    Aunque gran parte de la fortaleza desapareció con el paso del tiempo, todavía pueden visitarse sus impresionantes galerías subterráneas y conocer mejor la importancia estratégica que tuvo Menorca durante siglos.


    Fortaleza de La Mola (Fortaleza de Isabel II)

    Muy cerca del Castillo de San Felipe se encuentra otra de las visitas imprescindibles de Menorca: la Fortaleza de La Mola, también conocida como Fortaleza de Isabel II.

    Fue construida entre 1848 y 1875 por orden de la reina Isabel II para proteger el puerto de Mahón frente a posibles invasiones, especialmente británicas, tras la demolición del antiguo Castillo de San Felipe.

    Es una visita que recomiendo especialmente si os gusta la historia militar. Sus murallas, túneles y baterías permiten hacerse una buena idea de la importancia defensiva que tuvo la isla durante siglos.

    Alaior

    Nuestra siguiente parada fue Alaior, considerada la tercera localidad más importante de Menorca, después de Mahón y Ciudadela. Fundada en 1304, se encuentra a los pies del Monte Toro, por lo que gran parte del casco urbano está en pendiente.

    Es un pueblo tranquilo, perfecto para pasear sin prisas y descubrir la Menorca más auténtica.

    Aunque no suele aparecer entre los lugares imprescindibles de la isla, merece la pena dedicarle un rato si os gusta recorrer los pueblos con calma.


    Cala Galdana

    Cala Galdana es una de las playas más conocidas y fotografiadas de Menorca. Su forma de concha, sus aguas normalmente de color turquesa y el entorno que la rodea la convierten en uno de los grandes iconos de la isla.

    Nosotros no tuvimos demasiada suerte.

    Había llovido y hecho temporal el día anterior, así que, en lugar del característico color azul turquesa, nos encontramos el agua completamente marrón. Son esas cosas que tiene viajar y que no siempre aparecen en las fotografías.

    Está rodeada de hoteles y es una de las zonas preferidas por el turismo familiar. Se encuentra a unos 23 kilómetros de Ciudadela y a 36 de Mahón, por lo que se llega fácilmente desde cualquiera de las dos ciudades.

    La playa se forma en la desembocadura de los torrentes Algendar y Algendaret, creando una pequeña zona húmeda que hoy se utiliza como embarcadero.


    Poblado talayótico de Torre d’en Galmés

    Si os interesa la arqueología, este fue uno de los lugares que más disfrutamos.

    Torre d’en Galmés es el mayor poblado talayótico de Menorca y uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de Baleares.

    Sus más de 66.000 metros cuadrados permiten hacerse una idea de cómo vivían los antiguos habitantes de la isla hace miles de años.

    El asentamiento estuvo ocupado desde el periodo naviforme (1700-1400 a. C.) hasta la época romana tardía, e incluso se han encontrado restos de época islámica. Pasear entre sus construcciones de piedra resulta realmente impresionante.

    Los talayots, que dan nombre a esta cultura, son construcciones prehistóricas de piedra con aspecto de torre y constituyen uno de los símbolos del patrimonio histórico de Menorca.


    Poblado talayótico de Talatí de Dalt

    Muy cerca de Mahón se encuentra otro de los grandes yacimientos arqueológicos de la isla: Talatí de Dalt. Aunque es de menor tamaño que Torre d’en Galmés, conserva una de las taulas más conocidas de Menorca.

    El poblado está datado entre los años 650 y 123 a. C. y es de propiedad privada.

    La visita permite recorrer los restos de viviendas, salas hipóstilas y otras construcciones que ayudan a comprender cómo era la vida en la Menorca prehistórica.

    Aunque no seáis grandes aficionados a la arqueología, creo que merece la pena incluirlo en la ruta, especialmente si vais a visitar otros poblados talayóticos.


    Necrópolis de Cala Morell

    Uno de los lugares que más me sorprendió fue la Necrópolis de Cala Morell.

    Se encuentra junto a un pequeño puerto natural de la costa norte de Ciudadela y alberga uno de los cementerios prehistóricos más espectaculares de Menorca.

    Está formado por catorce cuevas excavadas artificialmente en la roca que imitaban las viviendas de la época postalayótica.

    Nosotros la visitamos por libre y fue una experiencia muy recomendable.

    Poder recorrer este lugar con tranquilidad hace que sea mucho más fácil imaginar cómo vivían —y cómo enterraban a sus difuntos— los antiguos habitantes de la isla.

    Además, cuenta con aparcamiento y el acceso resulta muy cómodo.


    Talayot de Torelló

    Terminamos esta parte de la ruta visitando el Talayot de Torelló, uno de los talayots más grandes de Menorca.

    Su origen se sitúa entre los años 1000 y 700 a. C. y aún hoy conserva gran parte de su estructura. Se encuentra junto a la carretera entre Mahón y San Clemente, dispone de aparcamiento y pertenece a una finca privada.

    Es una parada rápida, pero muy interesante para completar el recorrido por la Menorca talayótica y comprender la importancia que tuvo esta cultura en la historia de la isla.

    Ciudadela

    Si Mahón nos gustó, Ciudadela terminó conquistándonos.

    Para mí, tiene un encanto especial. Sus calles de piedra, sus plazas y su ambiente hacen que sea una ciudad para recorrer sin prisas.

    Tuvimos la suerte de visitarla con muy buen tiempo, así que pudimos disfrutar de un agradable paseo por su pequeño puerto pesquero, rodeado de restaurantes.

    Como viajamos en enero, la mayoría estaban cerrados, algo habitual fuera de la temporada turística.

    Ciudadela fue la antigua capital de Menorca y conserva un importante patrimonio histórico. Si tenéis ocasión, os recomiendo perderos por su casco antiguo y descubrir sus rincones sin mirar demasiado el reloj.

    Sus fiestas patronales, dedicadas a Sant Joan, se celebran durante la semana de San Juan y son unas de las más conocidas de Baleares.

    Su origen se remonta al siglo XIV y en ellas participan distintos estamentos tradicionales de la sociedad menorquina: la nobleza, el clero, los campesinos y los artesanos, todos representados por los conocidos caixers.

    Si algún día volvemos en verano, me gustaría coincidir con estas fiestas, que dicen que son todo un espectáculo.


    Naveta des Tudons

    Uno de los monumentos más conocidos de Menorca es la Naveta des Tudons, una construcción funeraria del siglo IX a. C. considerada una de las mejor conservadas de Europa.

    Su forma recuerda a una embarcación invertida, de ahí el nombre de «naveta». Aunque actualmente no está permitido entrar ni subir a ella para garantizar su conservación, merece la pena acercarse y contemplarla de cerca.

    Como nosotros viajamos en enero, no había control de acceso y pudimos visitarla tranquilamente, disfrutando del lugar sin apenas gente.

    Es una visita rápida, pero imprescindible para conocer el importante legado prehistórico que conserva Menorca.


    Monte Toro

    Con sus 358 metros de altura, el Monte Toro es el punto más elevado de Menorca y uno de los mejores miradores de toda la isla.

    Nosotros subimos en coche desde Es Mercadal, un trayecto de apenas cinco minutos. Eso sí, preparaos porque arriba suele hacer bastante viento.

    En la cima se encuentra el Santuario de la Virgen del Toro, construido sobre una antigua iglesia gótica. La entrada es gratuita y actualmente está gestionado por una comunidad de monjas franciscanas.

    Si el día está despejado, desde allí se puede contemplar prácticamente toda Menorca e incluso llegar a divisar Mallorca en el horizonte.

    Es uno de esos lugares donde merece la pena detenerse unos minutos para disfrutar de las vistas antes de continuar la ruta.


    Es Mercadal

    Después de bajar del Monte Toro llegamos a Es Mercadal, un pueblo tranquilo cuyo origen se remonta al siglo XIII.

    Nosotros aprovechamos para pasear por sus calles y visitar el mercado. Es una localidad agradable para hacer una pausa durante el recorrido por la isla.

    Uno de los lugares que más me llamó la atención fue El Aljibe, una enorme infraestructura construida para recoger y almacenar agua de lluvia.

    Fue mandado construir por el gobernador británico Richard Kane con el fin de abastecer tanto a sus tropas como a la población local. Tiene capacidad para almacenar 273.000 litros de agua, una cifra que impresiona cuando lo ves en persona.

    En Es Mercadal también se celebra uno de los mercados semanales más tradicionales de Menorca, todos los jueves durante todo el año.

    En verano tiene lugar por la tarde y la noche, mientras que el resto del año se celebra por la mañana.

    Sus fiestas patronales están dedicadas a San Martín y tienen como protagonistas a los caballos y los famosos jaleos, una tradición medieval en la que jinetes y caballos recorren las calles engalanados al ritmo de la música.

    Faro de Cavallería

    El Faro de Cavallería se encuentra en el punto más septentrional de Menorca y fue uno de los lugares que más nos impresionó por el paisaje que lo rodea.

    Los acantilados, de más de quince metros de altura, ofrecen unas vistas espectaculares del Mediterráneo. Llegar hasta él requiere recorrer una estrecha carretera de montaña, por lo que lo más cómodo es hacerlo en coche.

    Aunque la mayoría de los visitantes se acercan durante el día, también es un lugar muy popular para contemplar la puesta de sol. Nosotros lo visitamos con tranquilidad y disfrutamos muchísimo del entorno.

    Muy cerca del faro vimos algo que, por desgracia, cada vez es más habitual: montones de piedras apiladas formando pequeñas «esculturas».

    En Menorca nos dijeron que era una tradición y que, si hacías una, volverías algún día a la isla.

    Sinceramente, no me lo creo. Creo que es una costumbre que se ha extendido entre los turistas y que termina alterando el paisaje natural.

    Personalmente, prefiero llevarme el recuerdo en fotografías y dejar el entorno tal y como lo encontré.


    Fornells

    Fornells fue una de las localidades que más visitamos durante el viaje. Al ir en enero encontramos muy pocos restaurantes abiertos y acabamos comiendo allí en varias ocasiones.

    Si os gusta el pescado, os recomiendo el restaurante Es Port, situado junto al puerto. Nosotros comimos muy bien y repetimos varios días.

    El pueblo tiene una bahía preciosa de aguas tranquilas y es perfecto para pasear sin prisas.

    Además, podéis acercaros a la pequeña Ermita de Lourdes, excavada en la roca, visitar la Torre de Fornells, convertida en museo, o conocer los restos del Castillo de San Antonio, que protegía la entrada a la bahía.

    Es uno de esos lugares donde apetece sentarse un rato frente al mar y disfrutar del ambiente.


    Cala Pregonda

    Cala Pregonda es una de las playas más singulares de Menorca. Situada en la costa norte, está rodeada por un entorno protegido y conserva un aspecto prácticamente virgen.

    La cala está formada por tres pequeñas playas y destaca por el color rojizo de su arena, muy diferente al de otras playas de la isla.

    Si buscáis tranquilidad y naturaleza, creo que merece mucho la pena acercarse hasta aquí.


    Cabo de Favàritx

    Otro de los lugares imprescindibles de Menorca es el Cabo de Favàritx.

    Su paisaje es completamente distinto al resto de la isla. Los tonos grises de la pizarra, el viento constante y los acantilados crean un entorno casi lunar que sorprende desde el primer momento.

    Llegar es muy sencillo desde Mahón siguiendo la carretera en dirección a Fornells y tomando el desvío señalizado hacia el faro. Si venís desde Ciudadela también hay varias opciones, aunque algunas recorren carreteras secundarias.

    Junto al faro se encuentra una pequeña laguna temporal llamada Cós des Síndic, protegida para evitar que los vehículos circulen sobre ella cuando permanece seca. Muy cerca también están las calas Presili y Tortuga, además de uno de los tramos del Camí de Cavalls.

    Existe una curiosa leyenda que dice que caminar sobre los charcos que se forman durante las noches de luna llena trae energía, fuerza y fertilidad.

    Yo, sinceramente, prefiero disfrutar del paisaje durante el día. Bastante impresionante es ya el lugar como para necesitar una leyenda más. 😄


    Arenal de Sa Mesquida

    Visitamos Sa Mesquida al atardecer y fue un broche perfecto para terminar el día.

    Esta playa, con forma de concha, está situada en un entorno muy apreciado por los aficionados al submarinismo gracias a la riqueza de sus fondos marinos.

    Nosotros simplemente nos sentamos un rato a contemplar el paisaje mientras caía el sol. Fue uno de esos momentos sencillos que hacen especial cualquier viaje.


    Arenal d’es Castell

    Nuestra última parada fue Arenal d’es Castell, una playa semiurbana muy popular entre las familias.

    A diferencia de otras calas más salvajes de Menorca, aquí encontraréis todos los servicios necesarios y un acceso muy cómodo. Sus aguas tranquilas y su amplia bahía la convierten en una buena opción para pasar unas horas de playa si viajáis con niños o simplemente buscáis un lugar donde relajaros sin complicaciones.

    Conclusión

    Menorca nos conquistó por su naturaleza, su historia y la tranquilidad con la que pudimos recorrerla en invierno. Es cierto que viajar en temporada baja implica encontrar algunos establecimientos cerrados, pero también permite disfrutar de la isla de una forma muy diferente, sin prisas y con una calma que en verano sería difícil encontrar.

    Si tuviera que quedarme con algunos lugares de este viaje, elegiría Ciudadela, el Faro de Cavallería, Monte Toro y el paisaje del Cabo de Favàritx. Pero, en realidad, creo que lo mejor de Menorca es recorrerla sin un plan demasiado rígido y dejarse sorprender por cada rincón.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘