Lanzarote la visitamos en enero de 2020, justo unos meses antes de que el mundo cambiara por completo con la llegada del Covid-19.
Al igual que nos ocurrió en Menorca, viajar en esta época nos permitió disfrutar de la isla con mucha más tranquilidad. Es cierto que algunos negocios tienen horarios más reducidos, pero a cambio puedes recorrer sus paisajes sin las aglomeraciones del verano.
Volamos desde Bilbao y, nada más llegar, recogimos un coche de alquiler.
Para movernos por Canarias solemos confiar en CICAR, una empresa con la que siempre hemos tenido buenas experiencias por su relación calidad-precio.
Eso sí, ya sabíamos que tocaría esperar un poco en el aeropuerto para recoger el vehículo. No fue ninguna sorpresa; en las islas el ritmo suele ser más pausado, así que lo mejor es tomárselo con calma y empezar las vacaciones sin prisas.
Si hay algo que me gusta hacer antes de viajar es preparar el recorrido.
No para ir corriendo de un sitio a otro, sino justo para lo contrario: aprovechar el tiempo sin agobios. No me gusta visitar lugares solo para tacharlos de una lista, ni pasar el día entero haciendo fotos sin disfrutar del momento.
Prefiero combinar las visitas con un buen paseo, una comida tranquila y algún rato simplemente contemplando el paisaje. Al fin y al cabo, para mí viajar consiste precisamente en eso: disfrutar.
En esta guía os voy a enseñar los lugares que más nos gustaron durante nuestro recorrido por Lanzarote.
No pretende ser una lista de todo lo que hay que ver en la isla, sino una selección de aquellos rincones que más nos sorprendieron y que, sin dudarlo, volvería a visitar.
Parque Nacional de Timanfaya
Hablar de Lanzarote es hablar de Timanfaya. Es, probablemente, el lugar más conocido de la isla y una visita imprescindible.
Aunque las fotografías ayudan a hacerse una idea, no es hasta que estás allí cuando comprendes de verdad cómo las erupciones volcánicas transformaron por completo este paisaje.
La Ruta de los Volcanes se realiza en uno de los autobuses del propio parque.
Se deja el coche en el aparcamiento y desde allí comienza una visita guiada en la que se recorren algunos de los rincones más espectaculares del parque. Al finalizar, el autobús regresa al punto de partida, donde también realizan varias demostraciones para mostrar el calor que todavía conserva el subsuelo.
Nosotros preferimos reservar la visita directamente con el parque.
Es uno de los lugares más populares de Lanzarote y, especialmente en temporada alta, merece la pena llevar la reserva hecha con antelación.
Un pequeño consejo que os puede venir bien: si podéis elegir asiento en el autobús, intentad sentaros en el lado derecho. Durante buena parte del recorrido las vistas desde ese lado son especialmente bonitas.
Además de esta ruta, también hicimos la Ruta Tremesana, una visita guiada en grupos reducidos que permite recorrer a pie una zona restringida del parque.
El punto de encuentro es el Centro de Interpretación, desde donde los propios guías trasladan a los visitantes hasta el inicio del recorrido.
Si os gusta caminar, otra opción muy recomendable es subir a la Caldera Blanca, una ruta que puede hacerse por libre y que ofrece unas vistas impresionantes del paisaje volcánico.
En cuanto al horario, mi consejo es llegar a primera hora de la mañana o dejar la visita para última hora de la tarde. Son los momentos en los que suele haber menos gente y se disfruta mucho más del entorno.
Y no, nosotros no hicimos el paseo en dromedario.
Personalmente prefiero no participar en este tipo de actividades porque me da bastante pena el uso que se hace de estos animales.
La Geria
Muy cerca de Timanfaya se encuentra La Geria, uno de los paisajes más singulares de Lanzarote. Aquí la lava dejó un terreno aparentemente imposible para el cultivo, pero los agricultores supieron convertirlo en una de las zonas vinícolas más características de Canarias.
Las vides crecen protegidas por pequeños muros de piedra volcánica y el lapilli ayuda a conservar la humedad, permitiendo que las plantas prosperen en un entorno donde, a simple vista, parece que no pudiera crecer nada.
Merece la pena recorrer la zona sin prisas y detenerse en alguno de sus miradores para apreciar este paisaje tan diferente.
Charco de los Clicos
Otro de los lugares que más nos llamó la atención fue el Charco de los Clicos, también conocido como el Lago Verde. Se encuentra dentro del cráter abierto al mar de El Golfo y debe su característico color a las algas que viven en sus aguas.
Es uno de esos rincones donde el contraste de colores sorprende: la arena negra, las rocas volcánicas, el intenso verde de la laguna y el azul del Atlántico forman un paisaje realmente espectacular.
Después de la visita nos acercamos al pequeño pueblo pesquero de El Golfo para comer en Casa Rafa Restaurante de Mar, una elección que resultó ser todo un acierto.
La carta es muy variada, el servicio fue rápido y amable, y la relación calidad-precio nos pareció muy buena.
Nos llamó la atención que, al servir la ensalada, nos trajeran una selección de aceites, vinagres y sales para aliñarla al gusto. Entre todos ellos, el vinagre de cebolla y el de mango nos sorprendieron especialmente.
Como siempre que viajamos, intentamos probar productos típicos de la zona.
En esta ocasión pedimos unas lapas y un bocanegra a la plancha, un pescado fresco de la isla que nos limpiaron en la propia mesa. Fue una comida que disfrutamos mucho y que recordamos con cariño.
Los Hervideros
A pocos minutos en coche se encuentran Los Hervideros, uno de esos lugares donde la fuerza del océano impresiona de verdad.
Las antiguas coladas de lava han dado lugar a un entramado de cuevas, grietas y bufaderos por los que el mar entra con enorme fuerza cuando hay oleaje.
Actualmente existen varios miradores y pasarelas desde los que se puede contemplar este espectáculo con seguridad.
Si podéis elegir, intentad visitarlo cuando el mar esté algo revuelto; las olas golpeando contra la roca hacen honor al nombre del lugar.
Eso sí, conviene extremar siempre la precaución y respetar las zonas habilitadas para la visita.
Salinas de Janubio
La siguiente parada fueron las Salinas de Janubio, las más grandes de Canarias y uno de los paisajes más representativos de la isla.
Además de recorrerlas, merece la pena entrar en su pequeña tienda. Yo aproveché para comprar sal de mojo rojo y de mojo verde, y la verdad es que fue todo un acierto. Todavía hoy me acuerdo de lo buenas que estaban.
Calas de Papagayo
Si hay un lugar donde el color del mar nos dejó completamente impresionados, fue en las Calas de Papagayo.
Están situadas dentro del Monumento Natural de Los Ajaches, un espacio protegido que conserva algunas de las playas más bonitas de Lanzarote.
Aunque la más famosa es la playa de Papagayo, a nosotros también nos gustó mucho Playa Mujeres. Es bastante más amplia, suele estar menos concurrida y, si el mar está tranquilo, es fácil ver peces nadando muy cerca de la orilla.
Para acceder en coche hay que pagar una pequeña tasa y recorrer una pista de tierra. No es especialmente complicada, pero conviene conducir despacio.
Al tratarse de un entorno prácticamente virgen, apenas hay servicios.
Mi consejo es llevar agua, algo de comida y protección solar, porque los pocos establecimientos que hay suelen ser más caros y, además, no existen baños públicos.
Si vais directamente a la playa de Papagayo, tened en cuenta que el acceso se realiza mediante varios tramos de escaleras, por lo que puede resultar incómodo para personas con movilidad reducida.
Otra opción interesante es dejar el coche por la zona del Hotel Sandos Papagayo y recorrer el sendero que pasa por Playa Mujeres y otras pequeñas calas antes de llegar a Papagayo.
Es un paseo muy agradable de unos veinte minutos, con bonitas vistas durante todo el recorrido.
Los Ajaches constituyen el macizo volcánico más antiguo de Lanzarote, con materiales que se formaron hace millones de años.
Además de su interés geológico, en esta zona se encuentran los restos del primer asentamiento de los conquistadores franco-normandos que llegaron a la isla a comienzos del siglo XV.
Pero, sinceramente, más allá de la historia, lo que realmente hace especial este rincón es el paisaje.
El contraste entre las montañas volcánicas y ese mar de un intenso color turquesa convierte la zona en uno de esos lugares que cuesta olvidar.
Arrecife
Aunque mucha gente utiliza Arrecife únicamente como punto de llegada o de salida de la isla, merece la pena dedicarle unas horas.
Es una ciudad tranquila, perfecta para pasear sin prisas y descubrir un lado diferente de Lanzarote.
Uno de sus rincones más conocidos es el Charco de San Ginés, una pequeña laguna de agua salada rodeada de casas blancas, terrazas y pequeñas embarcaciones de pescadores. Es uno de esos lugares donde apetece sentarse un rato y simplemente ver pasar la vida.
Muy cerca también se encuentra el Castillo de San Gabriel, una fortaleza del siglo XVI construida para proteger la ciudad de los ataques piratas. Se accede por el Puente de las Bolas, uno de los símbolos más fotografiados de Arrecife.
Si os gusta pasear, el centro histórico es bastante agradable y encontraréis pequeñas tiendas, cafeterías y un ambiente mucho más relajado que en otras zonas turísticas de la isla.
Nosotros aprovechamos la visita para comer en Don Albahaca, un pequeño restaurante especializado en cocina romana que nos sorprendió muy gratamente.
Probamos dos de sus especialidades: el supplì, una especie de croqueta de arroz típica de Roma, y la pinsa, una masa similar a la pizza tradicional, pero mucho más ligera y digestiva.
Además, algunas de sus variedades llevan el nombre de localidades de Lanzarote, un detalle curioso que nos hizo gracia.
El local no es muy grande, aunque también dispone de terraza, y nos pareció una opción con una excelente relación calidad-precio.
Teguise
Durante el viaje también visitamos Teguise, la antigua capital de Lanzarote.
Es uno de esos pueblos que invitan a pasear sin rumbo, recorriendo sus calles empedradas, descubriendo pequeñas plazas y asomándose a sus tiendas de artesanía.
Las casas blancas, las puertas y ventanas de madera pintadas de verde o azul y el ambiente tranquilo hacen que conserve mucho encanto.
Si tenéis la oportunidad de visitarlo un domingo, además encontraréis uno de los mercadillos más conocidos de Canarias, aunque nosotros preferimos recorrerlo con más calma, sin tanta gente.
Es un buen lugar para hacer una parada, tomar algo en una terraza y disfrutar del ritmo pausado del pueblo.
Lagomar
Para terminar el día visitamos Lagomar, un lugar completamente distinto a todo lo que habíamos visto hasta ese momento.
Construido aprovechando una antigua cantera volcánica, este espacio mezcla arquitectura y naturaleza de una forma realmente sorprendente.
Cuevas, túneles, terrazas y jardines se suceden entre las paredes de roca creando un conjunto muy original.
Además de su belleza, Lagomar es conocido por la curiosa historia que lo relaciona con el actor Omar Sharif, quien, según cuentan, llegó a comprar la casa y la perdió poco después en una partida de cartas.
Sea cierta o no toda la historia, lo que sí puedo decir es que merece la pena acercarse a conocer este rincón tan diferente.
Es una de esas visitas que ponen un broche distinto al recorrido por la isla y demuestran, una vez más, cómo Lanzarote ha sabido integrar la arquitectura con el paisaje volcánico sin romper su esencia.
Playa de Famara
Muy cerca de Teguise se encuentra Playa de Famara, uno de los paisajes que más me impresionó de Lanzarote.
No es la típica playa de aguas tranquilas para pasar el día bañándose.
Aquí el protagonista es el océano, el viento y los enormes acantilados del Risco de Famara, que parecen caer directamente sobre la arena.
Es un lugar muy popular entre los aficionados al surf y al kitesurf, y aunque no practiquéis ninguno de estos deportes, merece la pena acercarse solo por contemplar el paisaje.
Nosotros fuimos en enero y prácticamente teníamos la playa para nosotros solos.
Poder caminar durante un buen rato por la orilla, escuchando únicamente el sonido del mar, fue uno de esos momentos sencillos que hacen que un viaje se recuerde durante mucho tiempo.
Si os gusta la fotografía, intentad visitarla cuando la marea esté baja. La arena mojada refleja el cielo y los acantilados creando unas imágenes realmente bonitas.
Tahíche
Fundación César Manrique
Hay un nombre que aparece constantemente cuando recorres Lanzarote: César Manrique. Artista, arquitecto y gran defensor del paisaje de la isla, dejó una huella que sigue presente en muchos de sus rincones.
Por eso creo que visitar la Fundación César Manrique ayuda a comprender mucho mejor Lanzarote.
La casa está construida sobre una antigua colada de lava y aprovecha varias burbujas volcánicas naturales para crear algunas de sus estancias.
Es sorprendente ver cómo la arquitectura y la naturaleza se integran de una forma tan armoniosa.
Más que una vivienda, parece una obra de arte en la que cada espacio está pensado hasta el último detalle.
A mí fue uno de los lugares que más me gustó de todo el viaje.
No solo por la casa en sí, sino porque ayuda a entender la filosofía de César Manrique y el enorme esfuerzo que hizo para conservar la identidad de Lanzarote frente al desarrollo turístico.
Después de recorrer la fundación, nosotros nos acercamos a comer a Los Aljibes de Tahíche, situado muy cerca.
Es un restaurante que combina cocina argentina y canaria, con raciones realmente abundantes, así que si vais en pareja o en grupo, merece la pena compartir algunos platos.
Nosotros pedimos una ensalada de la casa y una parrillada de carne, y todo estaba muy bueno.
Otro detalle curioso es que elaboran su propia cerveza artesana y el pan que sirven también es casero.
El restaurante ocupa un edificio diseñado por el propio César Manrique en 1976 y conserva una bodega muy singular que puede visitarse.
Además de comer bien, resulta interesante conocer este pequeño rincón de su legado arquitectónico.
Jardín de Cactus
Puede parecer extraño recomendar un jardín dedicado exclusivamente a los cactus, pero os aseguro que merece la pena.
El Jardín de Cactus fue otra de las grandes obras de César Manrique y está construido sobre una antigua cantera de extracción de ceniza volcánica.
En su interior se reúnen miles de ejemplares de cactus procedentes de diferentes partes del mundo. Incluso si no sois especialmente aficionados a la jardinería, resulta un lugar muy agradable para pasear.
La combinación entre la piedra volcánica, el verde de las plantas y el molino tradicional que preside el recinto crea un conjunto muy bonito.
Es una visita tranquila, diferente y perfecta para recorrer sin prisas.
Jameos del Agua
Si tuviera que elegir uno de los lugares más sorprendentes de Lanzarote, seguramente sería Jameos del Agua.
Este espacio nació en el interior de un túnel volcánico formado por la erupción del Volcán de la Corona y, una vez más, fue César Manrique quien supo transformarlo en un lugar único sin alterar su esencia.
Nada más entrar, llama la atención el lago interior, donde habita una especie de pequeños cangrejos albinos exclusivos de este lugar.
Son diminutos y cuesta verlos al principio, pero merece la pena detenerse un momento para buscarlos.
El recorrido continúa entre jardines, pasarelas y rincones donde la lava y la vegetación parecen convivir de forma completamente natural.
Es uno de esos sitios donde no importa tanto ir deprisa como disfrutar del ambiente.
Cueva de los Verdes
Muy cerca de allí se encuentra la Cueva de los Verdes, otro tramo del mismo túnel volcánico.
La visita solo puede hacerse con guía y resulta muy entretenida porque, además de explicar cómo se formó la cueva, permite recorrer galerías, pasillos y grandes salas creadas por la lava hace miles de años.
No quiero contar demasiado porque parte del encanto está en descubrirla por uno mismo, pero sí os aconsejo prestar atención hasta el final de la visita.
Hay una sorpresa que forma parte de la historia de este lugar y que merece la pena descubrir allí, sin spoilers.
Después de recorrer tanto los Jameos del Agua como la Cueva de los Verdes, acabé entendiendo por qué César Manrique defendía tanto el paisaje de Lanzarote.
Consiguió demostrar que era posible poner en valor estos espacios sin convertirlos en algo artificial, respetando siempre la naturaleza que los había creado.
Punta Mujeres
Uno de los pueblos que más me gustó del norte de Lanzarote fue Punta Mujeres.
Es un pequeño pueblo pesquero que conserva la tranquilidad de siempre y donde parece que el tiempo pasa un poco más despacio.
Lo más característico son sus piscinas naturales, formadas entre la roca volcánica y adaptadas para el baño.
Cuando el mar está tranquilo, el agua permanece completamente cristalina y son una alternativa perfecta a las playas tradicionales.
Me pareció un lugar ideal para dar un paseo, disfrutar del ambiente y contemplar el océano sin prisas.
Caletón Blanco
Muy cerca se encuentra Caletón Blanco, uno de esos rincones que llaman la atención desde el primer momento.
Aquí el contraste es absoluto: la arena blanca destaca sobre la roca volcánica negra, mientras el agua adopta unos tonos turquesa increíbles.
Cuando baja la marea se forman pequeñas piscinas naturales que convierten la zona en un lugar perfecto para relajarse.
Si viajáis con niños, creo que es una de las playas más agradables de la isla, ya que estas piscinas naturales suelen estar bastante protegidas del oleaje.
Volcán de la Corona
Muy cerca de allí se encuentra el Volcán de la Corona, responsable de la formación de los túneles volcánicos que hoy ocupan la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua.
Si os gusta el senderismo, existe una ruta que permite subir hasta el cráter y disfrutar de unas magníficas vistas del norte de Lanzarote y del archipiélago Chinijo.
Nosotros preferimos contemplarlo desde distintos puntos del recorrido, pero es una excursión muy recomendable para quienes quieran descubrir una faceta más tranquila de la isla.
Conclusión
Lanzarote es una isla diferente. Su paisaje volcánico, el contraste entre la roca negra y el intenso azul del océano, los pueblos blancos y la huella que dejó César Manrique hacen que tenga una personalidad única.
Durante nuestro viaje descubrimos lugares espectaculares, playas casi vírgenes, pequeños pueblos con mucho encanto y una gastronomía que nos sorprendió muy gratamente. Pero, sobre todo, disfrutamos de esa sensación de tranquilidad que transmite la isla cuando la recorres sin prisas.
Seguro que nos dejamos algún rincón por descubrir, porque Lanzarote tiene mucho que ofrecer. Aun así, todos los lugares que aparecen en esta guía forman parte de nuestro viaje y son los que, por una razón u otra, más recordamos y recomendaríamos.
Si estáis pensando en viajar a la isla, espero que nuestra experiencia os sirva para organizar vuestra ruta o, simplemente, para despertaros las ganas de conocer este rincón de Canarias.
Y si disponéis de un día más, no dejéis pasar la oportunidad de visitar La Graciosa. Para nosotros fue el complemento perfecto a este viaje y merece una escapada por sí sola.
Gracias por acompañarme una vez más. Espero que hayáis disfrutado de este recorrido tanto como nosotros disfrutamos viviéndolo. 😊
Gracias por leerme.
Espero que os haya gustado 😘😘

































