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  • FARO DE FINISTERRE

    FARO DE FINISTERRE

    Fisterra, situado en la Costa da Morte, representa el final simbólico de la peregrinación del Camino de Santiago. Históricamente relacionado con el fin del mundo conocido, el lugar reúne tradiciones y rituales de renovación junto al océano Atlántico, además de albergar importantes imágenes religiosas.

    El faro de Fisterra, construido en 1853, señala el kilómetro cero de la prolongación del Camino hacia Muxía. Su conjunto arquitectónico abarca la torre, la sirena de niebla y el semáforo. Hoy constituye un destacado punto de interés cultural y un emblemático mirador atlántico.

    Fisterra, uno de los lugares donde termina el Camino de Santiago de Compostela

    Para muchos peregrinos, llegar a Santiago de Compostela y entrar en la plaza del Obradoiro supone cumplir el gran objetivo del Camino. Pero existe un paso más allá, un lugar que durante siglos ha estado ligado al final simbólico de la peregrinación: Fisterra, el antiguo Finis Terrae, el fin de la tierra conocida.

    Y es que llegar hasta aquí tiene un significado especial. Después de haber recorrido cientos de kilómetros, alcanzar el océano Atlántico y contemplar cómo el camino termina frente al mar convierte este lugar en algo más que una simple visita turística.

    La tradición jacobea de Fisterra está vinculada especialmente a la iglesia de Santa María das Areas, situada en el camino hacia el faro. En su interior se encuentra una de las imágenes religiosas más conocidas de la localidad: el Santo Cristo de Fisterra, el Cristo da Barba Dourada.

    Se trata de una talla gótica rodeada de leyendas; una de ellas cuenta que llegó hasta la costa después de haber sido arrojada al mar desde un barco durante una tormenta.

    Según la tradición, después de visitar al Cristo, los peregrinos continuaban hasta el mar para completar su viaje. El baño en el océano, cambiar las ropas utilizadas durante el Camino, recoger una concha de vieira o contemplar la puesta de sol formaban parte de ese simbolismo de despedida.

    También se habla de la antigua costumbre de quemar las ropas del peregrino, como una manera de dejar atrás la vida anterior y regresar a casa como una persona renovada.

    La idea de este ritual era precisamente esa: después de llegar hasta el extremo del mundo conocido, dejar atrás el cansancio y todo aquello que se había vivido durante el camino para regresar a casa como una persona nueva.

    El Finis Terrae

    Fisterra se encuentra en plena Costa da Morte, una costa marcada por el Atlántico, los fuertes vientos, los acantilados y una larga historia de naufragios.

    Su nombre procede del latín Finis Terrae, «fin de la tierra», aunque la idea de que aquí terminaba el mundo conocido pertenece a las antiguas creencias y a la tradición que se fue construyendo alrededor de este extremo de Galicia.

    El lugar también está relacionado con antiguas leyendas sobre cultos solares. La tradición sitúa en la zona un antiguo altar dedicado al sol, conocido como Ara Solis, aunque la identificación histórica exacta de este lugar no está demostrada.

    Hoy, aunque sabemos perfectamente qué hay al otro lado del Atlántico, la sensación de estar ante el «fin del mundo» continúa siendo muy especial.

    El Faro de Finisterre

    El Faro de Fisterra se construyó en 1853 y forma parte de uno de los conjuntos de arquitectura farera más emblemáticos de Galicia. La torre, de planta octogonal y construida en cantería, mide 17 metros de altura, mientras que su luz se encuentra a unos 143 metros sobre el nivel del mar.

    Aunque actualmente Cabo Touriñán es el punto más occidental de la España peninsular, el cabo de Fisterra continúa siendo uno de los lugares más simbólicos de la Costa da Morte y, para los peregrinos, el final tradicional del Camino de Santiago hacia el Atlántico.

    Además, el entorno del faro está considerado el kilómetro 0 del Camino de Fisterra-Muxía, ese recorrido que prolonga la peregrinación más allá de Santiago.

    Para llegar hasta el faro podemos hacerlo andando desde Fisterra, ya que se encuentra a unos tres kilómetros del núcleo urbano, o acercarnos en coche.

    La carretera de subida ya merece la pena por sí misma. Va bordeando el mar y, a medida que ascendemos, aparecen diferentes miradores desde los que podemos contemplar el Atlántico, las pequeñas calas y el impresionante paisaje de la Costa da Morte.

    Cuando llegamos arriba encontramos una pequeña zona de aparcamiento. No tiene demasiada pérdida, ya que el faro es perfectamente visible y suele haber bastante movimiento de visitantes.

    La Torre, la Sirena y el Semáforo

    El conjunto del faro está formado por varios edificios con funciones diferentes.

    La Torre es la parte que alberga el faro propiamente dicho. Su luz tenía la misión de orientar a los barcos en una costa especialmente peligrosa.

    Junto a ella encontramos la Sirena, instalada en 1888 para ayudar a los navegantes durante los días de niebla, cuando la luz del faro podía resultar difícil de distinguir. Su sonido le ha dado uno de los nombres más curiosos de este lugar: «A Vaca de Fisterra», la Vaca de Fisterra.

    El tercer elemento es el Semáforo, construido en 1879 para transmitir señales a la marina. Actualmente ha sido rehabilitado como alojamiento rural.

    Desde este punto las vistas son magníficas. En los días despejados podemos contemplar la ría de Corcubión, el Monte Pindo, las islas Lobeira e incluso parte de la costa de Carnota. Frente a nosotros también aparece el islote de O Centolo, conocido por los numerosos peligros que históricamente representó para la navegación.

    Los símbolos del peregrino

    El entorno del faro está lleno de pequeños símbolos relacionados con el Camino.

    Uno de los más conocidos es la bota del peregrino, una escultura que recuerda a todos aquellos que han llegado caminando hasta este extremo de Galicia.

    También encontramos un cruceiro, otro de los elementos tradicionales de la cultura gallega, y diferentes recuerdos vinculados a los peregrinos que han llegado hasta aquí.

    Durante mucho tiempo, algunos peregrinos realizaban en esta zona su particular ritual de despedida del Camino: cambiaban o quemaban sus ropas y se acercaban al mar para completar simbólicamente su peregrinación. Actualmente, como decía antes, la quema de ropa o cualquier otro tipo de fuego no es una práctica que debamos realizar.

    Lo que sí podemos hacer es disfrutar del lugar, contemplar el océano y, sobre todo, entender el significado que este rincón ha tenido para miles de personas a lo largo del tiempo.

    Un lugar para cualquier época del año

    Creo que Fisterra es de esos lugares que merece la pena visitar en cualquier época del año.

    En verano encontramos más visitantes y podemos aprovechar para recorrer también las playas y calas de los alrededores. Primavera y otoño tienen un encanto especial, con menos gente y una luz preciosa sobre el Atlántico. Y en invierno, cuando el viento y el mar muestran toda la fuerza de la Costa da Morte, el paisaje puede resultar todavía más impresionante.

    Pero si hay algo que no deberíamos perdernos, siempre que el tiempo acompañe, es la puesta de sol.

    Ver cómo el sol desaparece lentamente detrás del Atlántico desde este lugar ayuda a comprender por qué durante siglos este cabo estuvo rodeado de leyendas y por qué tantos peregrinos decidieron continuar su camino desde Santiago hasta aquí.

    Fisterra no es simplemente el lugar donde acaba una ruta.

    Es un lugar de despedidas, de leyendas, de mar y de historia.

    Yo no he hecho el camino pero me han hablado mucho de su magia y las veces que he visitado este lugar me impregno de su entorno.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • CASTILLO DE VIMIANZO, artesanía VIVA

    CASTILLO DE VIMIANZO, artesanía VIVA

    El Castillo de Vimianzo es una fortaleza medieval de acceso gratuito ubicada en Galicia. El recinto permite recorrer sus estancias históricas, subidas a las almenas y el campanario, ofreciendo información sobre el origen de la construcción y su relevancia en los antiguos conflictos feudales de la comarca.

    En la planta baja, el monumento alberga talleres en vivo de artesanía tradicional, donde se exhiben oficios como el encaje de bolillos, el telar, la cestería y la cerámica. Sus exteriores cuentan con jardines, un hórreo decorado y diversos elementos del patrimonio cultural local.

    Visita al Castillo de Vimianzo

    Nuestra visita al Castillo de Vimianzo fue una visita familiar y, la verdad, nos encontramos con un castillo mucho más interesante de lo que esperábamos. Se encuentra a las afueras del núcleo de Vimianzo, prácticamente en la entrada de la localidad. El acceso está señalizado y es muy fácil de encontrarlo.

    Llegamos en coche y dejamos el vehículo cerca, en la carretera. En nuestro caso no tuvimos ningún problema para aparcar y no se trata de una zona de estacionamiento de pago ni limitada por horas.

    Camino de piedra que conduce a la entrada de un castillo medieval con una torre del homenaje y almenas bajo un cielo azul.
    Entrada castillo

    El acceso al castillo es gratuito y puedes recorrer buena parte del recinto a tu aire, tanto por el exterior como por el interior.

    Un poco de historia del Castillo de Vimianzo

    El origen del castillo se sitúa entre finales del siglo XII y comienzos del XIII. Según la información histórica del Concello de Vimianzo, todo apunta a que la fortaleza original fue construida por los Mariño, después de que el rey Alfonso IX concediera a esta familia las parroquias de Vimianzo y Cambeda en 1220.

    La fortaleza que vemos actualmente no es exactamente aquella primera construcción.

    A lo largo de los siglos sufrió diferentes reformas, reconstrucciones y cambios de propietarios.

    La fortaleza fue además escenario de importantes conflictos entre la nobleza y la Iglesia compostelana.

    Precisamente para recordar aquellos acontecimientos se celebra cada año el conocido Asalto ao Castelo, una fiesta que convierte la fortaleza y sus alrededores en escenario de una recreación histórica. Los propios vecinos se suelen vestir con ropa medieval para recrear esas luchas medievales.

    En 1973 pasó a ser propiedad de la Diputación de A Coruña, que posteriormente lo restauró y acondicionó para su visita.

    El castillo y Vimianzo, una historia muy unida

    Desde el Castillo de Vimianzo se ejerció el gobierno de una extensa jurisdicción vinculada a los Moscoso de Altamira. Esta jurisdicción llegó a abarcar 37 parroquias y unos 357 km², incluyendo territorios de los actuales municipios de Vimianzo, Zas, Camariñas, Laxe, Cabana y parte de Muxía.

    Por eso el castillo forma parte de la propia historia del pueblo y de la comarca de Terra de Soneira.

    Me gusta especialmente que actualmente haya cambiado su función.

    Artesanía en directo dentro del castillo

    En la parte baja del castillo encontramos diferentes espacios donde se trabaja la artesanía en directo. No es simplemente una exposición de objetos terminados: puedes ver a las artesanas trabajando allí mismo.

    Una de las zonas que más nos llamó la atención fue la dedicada a las palilleiras.

    Allí trabaja la Asociación de Palilleiras As Nemanquiñas de Vimianzo, que mantiene viva la tradición del encaje de bolillos. La asociación lleva años vinculada a la recuperación y difusión de este oficio tradicional.

    Artesana trabajando en un telar de madera dentro del castillo, con bufandas y tejidos artesanales expuestos de fondo
    Telar

    Resulta curioso ver cómo trabajan con los pequeños palillos y los hilos para crear esos encajes tan delicados. Además, algunas de las piezas realizadas se pueden comprar, por lo que la visita también sirve para apoyar directamente este tipo de artesanía.

    También encontramos una zona con telares, donde recuerdo que había dos grandes telares en los que se trabajaba de manera artesanal.

    En otro espacio vimos trabajos con vidrio, incluso pequeñas piezas de joyería realizadas con muchísimo detalle. Nos comentaron que algunas de estas piezas pueden enviarse posteriormente a casa, algo muy práctico si encuentras alguna que te gusta pero no quieres cargar con ella durante el viaje.

    También había espacios dedicados a la cestería y al barro, de manera que el recorrido por la parte baja del castillo se convierte casi en un pequeño paseo por diferentes oficios tradicionales.

    La artesanía es, de hecho, una parte importante de la vida actual del castillo. El Concello organiza diferentes actividades y talleres a lo largo del año, con disciplinas como el encaje, el lino, la cestería, la cerámica, el vidrio o la artesanía en paja.

    En general, puedes hacer fotografías sin problema, aunque en algunas zonas concretas indican que no está permitido hacerlo, por lo que simplemente hay que respetar las indicaciones.

    Subir a las almenas

    Otra de las posibilidades que ofrece la visita es subir a las almenas, desde donde puedes contemplar el paisaje que rodea Vimianzo y tener una perspectiva diferente del pueblo.

    También se puede acceder al campanario. Recuerdo que allí había un gran mapa antiguo de la Costa da Morte, además de una máquina recreativa cuyo motivo no llegamos a saber.

    Al bajar las escaleras del campanario encontramos una exposición relacionada con el origen y la historia del castillo, que ayuda a comprender mejor todo lo que hemos ido viendo durante la visita.

    Eso sí, hay que tener en cuenta el acceso a las zonas superiores. Para llegar a las almenas hay que utilizar unas escaleras de piedra bastante altas o hacerlo por el campanario, donde las escaleras son de madera, estrechas y con bastante espacio entre los peldaños.

    Patio interior de un castillo medieval  con rampas de acceso, escaleras de piedra  y torre del Homenaje almenada.
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    Por eso, personalmente, no considero que la subida sea adecuada para personas con problemas de movilidad. La parte baja del castillo y el exterior son mucho más sencillos de recorrer, pero acceder a las zonas superiores requiere cierta facilidad para subir y bajar escaleras.

    El hórreo y los detalles del exterior

    En los alrededores del castillo encontramos árboles, un pequeño jardín, flores y diferentes elementos tradicionales.

    Uno de ellos fue un hórreo decorado con motivos que recuerdan a la tradición celta, algo que nos llamó la atención especialmente por encontrarnos en una zona de Galicia con una importante presencia de patrimonio de época castreña y prehistórica.

    También encontramos un cruceiro en el exterior, además de las zonas ajardinadas. Todo estaba muy limpio y cuidado durante nuestra visita.

    Nuestra visita en verano

    Nosotros fuimos en un día de verano, aunque tuvimos un tiempo bastante nuboso. No llegó a llover y tampoco hacía demasiado calor, así que nos pareció un día estupendo para recorrer tranquilamente el castillo.

    Además, tuvimos una pequeña sorpresa durante nuestra visita: nos encontramos con un equipo de televisión grabando en el patio del castillo. Fue una de esas situaciones curiosas que hacen que una visita quede todavía más en el recuerdo.

    En la entrada hay una pequeña tienda y también baños de acceso gratuito, con una pequeña rampa.

    Un castillo que sigue teniendo vida

    El Castillo de Vimianzo nos gustó precisamente porque no se siente como un monumento vacío.

    Aquí hay historia, pero también personas trabajando, artesanía, tradiciones y actividades. Es curioso pensar que unas paredes que durante siglos estuvieron relacionadas con señores feudales, conflictos y luchas por el poder sean hoy el escenario donde las palilleiras mantienen vivo un oficio tradicional y otros artesanos continúan trabajando con lino, barro, vidrio, cestería y otros materiales.

    Y creo que esa es una de las cosas que más nos gustaron de nuestra visita: el castillo sigue formando parte de la vida de Vimianzo.

    Nosotros disfrutamos mucho de la visita y, si estáis recorriendo esta parte de Galicia, creo que merece la pena hacer una parada y entrar a conocerlo.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • PLAYA DE CALDEBARCOS

    PLAYA DE CALDEBARCOS

    La playa de Caldebarcos, ubicada en el municipio de Carnota, destaca por su entorno natural preservado y su tradición marinera. Este espacio de la Costa da Morte alberga un valioso ecosistema de dunas y marismas que sirve de refugio a diversas especies de aves protegidas.

    Integrada en el arenal más extenso de Galicia, dispone de servicios básicos y zonas recreativas. El acceso con mascotas está regulado durante el verano, y se aconseja consultar el horario de mareas para transitar con seguridad por la desembocadura del río Vadebois.

    Playa de Caldebarcos

    La playa de Caldebarcos es una de esas playas que todavía conservan un aire bastante salvaje y natural. Se encuentra en el municipio de Carnota, en plena Costa da Morte, y forma parte del enorme sistema arenoso que se extiende por este tramo de costa.

    Es una playa tranquila, de arena blanca y fina, rodeada de dunas y con unas preciosas vistas hacia el Monte Pindo. Además, su entorno natural hace que la visita sea mucho más que un simple día de playa.

    En 2008 fue reconocida internacionalmente por la revista alemana Traum Strände como una de las cien mejores playas del mundo.

    Un poco de historia

    Caldebarcos está estrechamente ligado a la tradición marinera de Carnota. La parroquia de San Mamede, a la que pertenece este lugar, conserva numerosas construcciones relacionadas con la actividad pesquera y marítima.

    En el litoral de Caldebarcos todavía se pueden encontrar numerosas casetas de pescadores, utilizadas tradicionalmente para guardar aparejos y otros utensilios relacionados con el trabajo en el mar. El Concello de Carnota señala que se contabilizan más de treinta casetas bordeando este tramo de costa, algunas de ellas restauradas para poner en valor este patrimonio marinero.

    También existieron aquí fábricas de salazón del siglo XIX, construidas por empresarios catalanes para salar y conservar el pescado. La industria de la salazón tuvo una gran importancia en diferentes puntos de la costa de Carnota.

    Muy cerca de la desembocadura se conservan además los restos de la llamada Casa do Sal, un antiguo almacén relacionado con las mercancías que llegaban por mar. El propio nombre nos recuerda la importancia que tuvo la sal en la conservación y comercialización del pescado.

    A Boca do Río y el río Vadebois

    El nombre de esta zona está muy relacionado con la desembocadura del río Vadebois, conocida como A Boca do Río.

    Aquí el río se encuentra con el Atlántico y, dependiendo de la marea, el agua del mar entra en las marismas y lagunas y vuelve a salir cuando baja la marea. Este movimiento de agua genera fuertes corrientes, por lo que hay que tener especial precaución y no confiarse aunque el agua parezca tranquila.

    Desde esta zona tenemos además unas vistas magníficas del Monte Pindo y de todo el gran arco de arena de Carnota.

    Un espacio natural de gran valor

    Uno de los mayores atractivos de Caldebarcos es precisamente su entorno.

    Desde Punta dos Remedios hasta Punta de Caldebarcos encontramos diferentes ecosistemas: el arenal, las dunas, la zona intermareal y las marismas de Caldebarcos.

    Las dunas y marismas forman un espacio de gran riqueza ecológica, con lagunas y zonas húmedas donde encuentran alimento y refugio numerosas aves, especialmente aves migratorias y limícolas. En este entorno también se encuentra uno de los pocos lugares de Galicia donde nidifica el chorlitejo patinegro.

    Por eso, aunque nos apetezca caminar por todas partes, es importante respetar las zonas señalizadas y no atravesar las dunas fuera de los pasos habilitados.

    Una playa enorme

    El gran arenal de Carnota tiene aproximadamente 7 kilómetros de longitud y está considerado el más largo de Galicia. A lo largo de este gran arco arenoso recibe diferentes nombres según la zona, entre ellos Caldebarcos, San Mamede, Carnota, O Cancelo o Mar de Lira.

    La playa tiene forma de media luna y, cuando baja la marea, su extensión resulta realmente impresionante.

    En la zona encontramos servicios como duchas y lavapiés y, durante el verano, algunos establecimientos donde comprar bebidas y helados. También hay merenderos, parque infantil y zonas de aparcamiento.

    ¿Se puede ir con perros?

    Sí, pero hay que tener muy en cuenta la normativa municipal.

    En todo el municipio de Carnota, desde el 1 de junio hasta el 30 de septiembre, el acceso de animales domésticos a las playas está permitido únicamente entre las 22:00 y las 11:00 horas del día siguiente, siempre que se cumplan las condiciones reglamentarias.

    Por tanto, si vais con vuestro perro en verano, podéis disfrutar de la playa con él a primera hora de la mañana o por la noche, pero no durante las horas centrales del día.

    Fuera de ese periodo —del 1 de octubre al 31 de mayo— no se aplica esa restricción horaria estival, aunque debemos seguir cumpliendo las normas generales de convivencia, llevar al perro bajo control y recoger siempre sus necesidades.

    En una zona tan sensible ambientalmente como esta, además, merece la pena ser especialmente cuidadosos con los perros y evitar que entren en las zonas de dunas, marismas o espacios donde pueda haber aves.

    ¿Cuál es la mejor época para visitarla?

    Para disfrutar de la playa, finales de primavera y principios de otoño me parecen una época especialmente interesante: suele haber menos gente que en pleno verano y podemos disfrutar con más tranquilidad del paisaje.

    Si nuestra intención es bañarnos y aprovechar los servicios de temporada, el verano es lógicamente la época más apropiada, pero hay que tener presente que también encontraremos más visitantes y que, si vamos con perro, tendremos que respetar el horario establecido.

    Para caminar y conocer el entorno, elegiría un día de buen tiempo y, sobre todo, consultaría previamente las mareas.

    Un detalle muy importante: las mareas

    Aquí las mareas no son un detalle menor.

    Si queremos caminar por la zona de A Boca do Río o recorrer el entorno, debemos consultar el horario de las mareas antes de empezar. El propio Concello de Carnota advierte de que con marea alta resulta difícil transitar por algunos tramos, especialmente para cruzar A Boca do Río.

    Además, como ya he comentado, las corrientes en la desembocadura pueden ser fuertes debido al movimiento de una gran cantidad de agua. Así que no recomendaría bañarse en esta zona aunque aparentemente parezca tranquila.

    Mi consejo es disfrutar del paisaje, caminar por las zonas habilitadas y dejar la parte del baño para las zonas de playa adecuadas y vigiladas.

    Mi recomendación

    Si vais por esta zona de la Costa da Morte, yo reservaría un rato para acercarme a Caldebarcos y recorrer tranquilamente el entorno.

    La combinación de playa, dunas, marismas, río, tradición marinera y las vistas al Monte Pindo hace que sea un lugar muy especial.

    Y si tenéis tiempo, merece la pena acercarse hasta A Boca do Río con la marea adecuada. El paisaje cambia completamente según sube o baja el mar y es, sin duda, una de las imágenes más bonitas de este tramo de la costa gallega.

    Coordenadas GPS:
    42º 50′ 25.8″ N – 9º 06′ 29.1″ W

    Acceso:
    Saliendo de Carnota en dirección a Corcubión por la carretera C-550, aproximadamente a 15 kilómetros encontraremos un desvío a mano izquierda hacia Caldebarcos. La entrada puede pasar bastante desapercibida, así que conviene ir atentos.

    Y un último consejo: si vais en coche en temporada alta, no apuréis hasta el último momento para buscar aparcamiento y, sobre todo, respetad los espacios naturales. Estamos ante un ecosistema muy valioso y bastante frágil.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Riaño bajo la Lluvia: Un Viaje a la Memoria

    Riaño bajo la Lluvia: Un Viaje a la Memoria

    Riaño: un pueblo entre montañas y recuerdos

    Después de nuestra visita al Banco de Burón, continuamos nuestro camino hasta Riaño.

    El día seguía lluvioso y el cielo estaba cubierto, algo que, aunque podía parecer poco apropiado para disfrutar de un paisaje de montaña, terminó dándole a Riaño una atmósfera especial.

    Llegamos hasta la zona del camping y dejamos el coche en el aparcamiento situado justo a la entrada, sin necesidad de entrar en las instalaciones. Es una zona bastante amplia y allí mismo hay un pequeño bar.

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    Desde este punto comenzamos nuestro recorrido a pie. Una pista serpenteante se adentra por la montaña y, según el camino que tomemos, nos lleva hacia algunos de los lugares más conocidos de Riaño.

    Nosotros nos dirigimos hacia el famoso columpio y después hacia el corazón, dos de los rincones que actualmente atraen a muchos visitantes.

    Riaño es mucho más que el bonito escenario que vemos hoy.

    El Riaño que desapareció bajo las aguas

    El actual Riaño no ocupa exactamente el mismo lugar que el antiguo pueblo. La historia reciente de la localidad está marcada por la construcción del embalse.

    El proyecto del embalse llevaba décadas planteándose y finalmente las obras comenzaron en 1965.

    El proceso estuvo acompañado durante años por expropiaciones, conflictos y una fuerte oposición de los habitantes del valle. Finalmente, en 1987, el antiguo Riaño y otros pueblos de la zona fueron demolidos y quedaron bajo las aguas del embalse.

    En total, nueve localidades quedaron afectadas: Riaño, Anciles, Salio, Huelde, Éscaro, La Puerta, Pedrosa del Rey, Burón y Vegacerneja, esta última parcialmente. El cierre del embalse se produjo el 31 de diciembre de 1987.

    El nuevo Riaño fue construido para acoger a buena parte de la población desplazada.

    Y aquí está una de las peculiaridades que más nos ayudan a comprender lo que estamos viendo: algunos de los edificios históricos de aquellos pueblos no desaparecieron bajo el agua, sino que fueron trasladados piedra a piedra al nuevo emplazamiento.

    Por eso, cuando paseamos hoy por Riaño, encontramos elementos que pertenecían a aquellos pueblos desaparecidos.

    Un paseo por la memoria

    Uno de ellos es la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, procedente de La Puerta. Fue trasladada piedra a piedra y su cabecera corresponde a los siglos XIII-XIV.

    También encontramos la iglesia de San Martín de Pedrosa del Rey, trasladada al nuevo Riaño. Es uno de los testimonios que permiten imaginar el patrimonio que existía en aquellos pueblos antes de que el agua transformara para siempre el valle.

    El Ayuntamiento de Riaño conserva además un mapa turístico en el que aparecen varios de los lugares que podemos visitar actualmente: el Museo Etnográfico, la iglesia románica, el Paseo del Recuerdo, el puerto donde salen los barcos turísticos, el banco, el mirador del Alto de Valcayo y el acceso al columpio.

    Precisamente el Paseo del Recuerdo es una visita especialmente interesante para comprender esta historia.

    Es una manera de acercarse a la memoria de aquellos pueblos y de sus habitantes, algo que adquiere todavía más significado cuando sabemos que bajo las aguas del embalse quedaron sus antiguas casas, calles y paisajes.

    También merece una visita el Museo Etnográfico de Riaño, donde se conserva y explica parte de la cultura, las tradiciones y la forma de vida de la montaña.

    Por eso, aunque nuestra visita se centró sobre todo en los paisajes y miradores, creemos que conocer esta parte de la historia cambia la manera de mirar Riaño.

    Los llamados Fiordos Leoneses

    Y entonces llegamos a una de las imágenes más espectaculares de la zona: el embalse de Riaño.

    A los paisajes que rodean sus aguas se les conoce popularmente como Fiordos Leoneses.

    Evidentemente, no son fiordos en sentido geológico ni tienen origen marino como los noruegos. Su aspecto se debe a la combinación de las montañas y los profundos valles que quedaron inundados tras la construcción del embalse.

    El resultado es un paisaje muy peculiar: el agua penetra entre las montañas, creando brazos y ensenadas rodeados de paredes y cumbres calizas. Desde los diferentes miradores se entiende perfectamente por qué este lugar ha recibido ese sobrenombre.

    Y hay una paradoja difícil de ignorar: el mismo embalse que creó este paisaje tan espectacular fue también el que hizo desaparecer los pueblos del antiguo valle.

    Quizá por eso contemplarlo produce sensaciones contradictorias. Es precioso, sí, pero cuando conoces lo que hay bajo esas aguas, el paisaje adquiere otra dimensión.

    El columpio gigante de Riaño

    Uno de nuestros objetivos era llegar hasta el famoso columpio.

    Desde la zona del camping seguimos la pista hasta alcanzar el entorno del mirador de Las Hazas.

    El recorrido no nos resultó especialmente complicado, aunque sí encontramos algunas zonas pedregosas y, al estar lloviendo, el terreno estaba húmedo y resbaladizo.

    Por eso, si el día está como el nuestro, recomiendo llevar buen calzado y, especialmente para quienes tengan menos seguridad caminando por terreno irregular, un bastón de montaña puede venir muy bien.

    El columpio es uno de los grandes atractivos turísticos actuales de Riaño y está considerado el columpio más grande de España.

    Su tamaño y, sobre todo, su ubicación hacen que la experiencia sea bastante peculiar: al sentarse y comenzar a balancearse, parece que uno va a salir directamente hacia el embalse y las montañas.

    Junto al columpio hay también un banco de madera desde el que simplemente podemos sentarnos y disfrutar del paisaje.

    Adjunto un vídeo de mi perfil:

    https://youtu.be/SkOu9M7Bo_k?is=-8k_CQfpe5U-sHll

    Eso sí, si vais en temporada alta, hay que tener paciencia.

    Nosotros encontramos bastante gente y tuvimos que guardar cola para poder subir al columpio.

    Es uno de esos lugares que se han convertido en auténticos protagonistas de las fotografías de Riaño y, lógicamente, muchos visitantes quieren llevarse su recuerdo.

    El corazón con Riaño a nuestros pies

    Continuamos después hacia otro de los rincones más fotografiados: el corazón.

    También encontramos bastante gente y tuvimos que esperar nuestro turno. La razón es sencilla: desde allí se consigue una bonita fotografía con el corazón en primer plano y, detrás, el pueblo de Riaño, el embalse y las montañas.

    Puede parecer un detalle menor, pero para nosotros forma parte de la experiencia. Riaño es un pueblo pequeño, pero durante los meses de verano recibe muchos visitantes y sus lugares más conocidos pueden estar bastante concurridos.

    Riaño bajo la lluvia

    Nosotros lo conocimos en agosto y, sin embargo, el día estaba gris, húmedo y lluvioso.

    Las nubes cubrían parcialmente las montañas y el paisaje era muy diferente al de esas fotografías de cielos azules y aguas completamente despejadas que solemos encontrar cuando buscamos información sobre Riaño.

    Pero tenía su propio encanto.

    La humedad hacía que las montañas parecieran todavía más misteriosas y las nubes envolvían los picos creando una sensación casi irreal. Desde el mirador podíamos contemplar el pequeño pueblo, el embalse, el puente de San Glorio y las montañas que se extienden alrededor.

    Y aunque no disfrutamos de un día perfecto de verano, para nosotros Riaño no perdió ni un poco de su esencia.

    Al contrario.

    Quizá aquel paisaje nublado y silencioso era una forma diferente de descubrirlo.

    ¿Qué más podemos ver en Riaño?

    Podemos recorrer el Paseo del Recuerdo, visitar la zona del puerto y realizar un paseo en barco por el embalse.

    El barco ofrece una perspectiva completamente diferente de los llamados Fiordos Leoneses y permite adentrarse entre las montañas y observar desde el agua un paisaje que desde tierra no podemos apreciar de la misma manera.

    Las rutas duran aproximadamente una hora y permiten descubrir también la fauna y los bosques que rodean el embalse.

    Para quienes disfrutan del senderismo, Riaño también es punto de partida de diferentes rutas de montaña, entre ellas la subida al Pico Gilbo, una de las cumbres más reconocibles de la zona.

    El territorio forma parte del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, un espacio protegido de gran riqueza paisajística y natural.

    Y si simplemente queremos pasear sin hacer una ruta exigente, podemos disfrutar de sus calles, plazas y miradores y acercarnos al embalse.

    Mi impresión

    Riaño me pareció uno de esos lugares que son mucho más que una fotografía bonita.

    Llegamos buscando sus miradores, el columpio y las famosas vistas de los Fiordos Leoneses, pero descubrir la historia que existe detrás del paisaje hace que la visita se vea con otros ojos.

    Hoy vemos un pequeño pueblo rodeado de montañas y agua, pero bajo ese embalse existe la memoria de todo un valle.

    Y quizá esa sea precisamente la

    Nosotros lo vimos bajo la lluvia, con las nubes cubriendo los picos y haciendo cola para subir al columpio y fotografiarnos en el corazón. Y aun así, o quizá precisamente por eso, me llevé la sensación de haber descubierto un lugar especial.

    Un pequeño rincón de León que parece sacado de un cuento, pero cuya belleza esconde una historia que merece ser conocida.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Castro de Baroña, Historia gallega al lado del mar

    Castro de Baroña, Historia gallega al lado del mar

    Castro de Baroña: historia frente al Atlántico

    Durante una de nuestras escapadas por Galicia decidimos acercarnos hasta el Castro de Baroña, y tengo que reconocer que es uno de esos lugares que me sorprendieron no solo por su historia, sino también por el sitio tan espectacular en el que se encuentra.

    El Castro de Baroña es un antiguo asentamiento de la Edad del Hierro, situado en la parroquia de Baroña, perteneciente al municipio de Porto do Son, en A Coruña. Estuvo habitado aproximadamente entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C.

    Y lo primero que llama la atención es precisamente su ubicación: el castro está construido sobre una pequeña península rocosa que se adentra en el Atlántico. Historia y naturaleza juntas en un escenario realmente impresionante.

    Coordenadas GPS:
    42º 41′ 38.9″ N – 9º 01′ 53.9″ W

    Cómo llegar al Castro de Baroña

    Para llegar hasta él hay que dejar el coche en las inmediaciones de la carretera, junto al área donde se encuentra la caseta de información. Allí podemos encontrar folletos y obtener información sobre el castro y otros lugares de interés de la zona.

    Desde allí el resto del recorrido se hace a pie.

    El camino está señalizado con postes de madera y atraviesa una pequeña zona boscosa. Nosotros simplemente fuimos siguiendo las indicaciones y, poco a poco, empezamos a ver aparecer el mar entre los árboles.

    Es un recorrido corto, de aproximadamente 500 metros desde la carretera, y enseguida llegamos a la península donde se encuentra el castro.

    Al lado está la playa de Arealonga, conocida además por ser una playa de tradición nudista.

    ¿Es una ruta fácil?

    Realmente no hablaría de una ruta de senderismo como tal, sino de un paseo corto hasta el yacimiento.

    El acceso no tiene demasiada dificultad y nosotros lo hicimos sin problemas, pero una vez dentro del castro hay que tener algo más de cuidado porque el terreno es irregular, con piedras, desniveles y escaleras.

    Mi recomendación es sencilla: calzado cómodo y caminar sin prisas. No hace falta estar especialmente preparado físicamente para hacer la visita, pero tampoco es un recorrido completamente llano.

    Si vais con vuestro perro, también podéis hacer el camino juntos, siempre llevándolo controlado y prestando especial atención en las zonas próximas al mar y a los desniveles.

    Un pueblo junto al mar

    Una vez que llegamos al castro, la primera impresión fue espectacular.

    No es difícil entender por qué sus habitantes eligieron este lugar para asentarse. El mar está presente prácticamente en todo momento y las vistas son preciosas.

    Según han permitido conocer las excavaciones arqueológicas, sus habitantes tenían una importante relación con el mar y los recursos que les proporcionaba, aunque también desarrollaban otras actividades.

    El asentamiento llegó a contar con alrededor de veinte construcciones, además de su entrada, escaleras, una muralla y un foso defensivo.

    La muralla y el foso tenían una función claramente defensiva y protegían el asentamiento de posibles ataques. Al observar hoy los restos, resulta curioso imaginar cómo debía ser la vida aquí hace más de dos mil años.

    Pero el lugar también tenía un inconveniente importante: no existía una fuente de agua dulce dentro del castro. Tampoco se han encontrado evidencias claras de sistemas de almacenamiento de agua, por lo que sus habitantes dependían de los recursos disponibles en el exterior.

    También trabajaban los metales

    Las excavaciones han permitido descubrir que la vida de sus habitantes no estaba únicamente relacionada con el mar.

    En la zona norte del castro se ha localizado un horno vinculado a actividades metalúrgicas, que permite conocer que aquí también se trabajaban diferentes metales.

    Los restos arqueológicos apuntan al trabajo del bronce y del hierro, además de evidencias relacionadas con otros metales como el oro.

    Esto nos ayuda a hacernos una idea de que aquel asentamiento era mucho más que un pequeño poblado junto al mar. Existían diferentes actividades relacionadas con la supervivencia, la artesanía y el aprovechamiento de los recursos del entorno.

    Nuestra visita

    Nos gustó mucho poder recorrer el castro tranquilamente y descubrir sus diferentes estructuras mientras teníamos el Atlántico justo delante de nosotros.

    Creo que esa es precisamente una de las cosas que hacen especial este lugar. Puedes estar caminando entre restos arqueológicos de hace más de dos mil años y, al mismo tiempo, escuchar el sonido de las olas y contemplar cómo el agua golpea contra las rocas.

    Es de esos sitios en los que apetece parar un momento y simplemente mirar.

    Además, la visita es gratuita y al aire libre, así que podemos recorrer el yacimiento a nuestro ritmo. No es necesario dedicarle una jornada completa, por lo que resulta perfecto para incluirlo dentro de una ruta por la costa de A Coruña.

    ¿Cuál es el mejor momento para visitarlo?

    Nosotros lo disfrutamos mucho, pero si tuviera que recomendar una época para conocerlo elegiría primavera o principios de otoño, cuando podemos encontrar menos visitantes y unas temperaturas más agradables.

    En verano también merece muchísimo la pena, sobre todo si queremos aprovechar para conocer la costa y sus playas, aunque es cuando más afluencia de visitantes recibe.

    Si vais en julio o agosto, yo intentaría ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde. Tendréis más tranquilidad y, además, la luz sobre el Atlántico puede hacer que el paisaje sea todavía más bonito.

    Eso sí, hay algo que yo tendría en cuenta: al estar tan expuesto al mar, el tiempo puede cambiar y el viento puede ser bastante fuerte, así que antes de ir conviene echar un vistazo a la previsión meteorológica.

    Una visita que recomiendo

    El Castro de Baroña fue una de esas visitas que disfrutamos especialmente porque reúne varias de las cosas que más me gustan cuando viajamos: historia, naturaleza, mar y un paisaje espectacular.

    Y aunque el recorrido hasta llegar al castro es corto, la sensación al aparecer ante nosotros las antiguas construcciones con el Atlántico como telón de fondo hace que merezca totalmente la pena.

    Si estáis haciendo una ruta por la costa gallega, yo lo incluiría sin dudarlo.

    Porque hay lugares que visitas para conocer su historia y otros que, además, se quedan en la memoria por cómo te hicieron sentir.

    Para mí, el Castro de Baroña es de los segundos.

    Gracias por leerme.

    Puntuación: 1 de 5.

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  • Visita el Enorme Banco de Burón: Un Encanto Turístico

    Visita el Enorme Banco de Burón: Un Encanto Turístico

    Íbamos camino de una pequeña aldea de la provincia de León cuando decidimos hacer una primera parada que teníamos marcada en nuestra ruta: el Banco de Burón, conocido como el banco más grande de León.

    El día no acompañaba demasiado. Estaba lloviendo y el cielo tenía ese aspecto gris tan característico de los días de montaña. Aun así, tuvimos bastante suerte: justo cuando nos acercamos al banco dejó de llover y, además, no encontramos a nadie. Para nosotros fue perfecto, porque pudimos disfrutar del lugar con toda tranquilidad.

    Apoyada en el banco para ver sus dimensiones.

    El banco se encuentra a la entrada de Burón, en el conocido como Alto de los Atajos, muy cerca de la carretera CL-635. Desde la carretera se distingue perfectamente y el acceso es muy sencillo. Hay una explanada de tierra junto al banco donde se puede dejar el coche, aunque después de días de lluvia puede acumular bastante barro.

    Nosotros dejamos el coche en el acceso y caminamos unos pocos metros. Para llegar al banco hay que atravesar una pequeña entrada con puertas de madera y un paso canadiense. Después aparece una pequeña campa y, allí delante, el enorme banco de madera.

    Y digo enorme porque sus dimensiones sorprenden de verdad: ¡tiene unos cuatro metros de altura!

    De hecho, para sentarse hay que echarle un poco de imaginación. El asiento queda tan alto que hay que ayudarse de una piedra para poder subir.

    Yo, por supuesto, no iba a marcharme sin sentarme.

    Había llovido y la madera estaba húmeda, pero pensé: “Bueno, tampoco será para tanto”.

    Pues sí. Fue para tanto.

    Me senté en el banco, contemplé el paisaje y, cuando me levanté, llevaba el culo completamente calado. Una de esas pequeñas anécdotas de viaje que en el momento no hacen ninguna gracia, pero que después terminan formando parte de los mejores recuerdos.

    Más allá de la anécdota, el lugar merece la parada.

    Vista desde el banco, Montaña de Riaño y Mampodre

    El banco está colocado de espaldas al valle y en una posición que permite que el paisaje se convierta en el auténtico protagonista. Frente a nosotros se abría una enorme extensión de terreno, rodeada por las montañas de la Montaña de Riaño y Mampodre, con el imponente pico Burín como uno de los protagonistas del paisaje.

    Dependiendo de la época del año y de las condiciones del embalse de Riaño, el paisaje cambia considerablemente. La pradera que se extiende detrás del banco puede ofrecer una imagen muy diferente según el nivel de las aguas.

    Y quizá eso sea precisamente parte de su encanto: no es solamente hacerse una fotografía sentados en un banco gigante, sino detenerse unos minutos y mirar todo lo que hay alrededor.

    Aunque hoy pueda parecer simplemente una curiosidad turística, el banco forma parte de una iniciativa para dar visibilidad y atraer visitantes al municipio de Burón y al valle de Valdeburón.

    Fue instalado en julio de 2021 por el Ayuntamiento de Burón, dentro de una estrategia para crear atractivos singulares en las localidades que forman parte del municipio. El banco fue concebido como un elemento llamativo que animase a los viajeros a detenerse, conocer el entorno y descubrir esta zona de la montaña leonesa.

    Y lo cierto es que consiguió llamar la atención. Con sus cuatro metros de altura, se convirtió rápidamente en uno de esos lugares curiosos que aparecen en fotografías de viajeros y rutas por la Montaña Oriental Leonesa.

    Un poco de historia de Burón

    Pero Burón es mucho más que su gigantesco banco.

    La localidad se encuentra en el valle de Valdeburón, en plena montaña oriental de León, rodeada de cumbres y atravesada por el río Esla. Su historia está estrechamente vinculada a la antigua Merindad de Valdeburón, una organización territorial medieval que agrupaba varios concejos de esta zona montañosa.

    El paisaje actual también guarda una historia mucho más reciente y dura. Burón se encuentra en la cola del embalse de Riaño, cuya construcción supuso una profunda transformación del territorio. En 1987 las aguas cubrieron buena parte del antiguo caserío de la localidad y algunos edificios emblemáticos tuvieron que ser trasladados, entre ellos la iglesia y las antiguas escuelas.

    Quizá por eso, cuando recorres actualmente esta zona, resulta inevitable pensar que bajo algunos de estos paisajes de agua y montaña existe también una parte de la historia de los pueblos que desaparecieron bajo el embalse.

    Nuestra visita

    Nuestra parada fue mucho más sencilla: llegar, aparcar, cruzar la pequeña entrada y acercarnos hasta aquel banco descomunal.

    No tuvimos que hacer ninguna ruta ni caminar prácticamente nada. Y eso, en un viaje en el que todavía nos quedaban kilómetros por delante, era perfecto.

    Además, tuvimos la suerte de encontrarnos el lugar prácticamente vacío. Sin turistas, sin prisas y sin tener que esperar para hacernos fotografías.

    Solo nosotros, aquel banco gigantesco y el paisaje leonés delante.

    Bueno… y mi pantalón mojado después de descubrir que sentarse en un banco de madera mojado no era precisamente mi mejor idea del día.

    Pero volvería a hacerlo.

    Porque al final, los viajes también están hechos de estas pequeñas situaciones: una parada improvisada, un paisaje que no esperabas encontrar, un banco imposible de alto y una anécdota que años después todavía te hace sonreír.

    Y así comenzó nuestra visita por esta zona de la montaña leonesa.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

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  • Descubre Madrid: Monumentos, Comida y Cultura Local

    Descubre Madrid: Monumentos, Comida y Cultura Local

    Madrid evolucionó desde la fortificación musulmana de Mayrit hasta convertirse en capital española en 1561. La ciudad destaca por sus barrios emblemáticos, parques urbanos, renombrados museos y monumentos históricos. Para visitarla, se aconseja el uso del transporte público o desplazarse a pie, manteniendo precauciones básicas de seguridad.

    La gastronomía local combina guisos tradicionales como el cocido madrileño con una destacada cultura de tapeo y repostería. Asimismo, el entorno metropolitano y regional de Madrid ofrece excursiones de interés histórico y cultural a municipios cercanos como Alcalá de Henares, Aranjuez, San Lorenzo de El Escorial y Chinchón.

    Madrid es una de esas ciudades a las que puedo volver una y otra vez. La he visitado en numerosas ocasiones y, precisamente por eso, no quería hacer una entrada basada solamente en una lista de monumentos.

    Madrid se disfruta caminando, entrando en una iglesia que no esperabas encontrar, tomando algo en una terraza, perdiéndote por una calle, visitando un museo, mirando sus edificios y, por supuesto, comiendo.

    Así que en este post reúno mis lugares favoritos, algunos de los rincones que más me han llamado la atención, restaurantes donde he comido, excursiones que puedes hacer desde la capital y algunos consejos prácticos que creo que vienen bien antes de viajar.

    Porque Madrid tiene mucho que ver, pero también mucho que vivir.

    Cómo llegar a Madrid

    Madrid es una ciudad muy fácil de alcanzar desde muchos puntos de España. En mi caso, he llegado en diferentes ocasiones en avión, tren, coche y autobús.

    Viajar en autobús desde Bilbao

    Una de las opciones que más he utilizado es el autobús desde Bilbao. El trayecto dura aproximadamente cuatro horas y media y, cuando he elegido la opción Premium de ALSA, el viaje me ha resultado bastante cómodo.

    Una de las cosas que me gusta de este servicio es que cada asiento dispone de su propia pantalla para entretenerte durante el trayecto, además de baño y otros servicios a bordo.

    Para mí es una opción muy práctica cuando no queremos conducir y quiero llegar directamente a Madrid.

    El origen de Madrid: de Mayrit a la capital

    Aunque a veces se habla de posibles asentamientos anteriores, el origen documentado de la ciudad histórica de Madrid se encuentra en época musulmana.

    En el siglo IX, durante el emirato de Muhammad I, se construyó una fortificación conocida como Mayrit. Aquella pequeña población fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en la ciudad que conocemos hoy.

    El gran cambio llegó en 1561, cuando Felipe II trasladó la Corte a Madrid. A partir de ese momento la ciudad comenzó a crecer de manera extraordinaria y terminó convirtiéndose en la capital que conocemos actualmente.

    Así que Madrid no nació como una gran capital: fue creciendo alrededor de aquel antiguo Mayrit hasta convertirse en una de las grandes ciudades europeas.

    Y hay una parte más reciente de su historia que también forma parte de su identidad: La Movida madrileña.

    Durante los primeros años de la democracia, especialmente en la década de los ochenta, Madrid vivió una auténtica explosión cultural. Música, cine, fotografía, moda, arte y una nueva manera de entender la vida hicieron de la ciudad uno de los grandes símbolos de la transformación de España después de la dictadura.

    ¿Cuál es la mejor época para visitar Madrid?

    Madrid se puede visitar durante todo el año, pero si pudiera elegir, me quedaría especialmente con primavera y otoño.

    Abril, mayo, septiembre y octubre suelen ser meses muy agradables para caminar y disfrutar de parques y jardines sin las temperaturas más extremas del verano.

    La primavera tiene además el atractivo de los parques en flor y de acontecimientos como San Isidro y la Feria del Libro. En otoño, Madrid cambia de color y también apetece mucho más sentarse a comer platos tradicionales como el cocido o los callos.

    El verano puede ser muy caluroso, con temperaturas que pueden superar los 35 ºC. Eso no significa que no merezca la pena ir, pero las horas centrales del día pueden resultar duras si quieres recorrer la ciudad andando.

    El invierno es frío, pero Madrid tiene muchos días soleados y además está la Navidad, las luces, los mercadillos y ese momento perfecto para entrar en una chocolatería y tomar un chocolate con churros.

    Si viajas con perro, todavía tendría más en cuenta primavera y otoño, porque el propio Ayuntamiento recomienda estas estaciones para pasear con ellos y evitar el asfalto excesivamente caliente en verano.

    Moverse por Madrid

    Para conocer el centro, mi consejo principal es sencillo: camina todo lo que puedas.

    Muchas de las visitas que aparecen en este artículo están bastante cerca unas de otras y caminar permite descubrir cosas que de otra manera pasarían desapercibidas.

    Para distancias más largas, Madrid dispone de una extensa red de Metro, autobuses EMT y Cercanías.

    No voy a convertir este artículo en una guía de tarifas porque cambian con el tiempo. Lo mejor es consultar las tarifas y condiciones oficiales antes del viaje.

    Info sobre el transporte en Madrid

    Si vienes en coche, también existen aparcamientos disuasorios que permiten dejar el vehículo y continuar en transporte público.

    Viajar a Madrid con perro

    Madrid puede ser una ciudad bastante interesante para viajar con perro, aunque hay que conocer las normas porque no todos los medios de transporte ni todos los monumentos funcionan igual.

    En los espacios públicos, el perro debe ir controlado mediante una correa o cadena resistente y hay que recoger siempre sus deposiciones.

    En determinados parques y jardines existen horarios en los que los perros pueden ir sueltos, siempre respetando las zonas en las que esté permitido. El Retiro y Juan Carlos I, por ejemplo, cuentan con áreas caninas.

    ¿Puede viajar el perro en el Metro de Madrid?

    Sí.

    Se permite un perro por viajero, siempre con correa y bozal, y debe viajar en el último coche del tren.

    De lunes a viernes hay restricciones durante las horas punta: actualmente de 7:30 a 9:30, de 14:00 a 16:00 y de 18:00 a 20:00. Los fines de semana y durante julio y agosto no se aplica esa limitación horaria.

    ¿Puede viajar el perro en los autobuses de la EMT?

    Aquí las condiciones son diferentes.

    Los autobuses urbanos de la EMT no permiten perros, salvo perros guía y pequeños animales domésticos que viajen en un transportín adecuado y no causen molestias.

    ¿Puede viajar el perro en Cercanías?

    Cercanías Renfe permite viajar con perros, aunque existen condiciones concretas dependiendo del servicio y del tipo de animal.

    Por eso, si vas a utilizar el tren con tu perro, conviene comprobar las condiciones de Renfe antes del viaje.

    Renfe – viajar con mascotas

    ¿Y los museos y monumentos?

    Aquí no existe una norma general para toda la ciudad. Cada museo, iglesia o monumento establece sus propias condiciones.

    Por eso, si viajas con perro, conviene planificar las visitas interiores y comprobar previamente si admiten animales.

    Seguridad en Madrid: cuidado con los carteristas

    Madrid es una ciudad segura para el turista, pero eso no significa que podamos olvidarnos de las precauciones básicas.

    Como ocurre en muchas grandes ciudades turísticas, los hurtos oportunistas pueden producirse especialmente en lugares muy concurridos, transportes públicos, estaciones, eventos, terrazas y zonas con mucha concentración de visitantes.

    No me parece correcto hablar de una supuesta “ola de delincuencia” general en España o presentar Madrid como una ciudad peligrosa. El problema concreto que sí interesa al viajero es mucho más sencillo: los carteristas aprovechan los descuidos.

    Por eso, en zonas como Puerta del Sol, Plaza Mayor, Gran Vía, Mercado de San Miguel, El Rastro o en el Metro, yo tendría un poco más de cuidado.

    Algunas precauciones muy sencillas:

    • Llevar el bolso o mochila bien cerrado.
    • Si utilizas mochila en lugares muy llenos, llevarla delante.
    • No guardar el móvil o la cartera en el bolsillo trasero.
    • No dejar el teléfono encima de la mesa de una terraza.
    • No dejar bolsos colgados del respaldo de una silla.
    • Llevar documentación, tarjetas y dinero repartidos, en lugar de tenerlo todo junto.
    • Desconfiar de las distracciones o acercamientos demasiado insistentes.
    • En el transporte público, prestar especial atención cuando hay mucha gente alrededor.

    No se trata de ir con miedo. Se trata simplemente de aplicar el mismo sentido común que utilizaríamos en cualquier otra gran ciudad turística.

    Ante una emergencia, el teléfono es el 112, y Madrid también dispone de servicios de atención al turista.

    Qué ver en Madrid

    Y ahora sí, vamos a lo que realmente importa: recorrer Madrid.

    Hay muchísimo que ver, así que aquí no pretendo hacer una lista de absolutamente todo. He seleccionado los lugares que considero más interesantes y algunos que personalmente me han llamado especialmente la atención.

    Puerta del Sol: un imprescindible

    Si es tu primera vez en Madrid, probablemente terminarás pasando por Sol.

    La Puerta del Sol es uno de los grandes puntos de referencia de la ciudad y aquí encontramos el famoso Kilómetro Cero, desde donde parten las carreteras radiales españolas.

    También está la Casa de Correos, cuyo reloj es protagonista cada Nochevieja cuando millones de personas siguen desde allí o desde sus casas la tradición de las doce uvas.

    Y, por supuesto, está el famoso Oso y el Madroño, uno de los símbolos de Madrid.

    Para mí, Sol es un lugar que hay que ver, aunque no necesariamente sea el sitio donde más tiempo me quedaría. Es bullicioso, turístico y siempre está lleno de gente, pero forma parte de la esencia de Madrid.

    Plaza Mayor

    A poca distancia de Sol encontramos la Plaza Mayor, uno de esos lugares que para mí representan el corazón de Madrid.

    Aquí hay turistas, madrileños, restaurantes, bares, artistas callejeros y muchísimo movimiento.

    La plaza ha sufrido incendios y diferentes reconstrucciones a lo largo de su historia y en el centro encontramos la estatua ecuestre de Felipe III.

    En Navidad también se instala aquí el tradicional mercado navideño.

    Eso sí: precisamente porque es una zona muy concurrida, es uno de los lugares donde conviene estar más atento a las pertenencias.

    Mercado de San Miguel

    El Mercado de San Miguel está muy cerca de la Plaza Mayor y es uno de los mercados gastronómicos más conocidos de Madrid.

    El edificio conserva su estructura histórica de hierro y cristal, pero actualmente tiene un marcado carácter gastronómico y turístico.

    No es el típico mercado de barrio al que iríamos a hacer la compra semanal. Es más bien un lugar para probar diferentes productos y propuestas gastronómicas.

    Es bonito, pero también suele estar muy concurrido.

    Parque de El Retiro

    El Retiro es uno de mis imprescindibles de Madrid.

    Es uno de esos lugares donde puedes pasar de estar en medio de una enorme ciudad a encontrarte rodeada de árboles, jardines, monumentos y agua.

    El parque tiene una superficie aproximada de 118 hectáreas y entre sus lugares más conocidos están el Estanque Grande, el Palacio de Cristal, el monumento a Alfonso XII y diferentes jardines y paseos.

    Además, aquí se celebra la Feria del Libro de Madrid, una cita que transforma el parque durante varias semanas.

    Si vas en primavera, intenta reservar tiempo para pasear sin prisas. Y si vas en otoño, también merece muchísimo la pena.

    Actualmente el horario general del parque es de 06:00 a 22:00 entre octubre y marzo y de 06:00 a 00:00 entre abril y septiembre, aunque puede haber cierres temporales por condiciones meteorológicas.

    Palacio de Cibeles y Mirador Madrid

    El Palacio de Cibeles es uno de los edificios más reconocibles de Madrid.

    Durante años fue conocido como Palacio de Comunicaciones y actualmente es la sede del Ayuntamiento.

    En la misma zona tenemos la famosa fuente de Cibeles, uno de los grandes símbolos deportivos de Madrid, especialmente para los seguidores del Real Madrid.

    Si quieres ver Madrid desde arriba, puedes subir al Mirador Madrid, situado en el propio Palacio de Cibeles.

    El edificio puede visitarse gratuitamente, mientras que el acceso al mirador tiene entrada.

    Gran Vía

    La Gran Vía es probablemente una de las calles que más me gusta recorrer andando.

    Comenzó a construirse en 1910 y las obras se prolongaron durante años hasta completar esta gran avenida que une la zona de Alcalá con Plaza de España.

    Hoy es una de las principales arterias comerciales y de ocio de Madrid.

    Los antiguos cines han ido desapareciendo o transformándose, pero muchos de sus teatros acogen actualmente grandes musicales. Por eso se habla de esta zona como el Broadway madrileño.

    Mi recorrido favorito es sencillo: empezar por Alcalá y caminar hacia Plaza de España, pasando por Callao.

    El Rey León en el Teatro Lope de Vega

    Una de las experiencias que recuerdo especialmente de Madrid fue ir a ver el musical El Rey León.

    El teatro tiene ese aire clásico de los grandes teatros de la Gran Vía y, al menos desde nuestra experiencia, la sala nos resultó bastante pequeña.

    Nosotros dos somos altos y recuerdo que estuvimos un poco justos en los asientos. No fue lo más cómodo del mundo para nuestras piernas, pero eso no impidió que disfrutáramos muchísimo del espectáculo.

    Y el musical, sin duda, muy recomendable.

    La puesta en escena, la música, el vestuario y todo el trabajo que hay detrás hacen que merezca la pena verlo, incluso aunque ya conozcas la historia de El Rey León.

    Así que si os gustan los musicales y vais a Madrid, para mí es uno de esos planes que merece la pena tener en cuenta.

    Y después podéis salir directamente a la Gran Vía y continuar el paseo por Callao, que está prácticamente al lado.

    Plaza de España

    Plaza de España es otro de esos puntos que merece una parada.

    Aquí encontramos el monumento dedicado a Cervantes y sus personajes, además de algunos de los grandes edificios históricos del entorno.

    El Edificio España es uno de los protagonistas del paisaje y actualmente alberga un hotel con una terraza panorámica.

    También destaca la Torre de Madrid, construida en los años cincuenta y durante décadas uno de los edificios más altos de Europa.

    La zona ha cambiado muchísimo con las reformas de los últimos años, pero sigue siendo un punto perfecto para terminar el paseo por Gran Vía.

    Palacio Real de Madrid

    El Palacio Real, también conocido como Palacio de Oriente, es uno de los grandes imprescindibles.

    Aunque la familia real española no reside actualmente aquí, el palacio continúa siendo utilizado para actos oficiales.

    El edificio tiene más de 3.000 habitaciones y conserva importantes colecciones y obras de arte.

    Si quieres visitarlo por dentro, consulta siempre los horarios antes de ir porque pueden producirse cambios y cierres por actos oficiales. Actualmente, los horarios generales son de 10:00 a 18:00 en invierno y de 10:00 a 19:00 en verano, de lunes a sábado; los domingos cierra antes.

    Mi recomendación es reservar con antelación si tienes claro que quieres entrar.

    Palacio Real – entradas oficiales

    Plaza de Oriente

    Justo delante del Palacio Real encontramos la Plaza de Oriente, con sus jardines, esculturas y el Teatro Real.

    Es un lugar especialmente agradable para sentarse un rato y contemplar el conjunto monumental.

    También tienes el Café de Oriente, desde cuya zona exterior puedes disfrutar de unas buenas vistas del Palacio.

    Jardines de Sabatini

    Los Jardines de Sabatini están situados junto a la fachada norte del Palacio Real.

    Se construyeron en el lugar que anteriormente ocupaban las antiguas caballerizas reales y tienen un marcado diseño neoclásico.

    Son pequeños comparados con otros parques madrileños, pero su ubicación hace que merezca la pena acercarse.

    Campo del Moro

    Al otro lado del Palacio encontramos el Campo del Moro.

    Es un jardín histórico de mayor extensión que los Sabatini y un lugar estupendo para escapar un poco del bullicio del centro.

    Su origen está relacionado con diferentes proyectos para acondicionar los terrenos situados junto al Palacio y adquirió su configuración actual especialmente durante el siglo XIX.

    Catedral de la Almudena y su cripta

    La Catedral de Santa María la Real de la Almudena está justo enfrente del Palacio Real.

    Es relativamente reciente si la comparamos con otras grandes catedrales españolas, pero tiene una historia muy interesante.

    A mí personalmente me llama mucho la atención su interior, especialmente los colores y la decoración del techo.

    También merece la pena acercarse a la Cripta de la Almudena, construida a comienzos del siglo XX.

    Es uno de esos lugares que muchas personas pasan por alto y que yo incluiría en una visita por esta zona.

    Puerta de Alcalá

    La Puerta de Alcalá es uno de los grandes símbolos de Madrid.

    Se encuentra en la Plaza de la Independencia y fue construida durante el reinado de Carlos III para sustituir una antigua puerta de entrada a la ciudad.

    La actual puerta fue diseñada por Francesco Sabatini y se inauguró en 1778.

    Está situada junto al Retiro, así que es muy fácil combinar ambas visitas.

    Puerta de Toledo

    La Puerta de Toledo se encuentra al sur del centro histórico y es otra de las antiguas puertas monumentales de Madrid.

    La actual es de época de Fernando VII y tiene un aspecto mucho más sobrio que la Puerta de Alcalá.

    Se encuentra cerca del Puente de Toledo y de la zona de Pirámides y es además una buena referencia si quieres acercarte a El Rastro.

    El Rastro

    El Rastro es uno de los mercados al aire libre más conocidos de Madrid.

    Se celebra principalmente los domingos y festivos en el barrio de La Latina y tiene una tradición de varios siglos.

    Aquí puedes encontrar desde objetos antiguos y curiosidades hasta ropa, decoración y todo tipo de productos.

    Lo mejor es venir sin prisa y dejarse llevar por las calles.

    Y precisamente porque suele haber muchísima gente, también es uno de los lugares donde hay que estar más pendiente de la cartera y el móvil.

    Plaza de Colón

    La Plaza de Colón reúne varios elementos bastante reconocibles: la estatua dedicada a Cristóbal Colón, los Jardines del Descubrimiento y las Torres de Colón.

    Es también una zona que ha acogido diferentes celebraciones y acontecimientos públicos.

    No es necesariamente uno de los lugares donde pasaría horas, pero merece la pena conocerla si estás recorriendo el eje de Recoletos y Castellana.

    Los barrios de Madrid que merece la pena conocer

    Una de las cosas que más me gusta de Madrid es que no todo está en los grandes monumentos.

    Cada barrio tiene una personalidad diferente y algunos incluso permiten entender mucho mejor la historia de la ciudad.

    Madrid de los Austrias

    Es el Madrid más antiguo y está muy relacionado con el Palacio Real, Plaza Mayor y las calles del centro histórico.

    Aquí encontramos buena parte de la imagen que tenemos del Madrid tradicional, con calles estrechas, plazas, iglesias, tabernas y edificios históricos.

    Barrio de Las Letras

    El nombre ya nos da una pista.

    Por estas calles vivieron algunos de los grandes escritores del Siglo de Oro, como Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Tirso de Molina o Góngora.

    Es una zona perfecta para combinar literatura, historia, paseos y gastronomía. Además, está entre Sol y el Paseo del Arte.

    La Latina

    La Latina conserva muchas calles de trazado medieval que originalmente quedaron fuera de las murallas de la ciudad.

    Fue una zona vinculada a comerciantes y actividades populares y hoy continúa teniendo una enorme vida, especialmente alrededor de sus bares, terrazas y mercados.

    Aquí encontramos también El Rastro y lugares tan conocidos como Las Vistillas.

    Lavapiés

    Lavapiés tiene también origen medieval y nació como arrabal extramuros.

    Durante mucho tiempo fue un barrio popular y conserva elementos tan característicos como las corralas.

    Hoy es además uno de los barrios más multiculturales de Madrid, donde conviven tradiciones madrileñas con culturas procedentes de muchos países.

    Malasaña

    Malasaña es uno de los barrios que más asociamos con la vida alternativa y cultural de Madrid.

    Debe su nombre a Manuela Malasaña, relacionada con los levantamientos del 2 de mayo de 1808.

    La Plaza del Dos de Mayo recuerda precisamente el antiguo Parque de Artillería de Monteleón.

    Hoy es una zona llena de tiendas, bares, locales de ocio, moda vintage y propuestas diferentes.

    Chueca

    Chueca es otro de los barrios más conocidos de Madrid y destaca por su ambiente, comercio, gastronomía y vida nocturna.

    Es una zona muy dinámica y abierta, con una personalidad propia que la ha convertido en uno de los barrios más populares de la ciudad.

    Chamberí

    Chamberí tiene un carácter diferente.

    Es un barrio castizo con una importante herencia arquitectónica de los siglos XIX y XX y fue tradicionalmente zona de residencia de buena parte de la aristocracia madrileña.

    Aquí se encuentran, entre otros lugares, el Museo Sorolla y la antigua estación de Chamberí del Metro, cerrada en 1969 y posteriormente recuperada como espacio visitable.

    Barrio de Salamanca

    El Barrio de Salamanca nació con la gran expansión de Madrid durante el reinado de Isabel II y está muy relacionado con el marqués de Salamanca.

    Su trazado en cuadrícula y sus edificios decimonónicos son característicos.

    Actualmente es conocido especialmente por sus tiendas, restaurantes y la llamada Milla de Oro.

    No hace falta recorrer todos estos barrios en una primera visita. Para mí, lo bonito es ir descubriéndolos poco a poco en diferentes viajes.

    Iglesias que me han llamado especialmente la atención

    Madrid tiene muchas iglesias interesantes y algunas de ellas me han sorprendido especialmente.

    Iglesia de San Antonio de los Alemanes

    Esta es una de mis recomendaciones especiales.

    Está en pleno centro y por fuera puede pasar bastante desapercibida, pero cuando entras descubres un interior completamente decorado con pinturas.

    La iglesia se construyó en el siglo XVII y estuvo vinculada originalmente a la comunidad portuguesa y posteriormente a la alemana.

    Actualmente las visitas se realizan con condiciones y horarios concretos, así que conviene consultarlos antes de ir.

    Si no la conoces, yo intentaría incluirla.

    Iglesia de Santa Teresa y San José

    Su exterior tiene un aspecto casi de fortaleza y contrasta bastante con el interior.

    La decoración y especialmente su cúpula de colores hacen que sea una iglesia curiosa para visitar.

    San Jerónimo el Real

    Conocida popularmente como Los Jerónimos, se encuentra junto al Museo del Prado.

    Su historia está vinculada a un antiguo monasterio y a la monarquía española y el edificio actual conserva un marcado carácter histórico.

    Museos de Madrid

    Madrid es también una ciudad de museos y aquí podríamos hacer otro artículo entero.

    Museo del Prado

    El Prado es uno de los grandes museos de pintura del mundo.

    Abrió sus puertas en 1819 y nació inicialmente como Real Museo de Pintura y Escultura.

    Su colección reúne algunas de las obras más importantes de la pintura española y europea.

    Si es tu primera visita, no intentes verlo absolutamente todo. Es mejor seleccionar las obras que más te interesen y disfrutar de ellas.

    Actualmente la entrada general es de 15 euros y existen horarios gratuitos determinados, por lo que conviene comprobar las condiciones antes de ir.

    Museo Reina Sofía y el Guernica

    Si el Prado representa especialmente la pintura clásica, el Reina Sofía nos lleva hacia el arte moderno y contemporáneo.

    Y aquí está una de las obras que más visitantes buscan: el Guernica de Picasso.

    La obra fue pintada en 1937 para el Pabellón de España de la Exposición Internacional de París y está relacionada con el bombardeo de Gernika.

    Si te interesa este episodio histórico, yo recomiendo también la película Gernika, de Koldo Serra. No es una reconstrucción histórica completamente fiel y ofrece una visión cinematográfica de los acontecimientos, pero está rodada en escenarios reales del País Vasco y me parece interesante para acercarse a aquella época.

    Actualmente el Reina Sofía mantiene horarios gratuitos determinados, que conviene consultar antes de organizar la visita.

    Museo Cerralbo

    Este museo fue uno de mis descubrimientos.

    Se encuentra en un antiguo palacio y conserva una enorme colección de objetos, muebles, obras de arte, monedas, armas y piezas reunidas por el marqués de Cerralbo.

    Cuando lo visité pensé que aquello tenía un poco de síndrome de Diógenes… pero, eso sí, con piezas de muchísimo valor.

    La gracia del museo está precisamente en poder entrar en una casa aristocrática y ver cómo se vivía rodeado de todas esas colecciones.

    Para mí es uno de esos museos curiosos que merece la pena conocer.

    Museo Arqueológico Nacional

    Está situado junto a la Biblioteca Nacional y recorre la historia a través de piezas arqueológicas procedentes de diferentes épocas y culturas.

    Es una buena opción si te interesa conocer la historia de la Península desde la Prehistoria y el mundo romano hasta épocas posteriores.

    Madrid desde las alturas

    Madrid también merece ser contemplado desde arriba.

    Faro de Moncloa

    El Faro de Moncloa es uno de mis miradores favoritos.

    La torre se construyó con motivo de Madrid Capital Europea de la Cultura en 1992 y su plataforma permite obtener una panorámica muy amplia de la ciudad y de la sierra.

    Si tienes buen tiempo, las vistas merecen mucho la pena.

    Templo de Debod

    Este es uno de los lugares que más recomiendo visitar al atardecer.

    El Templo de Debod es un auténtico templo egipcio de más de 2.000 años de antigüedad que Egipto regaló a España en agradecimiento por la colaboración española en la campaña internacional para salvar los templos nubios amenazados por la construcción de la presa de Asuán.

    Está situado en una zona elevada, rodeado de jardines y con vistas hacia el oeste.

    Para mí, ver el atardecer desde aquí es casi obligatorio si visitas Madrid.

    La entrada es gratuita, aunque actualmente el acceso al interior está regulado y conviene comprobar horarios y condiciones antes de ir.

    Azotea del Círculo de Bellas Artes

    Otro de mis lugares favoritos para contemplar Madrid desde arriba.

    La azotea del Círculo de Bellas Artes ofrece unas vistas estupendas de Gran Vía y del centro.

    Además, está La Pecera, el restaurante del Círculo, donde también he comido.

    Madrid y sus edificios más modernos

    Madrid no es solamente palacios, iglesias y edificios históricos.

    La ciudad también tiene un skyline muy reconocible.

    Cuatro Torres Business Area

    Las Cuatro Torres forman uno de los perfiles más modernos de Madrid.

    El complejo se levantó sobre los terrenos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid y está formado por cuatro grandes rascacielos: Torre de Cristal, Torre Cepsa, Torre PwC y Torre Emperador Castellana.

    Cuando se construyeron cambiaron completamente la imagen del norte de Madrid.

    Torres KIO: Puerta de Europa

    Las Torres KIO son dos de los edificios más curiosos de Madrid.

    Su característica principal es que están inclinadas hacia el centro.

    Se encuentran en Plaza de Castilla y forman la llamada Puerta de Europa.

    Torrespaña

    Y luego está el famoso Pirulí, nombre popular de Torrespaña.

    Se construyó para las retransmisiones de televisión relacionadas con el Mundial de Fútbol de 1982 y terminó convirtiéndose en uno de esos elementos del paisaje madrileño que todo el mundo reconoce.

    Congreso de los Diputados

    El Congreso de los Diputados se encuentra en la Plaza de las Cortes y ocupa el Palacio de las Cortes.

    El edificio actual comenzó a construirse en el siglo XIX y fue inaugurado en 1850.

    En la fachada destacan los dos leones, fundidos con el hierro de cañones capturados durante la Guerra de África.

    Es uno de esos edificios que muchas veces fotografiamos desde fuera sin saber demasiado de su historia.

    El Congreso permite además realizar visitas gratuitas bajo determinadas condiciones y horarios, que pueden cambiar según la actividad parlamentaria.

    ¿Qué comer en Madrid? La gastronomía tradicional

    Madrid también se conoce a través del estómago.

    Aunque hoy puedes encontrar restaurantes de prácticamente cualquier parte del mundo, la capital tiene una gastronomía propia muy vinculada a los guisos, las tabernas y el tapeo.

    El plato más conocido es el cocido madrileño, normalmente servido en tres vuelcos: sopa, garbanzos con verduras y carnes.

    Después están los callos a la madrileña, uno de los platos más castizos; los caracoles, el rabo de toro, las croquetas, la tortilla de patata y los famosos soldaditos de Pavía, elaborados con bacalao rebozado.

    Y, por supuesto, el bocadillo de calamares.

    Puede resultar curioso que uno de los bocados más asociados a Madrid sea precisamente un bocadillo de pescado, pero terminó convirtiéndose en todo un símbolo gastronómico de la capital.

    La Plaza Mayor y sus alrededores son uno de los lugares más asociados a este clásico.

    Madrid también tiene una cultura enorme de tapeo: patatas bravas, calamares, callos, chopitos, gambas al ajillo, tortilla…

    Aquí comer no consiste necesariamente en sentarse dos horas delante de un menú. A veces consiste simplemente en entrar en una taberna, pedir algo, tomar una caña y continuar caminando.

    Y luego están los dulces.

    Las rosquillas de San Isidro son las más tradicionales y existen diferentes variedades: tontas, listas, francesas y de Santa Clara.

    También están las torrijas, los bartolillos, los buñuelos de viento, los huesos de santo y los eternos churros con chocolate.

    La gastronomía madrileña sigue muy ligada a esa mezcla entre cocina popular, tabernas y tradición.

    Dónde comimos en Madrid

    Y aquí sí quiero hablar de experiencias personales, porque no quiero convertir esta parte en una lista de restaurantes que no he probado.

    Yakitoro

    Una de las veces que estuvimos en Madrid fue para celebrar el cumpleaños de mi marido y habíamos reservado previamente en Yakitoro, en la calle Reina.

    Cuando nosotros fuimos estaba vinculado al proyecto de Alberto Chicote y el restaurante tenía un ambiente muy animado.

    Es un concepto de cocina japonesa con influencia española, basado especialmente en los yakitori y pequeñas raciones para compartir.

    Probamos ensalada César, yakibokata de chipi, ceviche de corvina, berenjena en tempura, boniato asado y gratinado, pollo con guacamole y el famoso pollo frito cañí.

    La berenjena y el pollo frito cañí fueron de esos platos que recuerdo especialmente.

    También tomamos una tarta de queso que no estaba en carta.

    El restaurante era amplio, luminoso y el servicio fue rápido y amable.

    En aquel momento pagamos unos 22 euros por persona. Ese precio pertenece a aquella visita y no debe tomarse como precio actual.

    Actualmente Yakitoro continúa abierto en Madrid, en Reina y Castellana, aunque el proyecto y la carta han evolucionado desde aquella visita.

    La Pecera del Círculo

    Otro sitio que recomiendo porque he comido allí en más de una ocasión es La Pecera del Círculo, dentro del Círculo de Bellas Artes.

    Es un restaurante de ambiente clásico pero con una cocina adaptada a los tiempos actuales.

    Los platos tienen buena presentación y las raciones me parecieron generosas.

    Y lo mejor es que puedes aprovechar la visita para subir después a la Azotea del Círculo y disfrutar de las vistas.

    El precio del menú que yo recuerdo pertenece a mis visitas y ha cambiado con el tiempo, así que no lo utilizaría como referencia actual.

    Bocadillos de Rodilla

    Y aquí tengo que incluir un recuerdo mucho más sencillo, pero que también forma parte de mis visitas a Madrid: Rodilla.

    Recuerdo haber comido sus bocadillos en la zona de Puerta del Sol. Había bastante variedad para elegir y, para lo que costaban en aquella época, me parecían una opción estupenda para comer algo rápido sin gastar demasiado.

    Los recuerdo grandes, variados y sabrosos, así que si estábamos por el centro y queríamos algo sencillo, era una opción que nos venía muy bien.

    Y hay una curiosidad que me parece especialmente apropiada: Rodilla es una marca madrileña. Su historia comenzó en 1939 y está ligada a la zona de Callao.

    Los caramelos de La Violeta

    Otro recuerdo gastronómico que tengo de Madrid son los caramelos de La Violeta.

    Los probé durante una de mis visitas y recuerdo que me llamaron la atención porque tienen un sabor muy particular. No es el típico caramelo que pruebas y olvidas; el sabor a violeta es bastante característico y tiene ese punto tradicional que lo hace especial.

    Me parece uno de esos pequeños recuerdos que merece la pena llevarse de Madrid, sobre todo si nos gusta descubrir productos tradicionales y con historia.

    Un cucurucho de jamón cerca de la Puerta del Sol

    También tengo el recuerdo de haber entrado en una de las tiendas de jamones que hay cerca de la Puerta del Sol y haber probado uno de esos cucuruchos de jamón que preparan especialmente para comer mientras visitas el centro.

    Es una experiencia muy de zona turística: compras tu cucurucho, te lo comes allí mismo y continúas callejeando.

    Puede parecer una cosa muy sencilla, pero forma parte de esos pequeños momentos que recuerdo de mis visitas a Madrid.

    Los municipios y pueblos que rodean Madrid

    Madrid capital no es toda la Comunidad de Madrid.

    Alrededor encontramos una enorme área metropolitana formada por municipios que han crecido mucho durante los siglos XX y XXI, pero también localidades con una historia mucho más antigua y pueblos que conservan un patrimonio extraordinario.

    No tendría sentido enumerarlos todos en un artículo sobre Madrid, pero sí merece la pena conocer algunos.

    Alcalá de Henares

    Alcalá tiene sus raíces en la antigua Complutum romana y posteriormente tuvo también una importante presencia musulmana.

    Su gran importancia histórica está relacionada con la Universidad y con Miguel de Cervantes.

    Su casco histórico, la Universidad, la Casa Natal de Cervantes y el Corral de Comedias hacen de ella una de las excursiones culturales más interesantes desde Madrid.

    Aranjuez

    Aranjuez está íntimamente ligado a la monarquía española y al desarrollo del Real Sitio.

    El Palacio Real y sus jardines son sus grandes protagonistas, especialmente los jardines del Príncipe, de la Isla y del Parterre.

    Es además una excursión muy cómoda desde Madrid y una de las que yo he hecho sin coche.

    En mi visita realizamos una visita guiada de aproximadamente una hora y me pareció una opción muy interesante y bastante económica.

    Actualmente el Palacio Real de Aranjuez abre de martes a domingo, con horario diferente en invierno y verano.

    San Lorenzo de El Escorial

    En la Sierra de Guadarrama encontramos San Lorenzo de El Escorial, inseparable del enorme monasterio mandado construir por Felipe II.

    La construcción comenzó en 1563 y terminó en 1584.

    El conjunto es uno de los grandes símbolos históricos de la Comunidad de Madrid y está declarado Patrimonio Mundial.

    Es una excursión perfecta para combinar historia, arte y paisaje.

    La Granja de San Ildefonso

    Aunque La Granja pertenece actualmente a la provincia de Segovia, es otra excursión que puede hacerse fácilmente desde Madrid y que merece aparecer aquí por su cercanía y relación histórica con la Corona.

    Felipe V adquirió la antigua granja de los monjes jerónimos y convirtió el lugar en uno de sus sitios de descanso.

    El palacio y sus jardines son los grandes protagonistas.

    Manzanares el Real

    Manzanares el Real es una de esas localidades donde naturaleza e historia van de la mano.

    Su gran símbolo es el Castillo de los Mendoza, uno de los castillos medievales mejor conservados de la Comunidad de Madrid.

    Además, está junto a La Pedriza y al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, por lo que permite combinar patrimonio y naturaleza.

    Chinchón

    Chinchón es probablemente uno de los pueblos más reconocibles de la Comunidad.

    Su gran protagonista es la Plaza Mayor, irregular y rodeada de balcones.

    Además de su patrimonio, destaca por su gastronomía y por el famoso anís de Chinchón.

    Es uno de esos lugares que parecen muy alejados de una gran capital aunque realmente están bastante cerca.

    Buitrago del Lozoya

    En el norte encontramos Buitrago del Lozoya, con un carácter completamente diferente al de la capital.

    Su recinto amurallado medieval, el castillo y su relación con el río Lozoya hacen de esta localidad una de las más interesantes de la sierra madrileña.

    Y los grandes municipios del área metropolitana

    Alrededor de Madrid encontramos también grandes municipios como Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Pozuelo de Alarcón, Majadahonda, Las Rozas, Boadilla del Monte, Alcorcón, Leganés, Getafe, Fuenlabrada, Móstoles, Torrejón de Ardoz o Rivas-Vaciamadrid.

    Muchos han experimentado un enorme crecimiento durante las últimas décadas y hoy forman parte del gran espacio metropolitano madrileño.

    No tienen el mismo perfil histórico que Alcalá, Aranjuez o Chinchón, pero ayudan a entender cómo Madrid ha ido creciendo mucho más allá de su centro histórico.

    Excursiones desde Madrid

    Una de las grandes ventajas de Madrid es su situación. Desde la capital puedes hacer numerosas excursiones de un día y conocer lugares con una historia y un ambiente completamente diferentes.

    Algunas de ellas las he hecho yo y otras las incluyo porque me parecen opciones muy interesantes para completar un viaje a Madrid.

    Aranjuez

    Aranjuez está muy ligado a la historia de la monarquía española y al desarrollo del Real Sitio.

    Su gran protagonista es el Palacio Real de Aranjuez, rodeado de jardines como los del Príncipe, la Isla y el Parterre.

    Yo he ido sin coche y me parece una excursión muy cómoda desde Madrid. En aquella ocasión hicimos una visita guiada de aproximadamente una hora y me pareció muy interesante, tanto por la información como por el precio.

    Además, el entorno del río Tajo hace que la visita tenga un punto diferente al de Madrid capital.

    La Granja de San Ildefonso

    Aunque La Granja de San Ildefonso pertenece a la provincia de Segovia, es otra excursión que podemos plantearnos desde Madrid.

    El lugar está muy relacionado con la monarquía española. Felipe V adquirió una antigua granja de los monjes jerónimos y convirtió el lugar en un sitio de descanso para la Corona.

    El Palacio Real de La Granja y, sobre todo, sus enormes jardines y fuentes son sus grandes atractivos.

    Es una opción muy interesante si te gustan los palacios, los jardines y la historia.

    San Lorenzo de El Escorial

    A unos 60 kilómetros de Madrid, en la Sierra de Guadarrama, encontramos San Lorenzo de El Escorial.

    Aquí se encuentra uno de los grandes conjuntos monumentales de España: el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

    Felipe II ordenó su construcción y las obras comenzaron en 1563, terminando en 1584.

    El conjunto impresiona por sus dimensiones y por todo lo que concentra: monasterio, palacio, basílica, panteón real, biblioteca y diferentes colecciones artísticas.

    Es una de esas excursiones que recomiendo especialmente si te interesa la historia de España.

    Además, se puede llegar desde Madrid en transporte público, por lo que no es imprescindible disponer de coche.

    Alcalá de Henares

    Alcalá de Henares es otra de las excursiones culturales más interesantes desde Madrid.

    Su historia se remonta a la antigua Complutum romana y posteriormente también tuvo presencia musulmana.

    Pero si hay algo que ha marcado la identidad de Alcalá es su Universidad y su relación con Miguel de Cervantes, que nació en esta ciudad.

    Pasear por su casco histórico permite descubrir la Universidad, la calle Mayor, el Corral de Comedias y la Casa Natal de Cervantes.

    Su conjunto histórico está declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

    Chinchón

    Chinchón es una de esas localidades que parecen mucho más alejadas de Madrid de lo que realmente están.

    Su imagen más conocida es la Plaza Mayor, una plaza irregular rodeada de balcones de madera que constituye el centro de la localidad.

    Además de su patrimonio, Chinchón destaca por su gastronomía y por el famoso anís de Chinchón.

    Es una excursión que puede hacerse tranquilamente en un día y que permite cambiar completamente el ambiente de la gran ciudad por el de una villa tradicional.

    Manzanares el Real

    Si te apetece combinar historia y naturaleza, Manzanares el Real es una opción estupenda.

    Su gran protagonista es el Castillo de los Mendoza, uno de los castillos medievales mejor conservados de la Comunidad de Madrid.

    Pero además de visitar el castillo, el municipio se encuentra junto a La Pedriza y el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

    Por eso es una excursión especialmente interesante para quienes disfrutan tanto del patrimonio como de los espacios naturales.

    Buitrago del Lozoya

    En el norte de la Comunidad encontramos Buitrago del Lozoya, una localidad con un carácter completamente diferente al de Madrid capital.

    Su principal atractivo es su recinto amurallado medieval, uno de los mejor conservados de la Comunidad de Madrid.

    También encontramos el castillo y el río Lozoya, que forma parte del paisaje del municipio.

    Es una buena opción para descubrir ese Madrid más rural y serrano que muchas veces queda eclipsado por la capital.

    Toledo

    Y, por supuesto, desde Madrid también puedes hacer fácilmente una excursión a Toledo.

    Yo he estado allí en varias ocasiones y tengo bastante que contar, pero precisamente por eso prefiero dedicarle una entrada propia.

    ¿Has vivido alguna experiencia especial en la capital, como nosotros con el musical de El Rey León?

    ¿Y tú, qué lugar de Madrid guardarías como recuerdo de un viaje?, cuéntamelo en comentarios.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Rutas de Senderismo en la Laguna Negra: Consejos y Experiencias

    Rutas de Senderismo en la Laguna Negra: Consejos y Experiencias

    La Laguna Negra de Urbión es una laguna de origen glaciar situada a 1.773 metros de altitud en el municipio de Vinuesa, Soria. Durante periodos de alta afluencia, el acceso en vehículo está restringido, requiriendo estacionar en el Paso de la Serrá para continuar a pie o en autobús.

    El entorno protegido dispone de pasarelas de madera y senderos hacia miradores o el Pico de Urbión. El baño está prohibido, se permite el acceso a perros bajo normativa y la experiencia se complementa con la gastronomía tradicional de municipios cercanos como Vinuesa y Covaleda.

    Estábamos de escapada por Soria capital y alrededores y decidimos acercarnos a uno de los lugares más conocidos de la provincia: la Laguna Negra de Urbión.

    Era Semana Santa y nos encontramos con un tiempo lluvioso y bastante fresco. Pero la verdad es que no nos importó demasiado. Con buen calzado, un chubasquero y ganas de caminar, ¡para adelante!

    Además, la lluvia le daba al paisaje un aspecto todavía más especial.

    Este paisaje está estrechamente relacionado con Antonio Machado y su obra La Tierra de Alvargonzález, ambientada en tierras sorianas.

    Aunque normalmente está prohibido bañarse en la laguna, el primer domingo de agosto se celebra la tradicional Travesía a Nado de la Laguna Negra.

    Es una prueba deportiva con varias décadas de historia que reúne cada año a nadadores y espectadores.

    El bosque estaba húmedo, las nubes cubrían las montañas y la laguna tenía ese aire misterioso que parece hecho a propósito para las historias y leyendas que la rodean.

    La Laguna Negra se encuentra en el término municipal de Vinuesa, a unos 50 kilómetros de Soria capital, dentro del Parque Natural de la Laguna Negra y los Circos Glaciares de Urbión.

    Es una laguna de origen glaciar situada a unos 1.773 metros de altitud, rodeada de bosques, montañas y paredes rocosas.

    Y sí, su nombre le viene que ni pintado. Sus aguas oscuras y el entorno que la rodea hacen que tenga un aspecto realmente misterioso.

    ¿Cómo llegar a la Laguna Negra?

    Llegar hasta la Laguna Negra es relativamente sencillo, aunque hay algunas cosas que conviene saber antes de ir.

    Llegar en coche

    Una vez en Vinuesa, encontraremos indicaciones hacia la Laguna Negra. El recorrido continúa por una carretera que se adentra en el bosque, siguiendo aproximadamente el curso del río Revinuesa.

    Un consejo importante: cuidado con el GPS. Puede equivocarse con el acceso y llevarnos por caminos que no son los adecuados.

    También hay que prestar atención a la señalización, ya que la carretera de subida y los accesos pueden estar regulados dependiendo de la época del año y de la afluencia de visitantes.

    Acceso regulado

    En determinados periodos, especialmente durante verano, Semana Santa, fines de semana y festivos, el acceso de vehículos puede estar restringido para proteger el entorno natural.

    Cuando esto ocurre, hay que dejar el coche en el aparcamiento del Paso de la Serrá y continuar unos dos kilómetros hasta la laguna.

    Tenemos dos opciones:

    A pie: aproximadamente 30-40 minutos de caminata, con unos 100 metros de desnivel. Es una opción muy bonita porque permite disfrutar tranquilamente del bosque.

    En autobús: cuando el servicio está operativo, existe un autobús que realiza el trayecto y deja a los visitantes aproximadamente a 300 metros de la laguna. El último tramo se hace caminando.

    Los horarios y precios pueden cambiar según la temporada, así que es recomendable comprobarlos antes de ir.

    ¿Cuánto cuesta aparcar?

    En nuestra visita, el aparcamiento nos costó alrededor de 4 € e incluía también la entrada al cercano Museo del Bosque de Vinuesa.

    En invierno el aparcamiento puede ser gratuito, pero aquí hay que tener en cuenta otro factor: la nieve.

    Si ha nevado, las condiciones pueden complicarse bastante y puede ser necesario utilizar cadenas o llevar equipamiento adecuado.

    La Laguna Negra

    Después del trayecto, por fin llegamos a la laguna.

    Se encuentra en medio de un enorme bosque de montaña y rodeada por paredes rocosas que le dan ese aspecto tan característico.

    La zona de acceso está acondicionada y podemos recorrer parte de la orilla por pasarelas de madera, por lo que no hace falta realizar una gran caminata para disfrutar del lugar.

    El baño está prohibido, ya que estamos en un espacio natural protegido y es importante conservar tanto sus aguas como el ecosistema que la rodea.

    Eso sí, aunque el paseo sea sencillo, no olvidéis que estamos a bastante altitud. Si ha llovido, como nos ocurrió a nosotros, el terreno puede estar embarrado y resbaladizo.

    Buen calzado. De verdad.

    ¿Es una visita pet friendly?

    Todavía no había llegado a nuestra vida, mis perros, pero muchos de los que nos rodeaban si iban acompañados de ellos. Algún día volveremos con ellos.

    Los perros pueden acompañarnos en las zonas donde esté permitido, pero debemos llevarlos controlados y respetar las normas del espacio natural protegido.

    En determinados senderos o épocas puede ser obligatorio llevarlos atados, por lo que conviene comprobar la normativa antes de comenzar la ruta.

    Y aquí viene uno de mis consejos importantes: no subestiméis el terreno por ir con vuestro perro.

    Aunque el acceso hasta la laguna sea relativamente sencillo, estamos en montaña. Puede haber barro, piedras, desniveles, nieve o hielo dependiendo de la época.

    También recomiendo llevar agua para el perro, alguna chuche o comida y una toalla, especialmente si vamos después de un día de lluvia.

    Y, por supuesto, recoger siempre sus necesidades.

    Rutas de senderismo: ¿cuál elegir?

    Ruta corta: Laguna Negra y alrededores

    Si simplemente queremos conocer la laguna, disfrutar del paisaje y dar un paseo tranquilo, podemos quedarnos en la zona acondicionada y recorrer los alrededores.

    Es la opción que elegiría si vamos con niños pequeños, perros que no estén acostumbrados a caminar mucho o simplemente queremos hacer una visita relajada.

    Miradores y cascada

    Para quienes quieran caminar un poco más, podemos continuar hacia los miradores superiores y acercarnos también a la cascada situada en las proximidades.

    Es una alternativa intermedia: disfrutamos de la montaña sin meternos todavía en una ruta demasiado exigente.

    Pico de Urbión

    Para los más montañeros está la posibilidad de continuar hacia el Pico de Urbión, con sus 2.228 metros de altitud.

    El terreno es rocoso y puede resultar resbaladizo, por lo que no es una ruta que recomendaría para niños pequeños o personas sin experiencia en montaña.

    En invierno, si encontramos nieve o hielo, la dificultad aumenta considerablemente y puede ser necesario utilizar crampones y otro material específico.

    ¿Cuál es la mejor época para visitar la Laguna Negra?

    Primavera

    Fue la época en la que nosotros la visitamos, concretamente en Semana Santa.

    Podemos encontrarnos con lluvia, frío e incluso nieve en las zonas más altas. Hay que ir preparados, pero el paisaje puede estar espectacular.

    El bosque húmedo, las nubes y las cascadas con bastante agua crean una imagen preciosa.

    Verano

    Es probablemente la época más cómoda para caminar y realizar rutas largas, ya que las temperaturas suelen ser más agradables que en pleno invierno.

    Pero también es cuando encontraremos más visitantes y cuando las restricciones de acceso pueden ser más habituales.

    Si queréis disfrutarla con tranquilidad, yo intentaría evitar las horas centrales y los días de mayor afluencia.

    Otoño

    Para mí, una de las épocas más interesantes para visitar la zona.

    Los bosques adquieren unos colores preciosos y el paisaje cambia completamente. Además, es una época fantástica para quienes disfrutan de los bosques y de la fotografía.

    Eso sí, vuelve a ser importante llevar buen calzado porque podemos encontrarnos con bastante humedad y hojas mojadas.

    Invierno

    La Laguna Negra cubierta de nieve tiene que ser espectacular, pero también es la época que requiere mayor precaución.

    La carretera y los senderos pueden presentar hielo y nieve y puede ser necesario utilizar cadenas, crampones u otro material específico.

    No recomendaría hacer rutas de montaña invernales sin experiencia y sin consultar previamente el estado del recorrido.

    Cerca de la laguna encontramos también un refugio de montaña, sencillo, limpio y bastante acogedor.

    Puede venir muy bien para hacer una pequeña parada, especialmente si el tiempo no acompaña demasiado.

    Y en nuestro caso, con aquel día lluvioso de Semana Santa, agradecimos especialmente tener un lugar donde resguardarnos un rato.

    ¿Qué comer en la zona?

    Después de una mañana caminando por la montaña, llega una de las partes que más me gustan de cualquier escapada: comer bien.

    En la zona podemos encontrar platos tradicionales como la caldereta de cordero, las migas, los torreznos de Soria, las sopas de ajo y diferentes preparaciones de carne.

    También son muy conocidos los productos derivados del cerdo y, por supuesto, las setas, especialmente en la comarca de Pinares..

    Mi recomendación es aprovechar la visita para acercarse a Vinuesa y probar la cocina tradicional de la zona.

    Recuerdo que fuimos a comer a la localidad de Covaleda, concretamente comimos en el Mesón Don Pancho. Comimos chuletillas de cordero, sopa castellana… estaba todo riquísimo.

    Nosotros tuvimos la suerte —o la mala suerte, según se mire— de conocerla en un día lluvioso.

    El bosque húmedo, las nubes, el frío y el color oscuro del agua hacían que pareciera que habíamos entrado en uno de esos paisajes de cuento que te encuentras cuando menos te lo esperas.

    Y si vais con vuestros perros, disfrutad del paseo con ellos, pero siempre teniendo en cuenta las normas del espacio protegido y las condiciones del terreno.

    Porque al final, estos lugares son para disfrutarlos, sí, pero también para cuidarlos.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Potes: Tu Base Perfecta para Explorar Liébana

    Potes: Tu Base Perfecta para Explorar Liébana

    Si vais a visitar los Picos de Europa, hay un lugar que no puede faltar en la ruta: Potes. Es uno de los pueblos con más encanto de Cantabria y una base perfecta para recorrer la comarca de Liébana.

    Está rodeado de montañas y se encuentra donde se unen los ríos Deva y Quiviesa, en el punto donde confluyen los cuatro valles lebaniegos.

    Gracias a su ubicación siempre hay mucho ambiente, especialmente los fines de semana y en verano.

    Aunque sus orígenes se remontan al siglo IX, gran parte del encanto de Potes está en su casco histórico. Sus calles empedradas, las casas blasonadas y las antiguas torres le dan ese aire medieval que invita a pasear sin prisas.

    No es casualidad que se conozca como la villa de los puentes y las torres. Entre las más conocidas están la Torre del Infantado, que hoy acoge exposiciones, y la Torre del Orejón de la Lama, ambas del siglo XV.

    Nosotros lo recorrimos acompañados de nuestros 🐶🐶 y disfrutamos muchísimo paseando junto al río. Había un montón de patos 🦆 y ellos no sabían hacia dónde mirar. Creo que fue uno de sus momentos favoritos del viaje. 😜

    Una de las cosas que más me gustó de Potes fue el ambiente que tiene a cualquier hora del día.

    Sus calles siempre están llenas de vida, con tiendas, bares y terrazas donde apetece hacer una parada. Al anochecer también merece la pena dar un paseo, porque la iluminación resalta todavía más el encanto de su casco histórico.

    Si tenéis la suerte de visitarlo durante alguna de sus fiestas, encontraréis el pueblo aún más animado.

    A lo largo del año se celebran varias festividades y ferias ganaderas, siendo una de las más importantes la de Los Santos, el 2 de noviembre, considerada una de las ferias de ganado más concurridas de Cantabria.

    Sea cual sea la época en la que vayáis, Potes siempre tiene ese ambiente acogedor que invita a quedarse un rato más antes de continuar la ruta por Liébana o los Picos de Europa.

    Si hay un plato que no podéis marcharos sin probar es el cocido lebaniego, uno de los grandes protagonistas de la gastronomía cántabra.

    Se prepara con garbanzos pequeños de la zona, patata, berza y el tradicional compango (chorizo, morcilla, tocino y otras carnes). En muchos restaurantes también sirven antes una taza de caldo con fideos, algo que se agradece especialmente en los días más frescos.

    Otro dulce típico que os recomiendo probar es el Canónigo de Liébana.

    Tiene una textura muy suave, a medio camino entre unas natillas y un pudding, y fue uno de los postres que más me sorprendió durante el viaje.

    En Potes hay muchísimos sitios donde comer bien, desde restaurantes de cocina tradicional hasta hamburgueserías y cafeterías más informales. Nosotros probamos varios y os dejo los que más nos gustaron.

    Dónde comimos

    Durante nuestra estancia en Valmeo, muy cerca de Potes, una de las cenas la hicimos en El Cenador del Capitán, en pleno centro de la localidad de Potes.

    Si viajáis con vuestro 🐶, es una opción muy recomendable, ya que permiten comer en el interior del restaurante, algo que siempre se agradece cuando viajas con mascotas.

    El comedor es pequeño, por lo que os aconsejo reservar con antelación.

    Para acceder hay que subir varios tramos de escaleras de madera, un detalle a tener en cuenta si viajáis con carrito o tenéis problemas de movilidad.

    La decoración es muy curiosa, llena de pequeños detalles que hacen que el restaurante tenga mucha personalidad.

    Además, desde la terraza hay unas vistas muy bonitas del pueblo.

    Nosotros pedimos una ensalada de la casa, lomo de venado con foie y costilla tudanca.

    Todo estaba muy rico, pero si tengo que quedarme con algo, sería el Canónigo de Liébana, un postre tradicional que fue el broche perfecto para la cena.

    No es el restaurante más económico de Potes, pero si buscáis cocina tradicional, un ambiente agradable y un lugar donde poder cenar con vuestro perro, merece la pena.

    Otro sitio que puedo recomendar es La Scala Café & Restobar. Es una opción muy práctica si buscáis algo diferente al menú tradicional de la zona.

    Tienen pokes, hamburguesas, ensaladas, crepes salados, batidos, gofres y otros postres. Además, la relación calidad-precio nos pareció muy buena y el servicio fue rápido.

    Si os apetecen unas buenas hamburguesas, no dejéis pasar Anybun.

    La carne nos sorprendió para bien y las hamburguesas estaban realmente jugosas.

    Si tuviera que recomendar alguna, me quedaría con la Cheeseburger o la Mississippi, aunque si sois de buen comer también la preparan en versión doble o triple.

    El local, además, admite perros en el interior, por lo que es otra alternativa estupenda para quienes viajamos con nuestros 🐶.

    Al final, una de las cosas que más me gusta de Potes es que, independientemente del presupuesto o de lo que os apetezca comer, siempre acabas encontrando un sitio donde merece la pena sentarse a disfrutar de la gastronomía lebaniega.

    Un lugar al que siempre apetece volver

    Potes es de esos pueblos que se disfrutan sin necesidad de llevar un plan.

    Basta con perderse por sus calles, cruzar sus puentes, sentarse en una terraza o pasear junto al río para entender por qué es uno de los destinos más visitados de Cantabria.

    Para nosotros fue uno de los lugares que más disfrutamos durante el viaje.

    Además de servir como punto de partida para conocer los Picos de Europa, tiene el tamaño perfecto para recorrerlo con calma, buena gastronomía y un ambiente muy agradable.

    Si además viajáis con vuestro 🐶, encontraréis varios establecimientos pet friendly que harán la estancia mucho más cómoda.

    Sin duda, es uno de esos sitios a los que no me importaría volver una y otra vez.

    Un punto de partida para descubrir Liébana

    Aunque Potes merece una visita por sí solo, para mí su mayor atractivo es que sirve como base para descubrir algunos de los rincones más bonitos de Liébana.

    Desde aquí podéis acercaros al monasterio de Santo Toribio, subir al teleférico de Fuente Dé o recorrer algunos de los pueblos con más encanto de la comarca.

    Nosotros elegimos alojarnos muy cerca, en Valmeo, y fue todo un acierto. En apenas unos minutos estábamos en el centro de Potes, pero disfrutando de la tranquilidad de un pequeño pueblo rodeado de naturaleza.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘

  • Guía Completa para Visitar La Graciosa

    Guía Completa para Visitar La Graciosa

    La Graciosa es una isla volcánica del archipiélago canario a la que se llega en ferri desde Lanzarote. Este entorno natural protegido carece de carreteras asfaltadas y destaca por sus paisajes preservados, caminos de tierra, playas sin edificar y el ambiente tranquilo de Caleta de Sebo.

    Los visitantes suelen recorrer la isla en vehículos todoterreno, bicicleta o a pie para conocer lugares como la Playa de las Conchas, Montaña Amarilla y Los Arcos. El recorrido requiere llevar provisión de agua y protección solar ante la ausencia de sombra y servicios fuera del poblado.

    Durante nuestro viaje por Lanzarote decidimos reservar un día para conocer La Graciosa, una pequeña isla situada al norte y considerada por muchos la octava isla de Canarias.

    Aunque apenas tiene 29 kilómetros cuadrados, es uno de esos lugares que sorprenden desde el primer momento.

    Playas casi vírgenes, aguas de un intenso color turquesa y un paisaje volcánico donde apenas hay construcciones hacen que la sensación de tranquilidad sea absoluta.

    Aquí no encontraréis carreteras asfaltadas, semáforos ni grandes hoteles; solo pistas de tierra, naturaleza y un ritmo de vida completamente diferente.

    La Graciosa forma parte del Archipiélago Chinijo, un espacio natural protegido formado por varias islas e islotes de origen volcánico.

    Es la única habitada y también la única que puede visitarse libremente, mientras que el acceso al resto está muy restringido para proteger este entorno tan especial.

    La única forma de llegar es en ferry desde Órzola, en el extremo norte de Lanzarote.

    El trayecto apenas dura unos 25 minutos, por lo que es una excursión perfecta para hacer en un día.

    Nosotros llevábamos los billetes reservados con antelación y viajamos con Líneas Marítimas Romero, aunque también existe otra compañía que realiza el mismo recorrido.

    Una ventaja es que, si vais en coche, las navieras disponen de aparcamientos habilitados cerca del puerto, así que podéis dejar allí el vehículo de alquiler y olvidaros de él hasta la vuelta.

    Durante la travesía decidimos permanecer en la cubierta exterior tanto a la ida como al regreso.

    Era enero y, aunque la mayoría de los pasajeros iban preparados con ropa de montaña, polares e incluso chubasqueros, nosotros disfrutamos del viaje en manga corta.

    Tuvimos un día completamente despejado y, lejos de pasar frío, el sol nos acompañó durante toda la excursión. Todavía recuerdo la cara de sorpresa de algunos viajeros cuando nos veían tan tranquilos mientras ellos iban completamente abrigados.

    Nuestro plan era recorrer la isla durante el día, así que nada más llegar a Caleta de Sebo contratamos una excursión en 4×4.

    Había varias opciones para elegir, pero nosotros buscábamos una ruta que nos permitiera conocer los principales rincones de La Graciosa sin preocuparnos por los desplazamientos.

    Sea cual sea la opción que elijáis, os recomiendo llevar agua, algo de comida, protección solar y calzado cómodo. Las pistas son de tierra, en algunos tramos hay bastante arena y apenas encontraréis sombra durante el recorrido.

    Caleta de Sebo y las primeras impresiones

    El ferry llega a Caleta de Sebo, el principal núcleo de población de La Graciosa.

    Es un pueblo pequeño, de casas blancas, calles de arena y un ambiente muy tranquilo. Desde el primer momento da la sensación de que aquí la vida transcurre a otro ritmo.

    Aunque algunas personas deciden alojarse varios días, nosotros preferimos hacer una excursión de un día completo.

    Nada más desembarcar contratamos un recorrido en 4×4, una opción muy cómoda si queréis conocer los principales rincones de la isla en poco tiempo.

    También existe la posibilidad de recorrerla caminando, en bicicleta o utilizando los taxis todoterreno que conectan las playas más conocidas.

    Nuestra primera parada fue Playa de la Francesa, una extensa playa de arena blanca y aguas cristalinas situada a poca distancia de Caleta de Sebo.

    Está bastante resguardada del oleaje, por lo que suele ser una de las mejores zonas para darse un baño y disfrutar del mar con tranquilidad.

    Muy cerca se encuentra Playa de la Cocina, situada a los pies de la llamativa Montaña Amarilla.

    El contraste entre el color dorado de la montaña volcánica y las aguas turquesas crea uno de los paisajes más bonitos de toda la isla. Además, al estar protegida del viento, suele ser otro lugar muy agradable para relajarse.

    Continuamos la ruta pasando por Baja del Ganado, una playa mucho más salvaje donde la arena blanca convive con grandes rocas volcánicas negras.

    Desde aquí también se obtienen unas bonitas vistas de la isla de Montaña Clara, uno de los islotes que forman el Archipiélago Chinijo.

    Lo que más me sorprendió de La Graciosa fue precisamente esa sensación de naturaleza casi intacta.

    No hay grandes construcciones ni carreteras asfaltadas, solo pistas de tierra, playas interminables y el sonido constante del mar. Es un lugar perfecto para quienes buscan desconectar y disfrutar del paisaje sin prisas.

    Playa de las Conchas y Los Arcos

    Nuestra siguiente parada fue, probablemente, el lugar más conocido de toda la isla: Playa de las Conchas.

    Nada más llegar entiendes por qué es una de las imágenes más representativas de La Graciosa.

    La arena dorada, el intenso azul del océano y las vistas hacia los islotes cercanos forman un paisaje realmente impresionante.

    Eso sí, aunque resulte muy tentador darse un baño, conviene tener mucha precaución. En esta playa las corrientes suelen ser fuertes durante todo el año y el mar puede cambiar rápidamente.

    Nosotros preferimos disfrutar del paisaje, dar un paseo por la orilla y hacer unas cuantas fotografías.

    Si vais a visitarla, mi consejo es llevar agua, protección solar y, si podéis elegir, ir a primera hora de la mañana.

    Hay menos gente, el sol todavía no aprieta tanto y se disfruta mucho más del entorno.

    Muy cerca de allí se encuentran Los Arcos, una curiosa formación de roca volcánica esculpida durante siglos por la fuerza del viento y del mar.

    El acceso no está demasiado bien señalizado, así que conviene estar atentos al pequeño sendero que conduce hasta ellos.

    Ver cómo las olas rompen contra estas enormes paredes de basalto es otro de esos momentos que hacen especial la visita.

    La naturaleza ha ido moldeando la roca poco a poco hasta crear unas formas realmente sorprendentes.

    Continuamos después hacia Playa del Ámbar, también conocida como Playa de Lambra. Es una playa mucho más salvaje, donde la arena blanca se mezcla con grandes rocas volcánicas y pequeñas dunas cubiertas de conchas.

    El paisaje transmite una sensación de aislamiento difícil de encontrar en otros lugares.

    De regreso a Caleta de Sebo todavía nos acercamos a Playa de la Laja, una playa mucho más tranquila y protegida.

    Mientras paseábamos por la orilla vimos a varios pescadores arreglando sus redes junto a sus pequeñas embarcaciones, una imagen muy cotidiana que refleja perfectamente el carácter marinero de la isla.

    Antes de regresar a Lanzarote aprovechamos para comer en el Bar Restaurante Pensión Enriqueta, un restaurante familiar que nos habían recomendado antes del viaje.

    Fue todo un acierto. La comida era casera, abundante y con una excelente relación calidad-precio. Probamos varios platos típicos y el trato fue tan cercano que resultó el broche perfecto para terminar la excursión.

    La Graciosa nos regaló uno de esos días que se recuerdan durante mucho tiempo. Sus playas, sus paisajes volcánicos y la tranquilidad que se respira en toda la isla hacen que la excursión merezca completamente la pena.

    Si estáis viajando por Lanzarote, os animo a reservar un día para conocerla. Para nosotros fue el complemento perfecto del viaje y un lugar al que volveríamos sin pensarlo.

    Puntuación: 1 de 5.

    Gracias por leerme.

    Espero que os haya gustado 😘😘