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  • MIRADOR DE VALCABADO, flotando sobre el vacío

    MIRADOR DE VALCABADO, flotando sobre el vacío

    El Mirador de Valcabado, ubicado en la plataforma caliza de La Lora en Palencia, ofrece vistas panorámicas del valle de Valderredible y sus bosques. Situado a más de 1.200 metros de altitud, forma parte del Geoparque Mundial UNESCO Las Loras y del espacio natural de Covalagua.

    Se puede acceder fácilmente en coche desde Revilla de Pomar o mediante rutas senderistas. La primavera y el otoño son las mejores estaciones para ir. Dada su altura y exposición al viento, se aconseja precaución, siendo recomendable combinar la visita con la cercana Cueva de los Franceses.

    Uno de los lugares que más me impresionó de esta zona fue el Mirador de Valcabado, situado en el borde del páramo de La Lora de Valdivia, a unos 1.224 metros de altitud. Es un auténtico balcón natural sobre el valle de Valderredible y uno de esos lugares en los que el paisaje parece no tener fin.

    La plataforma del mirador se asoma directamente al vacío y, al caminar sobre ella, se produce una sensación muy curiosa, casi como si estuvieras flotando sobre el paisaje. Y aquí tengo que reconocer algo: para mí la experiencia fue bastante más intensa de lo que esperaba.

    El día que fui hacía muchísimo viento y, además, tengo vértigo. La combinación de altura, viento y esa plataforma suspendida sobre el precipicio hizo que lo pasara realmente mal. Me costó acercarme y permanecer allí, aunque finalmente conseguí disfrutar de las vistas y, por supuesto, hacer alguna foto para recordar el momento. Si tienes vértigo como yo, mi consejo es que vayas con calma y no te fuerces a acercarte al borde: el paisaje se disfruta igualmente desde las zonas más alejadas.

    El paisaje de La Lora

    Desde aquí se contempla un paisaje espectacular. En las laderas del páramo se extiende un auténtico mar verde, formado principalmente por hayedos y robledales, con pinares en algunas zonas. El contraste entre estos bosques y la superficie más abierta y elevada del páramo resulta especialmente llamativo.

    Al levantar la mirada hacia el horizonte aparece el enorme valle de Valderredible. En días despejados se pueden distinguir numerosos pueblos repartidos entre Palencia, Burgos y Cantabria, y también algunas de las cumbres de la Montaña Palentina y de la Cordillera Cantábrica. Las vistas son especialmente amplias porque el mirador se encuentra precisamente en el borde de la gran plataforma caliza de La Lora.

    El lugar forma parte del entorno del Geoparque Mundial UNESCO Las Loras y del espacio natural de Covalagua, una zona donde el paisaje está muy marcado por la roca caliza y los procesos kársticos.

    Cómo llegar al Mirador de Valcabado

    Si quieres llegar en coche, la referencia más sencilla es Revilla de Pomar, en la provincia de Palencia.

    Desde Aguilar de Campoo hay que tomar la N-627 en dirección Burgos. Después de aproximadamente 8 kilómetros se toma el desvío hacia Pomar de Valdivia, siguiendo las indicaciones hacia la Cueva de los Franceses. Una vez atravesado Pomar de Valdivia, se continúa hacia Revilla de Pomar y, desde allí, se sigue la carretera local PP-6222 hacia la zona de la Cueva de los Franceses y el Mirador de Valcabado.

    La carretera termina prácticamente en esta zona, por lo que es una opción bastante cómoda si no quieres hacer una ruta larga a pie. El mirador dispone de zona de aparcamiento en las inmediaciones.

    Otra posibilidad es llegar caminando desde Revelillas, en el valle de Valderredible. Desde esta localidad existen rutas señalizadas que ascienden hacia el páramo de La Lora, pasando por zonas de robledal y hayedo hasta alcanzar la parte alta y continuar hacia el Mirador de Valcabado.

    Si tienes tiempo, merece mucho la pena combinar la visita con la Cueva de los Franceses, que se encuentra muy cerca del mirador, y con alguno de los senderos del entorno, como los que llevan hacia el Pozo de los Lobos o atraviesan el hayedo.

    ¿Se puede ir con perro?

    En principio, sí es un entorno muy apropiado para visitar con perro, especialmente si se plantea como paseo o ruta por el entorno natural. De hecho, existen recorridos de senderismo por La Lora en los que se realiza la ruta con perros.

    Eso sí, yo tendría especial precaución en la zona del mirador. El terreno está expuesto y hay un cortado importante, por lo que llevaría al perro controlado y preferiblemente con correa, sobre todo si hace viento, hay niebla o el animal tiende a acercarse a los bordes.

    Si vas a hacer alguna de las rutas que atraviesan el hayedo o el páramo, conviene además llevar agua y tener en cuenta que no siempre tendrás cobertura o servicios cerca.

    ¿Cuál es la mejor época para ir?

    Para disfrutar realmente del Mirador de Valcabado, yo elegiría primavera y otoño. En primavera el paisaje recupera el verde y los bosques están especialmente bonitos, mientras que en otoño los hayedos y robledales aportan una variedad de colores espectacular.

    El verano también es una buena época para caminar, pero puede resultar menos atractivo si buscas el máximo esplendor de los bosques. Además, en algunos puntos del entorno de Covalagua el agua depende mucho de las lluvias y del deshielo.

    El invierno puede ofrecer días de una visibilidad extraordinaria, pero hay que tener más cuidado con el frío, la nieve, el hielo y el estado de las carreteras y caminos.

    Y hay algo que aprendí por experiencia: no solo hay que mirar la previsión de lluvia. El viento también es muy importante en este mirador. Al encontrarse en un borde elevado y completamente expuesto, un día con mucho viento puede cambiar por completo la experiencia. Si tienes vértigo, como yo, elegiría un día tranquilo y despejado.

    Mi recomendación

    Si vas a acercarte hasta aquí, yo reservaría al menos medio día para recorrer el entorno. Puedes combinar Revilla de Pomar, Covalagua, la Cueva de los Franceses y el Mirador de Valcabado, y si te apetece caminar, añadir alguna de las rutas por el páramo y los hayedos.

    Para mí, Valcabado se queda como uno de esos lugares que impresionan por su paisaje, pero también como un pequeño reto personal. No disfruté demasiado del momento de asomarme al vacío por culpa del vértigo y del viento, pero precisamente por eso recuerdo esta visita con especial intensidad.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • FARO DE FINISTERRE

    FARO DE FINISTERRE

    Fisterra, situado en la Costa da Morte, representa el final simbólico de la peregrinación del Camino de Santiago. Históricamente relacionado con el fin del mundo conocido, el lugar reúne tradiciones y rituales de renovación junto al océano Atlántico, además de albergar importantes imágenes religiosas.

    El faro de Fisterra, construido en 1853, señala el kilómetro cero de la prolongación del Camino hacia Muxía. Su conjunto arquitectónico abarca la torre, la sirena de niebla y el semáforo. Hoy constituye un destacado punto de interés cultural y un emblemático mirador atlántico.

    Fisterra, uno de los lugares donde termina el Camino de Santiago de Compostela

    Para muchos peregrinos, llegar a Santiago de Compostela y entrar en la plaza del Obradoiro supone cumplir el gran objetivo del Camino. Pero existe un paso más allá, un lugar que durante siglos ha estado ligado al final simbólico de la peregrinación: Fisterra, el antiguo Finis Terrae, el fin de la tierra conocida.

    Y es que llegar hasta aquí tiene un significado especial. Después de haber recorrido cientos de kilómetros, alcanzar el océano Atlántico y contemplar cómo el camino termina frente al mar convierte este lugar en algo más que una simple visita turística.

    La tradición jacobea de Fisterra está vinculada especialmente a la iglesia de Santa María das Areas, situada en el camino hacia el faro. En su interior se encuentra una de las imágenes religiosas más conocidas de la localidad: el Santo Cristo de Fisterra, el Cristo da Barba Dourada.

    Se trata de una talla gótica rodeada de leyendas; una de ellas cuenta que llegó hasta la costa después de haber sido arrojada al mar desde un barco durante una tormenta.

    Según la tradición, después de visitar al Cristo, los peregrinos continuaban hasta el mar para completar su viaje. El baño en el océano, cambiar las ropas utilizadas durante el Camino, recoger una concha de vieira o contemplar la puesta de sol formaban parte de ese simbolismo de despedida.

    También se habla de la antigua costumbre de quemar las ropas del peregrino, como una manera de dejar atrás la vida anterior y regresar a casa como una persona renovada.

    La idea de este ritual era precisamente esa: después de llegar hasta el extremo del mundo conocido, dejar atrás el cansancio y todo aquello que se había vivido durante el camino para regresar a casa como una persona nueva.

    El Finis Terrae

    Fisterra se encuentra en plena Costa da Morte, una costa marcada por el Atlántico, los fuertes vientos, los acantilados y una larga historia de naufragios.

    Su nombre procede del latín Finis Terrae, «fin de la tierra», aunque la idea de que aquí terminaba el mundo conocido pertenece a las antiguas creencias y a la tradición que se fue construyendo alrededor de este extremo de Galicia.

    El lugar también está relacionado con antiguas leyendas sobre cultos solares. La tradición sitúa en la zona un antiguo altar dedicado al sol, conocido como Ara Solis, aunque la identificación histórica exacta de este lugar no está demostrada.

    Hoy, aunque sabemos perfectamente qué hay al otro lado del Atlántico, la sensación de estar ante el «fin del mundo» continúa siendo muy especial.

    El Faro de Finisterre

    El Faro de Fisterra se construyó en 1853 y forma parte de uno de los conjuntos de arquitectura farera más emblemáticos de Galicia. La torre, de planta octogonal y construida en cantería, mide 17 metros de altura, mientras que su luz se encuentra a unos 143 metros sobre el nivel del mar.

    Aunque actualmente Cabo Touriñán es el punto más occidental de la España peninsular, el cabo de Fisterra continúa siendo uno de los lugares más simbólicos de la Costa da Morte y, para los peregrinos, el final tradicional del Camino de Santiago hacia el Atlántico.

    Además, el entorno del faro está considerado el kilómetro 0 del Camino de Fisterra-Muxía, ese recorrido que prolonga la peregrinación más allá de Santiago.

    Para llegar hasta el faro podemos hacerlo andando desde Fisterra, ya que se encuentra a unos tres kilómetros del núcleo urbano, o acercarnos en coche.

    La carretera de subida ya merece la pena por sí misma. Va bordeando el mar y, a medida que ascendemos, aparecen diferentes miradores desde los que podemos contemplar el Atlántico, las pequeñas calas y el impresionante paisaje de la Costa da Morte.

    Cuando llegamos arriba encontramos una pequeña zona de aparcamiento. No tiene demasiada pérdida, ya que el faro es perfectamente visible y suele haber bastante movimiento de visitantes.

    La Torre, la Sirena y el Semáforo

    El conjunto del faro está formado por varios edificios con funciones diferentes.

    La Torre es la parte que alberga el faro propiamente dicho. Su luz tenía la misión de orientar a los barcos en una costa especialmente peligrosa.

    Junto a ella encontramos la Sirena, instalada en 1888 para ayudar a los navegantes durante los días de niebla, cuando la luz del faro podía resultar difícil de distinguir. Su sonido le ha dado uno de los nombres más curiosos de este lugar: «A Vaca de Fisterra», la Vaca de Fisterra.

    El tercer elemento es el Semáforo, construido en 1879 para transmitir señales a la marina. Actualmente ha sido rehabilitado como alojamiento rural.

    Desde este punto las vistas son magníficas. En los días despejados podemos contemplar la ría de Corcubión, el Monte Pindo, las islas Lobeira e incluso parte de la costa de Carnota. Frente a nosotros también aparece el islote de O Centolo, conocido por los numerosos peligros que históricamente representó para la navegación.

    Los símbolos del peregrino

    El entorno del faro está lleno de pequeños símbolos relacionados con el Camino.

    Uno de los más conocidos es la bota del peregrino, una escultura que recuerda a todos aquellos que han llegado caminando hasta este extremo de Galicia.

    También encontramos un cruceiro, otro de los elementos tradicionales de la cultura gallega, y diferentes recuerdos vinculados a los peregrinos que han llegado hasta aquí.

    Durante mucho tiempo, algunos peregrinos realizaban en esta zona su particular ritual de despedida del Camino: cambiaban o quemaban sus ropas y se acercaban al mar para completar simbólicamente su peregrinación. Actualmente, como decía antes, la quema de ropa o cualquier otro tipo de fuego no es una práctica que debamos realizar.

    Lo que sí podemos hacer es disfrutar del lugar, contemplar el océano y, sobre todo, entender el significado que este rincón ha tenido para miles de personas a lo largo del tiempo.

    Un lugar para cualquier época del año

    Creo que Fisterra es de esos lugares que merece la pena visitar en cualquier época del año.

    En verano encontramos más visitantes y podemos aprovechar para recorrer también las playas y calas de los alrededores. Primavera y otoño tienen un encanto especial, con menos gente y una luz preciosa sobre el Atlántico. Y en invierno, cuando el viento y el mar muestran toda la fuerza de la Costa da Morte, el paisaje puede resultar todavía más impresionante.

    Pero si hay algo que no deberíamos perdernos, siempre que el tiempo acompañe, es la puesta de sol.

    Ver cómo el sol desaparece lentamente detrás del Atlántico desde este lugar ayuda a comprender por qué durante siglos este cabo estuvo rodeado de leyendas y por qué tantos peregrinos decidieron continuar su camino desde Santiago hasta aquí.

    Fisterra no es simplemente el lugar donde acaba una ruta.

    Es un lugar de despedidas, de leyendas, de mar y de historia.

    Yo no he hecho el camino pero me han hablado mucho de su magia y las veces que he visitado este lugar me impregno de su entorno.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Riaño bajo la Lluvia: Un Viaje a la Memoria

    Riaño bajo la Lluvia: Un Viaje a la Memoria

    Riaño: un pueblo entre montañas y recuerdos

    Después de nuestra visita al Banco de Burón, continuamos nuestro camino hasta Riaño.

    El día seguía lluvioso y el cielo estaba cubierto, algo que, aunque podía parecer poco apropiado para disfrutar de un paisaje de montaña, terminó dándole a Riaño una atmósfera especial.

    Llegamos hasta la zona del camping y dejamos el coche en el aparcamiento situado justo a la entrada, sin necesidad de entrar en las instalaciones. Es una zona bastante amplia y allí mismo hay un pequeño bar.

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    Desde este punto comenzamos nuestro recorrido a pie. Una pista serpenteante se adentra por la montaña y, según el camino que tomemos, nos lleva hacia algunos de los lugares más conocidos de Riaño.

    Nosotros nos dirigimos hacia el famoso columpio y después hacia el corazón, dos de los rincones que actualmente atraen a muchos visitantes.

    Riaño es mucho más que el bonito escenario que vemos hoy.

    El Riaño que desapareció bajo las aguas

    El actual Riaño no ocupa exactamente el mismo lugar que el antiguo pueblo. La historia reciente de la localidad está marcada por la construcción del embalse.

    El proyecto del embalse llevaba décadas planteándose y finalmente las obras comenzaron en 1965.

    El proceso estuvo acompañado durante años por expropiaciones, conflictos y una fuerte oposición de los habitantes del valle. Finalmente, en 1987, el antiguo Riaño y otros pueblos de la zona fueron demolidos y quedaron bajo las aguas del embalse.

    En total, nueve localidades quedaron afectadas: Riaño, Anciles, Salio, Huelde, Éscaro, La Puerta, Pedrosa del Rey, Burón y Vegacerneja, esta última parcialmente. El cierre del embalse se produjo el 31 de diciembre de 1987.

    El nuevo Riaño fue construido para acoger a buena parte de la población desplazada.

    Y aquí está una de las peculiaridades que más nos ayudan a comprender lo que estamos viendo: algunos de los edificios históricos de aquellos pueblos no desaparecieron bajo el agua, sino que fueron trasladados piedra a piedra al nuevo emplazamiento.

    Por eso, cuando paseamos hoy por Riaño, encontramos elementos que pertenecían a aquellos pueblos desaparecidos.

    Un paseo por la memoria

    Uno de ellos es la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, procedente de La Puerta. Fue trasladada piedra a piedra y su cabecera corresponde a los siglos XIII-XIV.

    También encontramos la iglesia de San Martín de Pedrosa del Rey, trasladada al nuevo Riaño. Es uno de los testimonios que permiten imaginar el patrimonio que existía en aquellos pueblos antes de que el agua transformara para siempre el valle.

    El Ayuntamiento de Riaño conserva además un mapa turístico en el que aparecen varios de los lugares que podemos visitar actualmente: el Museo Etnográfico, la iglesia románica, el Paseo del Recuerdo, el puerto donde salen los barcos turísticos, el banco, el mirador del Alto de Valcayo y el acceso al columpio.

    Precisamente el Paseo del Recuerdo es una visita especialmente interesante para comprender esta historia.

    Es una manera de acercarse a la memoria de aquellos pueblos y de sus habitantes, algo que adquiere todavía más significado cuando sabemos que bajo las aguas del embalse quedaron sus antiguas casas, calles y paisajes.

    También merece una visita el Museo Etnográfico de Riaño, donde se conserva y explica parte de la cultura, las tradiciones y la forma de vida de la montaña.

    Por eso, aunque nuestra visita se centró sobre todo en los paisajes y miradores, creemos que conocer esta parte de la historia cambia la manera de mirar Riaño.

    Los llamados Fiordos Leoneses

    Y entonces llegamos a una de las imágenes más espectaculares de la zona: el embalse de Riaño.

    A los paisajes que rodean sus aguas se les conoce popularmente como Fiordos Leoneses.

    Evidentemente, no son fiordos en sentido geológico ni tienen origen marino como los noruegos. Su aspecto se debe a la combinación de las montañas y los profundos valles que quedaron inundados tras la construcción del embalse.

    El resultado es un paisaje muy peculiar: el agua penetra entre las montañas, creando brazos y ensenadas rodeados de paredes y cumbres calizas. Desde los diferentes miradores se entiende perfectamente por qué este lugar ha recibido ese sobrenombre.

    Y hay una paradoja difícil de ignorar: el mismo embalse que creó este paisaje tan espectacular fue también el que hizo desaparecer los pueblos del antiguo valle.

    Quizá por eso contemplarlo produce sensaciones contradictorias. Es precioso, sí, pero cuando conoces lo que hay bajo esas aguas, el paisaje adquiere otra dimensión.

    El columpio gigante de Riaño

    Uno de nuestros objetivos era llegar hasta el famoso columpio.

    Desde la zona del camping seguimos la pista hasta alcanzar el entorno del mirador de Las Hazas.

    El recorrido no nos resultó especialmente complicado, aunque sí encontramos algunas zonas pedregosas y, al estar lloviendo, el terreno estaba húmedo y resbaladizo.

    Por eso, si el día está como el nuestro, recomiendo llevar buen calzado y, especialmente para quienes tengan menos seguridad caminando por terreno irregular, un bastón de montaña puede venir muy bien.

    El columpio es uno de los grandes atractivos turísticos actuales de Riaño y está considerado el columpio más grande de España.

    Su tamaño y, sobre todo, su ubicación hacen que la experiencia sea bastante peculiar: al sentarse y comenzar a balancearse, parece que uno va a salir directamente hacia el embalse y las montañas.

    Junto al columpio hay también un banco de madera desde el que simplemente podemos sentarnos y disfrutar del paisaje.

    Adjunto un vídeo de mi perfil:

    https://youtu.be/SkOu9M7Bo_k?is=-8k_CQfpe5U-sHll

    Eso sí, si vais en temporada alta, hay que tener paciencia.

    Nosotros encontramos bastante gente y tuvimos que guardar cola para poder subir al columpio.

    Es uno de esos lugares que se han convertido en auténticos protagonistas de las fotografías de Riaño y, lógicamente, muchos visitantes quieren llevarse su recuerdo.

    El corazón con Riaño a nuestros pies

    Continuamos después hacia otro de los rincones más fotografiados: el corazón.

    También encontramos bastante gente y tuvimos que esperar nuestro turno. La razón es sencilla: desde allí se consigue una bonita fotografía con el corazón en primer plano y, detrás, el pueblo de Riaño, el embalse y las montañas.

    Puede parecer un detalle menor, pero para nosotros forma parte de la experiencia. Riaño es un pueblo pequeño, pero durante los meses de verano recibe muchos visitantes y sus lugares más conocidos pueden estar bastante concurridos.

    Riaño bajo la lluvia

    Nosotros lo conocimos en agosto y, sin embargo, el día estaba gris, húmedo y lluvioso.

    Las nubes cubrían parcialmente las montañas y el paisaje era muy diferente al de esas fotografías de cielos azules y aguas completamente despejadas que solemos encontrar cuando buscamos información sobre Riaño.

    Pero tenía su propio encanto.

    La humedad hacía que las montañas parecieran todavía más misteriosas y las nubes envolvían los picos creando una sensación casi irreal. Desde el mirador podíamos contemplar el pequeño pueblo, el embalse, el puente de San Glorio y las montañas que se extienden alrededor.

    Y aunque no disfrutamos de un día perfecto de verano, para nosotros Riaño no perdió ni un poco de su esencia.

    Al contrario.

    Quizá aquel paisaje nublado y silencioso era una forma diferente de descubrirlo.

    ¿Qué más podemos ver en Riaño?

    Podemos recorrer el Paseo del Recuerdo, visitar la zona del puerto y realizar un paseo en barco por el embalse.

    El barco ofrece una perspectiva completamente diferente de los llamados Fiordos Leoneses y permite adentrarse entre las montañas y observar desde el agua un paisaje que desde tierra no podemos apreciar de la misma manera.

    Las rutas duran aproximadamente una hora y permiten descubrir también la fauna y los bosques que rodean el embalse.

    Para quienes disfrutan del senderismo, Riaño también es punto de partida de diferentes rutas de montaña, entre ellas la subida al Pico Gilbo, una de las cumbres más reconocibles de la zona.

    El territorio forma parte del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, un espacio protegido de gran riqueza paisajística y natural.

    Y si simplemente queremos pasear sin hacer una ruta exigente, podemos disfrutar de sus calles, plazas y miradores y acercarnos al embalse.

    Mi impresión

    Riaño me pareció uno de esos lugares que son mucho más que una fotografía bonita.

    Llegamos buscando sus miradores, el columpio y las famosas vistas de los Fiordos Leoneses, pero descubrir la historia que existe detrás del paisaje hace que la visita se vea con otros ojos.

    Hoy vemos un pequeño pueblo rodeado de montañas y agua, pero bajo ese embalse existe la memoria de todo un valle.

    Y quizá esa sea precisamente la

    Nosotros lo vimos bajo la lluvia, con las nubes cubriendo los picos y haciendo cola para subir al columpio y fotografiarnos en el corazón. Y aun así, o quizá precisamente por eso, me llevé la sensación de haber descubierto un lugar especial.

    Un pequeño rincón de León que parece sacado de un cuento, pero cuya belleza esconde una historia que merece ser conocida.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Castro de Baroña, Historia gallega al lado del mar

    Castro de Baroña, Historia gallega al lado del mar

    Castro de Baroña: historia frente al Atlántico

    Durante una de nuestras escapadas por Galicia decidimos acercarnos hasta el Castro de Baroña, y tengo que reconocer que es uno de esos lugares que me sorprendieron no solo por su historia, sino también por el sitio tan espectacular en el que se encuentra.

    El Castro de Baroña es un antiguo asentamiento de la Edad del Hierro, situado en la parroquia de Baroña, perteneciente al municipio de Porto do Son, en A Coruña. Estuvo habitado aproximadamente entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C.

    Y lo primero que llama la atención es precisamente su ubicación: el castro está construido sobre una pequeña península rocosa que se adentra en el Atlántico. Historia y naturaleza juntas en un escenario realmente impresionante.

    Coordenadas GPS:
    42º 41′ 38.9″ N – 9º 01′ 53.9″ W

    Cómo llegar al Castro de Baroña

    Para llegar hasta él hay que dejar el coche en las inmediaciones de la carretera, junto al área donde se encuentra la caseta de información. Allí podemos encontrar folletos y obtener información sobre el castro y otros lugares de interés de la zona.

    Desde allí el resto del recorrido se hace a pie.

    El camino está señalizado con postes de madera y atraviesa una pequeña zona boscosa. Nosotros simplemente fuimos siguiendo las indicaciones y, poco a poco, empezamos a ver aparecer el mar entre los árboles.

    Es un recorrido corto, de aproximadamente 500 metros desde la carretera, y enseguida llegamos a la península donde se encuentra el castro.

    Al lado está la playa de Arealonga, conocida además por ser una playa de tradición nudista.

    ¿Es una ruta fácil?

    Realmente no hablaría de una ruta de senderismo como tal, sino de un paseo corto hasta el yacimiento.

    El acceso no tiene demasiada dificultad y nosotros lo hicimos sin problemas, pero una vez dentro del castro hay que tener algo más de cuidado porque el terreno es irregular, con piedras, desniveles y escaleras.

    Mi recomendación es sencilla: calzado cómodo y caminar sin prisas. No hace falta estar especialmente preparado físicamente para hacer la visita, pero tampoco es un recorrido completamente llano.

    Si vais con vuestro perro, también podéis hacer el camino juntos, siempre llevándolo controlado y prestando especial atención en las zonas próximas al mar y a los desniveles.

    Un pueblo junto al mar

    Una vez que llegamos al castro, la primera impresión fue espectacular.

    No es difícil entender por qué sus habitantes eligieron este lugar para asentarse. El mar está presente prácticamente en todo momento y las vistas son preciosas.

    Según han permitido conocer las excavaciones arqueológicas, sus habitantes tenían una importante relación con el mar y los recursos que les proporcionaba, aunque también desarrollaban otras actividades.

    El asentamiento llegó a contar con alrededor de veinte construcciones, además de su entrada, escaleras, una muralla y un foso defensivo.

    La muralla y el foso tenían una función claramente defensiva y protegían el asentamiento de posibles ataques. Al observar hoy los restos, resulta curioso imaginar cómo debía ser la vida aquí hace más de dos mil años.

    Pero el lugar también tenía un inconveniente importante: no existía una fuente de agua dulce dentro del castro. Tampoco se han encontrado evidencias claras de sistemas de almacenamiento de agua, por lo que sus habitantes dependían de los recursos disponibles en el exterior.

    También trabajaban los metales

    Las excavaciones han permitido descubrir que la vida de sus habitantes no estaba únicamente relacionada con el mar.

    En la zona norte del castro se ha localizado un horno vinculado a actividades metalúrgicas, que permite conocer que aquí también se trabajaban diferentes metales.

    Los restos arqueológicos apuntan al trabajo del bronce y del hierro, además de evidencias relacionadas con otros metales como el oro.

    Esto nos ayuda a hacernos una idea de que aquel asentamiento era mucho más que un pequeño poblado junto al mar. Existían diferentes actividades relacionadas con la supervivencia, la artesanía y el aprovechamiento de los recursos del entorno.

    Nuestra visita

    Nos gustó mucho poder recorrer el castro tranquilamente y descubrir sus diferentes estructuras mientras teníamos el Atlántico justo delante de nosotros.

    Creo que esa es precisamente una de las cosas que hacen especial este lugar. Puedes estar caminando entre restos arqueológicos de hace más de dos mil años y, al mismo tiempo, escuchar el sonido de las olas y contemplar cómo el agua golpea contra las rocas.

    Es de esos sitios en los que apetece parar un momento y simplemente mirar.

    Además, la visita es gratuita y al aire libre, así que podemos recorrer el yacimiento a nuestro ritmo. No es necesario dedicarle una jornada completa, por lo que resulta perfecto para incluirlo dentro de una ruta por la costa de A Coruña.

    ¿Cuál es el mejor momento para visitarlo?

    Nosotros lo disfrutamos mucho, pero si tuviera que recomendar una época para conocerlo elegiría primavera o principios de otoño, cuando podemos encontrar menos visitantes y unas temperaturas más agradables.

    En verano también merece muchísimo la pena, sobre todo si queremos aprovechar para conocer la costa y sus playas, aunque es cuando más afluencia de visitantes recibe.

    Si vais en julio o agosto, yo intentaría ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde. Tendréis más tranquilidad y, además, la luz sobre el Atlántico puede hacer que el paisaje sea todavía más bonito.

    Eso sí, hay algo que yo tendría en cuenta: al estar tan expuesto al mar, el tiempo puede cambiar y el viento puede ser bastante fuerte, así que antes de ir conviene echar un vistazo a la previsión meteorológica.

    Una visita que recomiendo

    El Castro de Baroña fue una de esas visitas que disfrutamos especialmente porque reúne varias de las cosas que más me gustan cuando viajamos: historia, naturaleza, mar y un paisaje espectacular.

    Y aunque el recorrido hasta llegar al castro es corto, la sensación al aparecer ante nosotros las antiguas construcciones con el Atlántico como telón de fondo hace que merezca totalmente la pena.

    Si estáis haciendo una ruta por la costa gallega, yo lo incluiría sin dudarlo.

    Porque hay lugares que visitas para conocer su historia y otros que, además, se quedan en la memoria por cómo te hicieron sentir.

    Para mí, el Castro de Baroña es de los segundos.

    Gracias por leerme.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Visita el Enorme Banco de Burón: Un Encanto Turístico

    Visita el Enorme Banco de Burón: Un Encanto Turístico

    Íbamos camino de una pequeña aldea de la provincia de León cuando decidimos hacer una primera parada que teníamos marcada en nuestra ruta: el Banco de Burón, conocido como el banco más grande de León.

    El día no acompañaba demasiado. Estaba lloviendo y el cielo tenía ese aspecto gris tan característico de los días de montaña. Aun así, tuvimos bastante suerte: justo cuando nos acercamos al banco dejó de llover y, además, no encontramos a nadie. Para nosotros fue perfecto, porque pudimos disfrutar del lugar con toda tranquilidad.

    Apoyada en el banco para ver sus dimensiones.

    El banco se encuentra a la entrada de Burón, en el conocido como Alto de los Atajos, muy cerca de la carretera CL-635. Desde la carretera se distingue perfectamente y el acceso es muy sencillo. Hay una explanada de tierra junto al banco donde se puede dejar el coche, aunque después de días de lluvia puede acumular bastante barro.

    Nosotros dejamos el coche en el acceso y caminamos unos pocos metros. Para llegar al banco hay que atravesar una pequeña entrada con puertas de madera y un paso canadiense. Después aparece una pequeña campa y, allí delante, el enorme banco de madera.

    Y digo enorme porque sus dimensiones sorprenden de verdad: ¡tiene unos cuatro metros de altura!

    De hecho, para sentarse hay que echarle un poco de imaginación. El asiento queda tan alto que hay que ayudarse de una piedra para poder subir.

    Yo, por supuesto, no iba a marcharme sin sentarme.

    Había llovido y la madera estaba húmeda, pero pensé: “Bueno, tampoco será para tanto”.

    Pues sí. Fue para tanto.

    Me senté en el banco, contemplé el paisaje y, cuando me levanté, llevaba el culo completamente calado. Una de esas pequeñas anécdotas de viaje que en el momento no hacen ninguna gracia, pero que después terminan formando parte de los mejores recuerdos.

    Más allá de la anécdota, el lugar merece la parada.

    Vista desde el banco, Montaña de Riaño y Mampodre

    El banco está colocado de espaldas al valle y en una posición que permite que el paisaje se convierta en el auténtico protagonista. Frente a nosotros se abría una enorme extensión de terreno, rodeada por las montañas de la Montaña de Riaño y Mampodre, con el imponente pico Burín como uno de los protagonistas del paisaje.

    Dependiendo de la época del año y de las condiciones del embalse de Riaño, el paisaje cambia considerablemente. La pradera que se extiende detrás del banco puede ofrecer una imagen muy diferente según el nivel de las aguas.

    Y quizá eso sea precisamente parte de su encanto: no es solamente hacerse una fotografía sentados en un banco gigante, sino detenerse unos minutos y mirar todo lo que hay alrededor.

    Aunque hoy pueda parecer simplemente una curiosidad turística, el banco forma parte de una iniciativa para dar visibilidad y atraer visitantes al municipio de Burón y al valle de Valdeburón.

    Fue instalado en julio de 2021 por el Ayuntamiento de Burón, dentro de una estrategia para crear atractivos singulares en las localidades que forman parte del municipio. El banco fue concebido como un elemento llamativo que animase a los viajeros a detenerse, conocer el entorno y descubrir esta zona de la montaña leonesa.

    Y lo cierto es que consiguió llamar la atención. Con sus cuatro metros de altura, se convirtió rápidamente en uno de esos lugares curiosos que aparecen en fotografías de viajeros y rutas por la Montaña Oriental Leonesa.

    Un poco de historia de Burón

    Pero Burón es mucho más que su gigantesco banco.

    La localidad se encuentra en el valle de Valdeburón, en plena montaña oriental de León, rodeada de cumbres y atravesada por el río Esla. Su historia está estrechamente vinculada a la antigua Merindad de Valdeburón, una organización territorial medieval que agrupaba varios concejos de esta zona montañosa.

    El paisaje actual también guarda una historia mucho más reciente y dura. Burón se encuentra en la cola del embalse de Riaño, cuya construcción supuso una profunda transformación del territorio. En 1987 las aguas cubrieron buena parte del antiguo caserío de la localidad y algunos edificios emblemáticos tuvieron que ser trasladados, entre ellos la iglesia y las antiguas escuelas.

    Quizá por eso, cuando recorres actualmente esta zona, resulta inevitable pensar que bajo algunos de estos paisajes de agua y montaña existe también una parte de la historia de los pueblos que desaparecieron bajo el embalse.

    Nuestra visita

    Nuestra parada fue mucho más sencilla: llegar, aparcar, cruzar la pequeña entrada y acercarnos hasta aquel banco descomunal.

    No tuvimos que hacer ninguna ruta ni caminar prácticamente nada. Y eso, en un viaje en el que todavía nos quedaban kilómetros por delante, era perfecto.

    Además, tuvimos la suerte de encontrarnos el lugar prácticamente vacío. Sin turistas, sin prisas y sin tener que esperar para hacernos fotografías.

    Solo nosotros, aquel banco gigantesco y el paisaje leonés delante.

    Bueno… y mi pantalón mojado después de descubrir que sentarse en un banco de madera mojado no era precisamente mi mejor idea del día.

    Pero volvería a hacerlo.

    Porque al final, los viajes también están hechos de estas pequeñas situaciones: una parada improvisada, un paisaje que no esperabas encontrar, un banco imposible de alto y una anécdota que años después todavía te hace sonreír.

    Y así comenzó nuestra visita por esta zona de la montaña leonesa.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Ruta del río Inglares, acompañada de mis perros

    Ruta del río Inglares, acompañada de mis perros

    La ruta del río Inglares en Berganzo, Álava, discurre junto a un canal industrial del siglo XIX que abastece a una central hidroeléctrica activa. El trayecto atraviesa zonas de vegetación, pozas y cascadas, aprovechando el desnivel del terreno para combinar entorno natural e historia energética local.

    El sendero es apto para perros atados, extremando la precaución cerca del canal y del ganado suelto. Actualmente, el acceso en vehículo está regulado mediante un aparcamiento de aforo limitado, el cual requiere reserva previa de pago a través de la plataforma PVerde.

    Un poco de historia: cuando el agua se convirtió en electricidad

    Os escribo sobre una ruta que me gusta especialmente: la ruta del río Inglares en Berganzo, Zambrana, Álava.

    Este hermoso sendero nos lleva a través de un cañón lleno de vegetación y pozas cristalinas.

    El río Inglares desciende desde la zona de Peñacerrada hacia Berganzo salvando unos 200 metros de desnivel en aproximadamente 5 kilómetros.

    Este desnivel, que provoca los rápidos y cascadas que encontramos durante la ruta, fue aprovechado a finales del siglo XIX para producir electricidad.

    En 1897, la Sociedad Electro-Hidráulica Alavesa construyó la central hidroeléctrica de Berganzo. Para llevar hasta ella el agua del río se construyó un canal de varios kilómetros que todavía podemos contemplar durante la ruta.

    Por eso, cuando hacemos el recorrido circular y caminamos junto al canal, no estamos simplemente siguiendo un bonito sendero: estamos recorriendo una antigua infraestructura industrial que continúa vinculada al funcionamiento de la central.

    La central ha sido modernizada y automatizada con el paso del tiempo, pero continúa en funcionamiento en la actualidad.

    ¿Se puede hacer la ruta con perro?

    Respuesta rápida: Si. Pero hay que tener en cuenta que en muchos tramos hay ganado suelto.

    El recorrido discurre durante buena parte del tiempo junto al río, por lo que encontraremos agua con frecuencia. Aun así, es recomendable llevar agua propia y no confiar únicamente en el río.

    Los perros deben ir atados durante el recorrido, según la información turística disponible, y hay que extremar la precaución al acercarnos a las zonas de agua.

    Especialmente importante es evitar que el animal entre en el canal de la central hidroeléctrica, ya que no es una zona destinada al baño ni para caminar dentro de ella.

    También debemos tener cuidado en los cruces de carretera y en el tramo de subida que encontramos después de la cascada si hacemos la ruta circular.

    Si vuestro perro está acostumbrado a caminar, es una ruta que puede disfrutar muchísimo: bosque, agua, sombra y numerosos rincones donde detenerse.

    Información práctica actualizada

    Actualmente el acceso en vehículo está regulado y es necesario reservar previamente el aparcamiento. Ya no debemos considerar el estacionamiento como gratuito.

    La reserva se gestiona mediante PVerde y es necesario introducir correctamente la matrícula del vehículo, ya que la barrera realiza la lectura automática de la matrícula.

    El aforo establecido actualmente es de 35 vehículos. La tarifa publicada para un turismo es de 4 € por día. También existen tarifas específicas para motocicletas, caravanas, autocaravanas y autobuses.

    Está prohibido pernoctar en el aparcamiento. Como el horario que figura en la normativa municipal y el que muestra actualmente la plataforma de reservas no coincide exactamente, lo más prudente es comprobar el horario disponible en PVerde en el momento de realizar la reserva.

    La ruta completa que actualmente se promociona como circular tiene aproximadamente 10 kilómetros, unos 170 metros de desnivel acumulado y una duración estimada de 2 horas y media.

    Por tanto, los aproximadamente 8 kilómetros que hicimos nosotros corresponden a nuestra opción de ida y vuelta por el mismo camino, no al recorrido circular completo que se ofrece actualmente.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • LANZAROTE

    LANZAROTE

    Lanzarote la visitamos en enero de 2020, justo unos meses antes de que el mundo cambiara por completo con la llegada del Covid-19.

    Al igual que nos ocurrió en Menorca, viajar en esta época nos permitió disfrutar de la isla con mucha más tranquilidad. Es cierto que algunos negocios tienen horarios más reducidos, pero a cambio puedes recorrer sus paisajes sin las aglomeraciones del verano.

    Volamos desde Bilbao y, nada más llegar, recogimos un coche de alquiler.

    Para movernos por Canarias solemos confiar en CICAR, una empresa con la que siempre hemos tenido buenas experiencias por su relación calidad-precio.

    Eso sí, ya sabíamos que tocaría esperar un poco en el aeropuerto para recoger el vehículo. No fue ninguna sorpresa; en las islas el ritmo suele ser más pausado, así que lo mejor es tomárselo con calma y empezar las vacaciones sin prisas.

    Si hay algo que me gusta hacer antes de viajar es preparar el recorrido.

    No para ir corriendo de un sitio a otro, sino justo para lo contrario: aprovechar el tiempo sin agobios. No me gusta visitar lugares solo para tacharlos de una lista, ni pasar el día entero haciendo fotos sin disfrutar del momento.

    Prefiero combinar las visitas con un buen paseo, una comida tranquila y algún rato simplemente contemplando el paisaje. Al fin y al cabo, para mí viajar consiste precisamente en eso: disfrutar.

    En esta guía os voy a enseñar los lugares que más nos gustaron durante nuestro recorrido por Lanzarote.

    No pretende ser una lista de todo lo que hay que ver en la isla, sino una selección de aquellos rincones que más nos sorprendieron y que, sin dudarlo, volvería a visitar.

    Parque Nacional de Timanfaya

    Hablar de Lanzarote es hablar de Timanfaya. Es, probablemente, el lugar más conocido de la isla y una visita imprescindible.

    Aunque las fotografías ayudan a hacerse una idea, no es hasta que estás allí cuando comprendes de verdad cómo las erupciones volcánicas transformaron por completo este paisaje.

    La Ruta de los Volcanes se realiza en uno de los autobuses del propio parque.

    Se deja el coche en el aparcamiento y desde allí comienza una visita guiada en la que se recorren algunos de los rincones más espectaculares del parque. Al finalizar, el autobús regresa al punto de partida, donde también realizan varias demostraciones para mostrar el calor que todavía conserva el subsuelo.

    Nosotros preferimos reservar la visita directamente con el parque.

    Es uno de los lugares más populares de Lanzarote y, especialmente en temporada alta, merece la pena llevar la reserva hecha con antelación.

    Un pequeño consejo que os puede venir bien: si podéis elegir asiento en el autobús, intentad sentaros en el lado derecho. Durante buena parte del recorrido las vistas desde ese lado son especialmente bonitas.

    Además de esta ruta, también hicimos la Ruta Tremesana, una visita guiada en grupos reducidos que permite recorrer a pie una zona restringida del parque.

    El punto de encuentro es el Centro de Interpretación, desde donde los propios guías trasladan a los visitantes hasta el inicio del recorrido.

    Si os gusta caminar, otra opción muy recomendable es subir a la Caldera Blanca, una ruta que puede hacerse por libre y que ofrece unas vistas impresionantes del paisaje volcánico.

    En cuanto al horario, mi consejo es llegar a primera hora de la mañana o dejar la visita para última hora de la tarde. Son los momentos en los que suele haber menos gente y se disfruta mucho más del entorno.

    Y no, nosotros no hicimos el paseo en dromedario.

    Personalmente prefiero no participar en este tipo de actividades porque me da bastante pena el uso que se hace de estos animales.

    La Geria

    Muy cerca de Timanfaya se encuentra La Geria, uno de los paisajes más singulares de Lanzarote. Aquí la lava dejó un terreno aparentemente imposible para el cultivo, pero los agricultores supieron convertirlo en una de las zonas vinícolas más características de Canarias.

    Las vides crecen protegidas por pequeños muros de piedra volcánica y el lapilli ayuda a conservar la humedad, permitiendo que las plantas prosperen en un entorno donde, a simple vista, parece que no pudiera crecer nada.

    Merece la pena recorrer la zona sin prisas y detenerse en alguno de sus miradores para apreciar este paisaje tan diferente.

    Charco de los Clicos

    Otro de los lugares que más nos llamó la atención fue el Charco de los Clicos, también conocido como el Lago Verde. Se encuentra dentro del cráter abierto al mar de El Golfo y debe su característico color a las algas que viven en sus aguas.

    Es uno de esos rincones donde el contraste de colores sorprende: la arena negra, las rocas volcánicas, el intenso verde de la laguna y el azul del Atlántico forman un paisaje realmente espectacular.

    Después de la visita nos acercamos al pequeño pueblo pesquero de El Golfo para comer en Casa Rafa Restaurante de Mar, una elección que resultó ser todo un acierto.

    La carta es muy variada, el servicio fue rápido y amable, y la relación calidad-precio nos pareció muy buena.

    Nos llamó la atención que, al servir la ensalada, nos trajeran una selección de aceites, vinagres y sales para aliñarla al gusto. Entre todos ellos, el vinagre de cebolla y el de mango nos sorprendieron especialmente.

    Como siempre que viajamos, intentamos probar productos típicos de la zona.

    En esta ocasión pedimos unas lapas y un bocanegra a la plancha, un pescado fresco de la isla que nos limpiaron en la propia mesa. Fue una comida que disfrutamos mucho y que recordamos con cariño.

    Los Hervideros

    A pocos minutos en coche se encuentran Los Hervideros, uno de esos lugares donde la fuerza del océano impresiona de verdad.

    Las antiguas coladas de lava han dado lugar a un entramado de cuevas, grietas y bufaderos por los que el mar entra con enorme fuerza cuando hay oleaje.

    Actualmente existen varios miradores y pasarelas desde los que se puede contemplar este espectáculo con seguridad.

    Si podéis elegir, intentad visitarlo cuando el mar esté algo revuelto; las olas golpeando contra la roca hacen honor al nombre del lugar.

    Eso sí, conviene extremar siempre la precaución y respetar las zonas habilitadas para la visita.

    Salinas de Janubio

    La siguiente parada fueron las Salinas de Janubio, las más grandes de Canarias y uno de los paisajes más representativos de la isla.

    Además de recorrerlas, merece la pena entrar en su pequeña tienda. Yo aproveché para comprar sal de mojo rojo y de mojo verde, y la verdad es que fue todo un acierto. Todavía hoy me acuerdo de lo buenas que estaban.

    Calas de Papagayo

    Si hay un lugar donde el color del mar nos dejó completamente impresionados, fue en las Calas de Papagayo.

    Están situadas dentro del Monumento Natural de Los Ajaches, un espacio protegido que conserva algunas de las playas más bonitas de Lanzarote.

    Aunque la más famosa es la playa de Papagayo, a nosotros también nos gustó mucho Playa Mujeres. Es bastante más amplia, suele estar menos concurrida y, si el mar está tranquilo, es fácil ver peces nadando muy cerca de la orilla.

    Para acceder en coche hay que pagar una pequeña tasa y recorrer una pista de tierra. No es especialmente complicada, pero conviene conducir despacio.

    Al tratarse de un entorno prácticamente virgen, apenas hay servicios.

    Mi consejo es llevar agua, algo de comida y protección solar, porque los pocos establecimientos que hay suelen ser más caros y, además, no existen baños públicos.

    Si vais directamente a la playa de Papagayo, tened en cuenta que el acceso se realiza mediante varios tramos de escaleras, por lo que puede resultar incómodo para personas con movilidad reducida.

    Otra opción interesante es dejar el coche por la zona del Hotel Sandos Papagayo y recorrer el sendero que pasa por Playa Mujeres y otras pequeñas calas antes de llegar a Papagayo.

    Es un paseo muy agradable de unos veinte minutos, con bonitas vistas durante todo el recorrido.

    Los Ajaches constituyen el macizo volcánico más antiguo de Lanzarote, con materiales que se formaron hace millones de años.

    Además de su interés geológico, en esta zona se encuentran los restos del primer asentamiento de los conquistadores franco-normandos que llegaron a la isla a comienzos del siglo XV.

    Pero, sinceramente, más allá de la historia, lo que realmente hace especial este rincón es el paisaje.

    El contraste entre las montañas volcánicas y ese mar de un intenso color turquesa convierte la zona en uno de esos lugares que cuesta olvidar.

    Arrecife

    Aunque mucha gente utiliza Arrecife únicamente como punto de llegada o de salida de la isla, merece la pena dedicarle unas horas.

    Es una ciudad tranquila, perfecta para pasear sin prisas y descubrir un lado diferente de Lanzarote.

    Uno de sus rincones más conocidos es el Charco de San Ginés, una pequeña laguna de agua salada rodeada de casas blancas, terrazas y pequeñas embarcaciones de pescadores. Es uno de esos lugares donde apetece sentarse un rato y simplemente ver pasar la vida.

    Muy cerca también se encuentra el Castillo de San Gabriel, una fortaleza del siglo XVI construida para proteger la ciudad de los ataques piratas. Se accede por el Puente de las Bolas, uno de los símbolos más fotografiados de Arrecife.

    Si os gusta pasear, el centro histórico es bastante agradable y encontraréis pequeñas tiendas, cafeterías y un ambiente mucho más relajado que en otras zonas turísticas de la isla.

    Nosotros aprovechamos la visita para comer en Don Albahaca, un pequeño restaurante especializado en cocina romana que nos sorprendió muy gratamente.

    Probamos dos de sus especialidades: el supplì, una especie de croqueta de arroz típica de Roma, y la pinsa, una masa similar a la pizza tradicional, pero mucho más ligera y digestiva.

    Además, algunas de sus variedades llevan el nombre de localidades de Lanzarote, un detalle curioso que nos hizo gracia.

    El local no es muy grande, aunque también dispone de terraza, y nos pareció una opción con una excelente relación calidad-precio.

    Teguise

    Durante el viaje también visitamos Teguise, la antigua capital de Lanzarote.

    Es uno de esos pueblos que invitan a pasear sin rumbo, recorriendo sus calles empedradas, descubriendo pequeñas plazas y asomándose a sus tiendas de artesanía.

    Las casas blancas, las puertas y ventanas de madera pintadas de verde o azul y el ambiente tranquilo hacen que conserve mucho encanto.

    Si tenéis la oportunidad de visitarlo un domingo, además encontraréis uno de los mercadillos más conocidos de Canarias, aunque nosotros preferimos recorrerlo con más calma, sin tanta gente.

    Es un buen lugar para hacer una parada, tomar algo en una terraza y disfrutar del ritmo pausado del pueblo.

    Lagomar

    Para terminar el día visitamos Lagomar, un lugar completamente distinto a todo lo que habíamos visto hasta ese momento.

    Construido aprovechando una antigua cantera volcánica, este espacio mezcla arquitectura y naturaleza de una forma realmente sorprendente.

    Cuevas, túneles, terrazas y jardines se suceden entre las paredes de roca creando un conjunto muy original.

    Además de su belleza, Lagomar es conocido por la curiosa historia que lo relaciona con el actor Omar Sharif, quien, según cuentan, llegó a comprar la casa y la perdió poco después en una partida de cartas.

    Sea cierta o no toda la historia, lo que sí puedo decir es que merece la pena acercarse a conocer este rincón tan diferente.

    Es una de esas visitas que ponen un broche distinto al recorrido por la isla y demuestran, una vez más, cómo Lanzarote ha sabido integrar la arquitectura con el paisaje volcánico sin romper su esencia.

    Playa de Famara

    Muy cerca de Teguise se encuentra Playa de Famara, uno de los paisajes que más me impresionó de Lanzarote.

    No es la típica playa de aguas tranquilas para pasar el día bañándose.

    Aquí el protagonista es el océano, el viento y los enormes acantilados del Risco de Famara, que parecen caer directamente sobre la arena.

    Es un lugar muy popular entre los aficionados al surf y al kitesurf, y aunque no practiquéis ninguno de estos deportes, merece la pena acercarse solo por contemplar el paisaje.

    Nosotros fuimos en enero y prácticamente teníamos la playa para nosotros solos.

    Poder caminar durante un buen rato por la orilla, escuchando únicamente el sonido del mar, fue uno de esos momentos sencillos que hacen que un viaje se recuerde durante mucho tiempo.

    Si os gusta la fotografía, intentad visitarla cuando la marea esté baja. La arena mojada refleja el cielo y los acantilados creando unas imágenes realmente bonitas.

    Tahíche

    Fundación César Manrique

    Hay un nombre que aparece constantemente cuando recorres Lanzarote: César Manrique. Artista, arquitecto y gran defensor del paisaje de la isla, dejó una huella que sigue presente en muchos de sus rincones.

    Por eso creo que visitar la Fundación César Manrique ayuda a comprender mucho mejor Lanzarote.

    La casa está construida sobre una antigua colada de lava y aprovecha varias burbujas volcánicas naturales para crear algunas de sus estancias.

    Es sorprendente ver cómo la arquitectura y la naturaleza se integran de una forma tan armoniosa.

    Más que una vivienda, parece una obra de arte en la que cada espacio está pensado hasta el último detalle.

    A mí fue uno de los lugares que más me gustó de todo el viaje.

    No solo por la casa en sí, sino porque ayuda a entender la filosofía de César Manrique y el enorme esfuerzo que hizo para conservar la identidad de Lanzarote frente al desarrollo turístico.

    Después de recorrer la fundación, nosotros nos acercamos a comer a Los Aljibes de Tahíche, situado muy cerca.

    Es un restaurante que combina cocina argentina y canaria, con raciones realmente abundantes, así que si vais en pareja o en grupo, merece la pena compartir algunos platos.

    Nosotros pedimos una ensalada de la casa y una parrillada de carne, y todo estaba muy bueno.

    Otro detalle curioso es que elaboran su propia cerveza artesana y el pan que sirven también es casero.

    El restaurante ocupa un edificio diseñado por el propio César Manrique en 1976 y conserva una bodega muy singular que puede visitarse.

    Además de comer bien, resulta interesante conocer este pequeño rincón de su legado arquitectónico.

    Jardín de Cactus

    Puede parecer extraño recomendar un jardín dedicado exclusivamente a los cactus, pero os aseguro que merece la pena.

    El Jardín de Cactus fue otra de las grandes obras de César Manrique y está construido sobre una antigua cantera de extracción de ceniza volcánica.

    En su interior se reúnen miles de ejemplares de cactus procedentes de diferentes partes del mundo. Incluso si no sois especialmente aficionados a la jardinería, resulta un lugar muy agradable para pasear.

    La combinación entre la piedra volcánica, el verde de las plantas y el molino tradicional que preside el recinto crea un conjunto muy bonito.

    Es una visita tranquila, diferente y perfecta para recorrer sin prisas.

    Jameos del Agua

    Si tuviera que elegir uno de los lugares más sorprendentes de Lanzarote, seguramente sería Jameos del Agua.

    Este espacio nació en el interior de un túnel volcánico formado por la erupción del Volcán de la Corona y, una vez más, fue César Manrique quien supo transformarlo en un lugar único sin alterar su esencia.

    Nada más entrar, llama la atención el lago interior, donde habita una especie de pequeños cangrejos albinos exclusivos de este lugar.

    Son diminutos y cuesta verlos al principio, pero merece la pena detenerse un momento para buscarlos.

    El recorrido continúa entre jardines, pasarelas y rincones donde la lava y la vegetación parecen convivir de forma completamente natural.

    Es uno de esos sitios donde no importa tanto ir deprisa como disfrutar del ambiente.

    Cueva de los Verdes

    Muy cerca de allí se encuentra la Cueva de los Verdes, otro tramo del mismo túnel volcánico.

    La visita solo puede hacerse con guía y resulta muy entretenida porque, además de explicar cómo se formó la cueva, permite recorrer galerías, pasillos y grandes salas creadas por la lava hace miles de años.

    No quiero contar demasiado porque parte del encanto está en descubrirla por uno mismo, pero sí os aconsejo prestar atención hasta el final de la visita.

    Hay una sorpresa que forma parte de la historia de este lugar y que merece la pena descubrir allí, sin spoilers.

    Después de recorrer tanto los Jameos del Agua como la Cueva de los Verdes, acabé entendiendo por qué César Manrique defendía tanto el paisaje de Lanzarote.

    Consiguió demostrar que era posible poner en valor estos espacios sin convertirlos en algo artificial, respetando siempre la naturaleza que los había creado.

    Punta Mujeres

    Uno de los pueblos que más me gustó del norte de Lanzarote fue Punta Mujeres.

    Es un pequeño pueblo pesquero que conserva la tranquilidad de siempre y donde parece que el tiempo pasa un poco más despacio.

    Lo más característico son sus piscinas naturales, formadas entre la roca volcánica y adaptadas para el baño.

    Cuando el mar está tranquilo, el agua permanece completamente cristalina y son una alternativa perfecta a las playas tradicionales.

    Me pareció un lugar ideal para dar un paseo, disfrutar del ambiente y contemplar el océano sin prisas.

    Caletón Blanco

    Muy cerca se encuentra Caletón Blanco, uno de esos rincones que llaman la atención desde el primer momento.

    Aquí el contraste es absoluto: la arena blanca destaca sobre la roca volcánica negra, mientras el agua adopta unos tonos turquesa increíbles.

    Cuando baja la marea se forman pequeñas piscinas naturales que convierten la zona en un lugar perfecto para relajarse.

    Si viajáis con niños, creo que es una de las playas más agradables de la isla, ya que estas piscinas naturales suelen estar bastante protegidas del oleaje.

    Volcán de la Corona

    Muy cerca de allí se encuentra el Volcán de la Corona, responsable de la formación de los túneles volcánicos que hoy ocupan la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua.

    Si os gusta el senderismo, existe una ruta que permite subir hasta el cráter y disfrutar de unas magníficas vistas del norte de Lanzarote y del archipiélago Chinijo.

    Nosotros preferimos contemplarlo desde distintos puntos del recorrido, pero es una excursión muy recomendable para quienes quieran descubrir una faceta más tranquila de la isla.

    Conclusión

    Lanzarote es una isla diferente. Su paisaje volcánico, el contraste entre la roca negra y el intenso azul del océano, los pueblos blancos y la huella que dejó César Manrique hacen que tenga una personalidad única.

    Durante nuestro viaje descubrimos lugares espectaculares, playas casi vírgenes, pequeños pueblos con mucho encanto y una gastronomía que nos sorprendió muy gratamente. Pero, sobre todo, disfrutamos de esa sensación de tranquilidad que transmite la isla cuando la recorres sin prisas.

    Seguro que nos dejamos algún rincón por descubrir, porque Lanzarote tiene mucho que ofrecer. Aun así, todos los lugares que aparecen en esta guía forman parte de nuestro viaje y son los que, por una razón u otra, más recordamos y recomendaríamos.

    Si estáis pensando en viajar a la isla, espero que nuestra experiencia os sirva para organizar vuestra ruta o, simplemente, para despertaros las ganas de conocer este rincón de Canarias.

    Y si disponéis de un día más, no dejéis pasar la oportunidad de visitar La Graciosa. Para nosotros fue el complemento perfecto a este viaje y merece una escapada por sí sola.

    Gracias por acompañarme una vez más. Espero que hayáis disfrutado de este recorrido tanto como nosotros disfrutamos viviéndolo. 😊

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • SANTUARIO DE SAN ANDRES DE TEIXIDO-serías peregrino o solo caminante?

    SANTUARIO DE SAN ANDRES DE TEIXIDO-serías peregrino o solo caminante?

    Es uno de esos lugares que parecen detenidos entre la realidad y la leyenda.

    Esta pequeña aldea gallega y su santuario son conocidos como San Andrés de “Lonxe” (lejos) o San Andrés “do cabo do mundo” (del cabo del mundo), ya que se encuentran muy cerca del punto más septentrional de la península ibérica.

    Aquí el paisaje es salvaje, el mar golpea con fuerza los acantilados y las historias populares siguen muy vivas entre la niebla y el viento.

    San Andrés de Teixido se encuentra a unos 12 kilómetros de, uno de los pueblos costeros más bonitos del norte gallego.

    Si visitáis la zona a finales de julio, coincidiréis además con la famosa “Festa do Percebe”, una auténtica celebración gastronómica dedicada a uno de los productos más apreciados del mar gallego… y también uno de mis mariscos favoritos 😋.

    El trayecto desde Cedeira hasta San Andrés ya merece la pena por sí solo.

    La carretera atraviesa la impresionante, una zona montañosa cubierta de pastos donde todavía es posible ver caballos salvajes conocidos como “bestas”.

    Lo más recomendable es llegar siguiendo la dirección Cedeira → Cariño, ya que así podréis deteneros en varios miradores espectaculares como Chan os Cadrís.

    También es posible realizar el recorrido caminando por la conocida Ruta dos Peiraos, aunque son aproximadamente 18 kilómetros solo de ida.

    Cada año, el domingo más cercano al 1 de julio, se celebra la tradicional “Rapa das Bestas”.

    Se trata de una antigua tradición gallega en la que los caballos salvajes son conducidos hasta un recinto llamado “curro”, donde se les cortan las crines y se marcan los animales.

    Tras la celebración, muchos de los ejemplares jóvenes vuelven de nuevo a la libertad en las montañas.

    Vídeo de la Rapa das Bestas:

    Los acantilados de Herbeira

    Desde casi 400 metros de altura se obtiene una panorámica espectacular de la costa gallega y de los famosos acantilados de Herbeira.

    Están considerados los acantilados con mayor altura sobre el nivel del mar de toda la Europa continental, superando los 600 metros.

    Las coordenadas GPS son:

    43° 42′ 31″ N, 7° 59′ 3″ W

    El Santuario de San Andrés de Teixido

    El santuario es considerado el segundo centro de peregrinación más importante de Galicia después de.

    Existe un famoso refrán gallego que dice:

    “A San Andrés de Teixido vai de morto quen non foi de vivo”.

    Es decir: quien no visite San Andrés en vida, tendrá que hacerlo después de muerto.

    El origen del templo se remonta al siglo XII, aunque la iglesia actual fue construida entre los siglos XVI y XVII en estilo gótico-barroco marinero.

    Las leyendas y el origen del lugar

    San Andrés de Teixido está rodeado de historias y leyendas.

    Una de ellas cuenta que los antiguos celtas creían que las almas viajaban hacia el Otro Mundo atravesando el océano. Según la tradición, muchas ánimas de la Santa Compaña llegan hasta estos acantilados buscando la puerta que separa el mundo de los vivos y el más allá.

    Otra de las leyendas más conocidas habla del propio San Andrés.

    Se dice que el santo llegó navegando hasta esta costa y que su embarcación naufragó contra las rocas, convirtiéndose después en piedra.

    Al sentirse triste porque todos los peregrinos viajaban a Santiago y nadie acudía a verle, Dios le concedió una promesa:

    “Nadie entrará en el Reino de los Cielos sin antes haberte visitado”.

    Desde entonces nació la tradición de peregrinar a San Andrés de Teixido al menos una vez en la vida.


    En Netflix sacaron en el 2022 una película llamada As Bestas, aunque rodada en la Galicia interior, no tiene nada que ver con lo que os escribo, es más una adaptación de algo que realmente ocurrió allí, es cruenta y no es para todos los públicos, si decidís verla hacerlo en versión original para empaparse del idioma gallego.


    Una de las costumbres más conocidas consiste en llevar una piedra y depositarla en alguno de los “amilladoiros” o montículos de piedras que rodean la zona.

    También es tradición comprar los famosos “Sanandresiños”, pequeñas figuras artesanales elaboradas antiguamente con miga de pan endurecida y pintadas con vivos colores.

    En las tiendas del santuario se pueden encontrar diferentes figuras tradicionales, cada una con un significado especial:

    • La mano: suerte en el amor y la amistad
    • El pez: suerte en el trabajo
    • La barca: protección para viajes, hogar y negocios
    • El santo: salud física, mental y buena convivencia
    • El pensamiento: ayuda en estudios y protección frente a envidias

    Después de adquirirlos, la tradición manda entrar en la iglesia para pedir la bendición del santo.

    La fuente del santo y las plantas mágicas

    Muy cerca del santuario se encuentra la famosa fuente del santo.

    La tradición asegura que quien lave sus verrugas en sus tres caños terminará curándose.

    Aunque junto a la fuente aparece el aviso de “agua no potable”, muchísimas personas continúan bebiendo de ella siguiendo la tradición 😱.

    En los últimos años se ha extendido además la costumbre de dejar colgados los paños utilizados para secarse, creando una imagen bastante curiosa que los vecinos intentan evitar.

    Después, muchos peregrinos bajan hasta el mar en busca de la “herba namoradeira” (hierba de enamorar) y los “xuncos de ben parir”, plantas relacionadas con antiguas creencias populares sobre el amor y la protección durante el parto.

    Los milladoiros y las piedras de los peregrinos

    A lo largo del camino es habitual encontrar “milladoiros”, montones de piedras acumuladas durante siglos por los caminantes.

    La tradición dice que estas piedras serán testigos, en el Juicio Final, de las almas que sí visitaron San Andrés de Teixido en vida.

    Aunque existen costumbres similares en otras partes del mundo, los milladoiros gallegos poseen características únicas que los convierten en uno de los elementos más especiales del lugar.

    Algunos consejos

    • Id con calma y disfrutad de los miradores de la Serra da Capelada.
    • Llevad ropa de abrigo incluso en verano: el viento suele ser fuerte.
    • Evitad los días de niebla intensa si queréis disfrutar de las vistas.
    • Probad la gastronomía local en Cedeira.
    • Y sobre todo, dejad tiempo para pasear y escuchar las historias del lugar.

    San Andrés de Teixido no es solo un destino turístico. Es uno de esos lugares donde Galicia conserva intacta su parte más mágica y misteriosa.

    Entre acantilados infinitos, caballos salvajes, leyendas celtas y antiguas tradiciones, este rincón del norte gallego consigue que uno sienta que ha llegado realmente al “cabo del mundo”.

    Patear la zona, comer un poco de marisco, disfrutar de la tradición…si te pasas por aquí, serías caminante o peregrino?, te leo en comentarios.

    Puntuación: 1 de 5.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • VIA VERDE DE ARRAZOLA A ATXONDO-Paseas conmigo?

    VIA VERDE DE ARRAZOLA A ATXONDO-Paseas conmigo?

    ¿Qué es la Ruta del Colesterol?

    Antes que nada, tenéis que saber que por toda España existen las llamadas Vías Verdes: más de 2.900 kilómetros de antiguas infraestructuras ferroviarias reconvertidas en rutas para senderismo y bicicleta.

    La ruta de la que os hablo hoy es una de ellas. Es una vía pavimentada, de dificultad fácil, con unos 10 kilómetros en total (5 km de ida y 5 km de vuelta). Popularmente se la conoce como la RUTA DEL COLESTEROL.


    Esta ruta y otras más las podéis encontrar en la web que os indico:

    Web oficial: Web oficial de las Vías Verdes


    📍 Ficha rápida de la ruta

    Distancia aproximada: 10 km (5 km ida + 5 km vuelta)
    Duración: 2 – 3 horas (dependiendo del ritmo y paradas)
    Dificultad: Fácil
    Tipo de camino: Vía verde pavimentada y tramos de grava compacta
    Apto para:

    • 👨‍👩‍👧‍👦 Niños (muy recomendable)
    • 🐶 Perros (siempre atados)
    • 🚴 Bicicletas
    • 🏃‍♀️ Senderismo y running ligero

    Inicio de la ruta: Apatamonasterio (Atxondo)

    La ruta comienza junto al frontón de Apatamonasterio (Axpe Atxondo en euskera), en una pequeña plazoleta situada en pleno núcleo urbano, a la derecha de la carretera BI-4332.

    Desde allí se cruza la carretera y, tras pasar un puente de piedra, la pista de grava conduce hasta la antigua estación de Errotabarri – El Tope.

    Tras el puente, la vía se bifurca: hay que tomar el camino de la derecha, ya que el de la izquierda corresponde a otra ruta de gran recorrido (GR).

    Hay que ir muy pronto, el recorrido es tan popular y tan bonito, que siempre está a tope de gente.


    Cómo es el recorrido

    Durante el trayecto hay:

    • Merenderos
    • Bancos
    • Papeleras
    • Baños públicos
    • Zonas de sombra

    Es una ruta muy frecuentada, así que aunque es tranquila, conviene ir atento en algunos cruces de carretera.

    Un gran porcentaje del recorrido estás a pleno sol, por lo que recomiendo


    Ruta pet friendly 🐶

    Es una ruta totalmente apta para perros, pero con condiciones importantes:

    • Deben ir siempre atados
    • Es un espacio compartido con ciclistas y senderistas-curiosidad, vimos a Anne Igartiburu haciendo footing.
    • Hay zonas de naturaleza abierta donde pueden disfrutar mucho

    Es ideal si buscas un paseo largo, fácil y con paisaje variado para hacer con tu perro sin complicaciones.

    Recuerdo que en el camino vimos ovejas, cabras, vacas.. mis perros encantados.


    Naturaleza, río y paisaje

    La vía discurre junto al río Arrazola, en un entorno muy verde y agradable. Durante el recorrido es habitual ver:

    • Caballos en libertad
    • Ganado pastando-aunque normalmente están dentro de zona vallada, recomiendo no llevar sueltos a los perros por si las moscas además de que es una pista peatonal y puede haber también ciclistas y tal.
    • El impresionante monte Anboto (1.331 m), dentro del Parque Natural de Urkiola. Preparar las cámaras, el escenario natural es brutal.

    Mitología vasca y patrimonio

    Este valle tiene mucha historia y simbolismo. Según la mitología vasca, la diosa Mari habita en las cumbres del Anboto, donde tendría una de sus moradas más importantes en una cueva de su cara este.

    Además, a lo largo del camino se pueden ver:

    • Torre de los Marzana (torre medieval)
    • Iglesia de San Martín (1550)
    • Caserío Urrutia (siglo XVII)

    Gastronomía en la ruta: dos paradas imprescindibles

    🍽 Asador Etxebarri (uno de los mejores del mundo)

    En pleno recorrido, donde la vía cruza la carretera del barrio de Axpe, se encuentra el famoso Asador Etxebarri, ubicado en un antiguo caserío restaurado.

    Está considerado uno de los mejores restaurantes del mundo por su cocina basada en la brasa y el producto de altísima calidad.

    Web oficial: Web oficial del Asador Etxebarri

    Es una parada muy demandada, así que conviene reservar con mucha antelación. El menú es de casi 400€ por persona, si reservas tienes que abonar por delante el precio de la comida y si cancelas la reserva pierdes el dinero abonado. No puedes ver el calendario para reservar, tu pides la cita y el restaurante te dice si se puede o no comer allí ese día.

    Hay más condiciones, os recomiendo ver la web.

    Yo creo que soy una de las tantas personas que me gustaría comer aquí. Pero la lista para conseguir reservar es de meses.


    🍣 Restaurante japonés Txispa

    Muy cerca del Asador Etxebarri se encuentra un restaurante japonés de cocina más contemporánea, que suele ser una opción interesante si no se consigue mesa en el asador o si se busca algo diferente en la zona.

    El chef Tetsuro Maeda propone una cocina muy personal donde mezcla técnicas japonesas con producto local y el arte del fuego a la brasa tan propio de la zona. El resultado es un menú degustación creativo, cambiante y muy cuidado, donde cada plato busca sorprender sin perder la esencia del producto.

    El restaurante está ubicado en un caserío restaurado con muchísimo encanto, rodeado de naturaleza y con un ambiente tranquilo que hace que la experiencia sea casi tan importante como la comida. El servicio es cercano y el propio chef suele explicar parte del menú, lo que lo hace todavía más especial.

    Es una alternativa más informal en comparación, ideal para completar la experiencia gastronómica del entorno de Axpe-Atxondo.


    Dónde aparcar

    Hay varias opciones:

    • Inicio de la vía verde en Apatamonasterio (BI-4332), con plazas de aparcamiento
    • Zona del cementerio, algo más arriba, también habitual para dejar el coche

    Puntuación: 1 de 5.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • ISLAS CÍES

    ISLAS CÍES

    Hay sitios que te vuelan la cabeza nada más llegar… y las Islas Cíes son uno de ellos.

    Te cuento nuestra experiencia para que vayas con todo bien atado (y sin sorpresas).

    1. 🎟️ Entradas y aforo: lo que debes saber antes de ir
    2. 🚤 Cómo llegar a las Islas Cíes
    3. 🏖️ Playa de Rodas: la joya de las Cíes
    4. 🌿 Qué hacer en las Islas Cíes
      1. 🏖️ Opción 1: disfrutar de las playas
      2. 🥾 Opción 2: hacer rutas de senderismo
    5. 🌊 El lago de las Cíes
    6. ⛺ Camping en las Cíes
    7. 🍽️ Dónde comer en las Cíes
      1. 🧺 Llevar tu propia comida
      2. 🍴 Restaurantes en la isla
    8. 🚶‍♀️ Más zonas por explorar
    9. ⛰️ Ruta del Monte Faro

    🎟️ Entradas y aforo: lo que debes saber antes de ir

    Encargamos las entradas por Internet con el horario que mejor nos encajaba… y menos mal.

    Después supimos que estaban completamente agotadas, así que aquí va el primer consejo claro:

    👉 Reserva con antelación sí o sí, especialmente en temporada alta.

    • Aforo máximo: 2.000 personas al día
    • Acceso controlado (es Parque Nacional)

    🚤 Cómo llegar a las Islas Cíes

    Fuimos en barco con la compañía Mar de Ons desde Vigo.

    • ⏱️ Duración del trayecto: unos 50 minutos
    • 🚢 El barco tiene:
      • tres plantas
      • baños
      • zonas interiores

    💡 Consejo práctico:

    • La mejor zona es la cubierta superior (mejores vistas y menos sensación de oleaje)
    • Si hace malo, tienes dos niveles cerrados donde ir más cómodo

    🐬 Y ojo… si tienes suerte puedes ver:

    • delfines
    • ballenas
    • tortugas marinas

    (No es lo habitual, pero pasa 😏)


    🏖️ Playa de Rodas: la joya de las Cíes

    Nada más llegar te recibe la famosa Playa de Rodas, considerada la mejor playa del mundo en 2007.

    Y sí… es tan espectacular como dicen.

    • Agua cristalina
    • Arena blanca
    • Entorno natural brutal

    Eso sí:
    👉 El agua está fría (nosotras la encontramos a 17 ºC… y aún así nos bañamos 😅)

    Cerca tienes:

    • un pequeño local de restauración
    • baños gratuitos

    🌿 Qué hacer en las Islas Cíes

    Al llegar tienes dos opciones claras:

    🏖️ Opción 1: disfrutar de las playas

    Hay más de 10 playas, así que puedes ir saltando de una a otra o quedarte en tu favorita.

    🥾 Opción 2: hacer rutas de senderismo

    Hay varias rutas señalizadas y una pequeña caseta informativa al inicio.

    👉 También hay visitas guiadas, pero debes reservarlas con antelación.


    🌊 El lago de las Cíes

    Si sigues el camino hacia el camping, te encontrarás con el lago.

    Un lugar precioso, pero importante:

    ❌ No está permitido bañarse
    Es una zona protegida con especies marinas.


    ⛺ Camping en las Cíes

    El camping es de 2 estrellas, pero todo el mundo coincide en lo mismo:

    👉 La experiencia merece muchísimo la pena

    • entorno espectacular
    • tranquilidad total
    • contacto con la naturaleza

    Ideal si quieres vivir la isla sin prisas.


    🍽️ Dónde comer en las Cíes

    Tienes varias opciones:

    🧺 Llevar tu propia comida

    Muy recomendable si quieres ahorrar y organizarte mejor.

    🍴 Restaurantes en la isla

    Hay al menos tres (nosotras comimos en el del camping):

    • tipo buffet
    • precio algo elevado

    ⚠️ Importante:

    • Solo abren en temporada estival
    • No hay papeleras en la isla

    👉 Debes llevar una bolsa para tus residuos y tirarlos al volver al puerto (Vigo, Baiona o Cangas)


    🚶‍♀️ Más zonas por explorar

    Después del camping puedes seguir subiendo:

    • hay accesos a más playas
    • encontrarás otro baño público gratuito

    Es una zona menos concurrida y merece mucho la pena.


    ⛰️ Ruta del Monte Faro

    Nosotras hicimos la ruta del Monte Faro, y aquí voy a ser clara:

    👉 No es para todo el mundo.

    • Distancia: 7,4 km
    • Duración: unas 2 h 30 min (ida y vuelta)
    • Dificultad: media

    El camino es:

    • zigzagueante
    • pedregoso
    • con desnivel

    ❌ No recomendable:

    • con niños pequeños
    • si vas muy cargado

    (Y sí… vimos gente con sombrillas, carritos y neveras… no es buena idea 😅)

    Puntuación: 1 de 5.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘