Castro de Baroña: Rutas y Consejos para una Visita Perfecta

Castro de Baroña: historia frente al Atlántico

Durante una de nuestras escapadas por Galicia decidimos acercarnos hasta el Castro de Baroña, y tengo que reconocer que es uno de esos lugares que me sorprendieron no solo por su historia, sino también por el sitio tan espectacular en el que se encuentra.

El Castro de Baroña es un antiguo asentamiento de la Edad del Hierro, situado en la parroquia de Baroña, perteneciente al municipio de Porto do Son, en A Coruña. Estuvo habitado aproximadamente entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C.

Y lo primero que llama la atención es precisamente su ubicación: el castro está construido sobre una pequeña península rocosa que se adentra en el Atlántico. Historia y naturaleza juntas en un escenario realmente impresionante.

Coordenadas GPS:
42º 41′ 38.9″ N – 9º 01′ 53.9″ W

Cómo llegar al Castro de Baroña

Para llegar hasta él hay que dejar el coche en las inmediaciones de la carretera, junto al área donde se encuentra la caseta de información. Allí podemos encontrar folletos y obtener información sobre el castro y otros lugares de interés de la zona.

Desde allí el resto del recorrido se hace a pie.

El camino está señalizado con postes de madera y atraviesa una pequeña zona boscosa. Nosotros simplemente fuimos siguiendo las indicaciones y, poco a poco, empezamos a ver aparecer el mar entre los árboles.

Es un recorrido corto, de aproximadamente 500 metros desde la carretera, y enseguida llegamos a la península donde se encuentra el castro.

Al lado está la playa de Arealonga, conocida además por ser una playa de tradición nudista.

¿Es una ruta fácil?

Realmente no hablaría de una ruta de senderismo como tal, sino de un paseo corto hasta el yacimiento.

El acceso no tiene demasiada dificultad y nosotros lo hicimos sin problemas, pero una vez dentro del castro hay que tener algo más de cuidado porque el terreno es irregular, con piedras, desniveles y escaleras.

Mi recomendación es sencilla: calzado cómodo y caminar sin prisas. No hace falta estar especialmente preparado físicamente para hacer la visita, pero tampoco es un recorrido completamente llano.

Si vais con vuestro perro, también podéis hacer el camino juntos, siempre llevándolo controlado y prestando especial atención en las zonas próximas al mar y a los desniveles.

Un pueblo junto al mar

Una vez que llegamos al castro, la primera impresión fue espectacular.

No es difícil entender por qué sus habitantes eligieron este lugar para asentarse. El mar está presente prácticamente en todo momento y las vistas son preciosas.

Según han permitido conocer las excavaciones arqueológicas, sus habitantes tenían una importante relación con el mar y los recursos que les proporcionaba, aunque también desarrollaban otras actividades.

El asentamiento llegó a contar con alrededor de veinte construcciones, además de su entrada, escaleras, una muralla y un foso defensivo.

La muralla y el foso tenían una función claramente defensiva y protegían el asentamiento de posibles ataques. Al observar hoy los restos, resulta curioso imaginar cómo debía ser la vida aquí hace más de dos mil años.

Pero el lugar también tenía un inconveniente importante: no existía una fuente de agua dulce dentro del castro. Tampoco se han encontrado evidencias claras de sistemas de almacenamiento de agua, por lo que sus habitantes dependían de los recursos disponibles en el exterior.

También trabajaban los metales

Las excavaciones han permitido descubrir que la vida de sus habitantes no estaba únicamente relacionada con el mar.

En la zona norte del castro se ha localizado un horno vinculado a actividades metalúrgicas, que permite conocer que aquí también se trabajaban diferentes metales.

Los restos arqueológicos apuntan al trabajo del bronce y del hierro, además de evidencias relacionadas con otros metales como el oro.

Esto nos ayuda a hacernos una idea de que aquel asentamiento era mucho más que un pequeño poblado junto al mar. Existían diferentes actividades relacionadas con la supervivencia, la artesanía y el aprovechamiento de los recursos del entorno.

Nuestra visita

Nos gustó mucho poder recorrer el castro tranquilamente y descubrir sus diferentes estructuras mientras teníamos el Atlántico justo delante de nosotros.

Creo que esa es precisamente una de las cosas que hacen especial este lugar. Puedes estar caminando entre restos arqueológicos de hace más de dos mil años y, al mismo tiempo, escuchar el sonido de las olas y contemplar cómo el agua golpea contra las rocas.

Es de esos sitios en los que apetece parar un momento y simplemente mirar.

Además, la visita es gratuita y al aire libre, así que podemos recorrer el yacimiento a nuestro ritmo. No es necesario dedicarle una jornada completa, por lo que resulta perfecto para incluirlo dentro de una ruta por la costa de A Coruña.

¿Cuál es el mejor momento para visitarlo?

Nosotros lo disfrutamos mucho, pero si tuviera que recomendar una época para conocerlo elegiría primavera o principios de otoño, cuando podemos encontrar menos visitantes y unas temperaturas más agradables.

En verano también merece muchísimo la pena, sobre todo si queremos aprovechar para conocer la costa y sus playas, aunque es cuando más afluencia de visitantes recibe.

Si vais en julio o agosto, yo intentaría ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde. Tendréis más tranquilidad y, además, la luz sobre el Atlántico puede hacer que el paisaje sea todavía más bonito.

Eso sí, hay algo que yo tendría en cuenta: al estar tan expuesto al mar, el tiempo puede cambiar y el viento puede ser bastante fuerte, así que antes de ir conviene echar un vistazo a la previsión meteorológica.

Una visita que recomiendo

El Castro de Baroña fue una de esas visitas que disfrutamos especialmente porque reúne varias de las cosas que más me gustan cuando viajamos: historia, naturaleza, mar y un paisaje espectacular.

Y aunque el recorrido hasta llegar al castro es corto, la sensación al aparecer ante nosotros las antiguas construcciones con el Atlántico como telón de fondo hace que merezca totalmente la pena.

Si estáis haciendo una ruta por la costa gallega, yo lo incluiría sin dudarlo.

Porque hay lugares que visitas para conocer su historia y otros que, además, se quedan en la memoria por cómo te hicieron sentir.

Para mí, el Castro de Baroña es de los segundos.

Gracias por leerme.

Puntuación: 1 de 5.

Gracias por leerme.

Espero que os haya gustado 😘😘

Comentarios

Deja un comentario

Descubre más desde CIUDADANA DEL MUNDO

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo