CIUDADANA DEL MUNDO

Caminante no hay camino se hace camino al andar

Visita el Enorme Banco de Burón: Un Encanto Turístico

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Íbamos camino de una pequeña aldea de la provincia de León cuando decidimos hacer una primera parada que teníamos marcada en nuestra ruta: el Banco de Burón, conocido como el banco más grande de León.

El día no acompañaba demasiado. Estaba lloviendo y el cielo tenía ese aspecto gris tan característico de los días de montaña. Aun así, tuvimos bastante suerte: justo cuando nos acercamos al banco dejó de llover y, además, no encontramos a nadie. Para nosotros fue perfecto, porque pudimos disfrutar del lugar con toda tranquilidad.

Apoyada en el banco para ver sus dimensiones.

El banco se encuentra a la entrada de Burón, en el conocido como Alto de los Atajos, muy cerca de la carretera CL-635. Desde la carretera se distingue perfectamente y el acceso es muy sencillo. Hay una explanada de tierra junto al banco donde se puede dejar el coche, aunque después de días de lluvia puede acumular bastante barro.

Nosotros dejamos el coche en el acceso y caminamos unos pocos metros. Para llegar al banco hay que atravesar una pequeña entrada con puertas de madera y un paso canadiense. Después aparece una pequeña campa y, allí delante, el enorme banco de madera.

Y digo enorme porque sus dimensiones sorprenden de verdad: ¡tiene unos cuatro metros de altura!

De hecho, para sentarse hay que echarle un poco de imaginación. El asiento queda tan alto que hay que ayudarse de una piedra para poder subir.

Yo, por supuesto, no iba a marcharme sin sentarme.

Había llovido y la madera estaba húmeda, pero pensé: “Bueno, tampoco será para tanto”.

Pues sí. Fue para tanto.

Me senté en el banco, contemplé el paisaje y, cuando me levanté, llevaba el culo completamente calado. Una de esas pequeñas anécdotas de viaje que en el momento no hacen ninguna gracia, pero que después terminan formando parte de los mejores recuerdos.

Más allá de la anécdota, el lugar merece la parada.

Vista desde el banco, Montaña de Riaño y Mampodre

El banco está colocado de espaldas al valle y en una posición que permite que el paisaje se convierta en el auténtico protagonista. Frente a nosotros se abría una enorme extensión de terreno, rodeada por las montañas de la Montaña de Riaño y Mampodre, con el imponente pico Burín como uno de los protagonistas del paisaje.

Dependiendo de la época del año y de las condiciones del embalse de Riaño, el paisaje cambia considerablemente. La pradera que se extiende detrás del banco puede ofrecer una imagen muy diferente según el nivel de las aguas.

Y quizá eso sea precisamente parte de su encanto: no es solamente hacerse una fotografía sentados en un banco gigante, sino detenerse unos minutos y mirar todo lo que hay alrededor.

Aunque hoy pueda parecer simplemente una curiosidad turística, el banco forma parte de una iniciativa para dar visibilidad y atraer visitantes al municipio de Burón y al valle de Valdeburón.

Fue instalado en julio de 2021 por el Ayuntamiento de Burón, dentro de una estrategia para crear atractivos singulares en las localidades que forman parte del municipio. El banco fue concebido como un elemento llamativo que animase a los viajeros a detenerse, conocer el entorno y descubrir esta zona de la montaña leonesa.

Y lo cierto es que consiguió llamar la atención. Con sus cuatro metros de altura, se convirtió rápidamente en uno de esos lugares curiosos que aparecen en fotografías de viajeros y rutas por la Montaña Oriental Leonesa.

Un poco de historia de Burón

Pero Burón es mucho más que su gigantesco banco.

La localidad se encuentra en el valle de Valdeburón, en plena montaña oriental de León, rodeada de cumbres y atravesada por el río Esla. Su historia está estrechamente vinculada a la antigua Merindad de Valdeburón, una organización territorial medieval que agrupaba varios concejos de esta zona montañosa.

El paisaje actual también guarda una historia mucho más reciente y dura. Burón se encuentra en la cola del embalse de Riaño, cuya construcción supuso una profunda transformación del territorio. En 1987 las aguas cubrieron buena parte del antiguo caserío de la localidad y algunos edificios emblemáticos tuvieron que ser trasladados, entre ellos la iglesia y las antiguas escuelas.

Quizá por eso, cuando recorres actualmente esta zona, resulta inevitable pensar que bajo algunos de estos paisajes de agua y montaña existe también una parte de la historia de los pueblos que desaparecieron bajo el embalse.

Nuestra visita

Nuestra parada fue mucho más sencilla: llegar, aparcar, cruzar la pequeña entrada y acercarnos hasta aquel banco descomunal.

No tuvimos que hacer ninguna ruta ni caminar prácticamente nada. Y eso, en un viaje en el que todavía nos quedaban kilómetros por delante, era perfecto.

Además, tuvimos la suerte de encontrarnos el lugar prácticamente vacío. Sin turistas, sin prisas y sin tener que esperar para hacernos fotografías.

Solo nosotros, aquel banco gigantesco y el paisaje leonés delante.

Bueno… y mi pantalón mojado después de descubrir que sentarse en un banco de madera mojado no era precisamente mi mejor idea del día.

Pero volvería a hacerlo.

Porque al final, los viajes también están hechos de estas pequeñas situaciones: una parada improvisada, un paisaje que no esperabas encontrar, un banco imposible de alto y una anécdota que años después todavía te hace sonreír.

Y así comenzó nuestra visita por esta zona de la montaña leonesa.

Puntuación: 1 de 5.

Gracias por leerme.

Espero que os haya gustado 😘😘

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