Categoría: RINCONES CON ALMA

  • Descubre Betanzos: Historia, Gastronomía y Turismo

    Descubre Betanzos: Historia, Gastronomía y Turismo

    Betanzos es una localidad histórica de A Coruña conocida por su pasado medieval, su patrimonio arquitectónico y su vinculación al Camino Inglés. Su casco antiguo destaca por sus calles empinadas, los restos de la muralla medieval con sus antiguas puertas y templos históricos como la iglesia de Santiago.

    La gastronomía local destaca por su famosa tortilla de patata tradicional, caracterizada por presentar el huevo muy poco cuajado. Para planificar la visita conviene tener en cuenta el terreno inclinado, los horarios de apertura de los monumentos y sus festividades tradicionales.

    Betanzos: qué ver, historia, tortilla y nuestra experiencia

    Betanzos era una de esas localidades de Galicia que tenía ganas de conocer. Su pasado medieval, sus iglesias, las antiguas puertas de la muralla y, por supuesto, su famosa tortilla de patata eran algunos de los motivos que nos llevaron hasta allí.

    Nuestra visita fue solo nosotros dos, sin los perros, y estuvimos unas horas recorriendo la localidad. La experiencia tuvo un poco de todo: lugares que nos gustaron, otros que encontramos cerrados y una tortilla que teníamos muchas ganas de probar.

    También descubrimos algo que no esperaba encontrar en tanta medida: Betanzos tiene bastantes cuestas y algunas son bastante empinadas. Si vais a recorrerla caminando, es algo que conviene tener presente.

    ¿Dónde está Betanzos?

    Betanzos se encuentra en la provincia de A Coruña, entre los ríos Mendo y Mandeo y muy cerca de la ría de Betanzos.

    Su casco histórico está declarado Conjunto Histórico-Artístico y la localidad forma parte además del Camino Inglés a Santiago, por lo que encontraremos numerosas referencias a su pasado medieval y jacobeo.

    Por su situación es una parada interesante si estamos haciendo una ruta por Galicia y queremos conocer una localidad con bastante historia.

    Llegamos en coche y encontramos una zona donde pudimos dejarlo sin limitación de horario.

    Desde allí nos acercamos andando hasta la Oficina de Turismo, donde nos dieron un mapa de la ciudad y nos explicaron qué lugares podíamos visitar.

    La Oficina Municipal de Turismo se encuentra actualmente en Praza de Galicia, 1 y me parece un buen punto de partida para conocer Betanzos, especialmente si vais a estar pocas horas.

    Fue allí donde nos hablaron de una de las cosas que más atrae a los visitantes: la tortilla de patata de Betanzos.

    Pero antes de llegar a ella, vamos a conocer un poco la historia de esta ciudad.

    Video en mi canal de YouTube

    Nuestra llegada a Betanzos

    Llegamos en coche y encontramos una zona donde pudimos dejarlo sin limitación de horario.

    Desde allí nos acercamos andando hasta la Oficina de Turismo, donde nos dieron un mapa de la ciudad y nos explicaron qué lugares podíamos visitar.

    La Oficina Municipal de Turismo se encuentra actualmente en Praza de Galicia, 1 y me parece un buen punto de partida para conocer Betanzos, especialmente si vais a estar pocas horas.

    Fue allí donde nos hablaron de una de las cosas que más atrae a los visitantes: la tortilla de patata de Betanzos.

    Pero antes de llegar a ella, vamos a conocer un poco la historia de esta ciudad.

    Un poco de historia de Betanzos

    Betanzos tiene un origen muy antiguo y se asienta sobre el antiguo castro de Untia.

    En 1219, el rey Alfonso IX trasladó la población de Betanzos O Vello hasta su emplazamiento actual. A partir de entonces comenzó a crecer y adquirió una gran importancia dentro de Galicia.

    Durante la Edad Media se convirtió en una ciudad comercial y también en lugar de residencia de importantes familias nobles. De ahí procede uno de sus nombres más conocidos: la Ciudad de los Caballeros.

    Uno de los personajes más importantes de esta época fue Fernán Pérez de Andrade “O Boo”, poderoso noble gallego relacionado con algunas de las construcciones medievales más importantes de Betanzos.

    La ciudad llegó a ser una de las siete capitales de las antiguas provincias del Reino de Galicia, condición que mantuvo hasta la reorganización territorial del siglo XIX.

    También tuvo importancia su actividad portuaria y comercial.

    Ya en los siglos XIX y XX, Betanzos vivió otra etapa de prosperidad gracias a los emigrantes que habían marchado a América y que, al regresar, invirtieron parte de sus fortunas en su ciudad natal.

    Entre ellos destacan especialmente los hermanos García Naveira, cuya huella podemos encontrar todavía hoy en diferentes edificios y obras de Betanzos.

    La antigua muralla de Betanzos

    Una de las cosas que más me interesó conocer fue la antigua muralla.

    Betanzos estuvo protegida por un importante recinto amurallado que fue creciendo y reformándose durante la Edad Media. Las fortificaciones adquirieron especial importancia en los siglos XIV y XV y llegaron a contar con cuatro puertas principales y un pequeño postigo.

    Con el paso del tiempo buena parte de la muralla desapareció, pero todavía podemos encontrar algunos restos y tres de sus antiguas puertas.

    Porta da Ponte Nova

    La Porta da Ponte Nova es una de las mejor conservadas.

    Construida en el siglo XV, conserva parte de sus elementos defensivos y permite hacerse una idea de cómo eran los accesos a la ciudad medieval.

    Porta da Ponte Vella

    Otra de las puertas conservadas es la Porta da Ponte Vella.

    Por ella se accedía a la ciudad desde la zona del antiguo puente y conserva elementos relacionados con su función defensiva.

    Además, esta zona estaba relacionada con el control de las mercancías que entraban en la ciudad.

    Porta do Cristo o Porta da Ribeira

    La tercera puerta que podemos contemplar es la Porta do Cristo, también conocida como Porta da Ribeira o Porta de Paio Fermoso.

    Se encontraba relacionada con la zona del antiguo puerto y las actividades comerciales de Betanzos.

    La antigua Porta da Vila y el pequeño postigo do Hórreo ya no se conservan.

    Nosotros hicimos el recorrido por las antiguas puertas porque nos lo recomendaron en la Oficina de Turismo. Nos dijeron que nos llevaría aproximadamente media hora, aunque en nuestro caso lo vimos entero en unos quince minutos.

    La zona nos pareció algo menos bonita de lo que esperábamos. Está junto al agua y, personalmente, me gustó más el entorno del otro lado del puente.

    Aun así, creo que merece la pena acercarse porque ayuda a entender cómo era la antigua ciudad medieval.

    Paseando por el casco histórico

    Después comenzamos a recorrer el centro histórico de Betanzos.

    Hay calles estrechas, plazas, soportales, antiguos edificios y numerosos rincones que recuerdan el pasado medieval de la localidad.

    Eso sí, aquí apareció uno de los aspectos que más recuerdo de nuestra visita: las cuestas.

    Encontramos bastantes desniveles y algunas calles eran bastante empinadas. Por eso, si vais a visitar Betanzos andando, os recomiendo llevar calzado cómodo y tenerlo en cuenta si tenéis dificultades para caminar.

    Nuestra idea era ir descubriendo pequeños rincones y disfrutar de la ciudad tranquilamente, pero al ser lunes, nos encontramos con varios establecimientos cerrados.

    La iglesia de Santiago

    Uno de los lugares que sí visitamos fue la iglesia de Santiago, situada en pleno casco histórico, junto a la Torre del Reloj.

    El templo actual fue construido en el siglo XV y presenta características del gótico, aunque conserva también elementos relacionados con etapas anteriores.

    La iglesia está muy vinculada al Camino de Santiago, concretamente al Camino Inglés, que pasa por Betanzos.

    En su interior destaca especialmente el retablo plateresco, atribuido a Cornelis de Holanda, además de otros elementos de interés.

    También resulta muy llamativa su relación con la Torre del Reloj, construida en el siglo XVI y adosada a la iglesia.

    La iglesia de Santiago fue una de las que pudimos conocer durante nuestra visita y me pareció especialmente interesante por su historia y por su relación con el Camino.

    Junto a ella se encuentran además otros edificios importantes del casco histórico, por lo que es una buena zona para continuar el paseo.

    La Casa Núñez

    Otro de los lugares que quisimos conocer fue la Casa Núñez.

    Se encuentra en el centro histórico y está relacionada con la época de prosperidad que vivió Betanzos a finales del siglo XIX y comienzos del XX, muy vinculada a los emigrantes que hicieron fortuna en América.

    Los hermanos García Naveira son uno de los ejemplos más conocidos de esta emigración y de la huella que dejaron posteriormente en su ciudad natal.

    Nos acercamos hasta la Casa Núñez con intención de visitarla, pero cuando llegamos la encontramos cerrada, así que finalmente tuvimos que conformarnos con verla por fuera.

    Si queréis conocerla por dentro, os recomiendo consultar previamente los horarios de visita, especialmente si vais en lunes como nosotros.

    La famosa tortilla de Betanzos

    Y llegamos a una de las cosas que más curiosidad nos despertaban de la visita: la famosa tortilla de patata de Betanzos.

    En la Oficina de Turismo nos hablaron mucho de ella y nos explicaron que era uno de los grandes atractivos gastronómicos de la ciudad.

    La tortilla de Betanzos tiene unas características muy concretas: se prepara tradicionalmente sin cebolla y con el huevo muy poco cuajado.

    El resultado es una tortilla extremadamente jugosa, con el interior casi líquido.

    Nuestra intención era hacer una pequeña ruta de pintxos y probar una porción, pero nos explicaron que no era posible: para probar la tortilla teníamos que pedirla entera.

    Así que finalmente fuimos a probarla al Bar Galicia.

    Bar Galicia

    El Bar Galicia se encuentra en la Venela do Campo, en pleno casco histórico de Betanzos.

    Es un establecimiento muy pequeño y de aspecto tradicional. Cuando estuvimos nosotros había aproximadamente cuatro mesas en el interior y alguna mesa alta en el exterior.

    Es el típico bar que puede pasar desapercibido si no sabes que estás buscando un lugar conocido por su tortilla.

    Precisamente nos lo recomendaron porque el establecimiento ha conseguido diferentes reconocimientos y premios relacionados con la tortilla de Betanzos.

    Nosotros pedimos una tortilla entera y nos cobraron 15 €.

    ¿Qué nos pareció?

    La tortilla estaba buena y, efectivamente, tenía ese interior tan poco cuajado que caracteriza a la tortilla de Betanzos.

    Pero, siendo sincera, para mi gusto estaba un poco sosa y me pareció cara.

    Después de todo lo que nos habían hablado de ella, quizá llevaba las expectativas demasiado altas.

    En cualquier caso, me alegro de haberla probado. Si visitáis Betanzos, creo que forma parte de la experiencia y os permitirá decidir por vosotros mismos si este tipo de tortilla es de vuestro gusto.

    A mí, al menos, me sirvió para poder decir que ya he probado la famosa tortilla de Betanzos, aunque personalmente no se haya convertido en mi favorita.

    La plaza y el ambiente de la ciudad

    Durante nuestro paseo también llegamos a una de las plazas principales de Betanzos.

    Era bastante amplia y, cuando estuvimos nosotros, había barracas y atracciones para los niños, por lo que encontramos bastante ambiente.

    Es agradable detenerse un rato y observar la arquitectura que rodea las plazas y calles del centro histórico.

    Betanzos y sus iglesias

    Además de Santiago, Betanzos conserva otras iglesias de gran importancia.

    Entre ellas destacan Santa María do Azogue y San Francisco, ambas fundamentales para comprender el patrimonio medieval de la ciudad.

    La iglesia de San Francisco está especialmente vinculada a la familia Andrade y en su interior se encuentra el espectacular sepulcro de Fernán Pérez de Andrade.

    Santa María do Azogue, por su parte, es uno de los grandes ejemplos del gótico gallego.

    Nosotros no pudimos visitar todos los monumentos que teníamos previstos, ya que al ser lunes encontramos algunos lugares cerrados.

    Por eso, si queréis hacer una visita más completa, os recomiendo revisar previamente los horarios.

    Betanzos con perro

    Aunque nuestra visita fue solo nosotros dos y no llevamos a nuestros perros, me parece interesante incluir este apartado para quienes quieran conocer Betanzos acompañados de sus animales.

    Durante nuestra visita vimos a varias personas paseando con sus perros y, en general, los llevaban agarrados con correa.

    Yo estoy acostumbrada a llevar siempre conmigo una botella de agua para limpiar la zona después de que mi perro haga pis, además de recoger las cacas. Durante nuestra visita no vi que esta costumbre estuviera tan extendida en Betanzos como en mi ciudad.

    En cualquier caso, cuando viajamos con nuestros animales creo que es importante mantener estas buenas prácticas y dejar las calles y espacios que visitamos lo más limpios posible.

    Si queréis entrar en iglesias, museos u otros monumentos, lo mejor es comprobar previamente si admiten perros, ya que las condiciones pueden variar según cada lugar.

    ¿Cuál es la mejor época para visitar Betanzos?

    Betanzos se puede visitar durante todo el año, pero si vuestra intención es recorrerla caminando, yo elegiría primavera o principios de otoño.

    Las temperaturas suelen resultar más agradables para caminar y podremos disfrutar mejor del casco histórico sin el calor de los meses centrales del verano.

    El verano también es una época interesante si queréis coincidir con sus fiestas y disfrutar de un ambiente más animado.

    El otoño puede resultar especialmente bonito para pasear, mientras que en invierno hay que tener más en cuenta la lluvia, algo que puede hacer menos agradable recorrer sus calles y cuestas.

    Fiestas de Betanzos

    Si os gusta conocer las localidades cuando están de celebración, Betanzos tiene varias fechas importantes.

    Una de las más conocidas es la Feria Franca Medieval, que recrea el ambiente medieval de la ciudad y llena sus calles de puestos, actividades y espectáculos.

    También destacan las Fiestas de San Roque, celebradas en agosto.

    Uno de sus momentos más famosos tiene lugar el 16 de agosto, cuando se lanza el tradicional Globo de San Roque, una enorme pieza de papel que se eleva sobre la ciudad y que se ha convertido en uno de los símbolos de Betanzos.

    Si queréis disfrutar de estas celebraciones, tened en cuenta que encontraremos mucha más gente que durante una visita normal.

    ¿Merece la pena visitar Betanzos?

    Mi experiencia en Betanzos fue bastante particular.

    Encontré una ciudad con mucha historia, un patrimonio medieval interesante y rincones que merece la pena conocer. Pero también me encontré con más cuestas y desniveles de los que esperaba, y al visitarla en lunes nos encontramos algunos lugares cerrados.

    El recorrido por las antiguas puertas de la muralla nos resultó interesante desde el punto de vista histórico, aunque personalmente me gustó más el centro histórico que la zona exterior junto al agua.

    También pudimos visitar la iglesia de Santiago y acercarnos hasta la Casa Núñez, aunque esta última la encontramos cerrada.

    Y, por supuesto, probamos la famosa tortilla de Betanzos en el Bar Galicia.

    ¿Fue la mejor tortilla que he probado? Para mí, no. Estaba buena, pero me pareció un poco sosa y cara.

    Pero eso también forma parte de viajar: conocer un lugar, probar aquello por lo que es famoso y sacar nuestras propias conclusiones.

    Betanzos fue una visita de unas horas, suficiente para hacernos una idea de su historia y de su patrimonio, aunque si queréis conocerla con más tranquilidad y entrar en sus monumentos, yo dedicaría más tiempo.

    Información práctica

    Oficina de Turismo: Praza de Galicia, 1, Betanzos, A Coruña.

    Tortilla de Betanzos: tradicionalmente sin cebolla y con el huevo muy poco cuajado.

    Bar Galicia: Venela do Campo, Betanzos.

    Muralla: se conservan tres de las antiguas puertas medievales: Porta da Ponte Nova, Porta da Ponte Vella y Porta do Cristo.

    A tener en cuenta: hay bastantes cuestas y algunas son bastante empinadas.

    Si vais en lunes: comprobad previamente los horarios de museos, iglesias y otros lugares que queráis visitar.

    Con perro: mejor llevarlo controlado con correa y mantener siempre unas buenas prácticas de limpieza.

    Fiestas destacadas: Feria Franca Medieval y Fiestas de San Roque, con el tradicional Globo de San Roque el 16 de agosto.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Visita el Enorme Banco de Burón: Un Encanto Turístico

    Visita el Enorme Banco de Burón: Un Encanto Turístico

    Íbamos camino de una pequeña aldea de la provincia de León cuando decidimos hacer una primera parada que teníamos marcada en nuestra ruta: el Banco de Burón, conocido como el banco más grande de León.

    El día no acompañaba demasiado. Estaba lloviendo y el cielo tenía ese aspecto gris tan característico de los días de montaña. Aun así, tuvimos bastante suerte: justo cuando nos acercamos al banco dejó de llover y, además, no encontramos a nadie. Para nosotros fue perfecto, porque pudimos disfrutar del lugar con toda tranquilidad.

    Apoyada en el banco para ver sus dimensiones.

    El banco se encuentra a la entrada de Burón, en el conocido como Alto de los Atajos, muy cerca de la carretera CL-635. Desde la carretera se distingue perfectamente y el acceso es muy sencillo. Hay una explanada de tierra junto al banco donde se puede dejar el coche, aunque después de días de lluvia puede acumular bastante barro.

    Nosotros dejamos el coche en el acceso y caminamos unos pocos metros. Para llegar al banco hay que atravesar una pequeña entrada con puertas de madera y un paso canadiense. Después aparece una pequeña campa y, allí delante, el enorme banco de madera.

    Y digo enorme porque sus dimensiones sorprenden de verdad: ¡tiene unos cuatro metros de altura!

    De hecho, para sentarse hay que echarle un poco de imaginación. El asiento queda tan alto que hay que ayudarse de una piedra para poder subir.

    Yo, por supuesto, no iba a marcharme sin sentarme.

    Había llovido y la madera estaba húmeda, pero pensé: “Bueno, tampoco será para tanto”.

    Pues sí. Fue para tanto.

    Me senté en el banco, contemplé el paisaje y, cuando me levanté, llevaba el culo completamente calado. Una de esas pequeñas anécdotas de viaje que en el momento no hacen ninguna gracia, pero que después terminan formando parte de los mejores recuerdos.

    Más allá de la anécdota, el lugar merece la parada.

    Vista desde el banco, Montaña de Riaño y Mampodre

    El banco está colocado de espaldas al valle y en una posición que permite que el paisaje se convierta en el auténtico protagonista. Frente a nosotros se abría una enorme extensión de terreno, rodeada por las montañas de la Montaña de Riaño y Mampodre, con el imponente pico Burín como uno de los protagonistas del paisaje.

    Dependiendo de la época del año y de las condiciones del embalse de Riaño, el paisaje cambia considerablemente. La pradera que se extiende detrás del banco puede ofrecer una imagen muy diferente según el nivel de las aguas.

    Y quizá eso sea precisamente parte de su encanto: no es solamente hacerse una fotografía sentados en un banco gigante, sino detenerse unos minutos y mirar todo lo que hay alrededor.

    Aunque hoy pueda parecer simplemente una curiosidad turística, el banco forma parte de una iniciativa para dar visibilidad y atraer visitantes al municipio de Burón y al valle de Valdeburón.

    Fue instalado en julio de 2021 por el Ayuntamiento de Burón, dentro de una estrategia para crear atractivos singulares en las localidades que forman parte del municipio. El banco fue concebido como un elemento llamativo que animase a los viajeros a detenerse, conocer el entorno y descubrir esta zona de la montaña leonesa.

    Y lo cierto es que consiguió llamar la atención. Con sus cuatro metros de altura, se convirtió rápidamente en uno de esos lugares curiosos que aparecen en fotografías de viajeros y rutas por la Montaña Oriental Leonesa.

    Un poco de historia de Burón

    Pero Burón es mucho más que su gigantesco banco.

    La localidad se encuentra en el valle de Valdeburón, en plena montaña oriental de León, rodeada de cumbres y atravesada por el río Esla. Su historia está estrechamente vinculada a la antigua Merindad de Valdeburón, una organización territorial medieval que agrupaba varios concejos de esta zona montañosa.

    El paisaje actual también guarda una historia mucho más reciente y dura. Burón se encuentra en la cola del embalse de Riaño, cuya construcción supuso una profunda transformación del territorio. En 1987 las aguas cubrieron buena parte del antiguo caserío de la localidad y algunos edificios emblemáticos tuvieron que ser trasladados, entre ellos la iglesia y las antiguas escuelas.

    Quizá por eso, cuando recorres actualmente esta zona, resulta inevitable pensar que bajo algunos de estos paisajes de agua y montaña existe también una parte de la historia de los pueblos que desaparecieron bajo el embalse.

    Nuestra visita

    Nuestra parada fue mucho más sencilla: llegar, aparcar, cruzar la pequeña entrada y acercarnos hasta aquel banco descomunal.

    No tuvimos que hacer ninguna ruta ni caminar prácticamente nada. Y eso, en un viaje en el que todavía nos quedaban kilómetros por delante, era perfecto.

    Además, tuvimos la suerte de encontrarnos el lugar prácticamente vacío. Sin turistas, sin prisas y sin tener que esperar para hacernos fotografías.

    Solo nosotros, aquel banco gigantesco y el paisaje leonés delante.

    Bueno… y mi pantalón mojado después de descubrir que sentarse en un banco de madera mojado no era precisamente mi mejor idea del día.

    Pero volvería a hacerlo.

    Porque al final, los viajes también están hechos de estas pequeñas situaciones: una parada improvisada, un paisaje que no esperabas encontrar, un banco imposible de alto y una anécdota que años después todavía te hace sonreír.

    Y así comenzó nuestra visita por esta zona de la montaña leonesa.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Explora Pontedeume: Historia y Gastronomía Gallega

    Explora Pontedeume: Historia y Gastronomía Gallega

    Pontedeume es una villa gallega fundada en 1270, vinculada históricamente a la Casa de Andrade. La localidad destaca por su patrimonio monumental, que incluye el Torreón de los Andrade, el antiguo convento de San Agustín, la iglesia de Santiago y su emblemático puente de piedra sobre el río Eume.

    Ubicada en la ría de Ares, la villa combina tradición marinera e historia jacobea dentro del Camino Inglés. Además de su casco histórico y su oferta gastronómica, la localidad sirve como uno de los principales puntos de acceso al Parque Natural de las Fragas do Eume.

    Después de visitar Betanzos, donde habíamos parado a comer una buena tortilla en el Bar Galicia, continuamos nuestra ruta hasta Pontedeume, una localidad que teníamos ganas de conocer.

    Era lunes de agosto y hacía muchísimo calor. Tanto, que nuestros planes fueron cambiando sobre la marcha. Llegamos en coche y lo dejamos en la zona del puerto, cerca del Torreón de los Andrade. Desde allí comenzamos a recorrer Pontedeume a pie.

    Encontramos un pueblo bastante tranquilo, quizá también porque era lunes y el calor apretaba de lo lindo. Nos gustó especialmente la combinación de mar, río, piedra e historia, y aunque nuestra intención inicial era acercarnos también a las Fragas do Eume, finalmente decidimos dejarlo para otra ocasión.

    Un poco de historia de Pontedeume

    Aunque la zona estuvo habitada desde mucho antes, la villa medieval de Pontedeume fue fundada oficialmente en 1270 por Alfonso X el Sabio, junto a un antiguo puente de madera que probablemente ya existía con anterioridad.

    La nueva villa recibió importantes privilegios, entre ellos mercado, pesca libre y determinadas exenciones fiscales. Durante sus primeros años fue de señorío real, pero en 1371 pasó a estar vinculada a la Casa de Andrade, una de las familias nobles más importantes de Galicia.

    Uno de sus personajes más destacados fue Fernán Pérez de Andrade «O Bo», que tuvo una enorme influencia en Pontedeume. A él se atribuye la construcción del gran puente medieval de piedra, además del castillo de Andrade y otras importantes obras de la comarca.

    Otro miembro destacado de la familia fue Fernando de Andrade, I Conde de Andrade, que en 1538 fundó el convento de San Agustín y también intervino en la iglesia de Santiago.

    La actividad pesquera, artesanal y comercial hizo crecer la villa durante la Edad Moderna, aunque Pontedeume sufrió también epidemias e importantes incendios, entre ellos los de 1533 y 1607.

    Con el paso de los siglos la localidad fue ampliándose fuera de sus antiguas murallas y ganando terreno a la ría. El actual paseo marítimo se inauguró en 1996.

    Hoy Pontedeume sigue siendo una de las localidades históricas más interesantes de la comarca y, además, es uno de los puntos destacados del Camino Inglés a Santiago y una de las puertas de entrada a las Fragas do Eume.

    El puerto de Pontedeume

    Nosotros comenzamos precisamente por aquí.

    El puerto de Pontedeume tiene una relación muy estrecha con la historia de la villa. La actividad portuaria ya estaba presente prácticamente desde la fundación de Pontedeume en 1270 y, desde comienzos del siglo XVII, existe constancia de un muelle.

    Su situación, en el estuario del río Eume y dentro de la ría de Ares, favoreció durante siglos el comercio y la actividad pesquera. También tuvo una importante relación con el Camino Inglés, ya que por mar llegaban peregrinos procedentes de otros lugares, especialmente de Inglaterra, que continuaban después su camino hacia Santiago. Por eso Pontedeume es considerado un auténtico puerto jacobeo.

    El puerto actual combina la actividad tradicional con la náutica recreativa y deportiva. La zona de los pantalanes y las embarcaciones aporta además bastante ambiente al paseo, especialmente en los meses de verano.

    En los alrededores también encontramos elementos relacionados con el pasado comercial de la villa, como las antiguas lonjas del puerto, conocidas como las «tiendas de Rajoy». Fueron construidas en 1763 bajo el patrocinio del arzobispo Rajoy y estaban destinadas inicialmente a almacenar productos como la sardina salada.

    La zona portuaria es, además, un buen punto para comenzar la visita porque desde aquí tenemos muy cerca el Torreón de los Andrade, el casco histórico y el puente.

    Paseando junto al agua: las mujeres del mar

    Después de dejar el coche, paseamos por la zona próxima a la antigua cofradía de pescadores.

    Y allí encontramos una escultura que me llamó especialmente la atención: el homenaje a las mujeres del mar de Pontedeume.

    La escultura fue inaugurada en julio de 2025 junto a la antigua cofradía y nació a iniciativa de una comisión formada por hijas y nietas de las antiguas peixeiras de la localidad.

    Durante décadas, aquellas mujeres acudían a esa misma zona para recoger el pescado y después lo transportaban en los tradicionales paxes para venderlo por las parroquias de Pontedeume y por municipios vecinos.

    El monumento pretende reconocer precisamente el esfuerzo, la dignidad y la contribución de aquellas mujeres a la economía y a la cultura local, así como mantener viva la memoria de unas trabajadoras cuyo papel fue fundamental para muchas familias de la villa.

    A mí me gustó especialmente encontrar este homenaje porque habla de una parte de la historia de Pontedeume que no se encuentra solamente en sus grandes monumentos, sino también en las personas que hicieron posible la vida cotidiana de la localidad.

    Y, por supuesto, no pude resistirme a posar con la estatua.

    El paseo marítimo y el río Eume

    Desde el puerto podemos continuar caminando junto al agua y disfrutar de diferentes perspectivas de la villa.

    El actual paseo marítimo forma parte de la transformación que experimentó Pontedeume durante el siglo XX, cuando se fueron ganando espacios a la ría. Fue inaugurado en 1996 y hoy constituye una de las zonas agradables para pasear por la localidad.

    A nosotros nos gustó especialmente el entorno del puente de piedra sobre el río Eume. El paisaje desde esta zona es precioso y permite entender muy bien la relación que Pontedeume siempre ha tenido con el río y con el mar.

    El puente de piedra de Pontedeume

    El puente es uno de los grandes símbolos de la localidad y, de hecho, es el que dio nombre a Pontedeume.

    Pero el puente que vemos actualmente no es el medieval.

    El actual fue construido entre 1863 y 1870 y posteriormente remodelado. Cuenta con 15 arcos.

    Antes existió aquí un espectacular puente gótico mandado construir por Fernán Pérez de Andrade entre 1374 y 1380. Tenía nada menos que 68 arcos y más de 850 metros de longitud, además de dos torres, una capilla y un hospital para peregrinos.

    Del antiguo puente medieval se conservan las figuras del Oso y el Jabalí, que actualmente podemos ver en los jardines del antiguo convento de San Agustín. Estas figuras estaban originalmente situadas en el propio puente.

    Cuesta imaginar hoy cómo debía ser aquella enorme construcción medieval cuando contemplamos el puente actual, pero conocer su historia hace que el paseo resulte todavía más interesante.

    El Torreón de los Andrade

    Muy cerca de donde aparcamos encontramos uno de los edificios más característicos de Pontedeume: el Torreón de los Andrade.

    Con sus aproximadamente 18 metros de altura, es el último resto conservado del antiguo palacio de los Andrade, que formaba parte del recinto amurallado de la villa.

    Probablemente fue construido a finales del siglo XIV por Fernán Pérez de Andrade «O Bo». Con el paso del tiempo, el antiguo palacio fue desapareciendo y actualmente solo queda este torreón.

    Hoy alberga la Oficina de Turismo y el Centro de Interpretación de los Andrade, por lo que puede ser un buen punto para comenzar la visita y conocer mejor la historia de la villa.

    Los restos de la antigua muralla

    Pontedeume estuvo protegida por una muralla que contaba con nueve torres y cinco puertas: la del Puente, Salga, Porto, Postigo y Carnicería.

    Con la expansión de la villa, gran parte de aquella muralla fue desapareciendo, pero todavía quedan algunos restos que podemos localizar durante el paseo por el casco histórico.

    Es otro de esos detalles que quizá pasan desapercibidos si simplemente recorremos las calles, pero que ayudan a imaginar cómo debía ser Pontedeume durante la Edad Media.

    Plaza Real y casco histórico

    Continuamos nuestra visita subiendo por las calles del casco antiguo.

    Llegamos hasta la Plaza Real, una de las plazas históricas de Pontedeume. Ya existía desde la fundación de la villa en 1270 y fue ampliada posteriormente.

    El casco antiguo conserva ese ambiente de villa gallega tradicional, con calles estrechas, casas de piedra, pequeñas plazas y edificios que nos recuerdan continuamente su pasado medieval.

    Y fue precisamente en esta zona donde hicimos una de las paradas que más agradecimos aquel día.

    Un helado en Bico de Xeado

    Después de caminar con aquel calor, necesitábamos urgentemente algo fresquito.

    Nos habían dicho que Pontedeume era un buen sitio para tomar el postre y terminamos en A Postrería Bico de Xeado, en la Plaza Real, número 4.

    Nos sentamos en la terraza y pedimos una tarrina grande de cuatro euros y medio con limón y chocolate con leche.

    Y cuando la terminamos… debió de parecernos poca cosa, porque pedimos otra tarrina, esta vez pequeña y de dos bolas: mandarina y chocolate con leche.

    Sí, dos helados.

    Pero entraban de maravilla con aquel calor.

    Además, nos parecieron bastante económicos y el trato fue muy agradable. Yo incluso quise llevarme una tarjeta del establecimiento como recuerdo, pero en aquel momento no tenían.

    Bico de Xeado es una heladería artesanal y cafetería-bar, donde además de sus helados ofrece postres y otros productos. Actualmente aparece también dentro de la oferta del Camino Inglés como heladería/cafetería-bar y está situada en la Plaza Real, 4.

    Y había una cosa que me había llamado especialmente la atención antes de ir: había leído que sus helados se elaboraban con leche de sus propias ganaderías.

    Y sí, era cierto.

    Bico de Xeado pertenece a la Cooperativa Agraria Provincial de A Coruña y utiliza leche procedente de sus propias granjas. La marca nació precisamente con la idea de transformar la leche producida en sus explotaciones en un producto artesanal de mayor valor añadido. Actualmente la cooperativa cuenta, entre otras, con las granjas O Cancelo, en Miño, y A Esperanza, en San Sadurniño.

    Me parece una historia muy bonita: parte de la leche producida en las propias explotaciones gallegas y termina convertida en un helado que podemos disfrutar en lugares como Pontedeume.

    Además, en 2026 Bico de Xeado recibió el Premio Aresa, un reconocimiento relacionado con su capacidad para poner en valor el campo gallego y transformar la producción ganadera en un producto con valor añadido.

    En Tripadvisor aparece actualmente el establecimiento de Pontedeume, aunque la ficha tiene muy pocas opiniones, por lo que yo no pondría en el blog que obtuvo un premio de Tripadvisor.

    ¿Cuál es el dulce tradicional de Pontedeume?

    Aunque nosotros aquel día nos decantamos por el helado, Pontedeume tiene una tradición repostera bastante interesante.

    Entre los productos tradicionales de la gastronomía eumesa encontramos la torta de Pontedeume, además de la costrada, los melindres, los almendrados y la proia. El Ayuntamiento incluye precisamente estos productos entre los elementos característicos de la gastronomía local.

    También merece una mención especial el manguito eumés, un dulce tradicional que todavía podemos encontrar en establecimientos y en el mercado municipal.

    Así que si visitáis Pontedeume y queréis probar algo más tradicional que un helado, merece la pena buscar alguno de estos dulces.

    Nosotros, como hacía tanto calor, dejamos la tradición repostera para otra ocasión y nos fuimos directamente al helado.

    Convento de San Agustín

    Después de nuestra parada dulce continuamos callejeando por la zona del antiguo convento de San Agustín, buscando principalmente algo de sombra.

    El convento fue fundado en 1538 por Fernando de Andrade, uno de los miembros más importantes de la familia Andrade.

    Actualmente funciona como Casa de la Cultura y conserva restos de su claustro renacentista y una fachada del siglo XVIII.

    La iglesia del antiguo convento desapareció durante las transformaciones urbanísticas del siglo XIX, pero el conjunto que se conserva sigue siendo uno de los elementos patrimoniales más importantes de Pontedeume.

    En sus jardines también podemos encontrar las figuras del Oso y el Jabalí procedentes del antiguo puente medieval.

    Iglesia de Santiago

    Otro de los edificios importantes del casco histórico es la iglesia parroquial de Santiago.

    Fernando de Andrade intervino en la reconstrucción de su capilla mayor, donde además decidió ser enterrado.

    La iglesia conserva diferentes elementos artísticos y arquitectónicos de distintas épocas y es una visita interesante para completar el recorrido histórico por Pontedeume.

    ¿Dónde aparcar en Pontedeume?

    Nosotros dejamos el coche en la zona del puerto, cerca del Torreón de los Andrade, y nos resultó muy cómodo para comenzar la visita andando.

    Para conocer Pontedeume, personalmente creo que es mejor dejar el coche y olvidarse de él durante unas horas. El casco histórico se disfruta caminando y muchas de sus calles son estrechas y empedradas.

    En la zona del muelle existe aparcamiento y el propio Ayuntamiento señala también aparcamiento en las inmediaciones de la playa de Sopazos.

    En temporada alta puede ser más complicado encontrar sitio, por lo que conviene tener algo de paciencia y no esperar necesariamente a aparcar justo al lado del monumento que queramos visitar.

    Además, el municipio está habilitando nuevos espacios de estacionamiento en diferentes zonas, por lo que esta información puede ir cambiando con el tiempo.

    ¿Qué calzado llevar?

    Para conocer únicamente el casco histórico de Pontedeume no hace falta llevar botas de montaña, pero sí recomiendo calzado cómodo y con buena suela.

    Hay calles empedradas, algunas cuestas y zonas en las que agradeceremos llevar un calzado que sujete bien el pie.

    Si además queremos combinar la visita con las Fragas do Eume, entonces sí recomendaría directamente zapatillas de senderismo o calzado deportivo con buena adherencia.

    Nosotros aquel día agradecimos sobre todo llevar algo cómodo porque, entre el puerto, el paseo junto al río y las calles del casco histórico, acabamos caminando bastante.

    Las Fragas do Eume: una visita que dejamos para otra ocasión

    Nuestro plan inicial era acercarnos también a las Fragas do Eume, pero aquel día hacía demasiado calor.

    Y decidimos no hacerlo.

    Creo que fue una buena decisión porque las Fragas merecen tiempo y ganas de caminar.

    El Parque Natural Fragas do Eume ocupa más de 9.000 hectáreas y se extiende por los municipios de Pontedeume, Cabanas, A Capela, As Pontes de García Rodríguez y Monfero.

    Es uno de los bosques atlánticos de ribera mejor conservados de Europa. El río Eume ha excavado un profundo valle y sus laderas están cubiertas por robles, castaños, abedules, alisos, fresnos, tejos, laureles, acebos y otras especies.

    La humedad del bosque permite además la presencia de numerosos helechos, musgos y líquenes.

    Uno de sus lugares más conocidos es el monasterio de San Xoán de Caaveiro, situado en pleno bosque y con una historia de más de diez siglos.

    Desde Pontedeume existe acceso hacia la zona de Ombre y Caaveiro, aunque las Fragas tienen diferentes accesos y rutas, por lo que conviene planificar previamente cuál queremos hacer.

    Turismo de Galicia señala que la mejor manera de conocer el parque es a pie, así que nuestro calzado cómodo cobra todavía más importancia si decidimos hacer alguna de sus rutas.

    En nuestro caso, con aquel calor de agosto, decidimos dejarlo para otra visita. Prefiero volver otro día con una temperatura más agradable y disfrutar de las Fragas sin prisas.

    ¿Cuál es la mejor época para visitar Pontedeume?

    Pontedeume puede visitarse durante todo el año, pero elegiría primavera y principios de otoño si queremos combinar el pueblo con las Fragas do Eume.

    La primavera puede ser especialmente bonita por el verdor del paisaje y las temperaturas suelen ser más agradables para caminar.

    También septiembre y octubre pueden ser buenas fechas para recorrer la zona con tranquilidad.

    El verano, por supuesto, tiene sus ventajas: más horas de luz, terrazas, ambiente y posibilidad de disfrutar también de las playas. Pero hay que tener en cuenta que algunos días pueden ser muy calurosos.

    Nosotros estuvimos en agosto y aquel día el calor fue precisamente lo que nos hizo cambiar los planes.

    Si vais a visitar las Fragas, yo evitaría las horas centrales de los días de más calor y llevaría agua, protección solar y calzado apropiado.

    Nuestra impresión de Pontedeume

    Nuestra visita a Pontedeume fue una de esas paradas que terminan siendo diferentes de lo que habíamos imaginado.

    Llegamos desde Betanzos después de comer una buena tortilla y nuestra intención era conocer Pontedeume y acercarnos después a las Fragas do Eume.

    Pero el calor decidió por nosotros.

    Comenzamos junto al puerto, paseamos junto al agua, vimos el homenaje a las mujeres del mar y yo, cómo no, posé con la escultura. Después nos metimos por las calles de piedra, subimos hasta la Plaza Real y encontramos el sitio perfecto para hacer una parada: Bico de Xeado.

    Y lo que iba a ser un simple postre terminó convirtiéndose en dos rondas de helado: primero limón y chocolate con leche y después mandarina y chocolate con leche.

    Después seguimos callejeando por la zona del convento de San Agustín, buscando la sombra, y terminamos disfrutando del entorno del puente de piedra y del río Eume.

    Era lunes de agosto y encontramos Pontedeume bastante tranquilo, incluso algo vacío en algunos momentos. Quizá el calor tuvo mucho que ver.

    Nos gustó esa mezcla de piedra, río, mar, historia y ambiente marinero. Y aunque nos quedamos con las ganas de conocer las Fragas, creo que fue mejor dejar esa visita para otro momento.

    Porque viajar también es saber cambiar los planes.

    Aquel día nuestra ruta terminó siendo mucho más sencilla: Betanzos, tortilla, Pontedeume, paseo junto al mar, historia y dos helados.

    Y sinceramente, no estuvo nada mal.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Bárcena Mayor: La Joya Escondida de Cantabria

    Bárcena Mayor: La Joya Escondida de Cantabria

    Bárcena Mayor es una pequeña localidad de unos ochenta habitantes situada en el Parque Natural Saja-Besaya, en Cantabria. Declarada Conjunto Histórico-Artístico, destaca por su arquitectura tradicional montañesa de los siglos XVII y XVIII, caracterizada por fachadas de piedra y balcones de madera junto al río Argoza.

    El núcleo urbano es peatonal y dispone de aparcamiento exterior. La zona ofrece rutas de senderismo y una gastronomía tradicional basada en el cocido montañés y carnes de caza. Es apta para visitas con mascotas y su acceso es recomendable durante todo el año, especialmente en primavera y otoño.

    Después de visitar las cascadas de Lamiña, decidimos acercarnos hasta otro de esos lugares de Cantabria que parecen sacados de una postal: Bárcena Mayor.

    Esta pequeña localidad cántabra pertenece al municipio de Los Tojos y se encuentra en pleno Parque Natural Saja-Besaya, junto al río Argoza. Es uno de los mejores ejemplos de arquitectura tradicional montañesa que podemos encontrar en Cantabria.

    Además, fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1979 y forma parte de la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España desde 2015. Ese año fue uno de los once pueblos que se incorporaron a la red.

    Un pueblo de postal

    Bárcena Mayor es uno de esos lugares que invitan a pasear tranquilamente y a sacar la cámara continuamente.

    La imagen más característica de la localidad la forman sus casas montañesas tradicionales, muchas de ellas de los siglos XVII y XVIII. Sus fachadas de piedra, balcones de madera y galerías forman una de las estampas más reconocibles de la arquitectura rural cántabra.

    La propia asociación Los Pueblos Más Bonitos de España destaca precisamente sus casonas montañesas, sus balcones floridos, su ubicación junto al río Argoza y el conjunto histórico que conserva.

    Es un pueblo pequeño y se puede recorrer tranquilamente en una mañana o una tarde, aunque si queremos hacer alguna ruta de senderismo por los alrededores necesitaremos más tiempo.

    ¿Cuándo es mejor visitar Bárcena Mayor?

    Aunque Bárcena Mayor puede visitarse durante todo el año, para mí la primavera y el otoño son dos épocas especialmente bonitas.

    En primavera podemos encontrar los balcones y fachadas llenos de flores y disfrutar de unos paisajes muy verdes. En otoño, en cambio, el bosque que rodea la localidad adquiere unos tonos preciosos.

    El invierno también tiene su encanto, especialmente si encontramos el paisaje nevado, pero hay que tener en cuenta que estamos en una zona de montaña, con posibilidad de frío, lluvia y nieve.

    El verano suele ser una época con mayor afluencia de visitantes. Si queréis disfrutar del pueblo con más tranquilidad, puede ser interesante evitar las horas centrales de los días de mayor afluencia.

    La propia asociación recomienda Bárcena Mayor como destino para una visita tranquila y con poca afluencia prevista en determinados momentos.

    ¿Cuántas personas viven en Bárcena Mayor?

    Resulta curioso pensar que un lugar tan conocido turísticamente sea, en realidad, una localidad diminuta.

    Actualmente se habla de unos 80 habitantes en Bárcena Mayor.

    Para ponerlo en contexto, todo el municipio de Los Tojos cuenta con unos 370 habitantes repartidos en 89,36 km², lo que supone aproximadamente 4 habitantes por km². Es una densidad de población muy baja y ayuda a entender el carácter rural y tranquilo de esta zona de Cantabria.

    Sus calles y arquitectura tradicional

    Bárcena Mayor conserva una estructura urbana muy característica de las antiguas aldeas montañesas.

    Sus dos calles principales son La Calleja, al norte, y la Calle Larga, al sur. Ambas están comunicadas mediante pequeños callejones, corrales y hileras de casas orientadas principalmente hacia el sureste.

    El conjunto forma un núcleo compacto en el que las viviendas se adaptan al terreno y al entorno natural.

    Mientras paseamos podemos encontrar diferentes construcciones tradicionales que nos permiten imaginar cómo era la vida en el pueblo antiguamente.

    Entre ellas se encuentra la antigua escuela, que anteriormente tuvo otros usos, la Casa Rectoral, del siglo XVIII, y diferentes casas pasadizo.

    También merece la pena fijarse en la iglesia de Santa María, de época barroca, y en otros elementos tradicionales como el antiguo lavadero.

    El puente sobre el río Argoza

    Otro de los rincones que merece la pena visitar es el entorno del río Argoza.

    El puente forma parte de la imagen tradicional de Bárcena Mayor y nos permite acercarnos al río y disfrutar de la vegetación que rodea el pueblo.

    Además, existe un pequeño sendero con zona de merendero que comunica la Calle Larga con el río, un paseo sencillo para completar la visita.

    Bárcena Mayor con perro

    Bárcena Mayor se puede visitar con perro, y el entorno natural hace que sea un destino especialmente agradable para quienes viajamos con nuestros compañeros de cuatro patas.

    Eso sí, estamos dentro de un Parque Natural, por lo que debemos ser especialmente respetuosos con el entorno y llevar al perro controlado, además de recoger siempre sus necesidades.

    Si vais a continuar con alguna ruta de senderismo, conviene comprobar las condiciones concretas de cada itinerario y las posibles restricciones que puedan existir en determinadas zonas del parque.

    También hay que tener en cuenta que no todos los restaurantes tienen necesariamente las mismas condiciones para admitir perros. Algunos cuentan con terrazas o espacios exteriores donde sí se admiten mascotas. Por ejemplo, el Mesón Río Argoza figura actualmente como establecimiento que admite mascotas.

    Por eso, si vais con perro y queréis comer allí, mi recomendación es llamar antes de ir, especialmente si queréis comer en el interior.

    Gastronomía de la zona

    Si visitamos Bárcena Mayor, también merece la pena probar la gastronomía tradicional de montaña de Cantabria.

    Uno de los platos más representativos es, sin duda, el cocido montañés, un plato contundente elaborado tradicionalmente con alubias, berza y diferentes productos cárnicos.

    En los restaurantes de Bárcena Mayor también podemos encontrar carnes, especialmente carne de vacuno, así como platos de caza. Son habituales preparaciones con venado o jabalí, además de cabrito y otros productos de la cocina tradicional.

    En la gastronomía cántabra tampoco faltan los quesos, embutidos y postres caseros. Y si continuamos nuestro recorrido por Cantabria, encontraremos productos tan conocidos como los sobaos pasiegos, la quesada o los quesucos.

    La gastronomía de esta zona refleja muy bien la diferencia entre la cocina marinera de la costa y la cocina más contundente de los valles del interior. En estos últimos predominan los cocidos, las carnes y los productos de montaña.

    Si tenéis pensado comer en Bárcena Mayor, os recomiendo reservar, especialmente en fines de semana y temporada alta. Los restaurantes son pocos y la afluencia de visitantes puede ser importante.

    Aparcamiento y acceso

    Una cosa importante que debéis tener en cuenta antes de llegar es que no se puede entrar con el coche hasta el interior del pueblo.

    Hay una zona de aparcamiento exterior, junto a la carretera y antes de llegar a la localidad. Desde allí tendremos que continuar andando.

    En la zona de entrada también se encuentra la oficina de turismo.

    Mi recomendación es dejar el coche tranquilamente en el aparcamiento y comenzar la visita a pie. Al fin y al cabo, una de las mejores cosas que podemos hacer en Bárcena Mayor es precisamente caminar sin prisas por sus calles.

    Calzado cómodo

    Aunque no necesitamos realizar una ruta de montaña para visitar el pueblo, os recomiendo llevar calzado cómodo y con buen agarre.

    Las calles están empedradas y algunas tienen cierto desnivel. Si además vais a realizar alguna ruta por los alrededores, entonces sí necesitaréis un calzado adecuado para caminar por terreno natural.

    Senderismo y naturaleza

    Bárcena Mayor no es solamente arquitectura y patrimonio. Su ubicación dentro del Parque Natural Saja-Besaya hace que sea también un buen punto de partida para disfrutar de la naturaleza.

    Desde aquí parten diferentes rutas de senderismo y podemos adentrarnos en un paisaje de bosques, ríos y montañas.

    Eso sí, si vuestra intención es hacer una ruta, os recomiendo consultar previamente su dificultad, distancia y estado del terreno. En época de lluvias el suelo puede estar bastante embarrado y resbaladizo.

    Información práctica

    Ubicación: Bárcena Mayor, municipio de Los Tojos, Cantabria.

    Coordenadas GPS: 43°08′40″N 4°11′34″O.

    Altitud: aproximadamente 495 metros.

    Aparcamiento: exterior al núcleo urbano. No se permite acceder con el coche hasta el interior.

    Tiempo de visita: una mañana o una tarde para conocer tranquilamente el pueblo.

    Calzado: cómodo, preferiblemente con buen agarre.

    Con perro: sí, es posible visitar el pueblo con perro, pero en el entorno natural debemos respetar las normas del espacio protegido y las indicaciones de cada ruta. Para comer, conviene consultar previamente con el restaurante.

    Un pequeño pueblo que merece la pena conocer

    Bárcena Mayor es uno de esos lugares donde el atractivo no está en tener una larga lista de monumentos que visitar, sino en disfrutar del conjunto.

    Pasear por sus calles empedradas, observar las antiguas casas montañesas, acercarnos hasta el río Argoza y disfrutar del paisaje que lo rodea es, para mí, la mejor manera de conocerlo.

    Y quizá precisamente ahí está su encanto: estamos ante un pueblo de apenas unos 80 habitantes, pero con un patrimonio y un paisaje que han hecho que sea conocido mucho más allá de Cantabria.

    Desde 2015 forma parte de Los Pueblos Más Bonitos de España, y después de conocerlo personalmente entiendo perfectamente por qué se ha convertido en una de las visitas más conocidas del interior de Cantabria.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Potes: Tu Base Perfecta para Explorar Liébana

    Potes: Tu Base Perfecta para Explorar Liébana

    Si vais a visitar los Picos de Europa, hay un lugar que no puede faltar en la ruta: Potes. Es uno de los pueblos con más encanto de Cantabria y una base perfecta para recorrer la comarca de Liébana.

    Está rodeado de montañas y se encuentra donde se unen los ríos Deva y Quiviesa, en el punto donde confluyen los cuatro valles lebaniegos.

    Gracias a su ubicación siempre hay mucho ambiente, especialmente los fines de semana y en verano.

    Aunque sus orígenes se remontan al siglo IX, gran parte del encanto de Potes está en su casco histórico. Sus calles empedradas, las casas blasonadas y las antiguas torres le dan ese aire medieval que invita a pasear sin prisas.

    No es casualidad que se conozca como la villa de los puentes y las torres. Entre las más conocidas están la Torre del Infantado, que hoy acoge exposiciones, y la Torre del Orejón de la Lama, ambas del siglo XV.

    Nosotros lo recorrimos acompañados de nuestros 🐶🐶 y disfrutamos muchísimo paseando junto al río. Había un montón de patos 🦆 y ellos no sabían hacia dónde mirar. Creo que fue uno de sus momentos favoritos del viaje. 😜

    Una de las cosas que más me gustó de Potes fue el ambiente que tiene a cualquier hora del día.

    Sus calles siempre están llenas de vida, con tiendas, bares y terrazas donde apetece hacer una parada. Al anochecer también merece la pena dar un paseo, porque la iluminación resalta todavía más el encanto de su casco histórico.

    Si tenéis la suerte de visitarlo durante alguna de sus fiestas, encontraréis el pueblo aún más animado.

    A lo largo del año se celebran varias festividades y ferias ganaderas, siendo una de las más importantes la de Los Santos, el 2 de noviembre, considerada una de las ferias de ganado más concurridas de Cantabria.

    Sea cual sea la época en la que vayáis, Potes siempre tiene ese ambiente acogedor que invita a quedarse un rato más antes de continuar la ruta por Liébana o los Picos de Europa.

    Si hay un plato que no podéis marcharos sin probar es el cocido lebaniego, uno de los grandes protagonistas de la gastronomía cántabra.

    Se prepara con garbanzos pequeños de la zona, patata, berza y el tradicional compango (chorizo, morcilla, tocino y otras carnes). En muchos restaurantes también sirven antes una taza de caldo con fideos, algo que se agradece especialmente en los días más frescos.

    Otro dulce típico que os recomiendo probar es el Canónigo de Liébana.

    Tiene una textura muy suave, a medio camino entre unas natillas y un pudding, y fue uno de los postres que más me sorprendió durante el viaje.

    En Potes hay muchísimos sitios donde comer bien, desde restaurantes de cocina tradicional hasta hamburgueserías y cafeterías más informales. Nosotros probamos varios y os dejo los que más nos gustaron.

    Dónde comimos

    Durante nuestra estancia en Valmeo, muy cerca de Potes, una de las cenas la hicimos en El Cenador del Capitán, en pleno centro de la localidad de Potes.

    Si viajáis con vuestro 🐶, es una opción muy recomendable, ya que permiten comer en el interior del restaurante, algo que siempre se agradece cuando viajas con mascotas.

    El comedor es pequeño, por lo que os aconsejo reservar con antelación.

    Para acceder hay que subir varios tramos de escaleras de madera, un detalle a tener en cuenta si viajáis con carrito o tenéis problemas de movilidad.

    La decoración es muy curiosa, llena de pequeños detalles que hacen que el restaurante tenga mucha personalidad.

    Además, desde la terraza hay unas vistas muy bonitas del pueblo.

    Nosotros pedimos una ensalada de la casa, lomo de venado con foie y costilla tudanca.

    Todo estaba muy rico, pero si tengo que quedarme con algo, sería el Canónigo de Liébana, un postre tradicional que fue el broche perfecto para la cena.

    No es el restaurante más económico de Potes, pero si buscáis cocina tradicional, un ambiente agradable y un lugar donde poder cenar con vuestro perro, merece la pena.

    Otro sitio que puedo recomendar es La Scala Café & Restobar. Es una opción muy práctica si buscáis algo diferente al menú tradicional de la zona.

    Tienen pokes, hamburguesas, ensaladas, crepes salados, batidos, gofres y otros postres. Además, la relación calidad-precio nos pareció muy buena y el servicio fue rápido.

    Si os apetecen unas buenas hamburguesas, no dejéis pasar Anybun.

    La carne nos sorprendió para bien y las hamburguesas estaban realmente jugosas.

    Si tuviera que recomendar alguna, me quedaría con la Cheeseburger o la Mississippi, aunque si sois de buen comer también la preparan en versión doble o triple.

    El local, además, admite perros en el interior, por lo que es otra alternativa estupenda para quienes viajamos con nuestros 🐶.

    Al final, una de las cosas que más me gusta de Potes es que, independientemente del presupuesto o de lo que os apetezca comer, siempre acabas encontrando un sitio donde merece la pena sentarse a disfrutar de la gastronomía lebaniega.

    Un lugar al que siempre apetece volver

    Potes es de esos pueblos que se disfrutan sin necesidad de llevar un plan.

    Basta con perderse por sus calles, cruzar sus puentes, sentarse en una terraza o pasear junto al río para entender por qué es uno de los destinos más visitados de Cantabria.

    Para nosotros fue uno de los lugares que más disfrutamos durante el viaje.

    Además de servir como punto de partida para conocer los Picos de Europa, tiene el tamaño perfecto para recorrerlo con calma, buena gastronomía y un ambiente muy agradable.

    Si además viajáis con vuestro 🐶, encontraréis varios establecimientos pet friendly que harán la estancia mucho más cómoda.

    Sin duda, es uno de esos sitios a los que no me importaría volver una y otra vez.

    Un punto de partida para descubrir Liébana

    Aunque Potes merece una visita por sí solo, para mí su mayor atractivo es que sirve como base para descubrir algunos de los rincones más bonitos de Liébana.

    Desde aquí podéis acercaros al monasterio de Santo Toribio, subir al teleférico de Fuente Dé o recorrer algunos de los pueblos con más encanto de la comarca.

    Nosotros elegimos alojarnos muy cerca, en Valmeo, y fue todo un acierto. En apenas unos minutos estábamos en el centro de Potes, pero disfrutando de la tranquilidad de un pequeño pueblo rodeado de naturaleza.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Guía Completa para Visitar La Graciosa

    Guía Completa para Visitar La Graciosa

    La Graciosa es una isla volcánica del archipiélago canario a la que se llega en ferri desde Lanzarote. Este entorno natural protegido carece de carreteras asfaltadas y destaca por sus paisajes preservados, caminos de tierra, playas sin edificar y el ambiente tranquilo de Caleta de Sebo.

    Los visitantes suelen recorrer la isla en vehículos todoterreno, bicicleta o a pie para conocer lugares como la Playa de las Conchas, Montaña Amarilla y Los Arcos. El recorrido requiere llevar provisión de agua y protección solar ante la ausencia de sombra y servicios fuera del poblado.

    Durante nuestro viaje por Lanzarote decidimos reservar un día para conocer La Graciosa, una pequeña isla situada al norte y considerada por muchos la octava isla de Canarias.

    Aunque apenas tiene 29 kilómetros cuadrados, es uno de esos lugares que sorprenden desde el primer momento.

    Playas casi vírgenes, aguas de un intenso color turquesa y un paisaje volcánico donde apenas hay construcciones hacen que la sensación de tranquilidad sea absoluta.

    Aquí no encontraréis carreteras asfaltadas, semáforos ni grandes hoteles; solo pistas de tierra, naturaleza y un ritmo de vida completamente diferente.

    La Graciosa forma parte del Archipiélago Chinijo, un espacio natural protegido formado por varias islas e islotes de origen volcánico.

    Es la única habitada y también la única que puede visitarse libremente, mientras que el acceso al resto está muy restringido para proteger este entorno tan especial.

    La única forma de llegar es en ferry desde Órzola, en el extremo norte de Lanzarote.

    El trayecto apenas dura unos 25 minutos, por lo que es una excursión perfecta para hacer en un día.

    Nosotros llevábamos los billetes reservados con antelación y viajamos con Líneas Marítimas Romero, aunque también existe otra compañía que realiza el mismo recorrido.

    Una ventaja es que, si vais en coche, las navieras disponen de aparcamientos habilitados cerca del puerto, así que podéis dejar allí el vehículo de alquiler y olvidaros de él hasta la vuelta.

    Durante la travesía decidimos permanecer en la cubierta exterior tanto a la ida como al regreso.

    Era enero y, aunque la mayoría de los pasajeros iban preparados con ropa de montaña, polares e incluso chubasqueros, nosotros disfrutamos del viaje en manga corta.

    Tuvimos un día completamente despejado y, lejos de pasar frío, el sol nos acompañó durante toda la excursión. Todavía recuerdo la cara de sorpresa de algunos viajeros cuando nos veían tan tranquilos mientras ellos iban completamente abrigados.

    Nuestro plan era recorrer la isla durante el día, así que nada más llegar a Caleta de Sebo contratamos una excursión en 4×4.

    Había varias opciones para elegir, pero nosotros buscábamos una ruta que nos permitiera conocer los principales rincones de La Graciosa sin preocuparnos por los desplazamientos.

    Sea cual sea la opción que elijáis, os recomiendo llevar agua, algo de comida, protección solar y calzado cómodo. Las pistas son de tierra, en algunos tramos hay bastante arena y apenas encontraréis sombra durante el recorrido.

    Caleta de Sebo y las primeras impresiones

    El ferry llega a Caleta de Sebo, el principal núcleo de población de La Graciosa.

    Es un pueblo pequeño, de casas blancas, calles de arena y un ambiente muy tranquilo. Desde el primer momento da la sensación de que aquí la vida transcurre a otro ritmo.

    Aunque algunas personas deciden alojarse varios días, nosotros preferimos hacer una excursión de un día completo.

    Nada más desembarcar contratamos un recorrido en 4×4, una opción muy cómoda si queréis conocer los principales rincones de la isla en poco tiempo.

    También existe la posibilidad de recorrerla caminando, en bicicleta o utilizando los taxis todoterreno que conectan las playas más conocidas.

    Nuestra primera parada fue Playa de la Francesa, una extensa playa de arena blanca y aguas cristalinas situada a poca distancia de Caleta de Sebo.

    Está bastante resguardada del oleaje, por lo que suele ser una de las mejores zonas para darse un baño y disfrutar del mar con tranquilidad.

    Muy cerca se encuentra Playa de la Cocina, situada a los pies de la llamativa Montaña Amarilla.

    El contraste entre el color dorado de la montaña volcánica y las aguas turquesas crea uno de los paisajes más bonitos de toda la isla. Además, al estar protegida del viento, suele ser otro lugar muy agradable para relajarse.

    Continuamos la ruta pasando por Baja del Ganado, una playa mucho más salvaje donde la arena blanca convive con grandes rocas volcánicas negras.

    Desde aquí también se obtienen unas bonitas vistas de la isla de Montaña Clara, uno de los islotes que forman el Archipiélago Chinijo.

    Lo que más me sorprendió de La Graciosa fue precisamente esa sensación de naturaleza casi intacta.

    No hay grandes construcciones ni carreteras asfaltadas, solo pistas de tierra, playas interminables y el sonido constante del mar. Es un lugar perfecto para quienes buscan desconectar y disfrutar del paisaje sin prisas.

    Playa de las Conchas y Los Arcos

    Nuestra siguiente parada fue, probablemente, el lugar más conocido de toda la isla: Playa de las Conchas.

    Nada más llegar entiendes por qué es una de las imágenes más representativas de La Graciosa.

    La arena dorada, el intenso azul del océano y las vistas hacia los islotes cercanos forman un paisaje realmente impresionante.

    Eso sí, aunque resulte muy tentador darse un baño, conviene tener mucha precaución. En esta playa las corrientes suelen ser fuertes durante todo el año y el mar puede cambiar rápidamente.

    Nosotros preferimos disfrutar del paisaje, dar un paseo por la orilla y hacer unas cuantas fotografías.

    Si vais a visitarla, mi consejo es llevar agua, protección solar y, si podéis elegir, ir a primera hora de la mañana.

    Hay menos gente, el sol todavía no aprieta tanto y se disfruta mucho más del entorno.

    Muy cerca de allí se encuentran Los Arcos, una curiosa formación de roca volcánica esculpida durante siglos por la fuerza del viento y del mar.

    El acceso no está demasiado bien señalizado, así que conviene estar atentos al pequeño sendero que conduce hasta ellos.

    Ver cómo las olas rompen contra estas enormes paredes de basalto es otro de esos momentos que hacen especial la visita.

    La naturaleza ha ido moldeando la roca poco a poco hasta crear unas formas realmente sorprendentes.

    Continuamos después hacia Playa del Ámbar, también conocida como Playa de Lambra. Es una playa mucho más salvaje, donde la arena blanca se mezcla con grandes rocas volcánicas y pequeñas dunas cubiertas de conchas.

    El paisaje transmite una sensación de aislamiento difícil de encontrar en otros lugares.

    De regreso a Caleta de Sebo todavía nos acercamos a Playa de la Laja, una playa mucho más tranquila y protegida.

    Mientras paseábamos por la orilla vimos a varios pescadores arreglando sus redes junto a sus pequeñas embarcaciones, una imagen muy cotidiana que refleja perfectamente el carácter marinero de la isla.

    Antes de regresar a Lanzarote aprovechamos para comer en el Bar Restaurante Pensión Enriqueta, un restaurante familiar que nos habían recomendado antes del viaje.

    Fue todo un acierto. La comida era casera, abundante y con una excelente relación calidad-precio. Probamos varios platos típicos y el trato fue tan cercano que resultó el broche perfecto para terminar la excursión.

    La Graciosa nos regaló uno de esos días que se recuerdan durante mucho tiempo. Sus playas, sus paisajes volcánicos y la tranquilidad que se respira en toda la isla hacen que la excursión merezca completamente la pena.

    Si estáis viajando por Lanzarote, os animo a reservar un día para conocerla. Para nosotros fue el complemento perfecto del viaje y un lugar al que volveríamos sin pensarlo.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • MENORCA en invierno: guía y ruta por libre para descubrir la isla con calma

    MENORCA en invierno: guía y ruta por libre para descubrir la isla con calma

    Menorca era una de esas islas que teníamos pendientes desde hacía tiempo y decidimos conocerla en enero, lejos del bullicio del verano. Viajar fuera de temporada tiene sus ventajas: pudimos recorrer calas, pueblos y monumentos con total tranquilidad, sin aglomeraciones y disfrutando de cada rincón a nuestro ritmo.

    Eso sí, también hay que tener en cuenta la otra cara de la moneda. Menorca vive en gran parte del turismo, por lo que en invierno es habitual encontrar muchos hoteles, restaurantes y establecimientos cerrados.

    Incluso algunas zonas turísticas parecen auténticos pueblos fantasma. Aun así, para nosotros compensó con creces poder descubrir la isla con tanta calma.

    Como ya es habitual en nuestros viajes, recorrimos la isla por libre alquilando un coche.

    Nos alojamos en Mahón, una ubicación perfecta para movernos cómodamente por toda Menorca y visitar sus principales atractivos.

    Os doy un poco de información introductoria, desde 1993, Menorca está declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO gracias al excelente estado de conservación de su patrimonio natural.

    Además, recientemente ha sido reconocida también como la mayor Reserva Marina de la Biosfera del Mediterráneo, un reflejo de la riqueza de sus ecosistemas.

    Uno de los grandes protagonistas de la isla es el Camí de Cavalls, un sendero histórico de 185 kilómetros que rodea toda Menorca. Antiguamente servía para vigilar y defender la costa, mientras que hoy permite acceder a muchas de sus calas, atravesando acantilados, barrancos, bosques, humedales y algunos de los paisajes más bonitos de la isla. Está dividido en veinte etapas y forma parte de la red europea de senderos de Gran Recorrido (GR-223).

    En esta entrada os voy a enseñar los lugares que visitamos durante nuestro viaje, aquellos que más nos gustaron y que, sin duda, volveríamos a recorrer.


    Mahón (Maó)

    Elegimos Mahón como base durante nuestra estancia y fue todo un acierto. Su ubicación permite llegar fácilmente a cualquier punto de la isla y, además, cuenta con uno de los puertos naturales más grandes del mundo, con unos cinco kilómetros de longitud.

    Nos alojamos en el hotel Catalonia Mirador des Port, situado sobre el puerto, una zona muy tranquila y con unas vistas magníficas.

    Mahón puede recorrerse perfectamente en un día.

    Mi consejo es sencillo: callejear. Sus plazas, calles y rincones tienen mucho encanto y merece la pena descubrirlos sin un itinerario demasiado marcado.

    En cuanto a la gastronomía, os recomiendo Can Xavi, un restaurante de cocina familiar muy popular donde es mejor reservar con antelación.

    Si viajáis fuera de temporada, también merece la pena echar un vistazo a los restaurantes del puerto. Nosotros comimos en Muelle Asador, un local pequeño y acogedor que nos gustó mucho.

    Aunque Mahón nos encantó, si tengo que elegir una de las dos grandes ciudades de Menorca, reconozco que Ciudadela me pareció aún más bonita. Pero, como siempre digo… para gustos, colores.


    Binibèquer Vell

    Binibèquer Vell es uno de los lugares más fotografiados de Menorca. Aunque muchos piensan que se trata de un antiguo pueblo de pescadores, en realidad fue construido en 1972 imitando la arquitectura tradicional mediterránea.

    Nosotros lo visitamos en enero y la sensación fue curiosa.

    Sus calles completamente blancas, estrechas y silenciosas, junto con todos los comercios cerrados, daban la impresión de estar paseando por un pueblo completamente deshabitado.

    Para llegar, lo más sencillo es dirigirse hasta Sant Lluís y seguir las indicaciones hacia Binibèquer Vell.

    Importante: desde el 1 de mayo de 2023 las visitas al poblado están reguladas y únicamente puede accederse entre las 10:00 y las 22:00 horas, una medida pensada para favorecer la convivencia con los vecinos.


    Castillo de San Felipe

    Situado en la entrada sur del puerto de Mahón, el Castillo de San Felipe fue construido a mediados del siglo XVI para proteger uno de los puertos naturales más importantes del Mediterráneo.

    Aunque gran parte de la fortaleza desapareció con el paso del tiempo, todavía pueden visitarse sus impresionantes galerías subterráneas y conocer mejor la importancia estratégica que tuvo Menorca durante siglos.


    Fortaleza de La Mola (Fortaleza de Isabel II)

    Muy cerca del Castillo de San Felipe se encuentra otra de las visitas imprescindibles de Menorca: la Fortaleza de La Mola, también conocida como Fortaleza de Isabel II.

    Fue construida entre 1848 y 1875 por orden de la reina Isabel II para proteger el puerto de Mahón frente a posibles invasiones, especialmente británicas, tras la demolición del antiguo Castillo de San Felipe.

    Es una visita que recomiendo especialmente si os gusta la historia militar. Sus murallas, túneles y baterías permiten hacerse una buena idea de la importancia defensiva que tuvo la isla durante siglos.

    Alaior

    Nuestra siguiente parada fue Alaior, considerada la tercera localidad más importante de Menorca, después de Mahón y Ciudadela. Fundada en 1304, se encuentra a los pies del Monte Toro, por lo que gran parte del casco urbano está en pendiente.

    Es un pueblo tranquilo, perfecto para pasear sin prisas y descubrir la Menorca más auténtica.

    Aunque no suele aparecer entre los lugares imprescindibles de la isla, merece la pena dedicarle un rato si os gusta recorrer los pueblos con calma.


    Cala Galdana

    Cala Galdana es una de las playas más conocidas y fotografiadas de Menorca. Su forma de concha, sus aguas normalmente de color turquesa y el entorno que la rodea la convierten en uno de los grandes iconos de la isla.

    Nosotros no tuvimos demasiada suerte.

    Había llovido y hecho temporal el día anterior, así que, en lugar del característico color azul turquesa, nos encontramos el agua completamente marrón. Son esas cosas que tiene viajar y que no siempre aparecen en las fotografías.

    Está rodeada de hoteles y es una de las zonas preferidas por el turismo familiar. Se encuentra a unos 23 kilómetros de Ciudadela y a 36 de Mahón, por lo que se llega fácilmente desde cualquiera de las dos ciudades.

    La playa se forma en la desembocadura de los torrentes Algendar y Algendaret, creando una pequeña zona húmeda que hoy se utiliza como embarcadero.


    Poblado talayótico de Torre d’en Galmés

    Si os interesa la arqueología, este fue uno de los lugares que más disfrutamos.

    Torre d’en Galmés es el mayor poblado talayótico de Menorca y uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de Baleares.

    Sus más de 66.000 metros cuadrados permiten hacerse una idea de cómo vivían los antiguos habitantes de la isla hace miles de años.

    El asentamiento estuvo ocupado desde el periodo naviforme (1700-1400 a. C.) hasta la época romana tardía, e incluso se han encontrado restos de época islámica. Pasear entre sus construcciones de piedra resulta realmente impresionante.

    Los talayots, que dan nombre a esta cultura, son construcciones prehistóricas de piedra con aspecto de torre y constituyen uno de los símbolos del patrimonio histórico de Menorca.


    Poblado talayótico de Talatí de Dalt

    Muy cerca de Mahón se encuentra otro de los grandes yacimientos arqueológicos de la isla: Talatí de Dalt. Aunque es de menor tamaño que Torre d’en Galmés, conserva una de las taulas más conocidas de Menorca.

    El poblado está datado entre los años 650 y 123 a. C. y es de propiedad privada.

    La visita permite recorrer los restos de viviendas, salas hipóstilas y otras construcciones que ayudan a comprender cómo era la vida en la Menorca prehistórica.

    Aunque no seáis grandes aficionados a la arqueología, creo que merece la pena incluirlo en la ruta, especialmente si vais a visitar otros poblados talayóticos.


    Necrópolis de Cala Morell

    Uno de los lugares que más me sorprendió fue la Necrópolis de Cala Morell.

    Se encuentra junto a un pequeño puerto natural de la costa norte de Ciudadela y alberga uno de los cementerios prehistóricos más espectaculares de Menorca.

    Está formado por catorce cuevas excavadas artificialmente en la roca que imitaban las viviendas de la época postalayótica.

    Nosotros la visitamos por libre y fue una experiencia muy recomendable.

    Poder recorrer este lugar con tranquilidad hace que sea mucho más fácil imaginar cómo vivían —y cómo enterraban a sus difuntos— los antiguos habitantes de la isla.

    Además, cuenta con aparcamiento y el acceso resulta muy cómodo.


    Talayot de Torelló

    Terminamos esta parte de la ruta visitando el Talayot de Torelló, uno de los talayots más grandes de Menorca.

    Su origen se sitúa entre los años 1000 y 700 a. C. y aún hoy conserva gran parte de su estructura. Se encuentra junto a la carretera entre Mahón y San Clemente, dispone de aparcamiento y pertenece a una finca privada.

    Es una parada rápida, pero muy interesante para completar el recorrido por la Menorca talayótica y comprender la importancia que tuvo esta cultura en la historia de la isla.

    Ciudadela

    Si Mahón nos gustó, Ciudadela terminó conquistándonos.

    Para mí, tiene un encanto especial. Sus calles de piedra, sus plazas y su ambiente hacen que sea una ciudad para recorrer sin prisas.

    Tuvimos la suerte de visitarla con muy buen tiempo, así que pudimos disfrutar de un agradable paseo por su pequeño puerto pesquero, rodeado de restaurantes.

    Como viajamos en enero, la mayoría estaban cerrados, algo habitual fuera de la temporada turística.

    Ciudadela fue la antigua capital de Menorca y conserva un importante patrimonio histórico. Si tenéis ocasión, os recomiendo perderos por su casco antiguo y descubrir sus rincones sin mirar demasiado el reloj.

    Sus fiestas patronales, dedicadas a Sant Joan, se celebran durante la semana de San Juan y son unas de las más conocidas de Baleares.

    Su origen se remonta al siglo XIV y en ellas participan distintos estamentos tradicionales de la sociedad menorquina: la nobleza, el clero, los campesinos y los artesanos, todos representados por los conocidos caixers.

    Si algún día volvemos en verano, me gustaría coincidir con estas fiestas, que dicen que son todo un espectáculo.


    Naveta des Tudons

    Uno de los monumentos más conocidos de Menorca es la Naveta des Tudons, una construcción funeraria del siglo IX a. C. considerada una de las mejor conservadas de Europa.

    Su forma recuerda a una embarcación invertida, de ahí el nombre de «naveta». Aunque actualmente no está permitido entrar ni subir a ella para garantizar su conservación, merece la pena acercarse y contemplarla de cerca.

    Como nosotros viajamos en enero, no había control de acceso y pudimos visitarla tranquilamente, disfrutando del lugar sin apenas gente.

    Es una visita rápida, pero imprescindible para conocer el importante legado prehistórico que conserva Menorca.


    Monte Toro

    Con sus 358 metros de altura, el Monte Toro es el punto más elevado de Menorca y uno de los mejores miradores de toda la isla.

    Nosotros subimos en coche desde Es Mercadal, un trayecto de apenas cinco minutos. Eso sí, preparaos porque arriba suele hacer bastante viento.

    En la cima se encuentra el Santuario de la Virgen del Toro, construido sobre una antigua iglesia gótica. La entrada es gratuita y actualmente está gestionado por una comunidad de monjas franciscanas.

    Si el día está despejado, desde allí se puede contemplar prácticamente toda Menorca e incluso llegar a divisar Mallorca en el horizonte.

    Es uno de esos lugares donde merece la pena detenerse unos minutos para disfrutar de las vistas antes de continuar la ruta.


    Es Mercadal

    Después de bajar del Monte Toro llegamos a Es Mercadal, un pueblo tranquilo cuyo origen se remonta al siglo XIII.

    Nosotros aprovechamos para pasear por sus calles y visitar el mercado. Es una localidad agradable para hacer una pausa durante el recorrido por la isla.

    Uno de los lugares que más me llamó la atención fue El Aljibe, una enorme infraestructura construida para recoger y almacenar agua de lluvia.

    Fue mandado construir por el gobernador británico Richard Kane con el fin de abastecer tanto a sus tropas como a la población local. Tiene capacidad para almacenar 273.000 litros de agua, una cifra que impresiona cuando lo ves en persona.

    En Es Mercadal también se celebra uno de los mercados semanales más tradicionales de Menorca, todos los jueves durante todo el año.

    En verano tiene lugar por la tarde y la noche, mientras que el resto del año se celebra por la mañana.

    Sus fiestas patronales están dedicadas a San Martín y tienen como protagonistas a los caballos y los famosos jaleos, una tradición medieval en la que jinetes y caballos recorren las calles engalanados al ritmo de la música.

    Faro de Cavallería

    El Faro de Cavallería se encuentra en el punto más septentrional de Menorca y fue uno de los lugares que más nos impresionó por el paisaje que lo rodea.

    Los acantilados, de más de quince metros de altura, ofrecen unas vistas espectaculares del Mediterráneo. Llegar hasta él requiere recorrer una estrecha carretera de montaña, por lo que lo más cómodo es hacerlo en coche.

    Aunque la mayoría de los visitantes se acercan durante el día, también es un lugar muy popular para contemplar la puesta de sol. Nosotros lo visitamos con tranquilidad y disfrutamos muchísimo del entorno.

    Muy cerca del faro vimos algo que, por desgracia, cada vez es más habitual: montones de piedras apiladas formando pequeñas «esculturas».

    En Menorca nos dijeron que era una tradición y que, si hacías una, volverías algún día a la isla.

    Sinceramente, no me lo creo. Creo que es una costumbre que se ha extendido entre los turistas y que termina alterando el paisaje natural.

    Personalmente, prefiero llevarme el recuerdo en fotografías y dejar el entorno tal y como lo encontré.


    Fornells

    Fornells fue una de las localidades que más visitamos durante el viaje. Al ir en enero encontramos muy pocos restaurantes abiertos y acabamos comiendo allí en varias ocasiones.

    Si os gusta el pescado, os recomiendo el restaurante Es Port, situado junto al puerto. Nosotros comimos muy bien y repetimos varios días.

    El pueblo tiene una bahía preciosa de aguas tranquilas y es perfecto para pasear sin prisas.

    Además, podéis acercaros a la pequeña Ermita de Lourdes, excavada en la roca, visitar la Torre de Fornells, convertida en museo, o conocer los restos del Castillo de San Antonio, que protegía la entrada a la bahía.

    Es uno de esos lugares donde apetece sentarse un rato frente al mar y disfrutar del ambiente.


    Cala Pregonda

    Cala Pregonda es una de las playas más singulares de Menorca. Situada en la costa norte, está rodeada por un entorno protegido y conserva un aspecto prácticamente virgen.

    La cala está formada por tres pequeñas playas y destaca por el color rojizo de su arena, muy diferente al de otras playas de la isla.

    Si buscáis tranquilidad y naturaleza, creo que merece mucho la pena acercarse hasta aquí.


    Cabo de Favàritx

    Otro de los lugares imprescindibles de Menorca es el Cabo de Favàritx.

    Su paisaje es completamente distinto al resto de la isla. Los tonos grises de la pizarra, el viento constante y los acantilados crean un entorno casi lunar que sorprende desde el primer momento.

    Llegar es muy sencillo desde Mahón siguiendo la carretera en dirección a Fornells y tomando el desvío señalizado hacia el faro. Si venís desde Ciudadela también hay varias opciones, aunque algunas recorren carreteras secundarias.

    Junto al faro se encuentra una pequeña laguna temporal llamada Cós des Síndic, protegida para evitar que los vehículos circulen sobre ella cuando permanece seca. Muy cerca también están las calas Presili y Tortuga, además de uno de los tramos del Camí de Cavalls.

    Existe una curiosa leyenda que dice que caminar sobre los charcos que se forman durante las noches de luna llena trae energía, fuerza y fertilidad.

    Yo, sinceramente, prefiero disfrutar del paisaje durante el día. Bastante impresionante es ya el lugar como para necesitar una leyenda más. 😄


    Arenal de Sa Mesquida

    Visitamos Sa Mesquida al atardecer y fue un broche perfecto para terminar el día.

    Esta playa, con forma de concha, está situada en un entorno muy apreciado por los aficionados al submarinismo gracias a la riqueza de sus fondos marinos.

    Nosotros simplemente nos sentamos un rato a contemplar el paisaje mientras caía el sol. Fue uno de esos momentos sencillos que hacen especial cualquier viaje.


    Arenal d’es Castell

    Nuestra última parada fue Arenal d’es Castell, una playa semiurbana muy popular entre las familias.

    A diferencia de otras calas más salvajes de Menorca, aquí encontraréis todos los servicios necesarios y un acceso muy cómodo. Sus aguas tranquilas y su amplia bahía la convierten en una buena opción para pasar unas horas de playa si viajáis con niños o simplemente buscáis un lugar donde relajaros sin complicaciones.

    Conclusión

    Menorca nos conquistó por su naturaleza, su historia y la tranquilidad con la que pudimos recorrerla en invierno. Es cierto que viajar en temporada baja implica encontrar algunos establecimientos cerrados, pero también permite disfrutar de la isla de una forma muy diferente, sin prisas y con una calma que en verano sería difícil encontrar.

    Si tuviera que quedarme con algunos lugares de este viaje, elegiría Ciudadela, el Faro de Cavallería, Monte Toro y el paisaje del Cabo de Favàritx. Pero, en realidad, creo que lo mejor de Menorca es recorrerla sin un plan demasiado rígido y dejarse sorprender por cada rincón.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • LANZAROTE

    LANZAROTE

    Lanzarote la visitamos en enero de 2020, justo unos meses antes de que el mundo cambiara por completo con la llegada del Covid-19.

    Al igual que nos ocurrió en Menorca, viajar en esta época nos permitió disfrutar de la isla con mucha más tranquilidad. Es cierto que algunos negocios tienen horarios más reducidos, pero a cambio puedes recorrer sus paisajes sin las aglomeraciones del verano.

    Volamos desde Bilbao y, nada más llegar, recogimos un coche de alquiler.

    Para movernos por Canarias solemos confiar en CICAR, una empresa con la que siempre hemos tenido buenas experiencias por su relación calidad-precio.

    Eso sí, ya sabíamos que tocaría esperar un poco en el aeropuerto para recoger el vehículo. No fue ninguna sorpresa; en las islas el ritmo suele ser más pausado, así que lo mejor es tomárselo con calma y empezar las vacaciones sin prisas.

    Si hay algo que me gusta hacer antes de viajar es preparar el recorrido.

    No para ir corriendo de un sitio a otro, sino justo para lo contrario: aprovechar el tiempo sin agobios. No me gusta visitar lugares solo para tacharlos de una lista, ni pasar el día entero haciendo fotos sin disfrutar del momento.

    Prefiero combinar las visitas con un buen paseo, una comida tranquila y algún rato simplemente contemplando el paisaje. Al fin y al cabo, para mí viajar consiste precisamente en eso: disfrutar.

    En esta guía os voy a enseñar los lugares que más nos gustaron durante nuestro recorrido por Lanzarote.

    No pretende ser una lista de todo lo que hay que ver en la isla, sino una selección de aquellos rincones que más nos sorprendieron y que, sin dudarlo, volvería a visitar.

    Parque Nacional de Timanfaya

    Hablar de Lanzarote es hablar de Timanfaya. Es, probablemente, el lugar más conocido de la isla y una visita imprescindible.

    Aunque las fotografías ayudan a hacerse una idea, no es hasta que estás allí cuando comprendes de verdad cómo las erupciones volcánicas transformaron por completo este paisaje.

    La Ruta de los Volcanes se realiza en uno de los autobuses del propio parque.

    Se deja el coche en el aparcamiento y desde allí comienza una visita guiada en la que se recorren algunos de los rincones más espectaculares del parque. Al finalizar, el autobús regresa al punto de partida, donde también realizan varias demostraciones para mostrar el calor que todavía conserva el subsuelo.

    Nosotros preferimos reservar la visita directamente con el parque.

    Es uno de los lugares más populares de Lanzarote y, especialmente en temporada alta, merece la pena llevar la reserva hecha con antelación.

    Un pequeño consejo que os puede venir bien: si podéis elegir asiento en el autobús, intentad sentaros en el lado derecho. Durante buena parte del recorrido las vistas desde ese lado son especialmente bonitas.

    Además de esta ruta, también hicimos la Ruta Tremesana, una visita guiada en grupos reducidos que permite recorrer a pie una zona restringida del parque.

    El punto de encuentro es el Centro de Interpretación, desde donde los propios guías trasladan a los visitantes hasta el inicio del recorrido.

    Si os gusta caminar, otra opción muy recomendable es subir a la Caldera Blanca, una ruta que puede hacerse por libre y que ofrece unas vistas impresionantes del paisaje volcánico.

    En cuanto al horario, mi consejo es llegar a primera hora de la mañana o dejar la visita para última hora de la tarde. Son los momentos en los que suele haber menos gente y se disfruta mucho más del entorno.

    Y no, nosotros no hicimos el paseo en dromedario.

    Personalmente prefiero no participar en este tipo de actividades porque me da bastante pena el uso que se hace de estos animales.

    La Geria

    Muy cerca de Timanfaya se encuentra La Geria, uno de los paisajes más singulares de Lanzarote. Aquí la lava dejó un terreno aparentemente imposible para el cultivo, pero los agricultores supieron convertirlo en una de las zonas vinícolas más características de Canarias.

    Las vides crecen protegidas por pequeños muros de piedra volcánica y el lapilli ayuda a conservar la humedad, permitiendo que las plantas prosperen en un entorno donde, a simple vista, parece que no pudiera crecer nada.

    Merece la pena recorrer la zona sin prisas y detenerse en alguno de sus miradores para apreciar este paisaje tan diferente.

    Charco de los Clicos

    Otro de los lugares que más nos llamó la atención fue el Charco de los Clicos, también conocido como el Lago Verde. Se encuentra dentro del cráter abierto al mar de El Golfo y debe su característico color a las algas que viven en sus aguas.

    Es uno de esos rincones donde el contraste de colores sorprende: la arena negra, las rocas volcánicas, el intenso verde de la laguna y el azul del Atlántico forman un paisaje realmente espectacular.

    Después de la visita nos acercamos al pequeño pueblo pesquero de El Golfo para comer en Casa Rafa Restaurante de Mar, una elección que resultó ser todo un acierto.

    La carta es muy variada, el servicio fue rápido y amable, y la relación calidad-precio nos pareció muy buena.

    Nos llamó la atención que, al servir la ensalada, nos trajeran una selección de aceites, vinagres y sales para aliñarla al gusto. Entre todos ellos, el vinagre de cebolla y el de mango nos sorprendieron especialmente.

    Como siempre que viajamos, intentamos probar productos típicos de la zona.

    En esta ocasión pedimos unas lapas y un bocanegra a la plancha, un pescado fresco de la isla que nos limpiaron en la propia mesa. Fue una comida que disfrutamos mucho y que recordamos con cariño.

    Los Hervideros

    A pocos minutos en coche se encuentran Los Hervideros, uno de esos lugares donde la fuerza del océano impresiona de verdad.

    Las antiguas coladas de lava han dado lugar a un entramado de cuevas, grietas y bufaderos por los que el mar entra con enorme fuerza cuando hay oleaje.

    Actualmente existen varios miradores y pasarelas desde los que se puede contemplar este espectáculo con seguridad.

    Si podéis elegir, intentad visitarlo cuando el mar esté algo revuelto; las olas golpeando contra la roca hacen honor al nombre del lugar.

    Eso sí, conviene extremar siempre la precaución y respetar las zonas habilitadas para la visita.

    Salinas de Janubio

    La siguiente parada fueron las Salinas de Janubio, las más grandes de Canarias y uno de los paisajes más representativos de la isla.

    Además de recorrerlas, merece la pena entrar en su pequeña tienda. Yo aproveché para comprar sal de mojo rojo y de mojo verde, y la verdad es que fue todo un acierto. Todavía hoy me acuerdo de lo buenas que estaban.

    Calas de Papagayo

    Si hay un lugar donde el color del mar nos dejó completamente impresionados, fue en las Calas de Papagayo.

    Están situadas dentro del Monumento Natural de Los Ajaches, un espacio protegido que conserva algunas de las playas más bonitas de Lanzarote.

    Aunque la más famosa es la playa de Papagayo, a nosotros también nos gustó mucho Playa Mujeres. Es bastante más amplia, suele estar menos concurrida y, si el mar está tranquilo, es fácil ver peces nadando muy cerca de la orilla.

    Para acceder en coche hay que pagar una pequeña tasa y recorrer una pista de tierra. No es especialmente complicada, pero conviene conducir despacio.

    Al tratarse de un entorno prácticamente virgen, apenas hay servicios.

    Mi consejo es llevar agua, algo de comida y protección solar, porque los pocos establecimientos que hay suelen ser más caros y, además, no existen baños públicos.

    Si vais directamente a la playa de Papagayo, tened en cuenta que el acceso se realiza mediante varios tramos de escaleras, por lo que puede resultar incómodo para personas con movilidad reducida.

    Otra opción interesante es dejar el coche por la zona del Hotel Sandos Papagayo y recorrer el sendero que pasa por Playa Mujeres y otras pequeñas calas antes de llegar a Papagayo.

    Es un paseo muy agradable de unos veinte minutos, con bonitas vistas durante todo el recorrido.

    Los Ajaches constituyen el macizo volcánico más antiguo de Lanzarote, con materiales que se formaron hace millones de años.

    Además de su interés geológico, en esta zona se encuentran los restos del primer asentamiento de los conquistadores franco-normandos que llegaron a la isla a comienzos del siglo XV.

    Pero, sinceramente, más allá de la historia, lo que realmente hace especial este rincón es el paisaje.

    El contraste entre las montañas volcánicas y ese mar de un intenso color turquesa convierte la zona en uno de esos lugares que cuesta olvidar.

    Arrecife

    Aunque mucha gente utiliza Arrecife únicamente como punto de llegada o de salida de la isla, merece la pena dedicarle unas horas.

    Es una ciudad tranquila, perfecta para pasear sin prisas y descubrir un lado diferente de Lanzarote.

    Uno de sus rincones más conocidos es el Charco de San Ginés, una pequeña laguna de agua salada rodeada de casas blancas, terrazas y pequeñas embarcaciones de pescadores. Es uno de esos lugares donde apetece sentarse un rato y simplemente ver pasar la vida.

    Muy cerca también se encuentra el Castillo de San Gabriel, una fortaleza del siglo XVI construida para proteger la ciudad de los ataques piratas. Se accede por el Puente de las Bolas, uno de los símbolos más fotografiados de Arrecife.

    Si os gusta pasear, el centro histórico es bastante agradable y encontraréis pequeñas tiendas, cafeterías y un ambiente mucho más relajado que en otras zonas turísticas de la isla.

    Nosotros aprovechamos la visita para comer en Don Albahaca, un pequeño restaurante especializado en cocina romana que nos sorprendió muy gratamente.

    Probamos dos de sus especialidades: el supplì, una especie de croqueta de arroz típica de Roma, y la pinsa, una masa similar a la pizza tradicional, pero mucho más ligera y digestiva.

    Además, algunas de sus variedades llevan el nombre de localidades de Lanzarote, un detalle curioso que nos hizo gracia.

    El local no es muy grande, aunque también dispone de terraza, y nos pareció una opción con una excelente relación calidad-precio.

    Teguise

    Durante el viaje también visitamos Teguise, la antigua capital de Lanzarote.

    Es uno de esos pueblos que invitan a pasear sin rumbo, recorriendo sus calles empedradas, descubriendo pequeñas plazas y asomándose a sus tiendas de artesanía.

    Las casas blancas, las puertas y ventanas de madera pintadas de verde o azul y el ambiente tranquilo hacen que conserve mucho encanto.

    Si tenéis la oportunidad de visitarlo un domingo, además encontraréis uno de los mercadillos más conocidos de Canarias, aunque nosotros preferimos recorrerlo con más calma, sin tanta gente.

    Es un buen lugar para hacer una parada, tomar algo en una terraza y disfrutar del ritmo pausado del pueblo.

    Lagomar

    Para terminar el día visitamos Lagomar, un lugar completamente distinto a todo lo que habíamos visto hasta ese momento.

    Construido aprovechando una antigua cantera volcánica, este espacio mezcla arquitectura y naturaleza de una forma realmente sorprendente.

    Cuevas, túneles, terrazas y jardines se suceden entre las paredes de roca creando un conjunto muy original.

    Además de su belleza, Lagomar es conocido por la curiosa historia que lo relaciona con el actor Omar Sharif, quien, según cuentan, llegó a comprar la casa y la perdió poco después en una partida de cartas.

    Sea cierta o no toda la historia, lo que sí puedo decir es que merece la pena acercarse a conocer este rincón tan diferente.

    Es una de esas visitas que ponen un broche distinto al recorrido por la isla y demuestran, una vez más, cómo Lanzarote ha sabido integrar la arquitectura con el paisaje volcánico sin romper su esencia.

    Playa de Famara

    Muy cerca de Teguise se encuentra Playa de Famara, uno de los paisajes que más me impresionó de Lanzarote.

    No es la típica playa de aguas tranquilas para pasar el día bañándose.

    Aquí el protagonista es el océano, el viento y los enormes acantilados del Risco de Famara, que parecen caer directamente sobre la arena.

    Es un lugar muy popular entre los aficionados al surf y al kitesurf, y aunque no practiquéis ninguno de estos deportes, merece la pena acercarse solo por contemplar el paisaje.

    Nosotros fuimos en enero y prácticamente teníamos la playa para nosotros solos.

    Poder caminar durante un buen rato por la orilla, escuchando únicamente el sonido del mar, fue uno de esos momentos sencillos que hacen que un viaje se recuerde durante mucho tiempo.

    Si os gusta la fotografía, intentad visitarla cuando la marea esté baja. La arena mojada refleja el cielo y los acantilados creando unas imágenes realmente bonitas.

    Tahíche

    Fundación César Manrique

    Hay un nombre que aparece constantemente cuando recorres Lanzarote: César Manrique. Artista, arquitecto y gran defensor del paisaje de la isla, dejó una huella que sigue presente en muchos de sus rincones.

    Por eso creo que visitar la Fundación César Manrique ayuda a comprender mucho mejor Lanzarote.

    La casa está construida sobre una antigua colada de lava y aprovecha varias burbujas volcánicas naturales para crear algunas de sus estancias.

    Es sorprendente ver cómo la arquitectura y la naturaleza se integran de una forma tan armoniosa.

    Más que una vivienda, parece una obra de arte en la que cada espacio está pensado hasta el último detalle.

    A mí fue uno de los lugares que más me gustó de todo el viaje.

    No solo por la casa en sí, sino porque ayuda a entender la filosofía de César Manrique y el enorme esfuerzo que hizo para conservar la identidad de Lanzarote frente al desarrollo turístico.

    Después de recorrer la fundación, nosotros nos acercamos a comer a Los Aljibes de Tahíche, situado muy cerca.

    Es un restaurante que combina cocina argentina y canaria, con raciones realmente abundantes, así que si vais en pareja o en grupo, merece la pena compartir algunos platos.

    Nosotros pedimos una ensalada de la casa y una parrillada de carne, y todo estaba muy bueno.

    Otro detalle curioso es que elaboran su propia cerveza artesana y el pan que sirven también es casero.

    El restaurante ocupa un edificio diseñado por el propio César Manrique en 1976 y conserva una bodega muy singular que puede visitarse.

    Además de comer bien, resulta interesante conocer este pequeño rincón de su legado arquitectónico.

    Jardín de Cactus

    Puede parecer extraño recomendar un jardín dedicado exclusivamente a los cactus, pero os aseguro que merece la pena.

    El Jardín de Cactus fue otra de las grandes obras de César Manrique y está construido sobre una antigua cantera de extracción de ceniza volcánica.

    En su interior se reúnen miles de ejemplares de cactus procedentes de diferentes partes del mundo. Incluso si no sois especialmente aficionados a la jardinería, resulta un lugar muy agradable para pasear.

    La combinación entre la piedra volcánica, el verde de las plantas y el molino tradicional que preside el recinto crea un conjunto muy bonito.

    Es una visita tranquila, diferente y perfecta para recorrer sin prisas.

    Jameos del Agua

    Si tuviera que elegir uno de los lugares más sorprendentes de Lanzarote, seguramente sería Jameos del Agua.

    Este espacio nació en el interior de un túnel volcánico formado por la erupción del Volcán de la Corona y, una vez más, fue César Manrique quien supo transformarlo en un lugar único sin alterar su esencia.

    Nada más entrar, llama la atención el lago interior, donde habita una especie de pequeños cangrejos albinos exclusivos de este lugar.

    Son diminutos y cuesta verlos al principio, pero merece la pena detenerse un momento para buscarlos.

    El recorrido continúa entre jardines, pasarelas y rincones donde la lava y la vegetación parecen convivir de forma completamente natural.

    Es uno de esos sitios donde no importa tanto ir deprisa como disfrutar del ambiente.

    Cueva de los Verdes

    Muy cerca de allí se encuentra la Cueva de los Verdes, otro tramo del mismo túnel volcánico.

    La visita solo puede hacerse con guía y resulta muy entretenida porque, además de explicar cómo se formó la cueva, permite recorrer galerías, pasillos y grandes salas creadas por la lava hace miles de años.

    No quiero contar demasiado porque parte del encanto está en descubrirla por uno mismo, pero sí os aconsejo prestar atención hasta el final de la visita.

    Hay una sorpresa que forma parte de la historia de este lugar y que merece la pena descubrir allí, sin spoilers.

    Después de recorrer tanto los Jameos del Agua como la Cueva de los Verdes, acabé entendiendo por qué César Manrique defendía tanto el paisaje de Lanzarote.

    Consiguió demostrar que era posible poner en valor estos espacios sin convertirlos en algo artificial, respetando siempre la naturaleza que los había creado.

    Punta Mujeres

    Uno de los pueblos que más me gustó del norte de Lanzarote fue Punta Mujeres.

    Es un pequeño pueblo pesquero que conserva la tranquilidad de siempre y donde parece que el tiempo pasa un poco más despacio.

    Lo más característico son sus piscinas naturales, formadas entre la roca volcánica y adaptadas para el baño.

    Cuando el mar está tranquilo, el agua permanece completamente cristalina y son una alternativa perfecta a las playas tradicionales.

    Me pareció un lugar ideal para dar un paseo, disfrutar del ambiente y contemplar el océano sin prisas.

    Caletón Blanco

    Muy cerca se encuentra Caletón Blanco, uno de esos rincones que llaman la atención desde el primer momento.

    Aquí el contraste es absoluto: la arena blanca destaca sobre la roca volcánica negra, mientras el agua adopta unos tonos turquesa increíbles.

    Cuando baja la marea se forman pequeñas piscinas naturales que convierten la zona en un lugar perfecto para relajarse.

    Si viajáis con niños, creo que es una de las playas más agradables de la isla, ya que estas piscinas naturales suelen estar bastante protegidas del oleaje.

    Volcán de la Corona

    Muy cerca de allí se encuentra el Volcán de la Corona, responsable de la formación de los túneles volcánicos que hoy ocupan la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua.

    Si os gusta el senderismo, existe una ruta que permite subir hasta el cráter y disfrutar de unas magníficas vistas del norte de Lanzarote y del archipiélago Chinijo.

    Nosotros preferimos contemplarlo desde distintos puntos del recorrido, pero es una excursión muy recomendable para quienes quieran descubrir una faceta más tranquila de la isla.

    Conclusión

    Lanzarote es una isla diferente. Su paisaje volcánico, el contraste entre la roca negra y el intenso azul del océano, los pueblos blancos y la huella que dejó César Manrique hacen que tenga una personalidad única.

    Durante nuestro viaje descubrimos lugares espectaculares, playas casi vírgenes, pequeños pueblos con mucho encanto y una gastronomía que nos sorprendió muy gratamente. Pero, sobre todo, disfrutamos de esa sensación de tranquilidad que transmite la isla cuando la recorres sin prisas.

    Seguro que nos dejamos algún rincón por descubrir, porque Lanzarote tiene mucho que ofrecer. Aun así, todos los lugares que aparecen en esta guía forman parte de nuestro viaje y son los que, por una razón u otra, más recordamos y recomendaríamos.

    Si estáis pensando en viajar a la isla, espero que nuestra experiencia os sirva para organizar vuestra ruta o, simplemente, para despertaros las ganas de conocer este rincón de Canarias.

    Y si disponéis de un día más, no dejéis pasar la oportunidad de visitar La Graciosa. Para nosotros fue el complemento perfecto a este viaje y merece una escapada por sí sola.

    Gracias por acompañarme una vez más. Espero que hayáis disfrutado de este recorrido tanto como nosotros disfrutamos viviéndolo. 😊

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • TOBERA: Naturaleza, historia y leyendas en un pueblo encantador

    TOBERA: Naturaleza, historia y leyendas en un pueblo encantador

    Se encuentra en el norte de la provincia de Burgos, la zona de las Merindades.

    Son apenas dos kilómetros los que separan Frías de Tobera por la carretera BU-504.

    Las aguas del río Molinar, que han formado un desfiladero a su paso por Tobera, provienen de los Montes Obarenes y desembocan unos kilómetros más adelante en el río Ebro.

    Recibe este nombre porque junto al curso del río había varios molinos hidráulicos que aprovechaban la corriente del agua para generar energía en las fábricas que surtían de papel a las prensas burgalesas.

    “El río Molinar entre cascadas

    y su sonido en el desfiladero,

    colma la dicha de cualquier viajero,

    que en vano sueña con un cuento de hadas.”

    VERSOS DEL POEMA A TOBERA (BURGOS), DE JUAN ANTONIO GALISTEO LUQUE

    Hay que seguir la senda del Molinar, que comienza junto a las ermitas de Santa María de la Hoz y del Cristo de los Remedios y podrás admirar numerosos saltos de agua y una gran cascada final a lo largo del pueblo.

     La ermita románica de Santa María de la Hoz, del siglo XIII, antaño sirvió como hospedaje para los peregrinos del Camino de Santiago. Se cree que puede estar construida sobre un templo anterior y, en sus interiores, dicen que se conservan coloridos frescos. Está cerrada al público o por lo menos yo nunca la he visto abierta (y la he visitado un montonazo de veces).

    La ermita del Cristo de los Remedios es de menor tamaño y del siglo XVII. Parece un clásico humilladero y en su interior está la talla de una gran serpiente. Está colocada en una vitrina, justo debajo del Cristo de los Remedios. 

    Según la leyenda, «un joven cartero, que llevaba el correo a una reina, se encontró en este lugar con un enorme reptil. La serpiente intentó atacarle, haciendo desbocar al caballo. El mensajero, asustado, sacó su espada y rezó una oración haciendo que la serpiente desapareciese. Gracias a ese suceso, cuando el joven se lo contó a la reina, la mujer decidió levantar una ermita en honor al Cristo de los Remedios. Y, para recordar los peligros del camino, en su interior se decidió guardar una talla con la imagen del reptil.»

    El pueblo es muy fácil de recorrer andando y hay una pista señalizada que te lleva al mirador de las Cascadas.

    Os dejo un vídeo de mi perfil de Youtube:

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • ALBARRACIN, pueblo turolense

    ALBARRACIN, pueblo turolense

    Dentro de la provincia de Teruel, Albarracín es una visita obligada. Se trata de uno de los pueblos medievales más bonitos de España, famoso por sus murallas de origen árabe, que todavía se conservan en muy buen estado.

    Nosotros estábamos de escapada por la zona y nos acercamos con nuestro propio coche. Fuimos a la aventura, por lo que no habíamos reservado para comer (os lo recomiendo completamente, es demasiado turístico), pudimos comer allí pero después de tener que esperar mucho tiempo al ir sin reserva.

    Aparcamiento y primeras recomendaciones

    A la entrada del pueblo hay dos aparcamientos. Como es un destino muy popular, especialmente los fines de semana y festivos, os recomiendo llegar temprano para encontrar sitio sin problemas.

    Junto a uno de los aparcamientos se encuentra la oficina de turismo, que permanece abierta hasta las 14:00 horas.

    Consejos para recorrer el casco histórico

    Si vais a recorrer sus calles, llevad calzado cómodo. El casco histórico está lleno de cuestas, escaleras y calles empedradas.

    Monumentos más fotografiados de Albarracín

    La muralla medieval

    Es imposible no verla, ya que rodea gran parte del pueblo. Incluso antes de llegar, desde la carretera, ya se puede contemplar. El conjunto es espectacular.

    La Catedral de San Salvador

    Construida en el siglo XVI, se encuentra en pleno casco histórico. Es uno de los edificios más emblemáticos de la localidad. La oficina de turismo organiza visitas guiadas.

    El Alcázar

    De aspecto similar a un castillo, se encuentra dentro del casco histórico. Es recomendable solicitar un mapa en la oficina de turismo para localizarlo fácilmente.

    Gastronomía en Albarracín

    Durante el paseo por el pueblo encontraréis numerosos restaurantes donde se come muy bien. Debido a la afluencia de visitantes, es recomendable reservar con antelación.

    Ruta fluvial del río Guadalaviar

    Una de las rutas más populares. El sendero discurre junto al río Guadalaviar, cruzando puentes y pasarelas.

    Desde el camino se pueden ver las casas colgadas, que recuerdan a las de Cuenca. Yo lo recorrí y lo tengo apuntado en uno de mis post, muy fácil de hacer y visual.

    Esta zona suele ser muy calurosa en verano, os lo recomiendo visitar en Otoño e Invierno.

    Naturaleza en la Sierra de Albarracín

    Ruta del Barranco de la Hoz

    Hay un post en el blog dedicado a ello, también fácil de hacer, fijaros que yo soy semi urbanita y he podido transitar por allí.

    Murallas de Albarracín

    Se puede recorrer parte de la muralla y visitar algunas torres.
    Accesos:

    • Calle del Chorro
    • Calle Subida a las Torres (junto a la iglesia de Santiago)
    • Portal de Molina

    Cascada del Molino de San Pedro

    También he escrito sobre ello en el blog, lo podéis buscar.

    Cascada del Molino Viejo

    Desde Albarracín se toma la carretera A-1704 hacia Royuela y Calomarde.
    Desvío hacia Royuela y la Vega del Tajo.
    El acceso está señalizado y hay aparcamiento cercano.

    Nacimiento del río Tajo

    El río Tajo nace en Fuente García, en Frías de Albarracín. En este lugar hay un monumento dedicado a las tres provincias que forman su cauce: Teruel, Guadalajara y Cuenca.

    Puntuación: 1 de 5.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘